Los elegidos

Marianne Curley · Capítulo 18 de 43

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Los elegidos

Isabel

Mi hermana levanta la cabeza y nos miramos el uno al otro. Yo me quedo helado medio fuera del agua.

–¡Oh, Dios, no!

Ya no es Sera. La cara que me mira confiada y con los ojos muy abiertos es la de Isabel.

ISABEL

Me siento en la cama totalmente confusa. Tengo el cuerpo empapado en sudor, el corazón desbocado y aún me corren lágrimas por la cara. Está oscuro, pero mis ojos se acostumbran rápidamente. Sigo en mi habitación.

Según mi despertador son las doce menos cuarto.

Ahora recuerdo el sueño y el miedo que he sentido al estar metida en él.

¿De dónde venía esa pesadilla? Del infierno, obviamente.

Me vuelvo a tumbar para recuperar la respiración normal y que se me calme el pulso. Cierro los ojos poco a poco y cruzo los brazos, que no paran de temblarme, sobre el pecho. Estoy tan tensa que nunca conseguiré que me transporten. Y esa pesadilla ya puede volverse al lugar de donde haya salido.

Oigo unos pasos que suben por las escaleras y contengo la respiración de manera inconsciente. Es mamá. Pero no está sola. Oigo que ríe en voz baja. Otra voz, sólo un poco más grave, ríe también. Mi madre hace callar a Jimmy con un susurro; pasan de largo de mi habitación.

Silencio.

Y entonces se oye un repiqueteo en el techo. Seguro que ha vuelto a entrar la ardilla por el tejado, o a lo mejor es un pájaro que no sabe salir.

Oigo un chirrido por la ventana y un golpe en una pared. Es la que da a la habitación de Matt. Debe de haberse girado y ha golpeado la pared sin querer. Esta noche todos los sonidos me parecen ampliados; mis sentidos están haciendo horas extras. Si sigo así todavía estaré despierta cuando llegue el amanecer. Me he olvidado de preguntarle a Ethan qué ocurrirá si no logro dormirme, si no me relajo por completo de cuerpo y mente.

¿Seguro que mi alma no puede trasladarse mientras estoy despierta? Esa posibilidad hace que mi corazón vuelva a latir con fuerza. No quiero quedarme en un estado parecido al coma si estoy medio consciente.

Empiezo a creer que Ethan tenía razón cuando dijo que no estaba lista, por lo menos psicológicamente.