Objetivo: El Titanic
Capítulo 43. Viernes 5 de abril de 1912
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Viernes 5 de abril de 1912
H oy, día cinco de abril, viernes santo, el Titanic está siendo engalanado con varias banderas y estandartes.
Los tres amigos y Nicolau pasan todo el día en el muelle contemplando el ir y venir de los carromatos llenos de cantidades inmensas de provisiones, además de toda clase de artículos.
Las grúas no cesan en su actividad subiendo a bordo lo que los carromatos traen continuamente.
—¡Qué barbaridad!, no faltará de nada — exclama Glyn.
El viaje de Southampton a Nueva York no será largo, ya que zarpará el día diez y la llegada a Nueva York está previsto que sea el miércoles diecisiete. No obstante, la cantidad de personas que irán en el barco hace imprescindible toda una serie de productos que satisfagan las necesidades del pasaje y de la tripulación.
Caída la tarde, cuando se deciden a abandonar el muelle ven acercarse lentamente un retrasado carro repleto de cajas.
En un bache una de ellas cae y su contenido, un buen número de cacerolas, rueda por el suelo con el consiguiente estrépito mitigado por el traqueteo del carromato.
Vicente, Glyn y Tomeu acuden a recogerlas mientras Nicolau corre hacia el conductor:
—¡Señor, señor, ha perdido usted una caja!
El hombre para en seco, baja y muy apurado se une a ellos y comienza también a recoger farfullando nervioso.
—¡Menos mal que no se han roto! — exclama Vicente.
—Gracias por su ayuda —contesta el hombre ya más calmado.
—¿Son para el Titanic? —pregunta Nicolau.
—Sí, para allí son. Menos mal que nadie se ha percatado porque si alguien ve que han ido por los suelos son capaces de no aceptarlas.
—¿Tan puntillosos son? —pregunta Tomeu.
—Quieren lo mejor para el mejor buque del mundo —contesta el carretero.
—¿Es usted español? —le interroga Vicente al percatarse de la curiosa manera de hablar del hombre.
—Andaluz para más señas —contesta el carretero hablando ahora en castellano.
—Vaya ¡qué casualidad!
—¿Ustedes de dónde son?
—Mi amigo galés y nosotros tres españoles. Y este andaluz como usted —especifica Tomeu señalando a Vicente.
—¿Qué hacen tan lejos de nuestra tierra?
—Somos fogoneros y hemos estado navegando de España a Inglaterra.
—¡Queremos que nos contraten en el Titanic! —exclama el chiquillo.
El hombre los mira con curiosidad y responde:
—Pues me he enterado de que mañana a las seis abrirán y comenzarán a preparar lo necesario para iniciar las contrataciones. Estas comenzaran a las ocho, pero he oído decir que hay gente que vendrá a hacer cola antes de las seis para ser los primeros y tener más oportunidades.
—Gracias por la información, nos está haciendo un gran favor —le agradece Tomeu.
—Favor con favor se paga. ¡Mucha suerte! —les desea el conductor del carro.
Se despiden amablemente y cuando el hombre desaparece de su vista no pueden reprimir una carcajada de satisfacción.
—Mañana antes de las seis estaremos aquí, va veréis como tenemos suerte y nos contratan —afirma Tomeu.