Los elegidos

Marianne Curley · Capítulo 30 de 43

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Los elegidos

Antes de que el mundo pueda ser libre, será...

Saco el cuaderno y el bolígrafo y empezamos a descifrar el código juntos. Tardamos una eternidad porque la pared es enorme y la Profecía, más larga de lo que esperaba. Al final tenemos todas las letras y nos sentamos con la espalda apoyada en la pared de plata, exhaustos físicamente pero a tope mentalmente.

Paso las páginas del cuaderno hasta el principio y se lo ofrezco a Ethan.

–Hazlo tú. Lee la Profecía.

Me mira extrañado.

–¿Por qué yo?

–No lo sé, supongo que todo este asunto de la Profecía me da un poco de miedo, y como tú ya has oído estas palabras antes, no te llevarás ningún susto.

–No recuerdo demasiado de cuando tenía cinco años, Isabel. Pero no importa, trae.

Toma el cuaderno y empieza a leer. Yo cierro los ojos y me dejo llevar por las palabras.

Antes de que el mundo pueda ser

libre, será testigo del asesinato de

la inocencia en los bosques que hay

sobre la antigua ciudad de Ver demar,

donde se revelarán nueve identidades.

Un rey llegará a gobernar, pero no

antes de que un líder de corazón puro se

des pierte y un guerrero sin edad con

alma antigua lo guíe con gracia y

providencia.

Mas cuidado, los nueve verán llegar y

partir a un trai dor, lo que dará pie

a una guerra larga y atroz, y los

Elegidos se unirán con fuerza aunque

la desconfianza causará discordia.

Un bufón los protegerá, un escéptico

abrigará dudas y un joven y valiente

guerrero perderá su corazón y morirá.

Sin embargo, nadie resultará victorioso

hasta que un guerrero perdido regrese y

el intrépido retorne de un viaje guiado

por la luz y la fuerza.

Pero atención, dos últimos guerreros

provocarán dolor así como

satisfacción. De la desconfianza uno

saldrá bien librado; el otro, imbuido

de maldad. El uno resultará vencedor,

y el otro vencido al encontrar la

muerte.

Permanecemos en silencio durante un rato e intento asimilar esas palabras, encontrarles algún sentido. Recuerdo que Ethan ya ha oído ese texto dos veces, así que quizá él lo entienda mejor.

–¿Qué significa? – le pregunto.

Me mira fríamente y se encoge un poco de hombros.

–Bueno, supongo que el guerrero sin edad con alma antigua es…

–Eso ya lo sé: Arkarian.

Se queda en silencio, lo que me hace sospechar que sabe más de la Profecía de lo que quiere confesarme.

–¿A ti también te describe la Profecía? – Él abre la boca pero no dice nada-. Ethan, dime lo que sepas. Ahora también estoy metida en esto. Tengo que saberlo. ¿No me has traído hoy aquí por eso?

–Vale. Creo que te menciona a ti.

–¿Qué?

–Sí, mira… -Señala una línea que está en la mitad de la segunda página-. Creo que eres el «intrépido».

No puedo evitar reírme al oírlo y leo el resto de la línea. «Un viaje guiado por la luz y la fuerza.» No lo comprendo y miro a Ethan. De pronto le tiembla la pierna derecha.

–¿Y tú qué? – le pregunto-. Apareces en la Profecía, ¿no? – Él aparta la mirada. No piensa decírmelo, pero lo sabe, y el hecho de saberlo hace que se sienta incómodo y nervioso, incluso quizá un poco asustado-. ¿Qué línea