
Cuentos valencianos
Trece relatos que no salen de Valencia: la huerta, el centro, la taberna del pueblo. Hay un dulzainero borracho al que adoran comarcas enteras, una cencerrada al viejo rico recién casado que acaba en escopetazo contra la calle, unos valentones que guardan la puerta de las timbas y un chiquillo que recoge estiércol mientras su hermana de leche se vuelve señorita y lo desprecia. Blasco Ibáñez escribía esto en sus años de periodista republicano y se le nota: descripción larga y muy adjetivada, diálogo seco, buen oído para el valenciano. Cierra el libro una leyenda de verdad, el cocodrilo disecado del Patriarca, y otra falsa: un escultor de paso se inventa la tumba de un moro bajo las losas de la iglesia de Bellús, y el pueblo entero arranca el pavimento para dar con un pozo de paja podrida.






