Placer Cornudo_ Las perversas fanta
Capítulo 13
El nacimiento del mirón
No cabe ningún tipo de duda de que Rai es una persona inteligente, pero en realidad no ha conseguido ser un empresario de éxito gracias a su cerebro. Pese a sus propios logros, había tenido una vida muy fácil.
Fue casi en el siglo XIX, durante la revolución industrial, cuando los antepasados de Rai se hicieron millonarios invirtiendo en el carbón. Desde entonces, generación tras generación, en su familia han sabido diversificar sus negocios y engordar sus arcas hasta tamaños insospechados.
La realidad en el presente es que toda la familia de Rai tiene su vida resuelta. Da igual si trabajan o no, ni importa cómo lleven sus negocios. El abuelo de Rai se encargó de dejarlo todo bien atado, para que nadie pudiera llegar a meter la pata tanto que cayeran en bancarrota.
Esto hizo que Rai viviese toda su vida sobre una balsa de aceite. Siempre tuvo cuanto quiso y nunca se sintió merecedor de ello. Por mucho que se esforzara, no podía quitarse la sensación de que le habían regalado todo lo que conseguía.
Y sentía exactamente lo mismo en sus relaciones, sin excluir el sexo. En su vida, amontonó pretendientas interesadas en él, incluso mujeres mucho más jóvenes de cuerpos esculturales, pero siempre creyó que se acercaban a él por su dinero, así que las rechazaba de un plumazo. Ni siquiera eran capaces de excitarlo sexualmente.
Hasta la noche en que me conoció creyó que su pene estaba muerto.
Cuando se dio cuenta de que yo lo observaba mientras follaba con otro, sintió que era suya y sin embargo no podía poseerme. Eso hizo que se excitase por primera vez en muchos años, y disfrutaba sosteniendo esa sensación en el tiempo sin llegar a eyacular.
A partir de ese momento nuestra relación evolucionó, ambos conseguimos lo que necesitábamos para sentirnos plenos. El acuerdo era sencillo, teníamos encuentros en los que él miraba mientras yo mantenía relaciones sexuales con otras personas. Rai prolongaba su excitación toda la noche, del mismo modo que yo continuaba cachonda por tener a un hombre como él esperando a que le diese luz verde para actuar. Al día siguiente seguíamos encendidos, y nuestros cuerpos se unían con el objetivo de explotar después de toda una noche de contención.
Sin darnos cuenta nuestra ansiedad desapareció. Habíamos alcanzado la verdadera felicidad.
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