Socialismo siglo XXI
Notas
[1]Pese a lo cual no son pocos los comentaristas actuales que recuerdan con nostalgia aquella época y afirman, en un alarde de temeridad, que la Argentina por entonces ya era un país desarrollado, o que tenía algunos índices socioeconómicos —por ejemplo, teléfonos o automóviles por 1000 habitantes, extensión de las vías férreas, etc.— comparables con los de las cinco o seis naciones más avanzadas del mundo desarrollado. Pero este enfoque, típicamente burgués por su tendencia irresistible a la fragmentaciómn y la consideración de la realidad social en términos de sectores, no puede sino inducir a graves equívocos. Entre ellos, concluir que la Argentina era ya una economía desarrollada. Un error semejante se produciría en nuestro tiempo si al considerar algunos índices de salud pública y educación en Cuba, tan buenos como los mejores de los países del capitalismo avanzado, concluyéramos que Cuba es un
país altamente desarrollado. <<
[2]En relación a este punto, la burguesía nacional, es de estricta justicia recordar las precoces observaciones de Ernesto «Che» Guevara, quien afirmaba, a comienzos de los años sesenta, que era más preciso hablar de «burguesías autóctonas». Ver especialmente su «Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental», un
texto de abril de 1967. <<
[3]El Che participó, como ministro de Industrias de Cuba, en la Conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social (CIES), un organismo dependiente de la OEA, que sesionó en Punta del Este entre el 5 y el 18 de agosto de 1961, a escasos cuatro meses de la fallida invasión a Playa Girón. En su primera intervención en la Conferencia, el Che pronunció un vibrante alegato denunciando los modestísimos alcances de un supuesto programa de desarrollo económico auspiciado por EE.UU., la fallida Alianza para el Progreso, representado en la Conferencia por su secretario del Tesoro, Douglas Dillon, que, por su énfasis en la construcción de redes cloacales, el revolucionario argentino-cubano denominó sarcásticamente como «la letrinización de América Latina». Los modestos objetivos que se proponía la Alianza, que ni siquiera fueron alcanzados por ningún país, contrastaban llamativamente con las grandes realizaciones que Cuba había logrado en dos años y medio de revolución y que la habían convertido, entre otras cosas, en el primer territorio libre de analfabetos de las Américas.
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[4] 4 Para un análisis sobre la naturaleza y el impacto de las ideas de Rostow, ver
Roffinelli y Kohan (2003). <<
[5]No deja se ser asombrosa la coincidencia de perspectivas entre la obra de un teórico conservador como Walter W. Rostow y la de quienes, desde una perspectiva presuntamente crítica, se inspiran en la obra de Hardt y Negri. En una entrevista concedida al matutino argentino Página/12, Cocco y Negri descalifican el concepto de imperialismo y juzgan como lamentable al «antiimperialismo». No podrían haber estado más de acuerdo con el teórico preferido de la Administración Kennedy (ver
Gago, 2006). <<
[6]Un ejemplo de nuestros días lo ofrece la obra de Hardt y Negri, Imperio, en la cual se asegura que países como Bangladesh y Haití se encuentran al interior del imperio puesto que este todo lo abarca. Pero ¿se hallan por eso en una posición comparable a la de EE.UU., Francia, Alemania o Japón? Si bien afortunadamente admiten que estos países no son idénticos desde el punto de vista de la producción y circulación capitalistas, Hardt y Negri concluyen, para estupor de los estudiosos, que entre «Estados Unidos y Brasil, Gran Bretaña y la India no hay diferencias de naturaleza, sólo diferencias de grado», tesis esta que suscribiría con entusiasmo el propio Rostow (Hardt y Negri, 2000: 307). Como bien recuerda Amin, las periferias del sistema mundial no son tan sólo «formaciones desigualmente desarrolladas», sino que se trata de formaciones sociales interdependientes precisamente en función de esa desigualdad. Para una crítica a la visión radicalmente equivocada y funcional al
imperialismo de Hardt y Negri, ver Boron (2002). <<
[7]Al momento de escribir su libro, nuestro autor era profesor de la Northwestern University, una universidad de elite radicada nada menos que en Chicago y muy influenciada por el prestigio intelectual que por entonces gozaba la Escuela de Chicago de la que surgiría, entre otros, uno de los grandes ideólogos de la contrarrevolución neoliberal de los años setenta. Nos referimos a Milton Friedman,
por supuesto. <<
[8]Antes de proseguir con nuestra argumentación se impone una aclaración. Las usinas ideológicas de la derecha, con el auxilio invalorable de algunos ex izquierdistas, han impuesto un lugar común que podría sintetizarse así: si bien se produjo en América Latina un «giro a la izquierda», Washington no debe reaccionar indiscriminadamente ante el peligro que esto podría entrañar para la «seguridad nacional» norteamericana, el normal funcionamiento de los mercados y la seguridad jurídica de las inversiones extranjeras en la región. Existen, según los Castañedas, Vargas Llosas, Fuentes y tantos otros, dos izquierdas: una «seria y racional», que comprende la importancia de no interferir con la lógica de los mercados, y otra, anatemizada como «radical», «populista» o «demagógica» según los diversos autores, empeñada en contradecirla. La primera vertiente incluye como ejemplos paradigmáticos los casos de la Concertación chilena y el gobierno de Lula en Brasil, si bien hay otros en la región que también podrían encuadrarse en este modelo, como el de Tabaré Vázquez en Uruguay y Alan García en el Perú. Ejemplos rotundos de la segunda serían los de Cuba y Venezuela, a los que posteriormente se agregó el de Evo Morales en Bolivia y, más recientemente aún, el de Rafael Correa en el Ecuador. El caso de Kirchner ocupa un lugar muy especial porque, si bien por su retórica podría ser encasillado junto a Chávez y Evo, la orientación de sus políticas económicas — hecha excepción de la quita en los bonos de la deuda externa— se encuadra en los grandes lineamientos del Consenso de Washington. En realidad, cuando se habla de «izquierda» en América Latina, tal caracterización le cabe exclusivamente a los gobiernos de Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador. Los demás son, en el mejor de los casos, gobiernos de centro a los cuales el rótulo de «centroizquierda» les queda demasiado grande ya que constituye una distinción inmerecida en función de sus pobres desempeños en materia de justicia social.
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[9]Sobre este tema remitimos al lector al trabajo de Alberto J. Pla (1971), uno de los primeros en examinar comparativamente y desde una perspectiva histórica la problemática de la burguesía nacional en América Latina. Una revisión reciente sobre la situación de las burguesías en diferentes países de la región se encuentra en la compilación organizada por Basualdo y Arceo (2006). En relación al caso argentino, ver el interesante dossier publicado en 2004 por la revista Realidad Económica, que incluye artículos de Eduardo M. Basualdo, Pablo Galetti, Jorge Schvarzer y Marcelo Rougier y, además, los trabajos de Schorr y Wainer (2005) y Katz (2004b). El trabajo de Schvarzer (2004: 37) abre un interesante campo de reflexión teórica al proponer una ampliación del concepto de burguesía que trascienda al empresariado e incorpore también «a los intelectuales que promueven su avance, a los funcionarios públicos
que la apoyan, a los políticos y a otras capas sociales dispuestas a acompañarla». <<
[10]Recordar la visita de Milton Eisenhower a la Argentina, testificando el cambio en las relaciones con EE.UU., luego de que el gobierno peronista admitiera el ingreso de las firmas petroleras norteamericanas y abandonara las políticas heterodoxas utilizadas en el período 1946-1951. Para testimoniar esa reorientación, que implicaba un primer acercamiento al FMI, Eisenhower, enviado personal de su hermano Ike, a la sazón presidente de EE.UU., fue condecorado con la medalla de la lealtad peronista, el máximo galardón otorgado por el partido a quienes sobresalían en su lucha por los principios de justicia social que supuestamente encarnaba el peronismo.
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[11]El superministro de las fuerzas armadas brasileñas en ese período no fue otro que Delfim Netto, quien en la actualidad se cuenta como uno de los principales asesores del presidente Lula. Este ha señalado repetidamente la excelente vinculación que lo une con el ex funcionario del régimen militar. En una entrevista reciente, Lula afirmó: «pasé más de 20 años criticando a Delfim [cuando Lula militaba en el sindicato metalúrgico y luego en la Central Única de Trabajadores] y ahora él es mi amigo y yo soy su amigo». Luego aseguró que «quien va más de derecha, va quedando más de centro. Quien está más de izquierda, va quedando más socialdemócrata, menos a la izquierda». En esa misma entrevista, Lula declaró que, habiendo cumplido 60 años,
«ya no está en edad para ser de izquierda» (Clarín, 2006). <<
[12]Pese a que, bajo fuerte presión de EE.UU., la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) le confirió esa condición a México una vez que firmó el TLC con EE.UU. y Canadá. Pero se trató de una maniobra propagandística del imperio y nada más. Los 500 mil mexicanos que cada año arriesgan su vida para
cruzar la frontera demuestran con elocuencia la falacia de esa calificación. <<
[13]Es preciso recordar que, más allá de las etapas de altas tasas de crecimiento de corta duración, un país como la Argentina registró muy elevados índices durante el período 1880-1914, sin que ello fuera suficiente para dar lugar a un capitalismo desarrollado. Otro tanto ocurrió con Brasil y México a lo largo de gran parte del siglo XX, y los resultados fueron los mismos. Está fuera de toda discusión el hecho de que el crecimiento produjo una transformación económica importante en la periferia del sistema, pero en ningún caso ese desempeño sirvió para instalar a esos tres países en
el selecto club de los capitalismos desarrollados. <<
[14]Alguien podría aducir, sin embargo, que el desarrollo de España, Portugal, Grecia e Irlanda demuestra que el tren del desarrollo capitalista retorna recurrentemente posibilitando que nuevos países se incorporen al mundo desarrollado. Pero, en realidad, esto no es así. España y Portugal fueron grandes metrópolis imperiales durante siglos, y su prolongada decadencia de ninguna manera puede equipararse a la situación de cualquiera de las sociedades coloniales de América Latina y el Caribe. Grecia fue durante siglos volátil botín del Imperio Otomano, Francia, Inglaterra y Rusia, e Irlanda fue una provincia sometida de la corona británica pero integrada a ese espacio económico. En todo caso, el desarrollo de estos cuatro países es una proyección del proceso de acumulación capitalista en curso primero en las grandes potencias europeas y, posteriormente, en la Unión Europea. Lo que esta ha hecho es equivalente a lo ocurrido cuando, por ejemplo, Italia aplicó desde los años sesenta una política específica para promover el desarrollo de sus regiones más atrasadas, el Mezzogiorno. Lo mismo hizo la UE con los cuatro países mencionados. En el caso de América Latina, ¿quién está interesado en promover y financiar nuestro desarrollo?
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[15]Existe ya una abundante bibliografía en torno a la cuestión del socialismo del siglo XXI. Además de las diferentes intervenciones del presidente Hugo Chávez Frías, consultar Katz (2004a; 2006), Kohan (2002), Martínez Heredia (2005), Monedero (2005), Petras (2006), Puerta (2006), Regalado Álvarez (2005) y Valdés Gutiérrez
(2006). <<
[16]Para acceder a un examen detallado sobre este tema, ver los trabajos recientes de
Boron (2007a; 2007b). <<
[17]Si en lugar de las medidas convencionales utilizadas por el BM (y, a partir de su ejemplo, por casi todas las agencias y consultoras dedicadas al tema) para medir la pobreza y la indigencia que se basan en dos dólares y un dólar diarios respectivamente —o, como sucedáneo, una «canasta básica» de alimentos concebida por organismos oficiales con gruesas subestimaciones de los consumos necesarios para una vida razonablemente digna— se empleasen criterios más realistas y exigentes, la proporción de pobres e indigentes en América Latina superaría fácilmente, en conjunto, las dos terceras partes del total de la población. En relación
con este tema ver Reddy (2007). <<
[18]Lamentablemente, el sugestivo trabajo de Juan Luis Londoño y Miguel Székely no fue continuado en la década siguiente por el BID. En general, lo que nota el estudio es que trabajos detallados sobre la pobreza y la desigualdad de ingresos han sido progresivamente sustituidos por estudios mucho más genéricos sobre la pobreza, con mediciones muy discutibles y que, en realidad, ocultan más de lo que enseñan. Si los datos de Londoño y Székely fueran actualizados, seguramente arrojarían resultados
aún más escandalosos. <<
[19]Ver más detalles sobre estos datos en Inwent — Capacitación y Desarrollo
Internacional, Alemania <www.inwent.org>. <<
[20]Para ahondar en esta temática, nos permitimos sugerir la lectura de un notable texto del politólogo finlandés Heikki Patomaki (2002), quien examina detalladamente las posibilidades abiertas por la aplicación de la tasa Tobin a las transacciones
financieras internacionales. <<
[21]Esta sección retoma alguna de las ideas centrales que hemos desarrollado en «La izquierda latinoamericana a comienzos del siglo XXI: nuevas realidades y urgentes
desafíos» (Boron, 2004a). <<
[22]Hemos examinado in extenso el tema del reformismo en Boron (2003a). <<
[23]Una discusión a fondo sobre el problema de la organización en la actual coyuntura se encuentra en nuestro estudio introductorio a la nueva edición del ¿Qué hacer? de
Lenin (Boron, 2004b). <<
[24]Va de suyo que en un tratamiento más extenso este tema debería ser prologado por un examen de las experiencias de construcción del socialismo en el siglo XX. De lo contrario reflexionaríamos como si fuéramos Adán en el primer día de la creación del mundo. Un tema central en dicho examen sería dilucidar si todas las experiencias del siglo pasado fracasaron (tesis que sostienen entre otros John Holloway, Michael Hardt y Antonio Negri) o si hubo algunas que sí fracasaron pero otras que fueron derrotadas, como por ejemplo la de Salvador Allende y la Unidad Popular en Chile. Además, ¿en que categoría ubicarían estos críticos experiencias como las de Cuba, China y Vietnam? Por supuesto, la consideración de estas cuestiones excede con creces los límites de este trabajo, pero no queríamos dejar pasar inadvertido este
crucial asunto. <<
[25]Hemos examinado este tema in extenso en nuestro «Estudio introductorio.
Actualidad del ¿Qué hacer?» (Boron, 2004b). <<
[26]La misma consulta efectuada el 14 de julio de 2008 señala la existencia de
aproximadamente 5 480 000 páginas dedicadas al tema. <<
[27]Un participante clave en este debate es István Mészáros, pero la amplitud de su contribución excede con creces lo que podríamos tratar en estas breves páginas. Ver su monumental Beyond capital (Mészáros, 1995) y su breve pero aleccionador
ensayo Socialismo o barbarie (2005). <<
[28]Ya en su momento Mariátegui había expresado una idea muy similar, pero referida en su caso a la conciencia del proletariado, cuando escribió que «un proletariado sin más ideal que la reducción de las horas de trabajo y el aumento de los centavos del salario no será nunca capaz de una gran empresa histórica». El economicismo remata inexorablemente en este tipo de conciencia, irremediablemente inepta para la
construcción del socialismo. Ver José Carlos Mariátegui (1969b: 116). <<
[29]Un primer esbozo lo presentó Chávez en el V Foro Social Mundial de Porto
Alegre, el 30 de enero de 2005. Ver Chávez Frías (2005). <<
[30]Una reflexión interesante y polémica, que debería ser objeto de un serio debate, es la que plantea Edgardo Lander en ocasión de la creación del Partido Socialista Unificado de Venezuela. Señala en su nota que «entre los debates vitales sobre la experiencia de lo que fue el socialismo que realmente existió en el siglo XX, están los asuntos del papel del Estado y del partido y sus relaciones con la posibilidad de la construcción de una sociedad democrática. Un Estado-partido que copó cada uno de los ámbitos de la vida colectiva, terminó por asfixiar toda posibilidad de debate y disidencia, y con ellos la posibilidad misma de la pluralidad y la democracia. Es por ello que entre los debates medulares para un orden socialista democrático que no repita los contenidos autoritarios de la experiencia del siglo pasado están los referidos al papel del Estado, al carácter del Estado, a las relaciones entre el Estado y la pluralidad de formas de organización y sociabilidad que se agrupan bajo la idea de sociedad» (Lander, 2006). Su invitación fue recogida por numerosos intelectuales y políticos: es preciso revisar ese capítulo de la historia de los socialismos realmente existentes y en esa empresa introducir algunas distinciones que no aparecen en el texto de Lander y que son de gran importancia. No fue lo mismo la experiencia soviética que la cubana, y sería injusto a más de impropio intelectualmente
subsumirlas en una misma categoría. <<
[31] Dadas ciertas confusiones reinantes en relación con estos temas, vale la pena aclarar que la crítica al productivismo no significa para nada desentenderse de las imperiosas necesidades que una economía socialista tiene de ser productiva y eficiente, condiciones indispensables para elevar las condiciones materiales de vida de la población. El productivismo, en cambio, puede ser definido como la ciega e irracional confianza depositada en el desarrollo de las fuerzas productivas, concebidas como capaces de resolver por sí solas todas las necesidades de la nueva sociedad. El deterioro del medio ambiente o el despotismo tecnocrático dentro de la empresa socialista han sido dos de los subproductos más perniciosos del productivismo. Sería un gravísimo error pensar, por otra parte, que la productividad y
la eficiencia son rasgos que sólo definen a una economía capitalista. <<
[32]Examinamos este tema con todo detalle en Boron (2000). <<
[33]El tema de la libreta, y la necesidad de un replanteamiento radical del funcionamiento de la economía cubana, apareció también en el ya mencionado discurso de Raúl, en uno de cuyos pasajes afirmaba que «cualquier cambio referido a la moneda debe hacerse con un enfoque integral en el que se tengan en cuenta, entre otros factores, el sistema salarial, los precios minoristas, las gratuidades y los millonarios subsidios que actualmente suponen numerosos servicios y productos distribuidos de una forma igualitaria, como los de la libreta de abastecimiento, que en las actuales condiciones de nuestra economía resultan irracionales e insostenibles»
(Castro Ruz, 2008). <<
[34]Muchos observadores y admiradores de la Revolución Cubana no dejan de sorprenderse por la escasa discusión que ha suscitado, al menos vistas las cosas desde afuera, el discurso de Fidel en la Universidad de la Habana y al cual nos hemos referido extensamente en estas páginas. Es más, por momentos se nota una cierta autocomplacencia y algo de triunfalismo al publicitar las elevadas tasas de crecimiento económico registradas en Cuba en los últimos años, pero que, al igual que ocurriera en otros países, poco tienen que ver con un paralelo mejoramiento de las condiciones de vida de los sectores populares. El riesgo de todo esto es la consolidación de un abismo que separa al país legal e institucional, con brillantes cifras de desempeño macroeconómico, del país real que continúa padeciendo los problemas ya señalados. El resultado de esta separación entre lo oficial y lo real podría llegar a ser la generalización de una sensación de incredulidad y desencanto populares, lo que a su vez podría convertirse en un apropiado caldo de cultivo de actitudes contrarrevolucionarias en un futuro no muy lejano. Una excelente tentativa reciente de discutir la realidad cubana a fondo se encuentra en Julio César Guanche (2008). Un texto anterior de Fernando Martínez Heredia, El corrimiento hacia el rojo, también permite penetrar en el análisis de los problemas más urgentes y graves
de la Cuba actual (Martínez Heredia, 2001). <<
[35]En relación a esto, Fidel ofrecía algunos ejemplos que por su capacidad didáctica merecen ser citados en toda su extensión: «¿Conocían —les pregunta a los estudiantes— todas estas desigualdades de las que estoy hablando? ¿Conocían ciertos hábitos generalizados? ¿Conocían que algunos ganaban en el mes 40 o 50 veces lo que gana uno de esos médicos que está allá en las montañas de Guatemala, miembro del contingente ‘Henry Reeve’? Puede estar en otros lugares distantes de África, o estar a miles de metros de altura, en las cordilleras del Himalaya salvando vidas, y gana el 5%, el 10% de lo que gana un ladronzuelo de estos que vende gasolina a los nuevos ricos, que desvía recursos de los puertos en camiones y por toneladas, que roba en las tiendas en divisa, que roba en un hotel cinco estrellas, a lo mejor cambiando la botellita de ron por una que se buscó, la pone en lugar de la otra y recauda todas las divisas con las que vendió los tragos que pueden salir de una botella de un ron más o menos bueno. ¿Cuántas formas de robo hay en este país?» (Castro Ruz, 2005a).
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[36]Hemos examinado este tema, a propósito del triunfo de Evo Morales en Bolivia,
en Boron (2005b). <<
[37]Este último punto, el papel «educativo» del partido, tan señalado por Lenin como por Gramsci, debería ser objeto de especial atención en el caso de Cuba. Son varios los que han constatado, sobre todo a partir del derrumbe de la Unión Soviética, el desprestigio en que ha caído el marxismo en amplios segmentos de la juventud cubana al identificarlo con la «ideología oficial» del extinto régimen soviético. El pertinaz bombardeo propagandístico del imperio sobre la isla y el hecho de que dos de las tres generaciones que hoy conviven en Cuba están constituidas por personas que nacieron luego del triunfo de la revolución 38 Este tema, el de la «llegada tarde» de las clases subalternas a su cita con la revolución, fue motivo de grandes debates en las dos primeras décadas del siglo XX. Algunos autores, Lenin entre ellos, planteaban que pasado cierto punto la maduración de las condiciones objetivas desencadenaba un proceso de putrefacción de todo el cuerpo social. Rosa Luxemburgo, en su clásico ¿Reforma o revolución social?, recuperando lo de Lenin y algunas observaciones de Engels, concluía que, si el proletariado no llegaba a tiempo a su cita con la revolución y conquistaba el socialismo, el resultado sería la barbarie. Criticaba, además, a quienes sostenían que la conquista del poder político por el proletariado sería «prematura» porque las condiciones no estaban maduras para encarar esa empresa con mínimas chances de éxito. A esto Rosa respondía que es imposible evitar la conquista «prematura» del poder político por el proletariado «porque esos ataques ‘prematuros’ del proletariado precisamente son un factor, y uno de los más importantes, para crear las condiciones políticas de la victoria definitiva». El mismo Gramsci retomó esta problemática de la puntualidad de la cita del proletariado con la revolución en sus observaciones acerca de lo nuevo (la revolución socialista) que no termina de nacer y lo viejo, la sociedad burguesa, que no termina de morir. En esa coyuntura, anotaba con justeza, pueden producirse toda clase de fenómenos atroces y aberrantes. Una rápida ojeada a la política contemporánea produciría una impresionante galería de «fenómenos atroces y aberrantes», o de personajes típicos de tales situaciones, como George W. Bush, Silvio Berlusconi, José M. Aznar, para no mencionar los esperpentos que ha producido América Latina en tiempos recientes, desde Carlos S. Menem y Alberto Fujimori hasta Carlos Andrés Pérez, pasando por los sangrientos déspotas de los años setenta y ochenta (los Videla, Pinochet y compañía) y otros de la misma ralea, aunque convenientemente maquillados. le otorgan a la «batalla de ideas» una centralidad estratégica imposible de soslayar. La deficiente formación marxista de la juventud cubana fue agudamente denunciada en la ya citada obra de Fernando Martínez Heredia, El corrimiento hacia el rojo (2001). Este diagnóstico plantea, a su vez, el interrogante respecto de si el Partido Comunista de Cuba está convenientemente preparado para responder a tan formidables desafíos. Confiamos en que sí, pero sin duda no podrá hacerlo apelando a sucedáneos contemporáneos de los desacreditados manuales de «marxismo-leninismo» que durante tantos años actuaron como intérpretes oficiales del marxismo en Cuba, con las consecuencias que ahora se lamentan. Una crítica devastadora de estos manuales, de su espíritu profundamente antagónico con el marxismo, se encuentra en Ernesto
«Che» Guevara (2006). <<
[38]En relación a este punto el presidente Hugo Chávez Frías comentó, luego de la derrota en diciembre de 2007 de su propuesta de reforma constitucional, que la trascendencia de la misma no había sido adecuadamente explicada y que por esa razón prevaleció, en amplios sectores del electorado chavista que no concurrió a votar, la convicción de que el gobierno bolivariano «estaba yendo demasiado lejos».
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