Sin culpa

Alison Fraser · Capítulo 12 de 12

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Sin culpa

Capítulo 12

 

TIREE aprovechó el momento de felicidad pero vivió el presente, amándolo cada día más sin confiar en que duraría.

Eloise volvió al colegio y Tiree simplemente se había quedado en la casa. La hija de Sinclair volvería pronto para las vacaciones de verano y Sinclair quería contarle la verdad mientras que Tiree se oponía.

La noche anterior a la llegada de Eloise, tuvieron su primera discusión como pareja. Él la acusó de hipócrita y ella de insensible. La discusión fue subiendo de tono y Tiree finalmente se marchó a su habitación a tocar el violín con furia, hasta que Sinclair apareció e hicieron las paces apasionadamente.

Tiree se salió con la suya y Eloise no supo nada acerca de la relación. Pero no fue una decisión sencilla, ya que tuvieron que actuar como amantes secretos, entrando y saliendo en secreto de sus respectivas habitaciones por las noches.

Pero una mañana se despertaron tarde y estaban vistiéndose cuando Eloise entró en la habitación.

La niña miró a Tiree y después a su padre, apenas reaccionando, y antes de que pudieran decir nada, se marchó sonriendo de la habitación.

Sinclair no pareció disgustado tampoco. De hecho, bromeó con lo ocurrido.

–Tendrás que decir que soy un hombre sincero.

–Muy gracioso –dijo Tiree–. ¿Qué va a pensar?

–Pensará que estamos locamente enamorados, cosa que es cierta. Después se preguntará cómo sacarle partido a la situación y quizá intentará convencernos a uno de nosotros para que compremos el nuevo equipo de música que tanto quiere… Tú eres la única que tiene un problema con esto, Ti.

–Sí, pero es que no me parece bien.

En algunas cosas, Tiree era la más tradicional de los dos, pero jamás habría adivinado su respuesta.

–Entonces hazlo bien y cásate conmigo.

Ella lo miró fijamente, casi esperando que se echara a reír o que sonriera al menos. Pero Sinclair no hizo nada. Estaba completamente serio.

–¿Por Eloise?

–No. Por ti y por mí y por el hecho de que somos una pareja perfecta.

–Pero… tú no querías ningún tipo de compromiso –le recordó ella.

Sinclair lo miró sorprendido.

–Perdona pero eras tú a la que la aterrorizaba la idea, y por la expresión de tu cara creo que sigues pensando lo mismo.

–Yo… no… –tartamudeó Tiree.

–Piénsalo –sugirió Sinclair–. No te sientas presionada ¿de acuerdo?

–De acuerdo.

Sinclair le dio un beso en la boca y se levantó de la cama para bajar al piso de abajo.

Tiree se quedó en la habitación, pensando en lo que él le acababa de decir; le había sugerido que se casaran como si hubieran estado hablando de las vacaciones.

Tiree no pudo pensar en otra cosa a lo largo del día, y cuando Sinclair volvió del trabajo aún seguía pensando, pero él se comportó como si se hubiera olvidado de la conversación.

Incluso cuando Eloise desapareció del comedor después de la cena, para dejarlos solos, él no habló del tema, sino que habló de otras cosas hasta que Tiree sintió ganas de gritar.

–¿Hablabas en serio esta mañana? –preguntó ella finalmente–. ¿Lo de casarnos?

Su tono de voz no era muy entusiasta. De hecho, era lo suficientemente agresivo para que Sinclair dudara antes de contestar.

–Si has cambiado de opinión… –añadió ella, llegando precipitadamente a la conclusión equivocada.

–En absoluto. Solo quería darte tiempo para que te decidieras.

–Lo he hecho. Pero primero quiero que sepas toda la verdad acerca de Kit.

Tiree le habló a Sinclair de la adicción a las drogas de Kit, de cómo había dejado que se quedara con ella en su casa para desengancharse y de cómo, erróneamente, Kit había pensado que quizá pudieran comenzar una relación. Después le habló de la visita de Stu y de cómo lo había provocado hasta que Kit, no pudiendo soportarlo más, decidió marcharse aquella misma noche. Se había alejado en su moto, enfurecido por la sugerencia de Stu de que Tiree estaba jugando con él. Tiree había obligado a Stu a seguirlo. Aquella era la razón de que se hubieran salido de la carretera, y Tiree se culpaba a sí misma por ello.

–Ya lo sabes todo. ¿Aún quieres casarte conmigo? –preguntó Tiree, pensando que la verdad había arruinado toda posibilidad de felicidad con Sinclair.

–¿Tú qué crees?

A pesar de la irónica sonrisa de Sinclair, Tiree vio que ojos estaban serios, y que su intensa mirada azul reflejaba el amor que sentía por ella y se sintió como una tonta por haberlo dudado.

Ya sabía lo peor y aún quería casarse con ella; conocía lo mejor de ella y no había intentado cambiarla. La aceptaba por ser quien era y la había hecho sentirse realmente amada por primera vez en su vida.

 

Sinclair ya había pasado por aquella situación y conocía la rutina. Rhys estaba a su lado, tocándose el bolsillo donde estaban guardadas las alianzas y sonriendo, igual que la última vez.

Entonces comenzó la música y Sinclair volvió la cabeza. Se maravilló de lo guapa que era su novia, vestida de encaje blanco y con perlas. Pensó en lo felices que los había hecho a él y a su hija, que caminaba detrás de Tiree, sonriendo ampliamente.

Sinclair hizo su solemne promesa, seguro en aquella ocasión de que la mantendría y que honraría y amaría a aquella mujer hasta que la muerte los separara.

Y Tiree repitió las mismas palabras mientras su corazón se llenaba de amor.

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