La gran restauración

Francis Bacon · Capítulo 88 de 133

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La gran restauración

Capítulo XIII

A la vigesimoséptima Instancia:

32. Hay muchas acciones comunes al calor y al frío, aunque los modos sean distintos. La nieve parece quemar al cabo de poco rato las manos de los niños y el frío preserva la carne de la putrefacción no menos que del fuego; el calor contrae los cuerpos no menos que el frío. Pero es mejor tratar éstas y otras cosas similares en la Investigación sobre el frío.

 

XIII

En tercer lugar hay que efectuar la Comparecencia ante el Entendimiento de aquellas instancias en las que la naturaleza investigada se encuentra en medida mayor o menor, ya sea por comparación del incremento o disminución en un mismo sujeto o bien por comparación reciproca en sujetos diferentes. Pues, como la Forma de una cosa es la cosa en sí misma y la cosa no difiere de la Forma más que en la misma medida en que difieren la apariencia y la existencia, o lo exterior y lo interior, o lo que es con respecto al hombre y lo que es con respecto al universo, se sigue necesariamente que ninguna naturaleza puede tomarse por la verdadera Forma si no decrece constantemente cuando decrece la naturaleza misma y similarmente si no aumenta constantemente cuando la naturaleza misma aumenta. Llamamos a esta Tabla de los Grados o Tabla comparativa.

Tabla de los Grados o Comparativa del calor

En primer lugar hablaremos de aquellas cosas que no presentan al tacto ningún grado de calor en absoluto, pero parecen tener un cierto calor potencial o una disposición y preparación para el calor. Después pasaremos a aquellas cosas que son calientes en acto, es decir, al tacto, así como a sus intensidades y grados.

1. Entre los cuerpos sólidos y tangibles no hay ninguno que sea en su naturaleza original caliente, pues no son calientes ninguna piedra, ningún metal, ni el azufre, ningún fósil, ni la madera, ni el agua, ni ningún cadáver animal. Por su parte el agua de los baños calientes parece calentarse de forma accidental, sea por una llama o fuego subterráneo (como ocurre en el Etna y otros muchos montes) o por el contraste de cuerpos (como el calor que se produce en la disolución del hierro y del estaño). Por tanto, el grado de calor en los cuerpos inanimados, con respecto al tacto humano, es nulo, pero difieren en el grado de frío, pues no son igual de fríos la madera y el metal. Pero esto pertenece a la Tabla de los Grados del Frío.

2. Sin embargo, en cuanto se refiere a los calores potenciales y la preparación para la llama, son muchos los cuerpos inanimados muy predispuestos, como por ejemplo el azufre, la nafta y el petróleo.

3. Cosas que antes eran calientes (como el estiércol de caballo por el animal que lo produce o la cal o quizá la ceniza y el hollín por el fuego) conservan algún resto latente del primitivo calor. Por eso se hacen algunas destilaciones y separaciones de cuerpos enterrándolos en estiércol de caballo

y el calor se excita en la cal rociándola con agua, como ya hemos dicho[38].

4. Entre los vegetales no se encuentra planta o parte de planta (secreciones o médula) que sea caliente al tacto humano. No obstante —como ya hemos

dicho anteriormente[39]— las hierbas verdes encerradas se calientan. Y al tacto interno, como el paladar o el estómago, e incluso en las partes externas, al cabo de poco tiempo (como ocurre con los emplastos y ungüentos), unos vegetales parecen calientes y otros fríos.

5. Nada caliente al tacto humano se encuentra en las partes de los animales después de la muerte o la separación del cuerpo. Ni siquiera el estiércol de caballo retiene el calor a no ser que esté encerrado o enterrado. Sin embargo, todo estiércol parece tener un calor potencial, como se muestra en el abono de los campos. Similarmente los cadáveres de los animales tienen un calor latente y potencial de este tipo; por eso en los cementerios, donde cada día se llevan a cabo enterramientos, la tierra conserva un calor oculto que consume con mucha más rapidez que la tierra pura un cadáver recientemente depositado. Se dice que en Oriente se usa un tejido tenue y blando, hecho con plumas de ave, capaz por su propia naturaleza de disolver y derretir la mantequilla cuando se coloca sobre ella con suavidad.

6. Las sustancias que abonan los campos (como estiércol de todas clases, arcilla, arena del mar, sal y similares) tienen alguna disposición al calor.

7. Toda putrefacción contiene en sí ciertos principios de un débil calor, aunque no hasta el punto de resultar perceptible al tacto. Tampoco aquellas cosas que putrefactas se disuelven en pequeños animalillos (la carne, el queso) son sentidas calientes por el tacto; tampoco la madera podrida, que de noche resplandece, resulta caliente al tacto. Sin embargo, en las cosas pútridas el calor se manifiesta frecuentemente con olores repugnantes y fuertes.

8. Así pues, el primer grado de calor, en aquellas cosas que el tacto humano siente como calientes, parece ser el calor de los animales, el cual tiene una gran amplitud de grados. El grado ínfimo (en los insectos) apenas es perceptible al tacto mientras que el más alto casi alcanza el grado de calor de los rayos del sol en las regiones y épocas más calurosas, si bien no es tan fuerte que no se pueda soportar en la mano. Y, sin embargo, se cuenta de

Constancio[40] y de otros, cuya constitución corporal era muy seca, que atacados de fiebres muy agudas se calentaron tanto que la mano que se les acercaba un poco parecía arder.

9. Los animales aumentan en calor como consecuencia del movimiento y del ejercicio físico, del vino y de las comidas, del contacto sexual, de las fiebres ardientes y del dolor.

10. Durante los accesos de fiebres intermitentes los animales se ven sacudidos en un principio por frío y temblores, pero poco después adquieren un gran calor. Lo mismo ocurre al comienzo en las fiebres ardientes y en las pestilenciales.

11. Hágase una investigación ulterior sobre el calor comparativo en diferentes animales, como peces, cuadrúpedos, serpientes, aves, así como también en diferentes especies de los mismos (como el león, el milano, el hombre), ya que según la opinión vulgar los peces son en su interior poco calientes y las aves muy calientes, sobre todo las palomas, los gavilanes, las avestruces.

12. Hágase una investigación ulterior sobre el calor comparativo en el mismo animal según sus diferentes partes y miembros. La leche, la sangre, el esperma, los huevos, son moderadamente tibios y menos calientes que la misma carne exterior del animal cuando se mueve o se agita. Pero hasta hoy todavía no se ha investigado cuál es el grado de calor en el cerebro, en el estómago, en el corazón y similares.

13. Todos los animales están fríos en su exterior durante el invierno y las estaciones frías, pero se cree que en su interior son incluso más calientes.

14. El calor de los cuerpos celestes, incluso en la región más cálida y en los momentos del año y del día más o calurosos, no llega hasta el grado de calor suficiente para incendiar y quemar un leño muy seco, la paja o incluso una mecha, a no ser que sea fortalecido mediante espejos comburentes. Sin embargo, puede provocar la evaporación en objetos húmedos.

15. Los astrónomos consideran que unas estrellas son más calientes que otras. Entre los planetas Marte es considerado el más caliente después del Sol, luego Júpiter y finalmente Venus. Por el contrario son considerados fríos la Luna y por encima de todos Saturno. Entre las fijas se considera que la más caliente es Sirio, después el corazón del León (es decir, Régulo), después la Canícula, etc.

16. El Sol calienta más cuando cae más perpendicular o desde el cénit y lo mismo se debe pensar de los restantes planetas, cada uno según su calor. Por ejemplo: Júpiter nos calienta más cuando está en Cáncer o en Leo que cuando está en Capricornio o Acuario.

17. Es de creer que el sol y los demás planetas calientan más cuando están en el perigeo (debido a su mayor cercanía a la tierra) que cuando están en el apogeo. Si ocurre que en alguna región el Sol se encuentra a un tiempo en el perigeo y más cerca de la perpendicular, necesariamente calentará más que en la región donde se encuentre también en el perigeo, pero en una posición más oblicua. Por eso la comparación de la altura de los planetas debe tener en cuenta si se encuentran en línea perpendicular u oblicua según las diferentes regiones.

18. Además, el Sol y de forma similar los restantes planetas parecen calentar más cuando están cerca de las estrellas fijas mayores; por ejemplo cuando el sol está en Leo, más cerca del corazón del León, de la cola del León, de la Espiga de la Virgen, de Sirio y de la Canícula, calienta más que cuando está en Cáncer, a pesar de que entonces su posición es más perpendicular. Se ha de pensar que las partes del cielo infunden un calor mayor (aunque apenas sea perceptible al tacto) cuanto más pobladas están de estrellas, sobre todo de las mayores.

19. En resumen, el calor de los cuerpos celestes se incrementa de tres maneras: por la perpendicular, por la cercanía a la tierra o perigeo y por la conjunción o asociación de estrellas.

20. Hay una diferencia muy grande entre el calor de los animales y el de los rayos celestes (tal como llegan a nosotros) y la llama (incluso la más tenue) y todas las cosas incandescentes y sobre todo los líquidos y el aire mismo fuertemente calentado por el fuego. Pues la llama del espíritu del vino, incluso dispersa y no concentrada es. sin embargo, capaz de encender la paja, un paño o papel, cosa que jamás hará el calor animal o el del sol sin la ayuda de espejos comburentes.

21. Muchos son, en cuanto a fortaleza y debilidad del calor, los grados de la llama y de las cosas incandescentes, pero no se ha realizado hasta ahora ninguna investigación diligente sobre estas cuestiones, por lo cual es necesario tratarlas rápidamente. Sin embargo, parece que entre las llamas la más tenue es la del espíritu del vino, si hacemos excepción quizá de los fuegos fatuos o de las llamas o resplandores producidos por el sudor de los animales. Creemos que a continuación viene la llama producida por los vegetales ligeros y porosos, como la paja, el junco y las hojas secas, de las cuales no difiere mucho la llama producida por los pelos o plumas. Viene a continuación quizá la llama de los leños, sobre todo aquellos que no tienen mucha resina o pez, aunque la llama de los leños pequeños (recogidos por lo general en manojos) es más débil que la producida por troncos de árboles y raíces. Se puede observar fácilmente en los hornos que funden el hierro, en los cuales el fuego producido por manojos y ramas de árbol es completamente inútil. A continuación viene en nuestra opinión la llama del aceite, del sebo, de la cera y de otras sustancias similares oleosas y grasas no muy agrias. Pero el calor más fuerte se encuentra en la pez y en la resina, y en medida aun

mayor en el azufre, en el alcanfor, en la nafta, en el petróleo, en las sales[41] (una vez eliminada la materia cruda) y en sus compuestos, como por ejemplo

la pólvora, el fuego griego[42] (vulgarmente llamado fuego salvaje) y sus diversas clases, que tienen un calor tan obstinado que difícilmente puede ser apagado con agua.

22. Creemos también que la llama resultante de algunos metales

imperfectos[43] es muy vigorosa y fuerte, pero sobre estas cuestiones hay que continuar investigando.

23. Parece además que la llama de los rayos más poderosos supera a todas estas llamas, de forma que a veces llega a fundir en gotas al hierro mismo

perfecto[14], cosa que no pueden hacer las otras llamas.

24. En lo cuerpos ígneos hay también diversos grados de calor, sobre los cuales no se ha efectuado hasta ahora una observación diligente. Creemos que el calor más débil aparece en el paño quemado que solemos utilizar para atizar la llama y también en esa madera esponjosa o en las mechas empleadas en la artillería. Después viene el del carbón de leña o de antracita y también el de ladrillo calentado al rojo y similares. Creemos, sin embargo, que los más caliente de todos son los metales incandescentes, como el hierro, el cobre y otros pero sobre este punto es necesario seguir investigando.

25. Entre los cuerpos ígneos hay algunos mucho más calientes que alguna llamas, pues el hierro incandescente es mucho más caliente y abrasador que la llama del espíritu del vino.

26. Entre los cuerpos que no son incandescentes, sino tan sólo calentados por fuego, como por ejemplo agua hirviendo y el aire encerrado en los hornos, hay algunos que superan en calor a muchas llamas y cuerpos incandescentes.

27. El movimiento incrementa el calor, como se puede ver en los fuelles y en la respiración, de forma que los metales más duros no se disuelven o funden a fuego muerto o quieto, sino que es necesario avivarlo soplando.

28. Hágase el siguiente experimento con espejos comburentes: si no recuerdo mal cuando el espejo se pone, por ejemplo, a una distancia de un palmo del objeto combustible no lo prende y quema tanto como si estuviera a medio palmo de distancia y poco a poco y de forma gradual se le llevara a la distancia de un palmo. Sin embargo, el cono y el haz de los rayos son idénticos; pero el movimiento mismo aumenta la acción del calor.

29. Se cree que aquellos incendios que se producen cuando sopla un fuerte viento progresan más con viento adverso que con viento favorable. La razón es que la llama se mueve hacia atrás con un movimiento más pernicioso cuando el viento la hace retroceder que hacia adelante cuando el viento la impulsa.

30. La llama no salta o se genera si no se da algo cóncavo en lo que pueda moverse y jugar, excepto en las llamas explosivas de la pólvora y similares, donde la compresión y el encarcelamiento de la llama aumentan su furia.

31. El yunque es calentado muchísimo por el martillo, de forma que si estuviera hecho de una lámina más delgada creemos que se pondría incandescente, como el hierro, a consecuencia de los fuertes y continuos golpes del martillo. Pero sobre esto deberá hacerse un experimento.

32. En los cuerpos incandescentes porosos hasta el punto de haber espacio para que el fuego pueda moverse, si este movimiento es impedido por una fuerte compresión, el fuego se apaga al instante. Así, cuando una mecha, o el hilo encendido de una candela o de una lámpara o un trozo de carbón o una brasa, se comprimen con el apagador o con la presión de los pies o por un procedimiento similar, la acción del fuego cesa al instante.

33. La proximidad a un cuerpo caliente aumenta el calor en relación con el grado de proximidad. Lo mismo ocurre con la luz, pues cuanto más se acerca un objeto a la luz tanto mis visible resulta.

34. La unión de diferentes calores aumenta el calor siempre que no se haya hecho una mezcla de cuerpos, pues un fuego grande y un fuego pequeño aumentan recíprocamente su calor en el mismo lugar. Por el contrario el agua tibia arrojada sobre el agua hirviendo la refrigera.

35. La duración del calor en un cuerpo aumenta el calor, pues éste al pasar y emanar constantemente al exterior se mezcla con el calor preexistente multiplicando el calor. Un fuego no calienta igualmente una habitación durante media hora que si dura una hora entera. No ocurre así con la luz, pues una lámpara o una candela no ilumina más un lugar al cabo de un rato prolongado de lo que lo hacía al comienzo.

36. La irritación por un ambiente frío aumenta el calor, como se puede ver en el fuego encendido en una fuerte helada. Creemos que eso es debido no tanto a la clausura y contracción del calor, que es una especie de unión, como a la exasperación; por ejemplo, cuando el aire o un bastón son comprimidos o doblados violentamente no vuelven al lugar de partida, sino que van más allá en sentido contrario. Deberá efectuarse, pues, un experimento diligente por medio de un bastón o algo semejante introducido en una llama, para ver si arde antes en los lados de la llama que en el centro de la misma.

37. Pero los grados de comunicación del calor son muchos. En primer lugar se ha de tener en cuenta que un calor pequeño y débil afecta y calienta algo incluso a aquellos cuerpos que son menos susceptibles de calentarse. El mismo calor de la mano calienta algo una bola de plomo o de algún otro metal con tal de tenerlo retenido durante algún tiempo. Tan fácilmente se transmite y se excita el calor de todas las cosas, aunque el cuerpo en cuestión no parezca afectado en absoluto.

38. De todos los cuerpos conocidos el aire es el que más fácilmente recibe

y transmite el calor, como bien muestra el termómetro[45]. Su fabricación es la siguiente: Tómese un vidrio cóncavo en su interior y de cuello delgado y largo; póngaselo al revés e introduzcáselo, con la boca hacia abajo y el vientre hacia arriba, en otro recipiente de vidrio donde haya agua, de manera que el extremo de la boca del vidrio sumergido toque el fondo del recipiente; apóyese el cuello del vidrio sumergido sobre el borde del recipiente de manera que se mantenga de pie. Para hacerlo más fácilmente puede ponerse un poco de cera en el borde del recipiente, pero teniendo cuidado de no obturarlo completamente para que la falta de aire no impida el movimiento de que hablaremos, que es muy fácil y delicado.

Es conveniente también que el vidrio que se ha de sumergir sea calentado al fuego por la parte superior es decir, por el vientre antes de meterlo en el recipiente Una vez colocado el vidrio de la manera que hemos dicho el iré (que se había dilatado por efecto del calor) se contra y retirara, al cabo del tiempo suficiente para extinguir el calor recibido hasta la extensión y dimensión del aire circunstante en el momento en que se produjo la inmersión y atraerá el agua hacia arriba hasta la medida correspondiente. Por eso es necesario pegar al cuello del vidrio sumergido una tira de papel estrecha y larga, marcada con los grados que se quiera. Entonces verás, en función de los cambios de calor y frío a lo largo del día, que el aire se contrae por efecto del frío y se dilata como consecuencia del calor, lo cual se mostrará por medio del agua descendente (cuando el aire se contrae) y del agua ascendente (cuando el aire se dilata). La sensibilidad del aire en lo que se refiere al calor y al frío es tan sutil y exquisita que supera con mucho la capacidad del tacto humano, de forma que un rayo de sol o el calor del aliento y mucho más el calor de la mano apoyada sobre la parte superior del vidrio, hacen bajar inmediatamente de forma visible el nivel del agua. Sin embargo, pensamos que el espíritu de los animales posee una sensibilidad mucho más sutil ante el calor y el frío siempre que la masa corpórea no lo impida y obstaculice.