
El cocinero de su majestad: Memorias del tiempo de Felipe III
Una tarde de lluvia, un jinete cruza el puente de Segovia con el caballo rendido y una carta en el pecho: se la manda su tío el arcipreste de Navalcarnero, que agoniza, para su otro tío, cocinero mayor de Felipe III. En palacio le dicen que no está, que anda prestado al duque de Lerma. Ese retraso lo decide todo: antes de entregar la carta, Juan Montiño ya ha estrenado la espada en una calle de Madrid y anda metido en el alcázar entre Rodrigo Calderón, la reina Margarita, la menina Clara Soldevilla, la comedianta Dorotea y el bufón tío Manolillo. Quevedo despacha al tío en tres palabras: enredador, avaro y celoso. El cocinero existió: Francisco Martínez Montiño firmó en 1611 el recetario más célebre del Barroco español. Aquí lo usan de recadero durante ochenta y cinco capítulos.
