Objetivo: El Titanic

Francisca Espasa · Capítulo 17 de 67

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Objetivo: El Titanic

Capítulo 17. Enero de 1935

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Enero de 1935

 

H an pasado las Navidades y don Segundo aún no ha aparecido por el pueblo. Las gentes comienzan a comentar la ausencia del maestro, y en vista de que no da señales de vida, Jaumet se hace cargo de la escuela con el fin de evitar más comentarios e incluso una sanción al maestro.

Pasa una semana más sin aparecer, y cuando hoy el muchacho va a salir de casa para encaminarse hacia la escuela, su madre le comunica que don Segundo llegó ayer noche al pueblo.

—¿Sabe usted que le ha pasado? — ⁠pregunta el muchacho.

—Dicen que su madre ha estado muy enferma y ha estado cuidándola.

—¿Está mejor?

—No lo sé, pregúntale tú ahora cuando vayas a la escuela.

Al llegar el muchacho, don Segundo está en el aula preparando las clases.

—Don Segundo, le he echado de menos. ¿Cómo está su madre?

—¿Mi madre? ¡Ah!, perdona el lapsus, después de estos días sin estar en la escuela ya no sé ni lo que me digo. Bien, está mejor, gracias por preguntar y gracias por haberte ocupado de las clases. Pero dime, ¿cómo va tu historia? —⁠dice, cambiando rápidamente de tema.

El jovencito quiere saber qué diferencia hay entre un pueblo y una ciudad. Le intriga la razón por la cual su pueblo, Denia, es considerado ciudad como ha dicho el señor Tomeu, y sin más dilación se lo pregunta a don Segundo.

—Pues verás, en la ciudad se realizan funciones políticas, administrativas, económicas y religiosas. Por el contrario, los pueblos no tienen todas estas atribuciones. En cuanto a Denia, te diré que tiene un pasado remoto e importante. Según indicios arqueológicos fue un asentamiento íbero, pero su origen es romano. También tuvo relevancia en la Hispania Visigoda, no obstante, fue en la época musulmana cuando consiguió su mayor esplendor llegando a ser la capital de un reino de taifas.

»Ya en el siglo XIV, se convierte en condado y en el siglo XV es promocionado a marquesado. Dos siglos después el rey Felipe III, siendo su favorito el Duque de Lerma, quinto marqués de Denia, le concedió el título de ciudad.

—Don Segundo, no me canso de escucharle, sabe usted de todo.

—No exageres.

—El señor Tomeu también sabe muchas cosas. En su casa tiene un montón de libros. Bueno, no sabe tanto como usted, pero me sorprendió mucho que tuviera tantos libros.

—Pues sí, por desgracia no es corriente que la gente del pueblo tenga libros y mucho menos que se interese por su lectura.

—Pues el señor Tomeu tiene varios.

—¿Qué clase de libros son? —⁠pregunta el maestro.

—Libros con preciosas fotos de ciudades, ríos, montañas, paisajes.

—Pero dime, la diferencia entre pueblo y ciudad, ¿era todo lo que querías saber?

—También quisiera saber algo sobre lo acaecido en 1902. Me ha estado hablando de su vida en ese año y quisiera hacerme una idea de qué acontecimientos se vivían en el resto de España.

—Pues verás, en este año acabó la regencia de la reina María Cristina y fue proclamado rey su hijo Alfonso XIII a la edad de dieciséis años y, por tal motivo, se concedió un indulto general.

—Sí, pero además del indulto, ¿cómo repercutió esto en la gente?

—La etapa de modernizaciones económicas y sociales se vio enrarecida por la confrontación de los dos partidos que gobernaban en alternancia —⁠don Segundo continúa mecánicamente⁠—: En cuanto a lo que me preguntas sobre la gente, te diré que se produjo un gran desarrollo del movimiento obrero. Como ya te dije, mucha gente del campo había emigrado a las ciudades y allí fueron más conscientes de que debían luchar por sus derechos. Habían nacido recientemente los sindicatos y la nueva clase obrera se afilió a ellos para intentar evitar los abusos de los patrones.

 

Cuando Jaumet se encuentra nuevamente con el señor Tomeu, este le pregunta:

—¿Ya ha vuelto don Segundo? ¿Qué tal está?

—Don Segundo hoy estaba como ausente, cuando le he preguntado algunas dudas me ha contestado como si estuviera recitando una lección aprendida, pero no ponía vida como en otras ocasiones.

—Las personas tenemos altibajos, y si su madre no está bien, es normal que esté afectado.

—No sé, pero su madre no debe estar muy mal.

—¿Por qué dices eso?

—Porque cuando le he preguntado por ella me ha dado la impresión de que no sabía ni de qué le estaba hablando.

Tomeu queda pensativo por un momento y al fin comenta:

—He oído decir que don Segundo tiene amistades metidas en política. Quizás su estado ausente se deba a que otras preocupaciones le absorben.

Jaumet, dejando zanjado el tema, sigue diciendo:

—Me gustaría que hoy me hablara de sus hijos y de su vida. Tengo curiosidad por saber cómo era la vida de un marinero cuando volvía a su casa después de quizás varios meses sin regresar y habiendo vivido, sin duda, otra realidad muy distinta a la que se vivía en España. He leído que Inglaterra era una de las naciones más desarrolladas de Europa, e indudablemente los marineros que pisaban sus tierras debían darse cuenta de las diferencias entre una nación y otra.

Tomeu queda pensativo y después de unos cuantos minutos contesta.

—Sí, la realidad que podías observar en los lugares que atracábamos era diferente, pero ten en cuenta que teníamos poco contacto con sus gentes y, por tanto, pocos elementos de juicio para apreciar las diferencias. De acuerdo, hoy te hablaré de mi vida y del reencuentro con mi familia cuando volvía a Denia. También intentaré transmitirte lo que sentía mi familia teniendo al padre y marido lejos. Aunque quizás Tona te podría hablar mejor de esto.