La gran restauración

Francis Bacon · Capítulo 32 de 133

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La gran restauración

Capítulo LXIII

LXII

Los Ídolos del Teatro o de las teorías son muchos y pueden ser mucho más y quizá lo sean algún día. Pues si os ingenios humanos no hubieran estado ocupados durante muchos años por la religión y la teología, y los

gobiernos (sobre todo las monarquías) no fueran adversos a estas novedades, incluso a las de tipo especulativo, de forma que cuando los hombres se entregan a ellas (con riesgo y perjuicio de sus fortunas) no sólo se ven privados de recompensa, sino también expuestos al desprecio y a la envidia, no cabe duda de que se hubieran introducido otras muchas sectas filosóficas y teóricas semejantes a las que con gran prefusión florecieron antaño en Grecia. Pues de la misma forma que es posible imaginar a partir de los fenómenos celestes muchos modelos astronómicos[24], de manera similar e incluso en medida mayor es posible fundar y construir dogmas diversos sobre los fenómenos de la filosofía. Las fábulas de este teatro poseen además lo que es propio del teatro de los poetas: narraciones imaginarias pensadas para la escena son más elegantes y hermosas que las verdaderas narraciones históricas y se adaptan más a los deseos de cada uno.

En general, sin embargo, como material de la filosofía se toma o mucho de pocas cosas o poco de muchas, de forma que en ambos casos la filosofía se funda en una base de experiencia e historia natural demasiado estrecha y se pronuncia a partir de menos casos de lo que sería conveniente. En efecto, los filósofos racionalistas toman de la experiencia cosas diversas y vulgares, sin prueba suficiente y sin un examen y valoración diligente. El resto lo dejan a la meditación y a la agitación de los ingenios.

Existe además otra clase de filósofos, los cuales han trabajado cuidadosa y diligentemente en unos pocos experimentos y a partir de ellos han construido e imaginado filosofías adaptando todo lo demás de forma curiosa a esos pocos experimentos.

Una tercera clase es la de aquellos que mezclan la filosofía con la teología y las tradiciones derivadas de la fe y de la veneración. La vanidad de algunos de ellos ha llegado a buscar y derivar las ciencias de los Espíritus y de los Genios. Por todo ello el origen de los errores y de la falsa filosofía es en general triple: sofístico, empírico y supersticioso.