La gran restauración
Capítulo XC
Finalmente encontrarás que la impericia de algunos teólogos casi ha bloqueado el acceso a la filosofía, incluso enmendada. Otros, con mayor ingenuidad, temen que una investigación más profunda sobre la naturaleza sobrepase el límite concedido, aplicando (al retorcer erróneamente lo que se dice en la Sagrada Escritura acerca de los divinos misterios contra los que escudriñan los secretos divinos) la prohibición a los misterios de la naturaleza que no nos están vedados en absoluto. Otros, con mayor habilidad, conjeturan y meditan que si se ignoran las causas intermedias podrán referirse más
fácilmente las cosas particulares a la mano y a la varita divina (lo cual es en su opinión del máximo interés para la religión) y pretenden «hacer cosas gratas a Dios mediante una mentira[58]». Otros temen, llevados de la analogía, que los movimientos y los cambios en la filosofía se extiendan final mente a la religión. Y para terminar, otros parecen preocuparse de que en la investigación de la naturaleza no pueda encontrarse nada que subvierta la religión (sobre todo entre los ignorantes) o al menos la debilite. Estos dos últimos temores nos parecen reflejar una sabiduría completamente animal, como si los hombres desconfiaran y dudaran en los rincones de su mente y en sus secretos pensamientos, de la firmeza de la religión y del imperio de la fe sobre el sentido y que por ello que ambas corren peligro por causa de la investigación de la verdad en el ámbito natural. Pero si consideramos
correctamente el problema veremos que la filosofía natural es, después de la Escritura, la mejor medicina contra la superstición y un alimento excelentísimo para la fe[59]. Por ello se la pone con razón como fidelísima
sierva de la religión, pues si la una nos manifiesta la voluntad de Dios la otra nos manifiesta su poder. Así no se equivocó quien dijo: «Erráis al ignorar las Escrituras y el poder de Dios[60]», mezclando y uniendo con un nexo único la información sobre la voluntad y la meditación sobre el poder. Entretanto es menos admirable que el incremento de la filosofía natural ha sido obstaculizado, dado que la religión cuya fuerza es tan grande sobre el ánimo humano, por la impericia y el celo incauto de algunos pasó a la parte contraria y fue secuestrada por ella.