Memoria sin rastro

Myriam Lopez · Capítulo 23 de 25

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Memoria sin rastro

Epílogo

Estoy escribiendo en mi diario número veintiocho. Los tengo todos sobre mi estantería, junto al resto de mis libros.

Escribo con mi amuleto, Puyi, el cactus que Ruth me regaló hace casi catorce años, a mi vera. Tiene unas flores preciosas. Ruth aún se burla de mí porque sigue con vida.

A día de hoy tengo el corazón lleno de auténtica felicidad. A veces me da miedo sentir tanta, ya que hacía mucho que la creía perdida.

Han sido unos años en los que he corrido un maratón con sus obstáculos y sus victorias. Aproveché la repercusión de mi caso para que los medios se hicieran eco sobre qué proyecto tenía en mente y quería ejecutar.

Invertí el dinero que recibí de la indemnización en hacer que AFEMCOM creciese. Hemos podido ayudar, en los últimos cinco años, a más de mil mujeres que habían sufrido algún tipo de violencia machista en cualquiera de sus formas. Tanto crecimos que tuvimos que cambiar de sede y contratar a más profesionales para abarcar todos los proyectos que estamos llevando a cabo. Sigo con mi trabajo de orientadora en el instituto, en el cual obtuve hace dos años mi plaza fija, en Rivera del Azahar, y donde por fin encontré la paz que tanto ansiaba. Además de mi trabajo como orientadora, imparto talleres, charlas y conferencias sobre violencia sexual, concretamente, sobre los efectos y las huellas que la sumisión química deja en nosotras. Con mi testimonio, trato de inspirar a tantas chicas y mujeres que se encuentren en situaciones similares. Quiero que tengan claro que de todo se sale, con mucho esfuerzo, pero terminamos ganando esta batalla.

No estamos solas.

He resumido en un libro todo lo acontecido desde esa noche hasta ahora, un libro en el que he arrojado luz a esta memoria sin rastro. Esta novela será publicada en dos semanas, el próximo 5 de marzo de 2023, el día en el que soplaré treinta velas. No lo haré sola, ni soplar las velas ni presentar la novela. Mis padres, Lucy y mis chicas: Ruth, Olivia, Celia,

Amelia, Nuria, Marta y María. También estarán Micaela, Sofía y Gloria. No podía faltar el sostén que me ha acompañado los últimos dos años de mi vida, mi pareja y el futuro padre de mi hija, Aarón. Tras muchos años, he podido conocer una relación libre de malos tratos, basada en el respeto, el compañerismo y la igualdad. Irene, mi retoño, va a tener el mejor ejemplo en el que reflejarse: en nosotros, sus padres. Espero que ella cuente en su vida con todos los recursos que yo no he tenido y sepa defenderse bien en este mundo sin pisotear a nadie.

Paz, eso mismo significa su nombre. No podía reflejar otra cosa que lo que más ansiaba por alcanzar en esta vida. Ella es la guinda del pastel que ha coronado el pico más alto de la dicha que actualmente tengo.

Gracias por darme una oportunidad, la oportunidad de contar mi historia. No es solo mi historia, es la historia de miles de mujeres en el mundo.

No estamos solas.

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