
El señorito Octavio
Vegalora no es campo ni ciudad: una villa pequeña del norte, con juez, cura y tertulia de tienda. Allí Octavio Rodríguez se levanta tarde y se aburre, hasta que el conde de Trevia vuelve de Madrid tras once años, con su mujer y sus tres hijos. Octavio se enamora de la condesa y se inventa alrededor de ella una novela entera; ella le responde por carta que confunde la fantasía con el corazón. Detrás de la comedia hay una casa donde el conde humilla a su mujer, y un amante que no es Octavio: Pedro, el mayordomo. Palacio Valdés debutaba en 1881 y armó la novela a trozos: un diario, un paquete de cartas. El último capítulo es la carta de un vecino que cuenta la tragedia del lago Ausente al revés, encantado de quedarse sin rival en las elecciones.






