Placer Cornudo_ Las perversas fanta
Capítulo 7
Con ganas de más
Los primeros rayos de sol entraban a través de las rendijas de la persiana, apenas eran las siete de la mañana, pero Rai se había despertado aquella mañana muy juguetón. Solo podía ver su pelo moreno entre mis piernas, entretenido en darme placer desde primera hora.
Rodeaba su cabeza con mis muslos, imposibilitando que escapara de allí, por lo menos debía arrancarme un orgasmo para dejarlo escapar.
Me encantaba su dedicación, su lengua ávida lamiéndome despacio para provocar mis primeros gemidos, recorría mis labios en toda su longitud.
Abriéndome poco a poco a él para darle paso a lo que tanto deseaba.
Me agarré fuerte a las sábanas, una fuerte descarga me recorrió cuando empezó a succionar mi clítoris.
—¡Joder, me voy a correr! Sigue así —grité agarrándolo del pelo y aferrándolo a mi cuerpo.
Rai obedeció mis órdenes, no se detuvo ni un segundo hasta que exploté arqueando la espalda y tensando todos los músculos de mi cuerpo.
Exhausta lo solté de la prisión de mis piernas y siguió lamiendo con cuidado mi esencia mientras yo me recomponía, después vino a tumbarse junto a mí.
—Buenos días, princesa —dijo apartándome un mechón de pelo de la cara.
Sus ojos se veían todavía más azules con la luz del sol y sus labios brillaban impregnados de mí. No quería que mi despertar terminara allí, así que bajé la mano por su torso desnudo. Tenía casi los cincuenta, pero se conservaba mejor que la mayoría de treintañeros. Colé mi mano por debajo del pantalón de su pijama y me encontré con mi parte favorita de su
anatomía. Me estaba esperando, dura y bravucona. Debía domarla y doblegarla a mis deseos.
Me subí a horcajadas sobre él y guie su polla a la entrada de mi sexo metiendo la punta. Todavía seguía húmeda y entró sin resistencia. Rai soltó un suspiro y me agarró de las tetas tirando suavemente de mis pezones.
Poco a poco dejé que entrara en mí hasta el fondo e hice círculos con mi cadera para sentirla rozando mi interior. Era grande y gruesa, me llenaba por completo. Mi cuerpo la acogió abrazándola sin querer soltarla. Apoyé las manos sobre su pecho y empecé la danza, recorriéndola arriba y abajo sin dejar que saliera por completo. Rai agarrándome de las caderas seguía el ritmo que yo había marcado.
—Cariño, me encanta como me follas —dijo clavando su mirada en mí.
—Rai, me quiero follar a una tía —dije entre gemidos pensando en una idea que rondaba mi cabeza desde hacía días.
—Quiero ver cómo lo haces —respondió levantando su cadera y sosteniéndome en el aire para marcar él el ritmo.
—¿Te gustaría? Demuéstrame cuánto lo deseas —dije retadora.
En un movimiento rápido, Rai me tumbó boca arriba en la cama, me subió y abrió las piernas hundiendo su polla en mí hasta el fondo. Para que todavía fuera más intenso doble las rodillas y las acerqué a mi cara, él se apoyó en mis muslos y empezó a embestirme con fuerza provocando mis gemidos y un placer que aumentaba por segundos.
Su respiración se aceleró al igual que la mía y ambos nos sumergimos en un orgasmo profundo e instintivo.
Me fui a la ducha para prepararme, tenía por delante un día intenso.
Debía encontrar a la chica perfecta para mi fantasía, y conocía a una que ocupaba todo mi pensamiento.
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