
La espuma
La alta sociedad madrileña de la Restauración se creía la cumbre, y Palacio Valdés le puso otro nombre: espuma, lo que flota arriba, brilla un rato y no sostiene nada. En el centro está Antonio Salabert, duque de Requena, banquero salido de la nada que hunde el precio del mercurio y compra periódicos y voluntades para quedarse con las minas de Riosa. Su hija natural Clementina, casada con el banquero Osorio, anda ya hastiada de sus amantes. Recoge a Raimundo Alcázar, un joven de clase media que colecciona mariposas, y lo va gastando despacio. El viaje a Riosa cambia el tono del libro: los invitados almuerzan a trescientos metros bajo tierra y el médico de la mina les explica, entre sarcasmos, de qué se mueren los obreros. Hasta ahí todo eran bailes, herencias y adulterios contados con ironía tranquila.






