La Respuesta - Area 51

Robert Doherty · Capítulo 38 de 48

Páginas del PDF

La Respuesta - Area 51

Capítulo 32

encima del terreno pedregoso alrededor de la luz infrarroja. Los hombres soltaron las dos bolsas, que cayeron al suelo.

–La tengo -afirmó DeCamp, mientras corría para coger la soga. Sacó la bolsa de eyección y ató el nudo del extremo a través de los ganchos del chaleco de combate. A seis metros de distancia, Harker hizo lo mismo. Los dos hombres corrieron juntos y entrelazaron sus brazos.

Los soldados chinos no dispararon más. Probablemente no comprendían la situación y pensaban que el helicóptero era uno de los suyos.

* * *

–Los tenemos -gritó Turcotte mientras se asomaba por el borde del compartimiento de carga. O'Callaghan levantó la nariz del helicóptero y rápidamente enfiló hacia el este.

Harker y DeCamp sintieron la presión del chaleco en el pecho cuando la soga se puso tensa. Sus pies se levantaron del suelo y la fuerza centrífuga los arrojó salvajemente hacia el oeste. Harker perdía el aliento tratando de mantenerse aferrado a DeCamp.

O'Callaghan enderezó el helicóptero y se volvió hacia el este.

–Encuentre un lugar para aterrizar. Tenemos que subirlos. – Turcotte vio los proyectiles trazadores disparados desde tierra que dibujaban un recorrido hacia Harker y DeCamp, pasando cerca del Black Hawk.

–No puedo; no tenemos tiempo. ¡Subidlos! – le gritó O'Callaghan.

DeCamp sintió el tirón de su soga. Al mirar hacia arriba, vio que alguien colgaba del borde del helicóptero y le indicaba por señas que se separara de Harker. Sacudió a Harker y señaló hacia arriba. Los dos comenzaron a trepar por las sogas. Desde arriban tiraban de ellas también.

DeCamp finalmente llegó al compartimiento de carga. Harker colgaba a menos de seis metros, y lentamente subía. Con eso bastaba, pensó O'Callaghan. Descendió y aceleró el helicóptero lo máximo posible, rumbo al este.

Capítulo 32

Treinta kilómetros al este, tendido sobre el suelo del compartimiento de carga del primer Black Hawk, el profesor Nabinger tenía los ojos cerrados.

Su mente estaba absorta con las imágenes que había recibido del guardián de Qianling. Había muchos aspectos que no comprendía, pero tenía una cosa muy clara: debía detener a Aspasia.

Luego recordó algo más. ¡El túnel central de la tumba, custodiado por el holograma y el rayo! Sabía a dónde conducía, y qué había allí abajo. ¡Y

sabía cómo entrar! Sin importar lo que sucediera, Nabinger sabía que debía regresar a Qianling.

Cogió su cuaderno forrado en cuero y comenzó a escribir frenéticamente.

* * *

En la base de la Fuerza Aérea de Osan, en Corea del Sur, Zandra y Duncan escuchaban el tráfico de radio del sistema AWACS, cuando el ordenador portátil de Zandra dio un pitido.

Rápidamente, Zandra giró sobre su asiento y tecleó un código. Leyó el mensaje de la pantalla e introdujo varios comandos seguidos.

–¿Cuál es el problema? – preguntó Duncan.

–Cazas Fu -fue la respuesta concisa de Zandra- Dos de ellos van camino a China.

En el Cubo del Área 51, Kelly Reynolds permanecía ajena a la dramática situación que se vivía en los cielos de China, pero podía seguir el avance de los cazas Fu. Se encontraban casi al final del Pacífico, acercándose a la costa de China.

* * *

–¿Qué ocurre? – le preguntó a Quinn, que había estado conectado a la red de comunicación segura MILSTAR de las fuerzas militares.

–Los del Pentágono están encabronados. Perdieron a muchos hombres en ese submarino.

–Pero interfirieron… -comenzó Kelly, pero se detuvo al ver la expresión en el rostro de Quinn. Repentinamente se dio cuenta de que quizá no todos estaban tan entusiasmados como ella con el inminente aterrizaje de Aspasia.

Y que quienes habían perecido en el submarino eran algo más que simples números para mucha gente.

–Creen que los cazas Fu interceptarán a los helicópteros -agregó Quinn.

–¿Por qué harían eso?

–Qué buena pregunta, ¿verdad?

* * *

–Cuatro al agua -informó el piloto de uno de los F-117 por radio al AWACS en tono lacónico, como si se tratara de un acontecimiento

cotidiano. Los F-117 habían lanzado cuatro misiles aire-aire desde una distancia superior a sesenta kilómetros. Los pilotos chinos ni siquiera sabían que eran un blanco cuando sus aviones explotaron.

–Roger. – El coronel Zycki se desplomó sobre su sillón de mando acolchado y se relajó por primera vez en muchas horas.

No pudo disfrutar más de unos segundos.

–Señor, tenemos dos cazas Fu a tres minutos del Black Hawk líder.

–¿Están los F-117 al frente?

–Sí, señor. Un minuto para la intercepción -informó el operador del radar a Zycki.

Zycki se había enterado a través del codificador seguro de la suerte del Pasadena.

–Dígales que disparen en cuanto tengan a los cazas Fu a su alcance.

* * *

–Genial -masculló el piloto del F-117 líder al recibir esa orden. Tenía los dos cazas Fu en la pequeña pantalla del radar, acercándose rápidamente.

De inmediato presionó el disparador, lanzando dos misiles aire-aire a los objetos que se acercaban. Su escolta lo imitó.

El Black Hawk de Nabinger se encontraba quince kilómetros más atrás, volando al ras de la tierra.

* * *

El coronel Zycki podía ver los cuatro misiles volando hacia los cazas Fu. Habían recorrido la mitad de la distancia, cuando los misiles desaparecieron sin rastro.

–Rayos -susurró Zycki.

Luego, al acercarse los dos cazas Fu a sus posiciones, los puntos que representaban los cuatro cazas Stealth F-117 se apagaron. Así, quedaban solo los cazas fu y los dos Black Hawk. Los cazas Fu se acercaban al líder.

–¡Veinte segundos para la intercepción!

* * *

–¡Tenemos cazas Fu en camino! – gritó el piloto, apartando a Nabinger de sus pensamientos acerca de lo que ocultaba el nivel inferior de la tumba imperial de Qianling-. ¡Nuestro escolta ha caído!

El helicóptero se sacudió cuando los pilotos comenzaron las maniobras evasivas. Nabinger se estiró hacia delante y tomó a uno de ellos por el

hombro.

–¡Necesito un enlace de radio!

El piloto le arrojó un auricular. Nabinger se lo colocó y manipuló el micrófono.

–¡Hola! ¡Hola! ¿Alguien me escucha?

* * *

Duncan mantenía el micrófono en la mano mientras escuchaba los acontecimientos que llegaban desde el AWACS. Reconoció la voz que apareció en la radio.

–¡Profesor, soy la doctora Duncan!

* * *

La mano de Nabinger aferraba con firmeza el pequeño micrófono. Ya podía ver muy cerca los dos cazas Fu, como pequeñas orbes resplandecientes y doradas en el cielo.

Pulsó el botón de transmisión.

–En la tumba de Qianling. En la cámara inferior. Hay… -Hizo una pausa, cuando un ruido ensordecedor inundó el auricular, hasta convertirse en un chillido insoportable que lo obligó a quitarse bruscamente el aparato para intentar detener el agónico dolor que le recorría el cerebro.

Los motores del Black Hawk dejaron de funcionar abruptamente, al igual que todos los dispositivos a bordo de la nave. El helicóptero se inclinó hacia delante y se desplomó como una roca.

Lo último que vio Nabinger antes del impacto fueron los dos cazas Fu suspendidos arriba, como dos pequeñas lunas que iluminaban su muerte.

* * *

–¡Profesor! – gritó Duncan al micrófono.

–Ha caído -anunció por radio el coronel Zycki.

* * *

En la parte posterior del helicóptero escolta, Turcotte había escuchado en silencio, estupefacto, la caída del helicóptero líder y del profesor Nabinger. Ya había tenido un encuentro con cazas Fu, y sabía que eran capaces de incapacitar un helicóptero fácilmente. Tampoco había manera de escapar a las pequeñas orbes resplandecientes.

–¡Cortad toda la energía! – gritó en el intercomunicador-. ¡Debemos descender!

O'Callaghan giró la cabeza para mirar a Turcotte con incredulidad.

–¿Qué?

–Detenga el motor y autorrote -gritó Turcotte-. ¡O moriremos todos!

–¡Apaga el motor! – le ordenó O'Callaghan a Spence.

O'Callaghan alzó la mano y accionó el apagado de emergencia, algo que jamás se debería hacer con el helicóptero en el aire. Al mismo tiempo, Spence desconectó la transmisión, liberando las aspas para que giraran solas, desacelerando el descenso del helicóptero. Luego comenzó a pasar las manos por todas las filas de controles, apagando cada sistema que estaba encendido.

O'Callaghan miró hacia abajo. Alcanzó a ver un pequeño claro entre los árboles. Empujó con fuerza el cíclico, intentando llevar el helicóptero hasta allí.

Los dos cazas Fu aparecieron, pasaron el helicóptero a toda velocidad, y desaparecieron detrás.

–¡Prepararse para el impacto! – gritó O'Callaghan cuando se dio cuenta de que no lograrían alcanzar la zona despejada. El Black Hawk impactó contra los árboles y se desplazó a la izquierda.

La nave se precipitó a través de los frondosos árboles y se detuvo en el suelo. La combinación de la velocidad inicial hacia delante y la pérdida repentina de altitud produjo una colisión que destruyó la parte frontal izquierda del helicóptero. Vidrios rotos, metales retorcidos y trozos de árboles irrumpieron en el frente del aparato.

En el momento del impacto, todos los ocupantes del compartimiento de carga fueron arrojados hacia delante. Turcotte sacudió la cabeza, intentando despejarla. Podía oler el combustible derramado. Turcotte sabía que en cuanto el combustible entrara en contacto con el motor caliente, el helicóptero se convertiría en un infierno.

Alguien abrió la puerta lateral. Pudo ver la silueta de Harker dibujada sobre la puerta por un instante. Luego lo vio salir a tumbos. Turcotte se dirigió hacia la parte delantera para ayudar a O'Callaghan, que intentaba liberar a su copiloto de entre los escombros. Turcotte vio la sangre que se filtraba desde el interior del casco del hombre y se inclinó para comprobar el pulso en el cuello del copiloto. Lo soltó y aferró a O'Callaghan, que luchaba con el arnés del copiloto.

–¡Está muerto!