Placer Cornudo_ Las perversas fanta

Valentina Vinson · Capítulo 22 de 33

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Placer Cornudo_ Las perversas fanta

Capítulo 21

El supermercado

Parte del catering lo encargué en el mismo restaurante al que había ido el día antes con María y Adrien. Rosalía, la chica del servicio, también me ayudó con algunos preparativos para que no les faltara de nada a mis invitados. Empezaríamos en el salón con una copa y luego pasaríamos al comedor para degustar el marisco de la zona, por último, un postre muy especial en la terraza con vistas al mar. Aunque yo lo que quería ver no era el mar.

Faltaban un par de cosas que necesitaba del supermercado y me encargué yo misma de ir a por ellas.

Mientras me perdía por los larguísimos pasillos de la tienda, alguien se acercó a mí por detrás y me susurró mi nombre al oído poniéndome todo el vello de punta.

—¿Así saludas a todo el mundo? —pregunté dándome la vuelta.

—Solo a las mujeres bonitas —respondió con su característico acento francés.

—Estoy ultimando detalles para esta noche —dije no queriendo seguir por el sendero que me mostraba Adrien.

—Con verte a ti es más que suficiente.

¿Este chico no era capaz de decir una frase sin ningún tipo de intención?

Me estaba empezando a poner nerviosa. Además, olía maravillosamente bien, me olvidé del supermercado y de todo lo que había a nuestro alrededor, parecía que flotaba en el aire mecida por su perfume, su acento y su mirada cautivadora.

El perfecto galán, al que yo me quería follar aquella noche, pero bajo la mirada de mi marido y no en el pasillo de aquel lugar a escondidas. No

tenía nada que hacer conmigo de aquella forma.

—Os espero a las nueve —confirmé sonriendo y coqueteando más de lo necesario, lo admito.

—Se me va a hacer el día muy largo.

—Tendrás que entretenerte con algo —dije mordiéndome el labio sin querer.

—Conozco una cala muy tranquila, no muy lejos de aquí, ¿te apetece una mañana de relax conmigo? —me propuso acercándose despacio a mí, casi podía sentir el calor de su cuerpo.

—Tengo muchas cosas por hacer y además, esta noche, nos relajaremos todos juntos en mi piscina. No hace falta que traigas bañador —respondí con la misma provocación que había puesto él en su comentario.

Estábamos tan cerca que resultaba demasiado peligroso, mi entrepierna latía con fuerza e imaginé por unos segundos que nos arrancábamos la ropa allí mismo y hacíamos lo que nuestro instinto nos pedía a gritos, pero me limité a despedirme y alejarme por el pasillo dejando allí a Adrien observando mis pasos y el vaivén de mi vestido.

◆◆◆

Compré más de lo necesario, el francés me había despistado con su perfume y saber hacer. Cargar todo aquello en el maletero del coche estaba siendo una odisea y el calor sofocante no ayudaba.

—Buenos días, ¿necesita ayuda?

La voz profunda me sobresaltó, pero la reconocí rápidamente.

—Buenos días, Baakir. Sí, la necesito porque no puedo con esto.

Sin dudarlo mi apuesto ayudante descargó en un momento todo lo que llevaba y lo colocó perfectamente en el maletero del coche, yo solo me

dediqué a admirar ese cuerpo que brillaba bajo la luz del sol y recordé cómo me había embestido la noche anterior.

Entre el francés y el senegalés estaba ardiendo en llamas y todavía quedaba mucho día hasta la cena.

Le agradecí a Baakir el gesto amable que había tenido conmigo y me contó que estaba haciendo unos recados para una familia del pueblo.

—¿Qué haríamos sin ti? Menos mal que te tenemos por aquí —dije sonriendo.

—Para lo que me necesite, señora, no lo dude —respondió sonriendo.

Allí, de pie, delante de mí me tapaba todo el sol con su cuerpo escultural.

Por un momento se me olvidó el encuentro de hacía unos minutos con Adrien y solo podía pensar en él, quizá había elegido mal a mis invitados de aquella noche o quizá podía invitar a mi muñeco de ébano a la fiesta.

Suspiré sin decir nada de lo que estaba pensando y me despedí de él, por el momento, el verano no acababa allí y quedaba mucho Baakir por probar.

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