La Respuesta - Area 51

Robert Doherty · Capítulo 9 de 48

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La Respuesta - Area 51

Saludos

–Genial -dijo Turcotte-. A veces creo que tendríamos mejor inteligencia si viéramos la CNN.

Turcotte pasó a la segunda página y leyó las letras de imprenta del mensaje de Marte.

SALUDOS

VENIMOS EN SON DE PAZ

ASPASIA

FIN

–¿Qué diablos significa esto? – preguntó Turcotte.

–Esa es la porción del mensaje que estaba en binario y claramente dirigida a nosotros -explicó Duncan.

–¿Aspasia? – leyó Turcotte en voz alta-. Ya hace mucho que no está.

–Quizá el ordenador de Marte no lo sepa. Quizá esté reaccionando al mensaje que envió el guardián y reproduciendo una grabación. Pero lo importante es que ahora tenemos comunicación con los ordenadores.

Turcotte dio la vuelta a la hoja y miró la fotografía del Rostro en Marte.

La siguiente página contenía un resumen de información acerca de la región de Cydonia.

–Todo esto es muy extraño -dijo.

–Ciertamente nadie lo esperaba -dijo Duncan-. ¿Otro ordenador guardián en Marte?

–Además del que ya conocemos bajo la Isla de Pascua, había uno en Temiltepec que fue destruido en Dulce. ¡Quién sabe cuántos de estos aparatos existen! ¿Por qué tuvimos que esperar para recibir esto? – preguntó Turcotte-. ¿Por qué no nos informaron antes de que la UNAOC lo hiciera público?

–La UNAOC no quería filtraciones de información.

–Entonces no confían en nosotros.

–Sigues hablando como si no pertenecieras a la UNAOC -señaló Duncan, recostándose sobre la silla giratoria anclada al suelo de la cabina, que estaba recubierta con una delgada alfombra.

–Soy un soldado del Ejército de los Estados Unidos y mi cadena de mando me ha ordenado hacer esto. No es algo que me complazca, pero mi contrato de reclutamiento no incluía ninguna cláusula de placer. – Miró a Duncan-. Tú estabas en el Majestic12. ¿Formabas parte de eso?

–Sabes que no -respondió ella, y una línea oscura apareció en su frente.

Turcotte alzó una mano.

–Oye, no te molestes. No soy más que un tonto soldado y esa pregunta era retórica. Sé que no formaste parte de lo que hacía Majestic. Pero, de la misma manera, yo no formo parte de lo que está haciendo la UNAOC -dijo, y señaló lo cubierta roja de máxima confidencialidad-. Esto me dice que la UNAOC está comenzando a hacer lo mismo que hizo Majestic. Piensa que sabe lo que hace y mantiene la verdad como rehén de sus propios objetivos, aunque esos objetivos sean de relaciones públicas.

–¿No confías en la UNAOC? – preguntó Duncan.

Turcotte la miró con dureza.

–¿Tú sí, Lisa? – Era la primera vez que la llamaba por su nombre. Si ella lo notó, no hubo ninguna indicación.

–No, no confío. No se molestaron en informarme acerca de la nave estrellada que los rusos entregaron a la UNAOC. Claro que quizá no fue más que un descuido administrativo pero, pensándolo mejor, quizá no.

Nuestras vivencias de las últimas dos semanas me han vuelto un poco más paranoica que antes.

Turcotte soltó una carcajada.

–Eras bastante paranoica cuando te conocí.

–Estaba haciendo mi trabajo -dijo ella, y señaló la carpeta-. Pero te diré algo acerca de ese mensaje. Les dará más ímpetu a los progresistas, y la UNAOC está de su lado.

–¿Por qué? – preguntó Turcotte.

–La ONU debe asumir esa postura. Es un organismo que intenta estrechar los lazos en todo el mundo y fomentar la paz. Todo el asunto de los Airlia puede ser el catalizador para eso mismo.

Turcotte dio un resoplido.

–O sea, ¿un ordenador dice «Venimos en son de paz» y nosotros debemos creerle?

–Pronto llegaremos a la Isla de Pascua -dijo Duncan-. Veamos qué ocurre una vez allí. No sé si importa mucho que el ordenador diga que viene en son de paz o no, ya que no puede hacer mucho en Marte.

–Sí, bueno, el de la Isla de Pascua sin duda le hizo bastante al laboratorio de Dulce con los cazas Fu -dijo Turcotte- y están hablando entre ellos.

–Será mejor que veas la última página del informe -dijo Duncan.

Turcotte encontró la página.

–Coño, esas porquerías están volando nuevamente -señaló al ver los datos sobre el extraño vuelo de los tres cazas Fu. Miró pensativamente por la pequeña ventanilla redonda que había junto a su asiento, casi esperando ver un caza Fu volando a la par del ala del avión, pero no vio más que cielo azul.

Un oficial asomó la cabeza dentro del compartimiento.

–Señora, se ha detectado una respuesta del guardián de la Isla de Pascua al mensaje de Marte.

–¿El texto? – preguntó Duncan.

–El mensaje completo estaba en el mismo formato críptico que el primer mensaje que aún no hemos podido descifrar -explicó el oficial-.

Ningún mensaje específico para nosotros. Para la humanidad, quiero decir.

–Genial -masculló Turcotte-. Ahora están hablando entre ellos y no tenemos ni idea de lo que dicen.

* * *

Peter Nabinger observaba la explosión de datos que los sensores que bordeaban el cráter de Ranu Kau habían captado del guardián. Este mensaje era mucho más largo que el primero: casi tres minutos completos de datos altamente comprimidos.

Nabinger hizo una pausa al analizar los números y letras incomprensibles de la respuesta. Todavía no habían descifrado la primera.

Tampoco habían sido capaces de descifrar el mensaje enviado desde Marte, excepto la parte binaria. Nabinger miraba la pantalla con total atención, buscando cualquier cosa que pudiera resultarle familiar, o que indicara que los ordenadores estaban utilizando el lenguaje de runa superior.

Veinte minutos después, se alejó de su escritorio con un empujón de fastidio. Este no era su campo y no era lo que debería estar haciendo. Sentía que se le había escapado algo importante. Con un movimiento brusco, metió su cuaderno de espiral de traducciones de runa superior en el bolso y se puso de pie. Salió del centro de operaciones de la UNAOC y se dirigió a la tienda de prensa, con la mente nublada por un torbellino de letras y números.

–Parece que las cosas se están precipitando -lo saludó Kelly Reynolds al llegar a la entrada de la tienda. Los dormidos reporteros se encontraban en el centro de operaciones de la UNAOC, esperando noticias oficiales sobre algún avance en el mensaje más reciente. Kelly sabía que cualquier noticia oficial vendría de la ONU, en Nueva York; por eso había permanecido en la tienda, con la esperanza de que apareciera Nabinger.

Juntos caminaron hacia el borde del cráter, de frente al Pacífico. Desde su posición ventajosa, podían ver la Isla de Pascua. De forma casi triangular, la Isla de Pascua medía menos de veinticuatro kilómetros en su porción más ancha. Su nombre se lo había dado un explorador holandés que casualmente arribó allí un día de Pascua. Dirigiendo la vista hacia abajo, Kelly podía ver uno de los ahus, o plataformas sepulcrales de piedra que sostenían una fila de cuatro de los enormes megalitos. Cada uno tenía más de nueve metros de altura y pesaba más de veinte toneladas. Siempre había sido un gran misterio no solo cómo se habían trasportado las estatuas desde las laderas del volcán donde fueron talladas, sino también, en primer lugar, por qué fueron talladas.

–¿Crees que los Airlia ayudaron a mover las estatuas? – preguntó Kelly, adivinando el mal ánimo de Nabinger.

–¿Qué? – Nabinger miró hacia abajo-. No. Se ha comprobado que con árboles como rodillos, cuerdas y un sistema de poleas, los isleños primitivos podían moverlas.

–¿Pero sí representan a los Airlia?

–Una leyenda de los Airlia -respondió Nabinger vagamente-. ¿Has visto el mensaje de Marte? – dijo, cambiando de tema.

–La UNAOC acaba de publicarlo a nivel mundial desde Nueva York.

–¿Sabes que nuestro guardián envió una respuesta hace un rato?

–Sí, pero la UNAOC está controlando toda la información. Además, no hay mucho que informar al respecto, ¿o sí?

–No -Nabinger le dio la razón.

–¿Qué hay de los cazas Fu que están volando nuevamente? – preguntó Kelly.

–Para dos de los vuelos tengo una explicación -dijo Nabinger.

–¿Qué quieres decir?

–Sus trayectorias de vuelo. Uno de ellos exploró la pirámide de Gizeh donde los rebeldes dejaron el arma nuclear, y el otro sobrevoló Temiltepec,

donde los rebeldes dejaron su ordenador. El guardián está echando un vistazo a los lugares donde una vez estuvieron los rebeldes.

–¿Y qué hay del tercer vuelo sobre China?

–Sobre eso no sé nada -dijo Nabinger-. Puede haber algo oculto allí que todavía no hemos descubierto. He intentado relacionar esos dos lugares específicos y la zona general de China con respecto a las «coordenadas»

Airlia de las que dispongo, pero no funciona. Necesito un lugar específico de China para poder hacerlo. – Nabinger se frotó la barbilla con un gesto de cansancio-. ¿Cuál es la reacción en el mundo exterior? – preguntó-. He estado tan ocupado en el centro de operaciones que no he tenido oportunidad de ver ni escuchar nada.

–Mezclada -respondió Kelly-. Por un lado, la gente está contenta con lo de la paz, pero por otro lado están decepcionados porque aparentemente no es más que una vieja grabación de una máquina en Marte.

–No es una vieja grabación -aseguró Nabinger.

Kelly se irguió.

–¿Por qué lo dices?

–Porque estaba en binario, que se comprende connuestra tecnología actual. Ese mensaje estaba dirigido a los humanos. Lo que se me ocurre es que el mensaje que envió a Marte el guardián que tenemos aquí hace cuatro días incluía información que había recopilado sobre nosotros. El ordenador de Marte analizó la información y nos envió una respuesta a nosotros y al guardián.

–Están llamando «guardián dos» al de Marte -señaló Kelly.

–Bueno, sí-asintió Nabinger, pero su atención estaba claramente enfocada en otra cosa.

Kelly consideró la idea de informar al servicio de noticias que el mensaje no era antiguo, pero se dio cuenta de que sin duda alguien más ya lo habría deducido y no sería ninguna noticia.

–Oye -dijo Kelly, tocándole el brazo-. ¿Qué ocurre?

–¿Qué? Nada.

–Hace días que andas como en una nube. Algo ocurre.

Nabinger se encogió de hombros.

–No lo sé. Es que me preocupa… -se interrumpió al ver a varias personas corriendo a la tienda de prensa.

–Algo está ocurriendo -dijo Kelly.