
El manco de Lepanto
Quien busque aquí la batalla de 1571 esperará casi hasta la última página. Fernández y González, rey del folletín español, imagina a un Cervantes joven en Sevilla: soldado sin dinero, poeta con ambiciones, espadachín pendenciero. Lo vemos rondar de noche la casa de doña Guiomar, riquísima viuda indiana, colarse dentro huyendo de la justicia y quedarse dormido a oscuras, hasta que ella lo encuentra roncando. El galanteo acaba en sangre: el barbero Viváis-mil-años vende a su vecina a don Baltasar de Peralta, cuyos bravos asaltan la casa. Guiomar no sobrevive. Cervantes escapa y lo embarcan en la galera Marquesa queriendo morir. Solo el último capítulo llega a Lepanto, y no como apéndice: sin esa pérdida, sostiene el autor, no habría habido ni manco ni Quijote. La posdata deja a Margarita sin destino y promete contarlo si el libro se vende.



