Placer Cornudo_ Las perversas fanta
Capítulo 2
Cena para tres
El golpe en la puerta me sacó de mis pensamientos. Suspiré y dejé la copa. Pasé los dedos por mi melena y eché un último vistazo al salón antes de abrir la puerta.
Los dos apuestos invitados esperaban al otro lado con su mejor sonrisa.
—¡Guau! —exclamó Carlos al verme abriendo la boca de par en par.
—Estás preciosa, Claudia —añadió Toni.
—Gracias —respondí halagada por su reacción.
Estaba encantada de ver a aquellos dos atractivos hombres en la puerta de mi apartamento, desconcertados y con cierto gesto de confusión en sus caras.
Carlos señaló a Toni y a él mismo alternativamente.
—¿Es esto lo que creo que es? —preguntó arqueando la ceja.
En la cafetería fui muy directa en mi flirteo y él parecía un chico listo, seguro que estaba atando cabos. Me limité a sonreír.
—Me parece perfecto —añadió levantando las palmas de las manos en un gesto de aprobación.
—Lo mismo digo. Algo nos hemos olido mientras esperábamos a que abrieras la puerta —dijo Toni guiñando un ojo.
—¿Por qué no entráis para averiguarlo? —pregunté maliciosa.
Intercambiaron miradas antes de entrar al apartamento, el brillo en sus ojos los delataba. Me saludaron con un beso en la mejilla y me siguieron
por el pasillo.
—¡Vaya! Qué maravilla —exclamó Carlos acercándose a la escultura de Cleopatra con la inconfundible marca de Lladró que decoraba el mueble del recibidor.
—¡Qué romántico! —comentó Toni al ver las velas que ambientaban el salón.
Qué distintos eran, iban a complementarse genial en los planes que tenía para ellos. Mi fantasía no podía ir más sobre ruedas. Les agradecí las palabras y los invité a sentarse para empezar con la cena.
—No estoy muy seguro de tener hambre —dijo Carlos al ver la mesa puesta provocando la risa de todos.
Ambos tomaron asiento mientras les servía el vino en las copas. Tenía preparado un plato especial, no quería que se quedaran con hambre y tuvieran suficiente energía para dar lo mejor de ellos más tarde. Saqué el Wagyu en una gran bandeja acompañado de unas patatas al horno, sus ojos se abrieron de par en par al ver la carne y el aroma que desprendía. Supe que había acertado en mi elección. Me senté y empezamos la velada, charlando como si nos conociéramos de toda la vida.
Complacidos degustaron el manjar, no solo había acertado con el menú, la compañía era inmejorable. No lo confesé, pero a pesar de la delicia que teníamos en el plato prefería saborear la carne que habían traído mis invitados.
Me sentía poderosa, controlando la situación. Charlaban ajenos a todo lo que estaba pasando por mi mente, no preguntaron, pero imaginé que tendrían curiosidad por saber cuál sería el siguiente paso. Hacía apenas unas horas no nos conocíamos ninguno de los tres y ahora compartíamos velada y secretos en mi salón. La noche prometía.
Los tenía sentados uno a cada lado y pensé satisfecha que estaban ahí por y para mí.
Una vez terminado el plato fuerte y ansiosa por empezar a cumplir mis deseos me levanté de la silla y me acerqué a Carlos, me incliné y lo besé.
Dejé que el beso se alargara mientras miraba de forma tentadora a Toni, quién rápidamente entendió la señal y se puso en pie para unirse a nosotros.
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