
Poema del otoño y otros poemas
de Rubén Darío

Un obispo saca a su sobrino de la aldea, lo mete en el seminario y le consigue una capellanía en el palacio de unos duques madrileños. Allí Lázaro descubre dos cosas: que el clero que conoce no vive lo que predica, y que se ha enamorado de la hija de la casa. Nadie lo tienta ni lo persigue, se derrumba solo. Picón la cuenta despacio, más análisis interior que peripecia, y retrata con mala uva a los invitados de un sarao. El desenlace no es un escándalo, sino una hoguera de breviarios y un camino de Castilla donde se cruza con una cuerda de presos. El subtítulo no engaña, es casi una novela, pero las últimas líneas justifican el nombre: una voz llama a Lázaro fuera del sepulcro, y no resucita en él la fe, sino el amor a los demás.