50 cosas que hay que saber sobre filosofía

41 El problema del mal

 

La hambruna, el crimen, los terremotos, la enfermedad: millones de personas

morirán en el futuro, jóvenes vidas se extinguirán absurdamente, muchos niños

quedarán huérfanos e indefensos, la agonía de jóvenes y viejos será indiferente.

Si estuviera en tu mano chascar los dedos y detener este catálogo de miserias, y

no lo hicieras, serías un monstruo despiadado. Pero se supone que existe un ser

que podría erradicarlo todo en un instante, un ser dotado de un poder,

conocimiento y excelencia moral ilimitados: Dios. El mal está por todas partes,

pero ¿cómo es posible que conviva con un dios que, por definición, tiene la

capacidad de ponerle fin? Este asunto espinoso es el meollo del llamado

«problema del mal».

 

El problema del mal es, sin duda, uno de los

Se calcula que en 1984-1985 la sequía y la desafíos más serios que deben afrontar

hambruna en Etiopía, agravadas por la

inestabilidad política, provocaron quienes quieren convencernos de la

aproximadamente un millón de agónicas existencia de Dios. Frente a alguna calamidad

muertes a causa del hambre.

terrible, la pregunta más natural es: «¿Cómo

puede Dios permitir que ocurra?». La dificultad para dar con una respuesta puede

poner a prueba seriamente la fe de los afligidos.

 

¿Dios es ignorante, impotente, malvado o simplemente no existe? El problema

surge como una consecuencia directa de las cualidades que se atribuyen a Dios en la

tradición judeocristiana. Estas propiedades son esenciales a la concepción de Dios, y

no es posible renunciar o modificar ninguna de ellas sin provocar grandes perjuicios

en la concepción general. De acuerdo con el relato de la tradición teísta:

 

Cronología

 

¿Qué es el mal?

 

Aunque este asunto se suele conocer como «el problema del mal», el término «mal» no es del todo

adecuado. En este contexto la palabra refiere, de modo muy general, a todas las cosas malas que nos

ocurren a todos y que son demasiado triviales como para ser calificadas de mal tal como se concibe

normalmente. El dolor y el sufrimiento en cuestión se deben tanto a causas humanas como naturales.

Es habitual hablar del «mal moral» para englobar el sufrimiento causado por acciones inmorales de

seres humanos (el asesinato, la mentira, y demás); y «mal natural» para englobar el sufrimiento

causado por factores que escapan al control humano (desastres naturales como terremotos y

enfermedades que no dependen de la actividad humana).

1. Dios es omnisciente: sabe todo lo que es lógicamente posible saber.

2. Dios es omnipotente: es capaz de hacer cualquier cosa que sea lógicamente

posible hacer.

3. Dios es absolutamente bondadoso: está dotado de una buena voluntad universal

y desea hacer cualquier cosa buena que sea posible hacer.

 

Con respecto al problema del mal, de estas

tres propiedades básicas, pueden inferirse En enero de 2007 Joshua DuRussel, un niño

de 7 años de Michigan (EE. UU.), murió

plausiblemente las tres siguientes ideas: menos de un año después de que los médicos

le descubrieran un tumor canceroso raro e

inoperable que destruía progresivamente su

4. Si Dios es omnisciente, es perfectamente tallo encefálico. Según un funcionario de su

consciente de todo el sufrimiento y el colegio, este niño que jugaba al básquet y era

amante de los animales «tenía serias

dolor que tiene lugar. dificultades, pero nunca abandonó la

5. Si Dios es omnipotente, es capaz de esperanza y nunca se quejó».

prevenir todo el dolor y el sufrimiento.

6. Si Dios es absolutamente bondadoso, debe desear prevenir todo el dolor y el

sufrimiento.

 

Si las proposiciones 4 y 6 son verdad, y Dios,

El 8 de octubre de 2005 un terremoto de acuerdo con la definición de las

catastrófico asoló la región Pakistani de

Cachemira, y destruyó muchas ciudades y proposiciones 1-3, existe, se sigue entonces

pueblos. Las cifras oficiales de muertos que no habrá dolor ni sufrimiento en el

alcanzaron el número de 75 000; hubo otros

100 000 heridos y cerca de tres millones de mundo, porque Dios habrá seguido sus

persona perdieron sus hogares. inclinaciones y lo habrá prevenido. Pero

existe —manifiestamente— dolor y

sufrimiento en el mundo, de modo que debemos concluir o bien que Dios no existe, o

que carece de una o más de las propiedades establecidas en las proposiciones 1-3. En

suma, el problema del mal parece tener la implicación, especialmente indigesta para

el teísta, o bien de que Dios no sabe lo que ocurre, o no le importa, o no puede hacer

nada para evitarlo; o bien de que no existe.

 

Escurrir el bulto Las tentativas para evitar esta conclusión demoledora implican

menoscabar alguno de los aspectos enumerados del argumento. Negar que exista en

última instancia algo como el mal, tal como hacen los científicos cristianos, resuelve

el problema de un plumazo, pero este remedio es demasiado difícil de tragar para la

mayoría. Abandonar cualquiera de las tres propiedades básicas que se atribuyen a

Dios (limitar su conocimiento, su poder o su excelencia moral) es demasiado oneroso para la mayoría de los teístas, de modo que la estrategia habitual es intentar explicar

cómo pueden coexistir de hecho el mal y Dios (con todas sus propiedades intactas).

Tales tentativas suelen implicar atacar la proposición 6 reivindicando que existen

«razones morales suficientes» por las que Dios podría no siempre escoger eliminar el

dolor y el sufrimiento. Lo que subyace a esta idea es la previa asunción de que, en

alguna medida, Dios escogería esto en nuestro propio beneficio, a largo plazo. En

suma, el advenimiento del mal en el mundo es, en última instancia, bueno: las cosas

son mejores de lo que lo hubieran sido si no existiera el mal.

 

Dos problemas del mal

 

El problema del mal puede cobrar dos formas bastante distintas, aunque relacionadas entre sí. En la

versión lógica (que consiste aproximadamente en lo explicado en la primera parte de este capítulo), la

imposibilidad de que el mal y Dios coexistan se demuestra mediante un argumento deductivo: se

afirma que el carácter de Dios es incoherente con el advenimiento del mal, y en consecuencia que la

creencia en Dios es, de hecho, irracional. La versión del problema del mal que pone en evidencia esta

incoherencia es, en efecto, una inversión del argumento del diseño (véase la página 156), pues usa la

existencia de la interminable cantidad de horrores en el mundo para argumentar la improbabilidad de

que sea la creación de un dios todopoderoso y lleno de amor, Esta segunda versión es menos ambiciosa

que la versión lógica, y sólo pretende advertir que es improbable que Dios exista, aunque sea

complicado rebatirlo. La versión lógica se desmonta formalmente mostrando que la coexistencia de

Dios y el mal es simplemente posible, por improbable que pueda parecer. La segunda versión presenta

un gran desafío para el teísta, quien debe explicar cómo es posible que del elenco de males del mundo

surja un bien mayor para los hombres.

 

Pero ¿exactamente qué bienes mayores se

ganan al precio del dolor y el sufrimiento En marzo de 2005 en Florida (Estados

Unidos) se encontró enterrado en un pequeño

humanos? Es probable que la réplica más foso el cuerpo medio descompuesto de

poderosa al problema del mal sea la llamada Jessica Lunsford, una niña de nueve años. La

«defensa del libre albedrío», según la cual el violado varias semanas antes, John Couey, un había estrangulado, tras haberla secuestrado y

sufrimiento en la Tierra es el precio que hombre de 46 años que había cumplido pena

pagamos —y un precio perfectamente por delitos sexuales.

asumible— por nuestra libertad para elegir auténticamente nuestros actos (véase la

página 172). Otra idea importante es la de que el verdadero carácter moral y la virtud

se forjan con el sufrimiento humano: sólo sobreponiéndose a la adversidad, ayudando

a los oprimidos, resistiendo a los tiranos, etc., puede brillar en todo su esplendor el

valor real del héroe o del santo. Las tentativas de eludir el problema del mal tienden a

topar con dificultades para explicar la arbitrariedad de la distribución y la magnitud

del sufrimiento humano, pues, a menudo, son los inocentes los que más sufren

mientras que los malvados salen indemnes; de modo que la cantidad de sufrimiento

suele ser desproporcionada con lo que razonablemente requeriría la formación del

carácter. Frente a la espantosa miseria, el último recurso del teísta suele consistir en

alegar que «los designios del señor son inescrutables»: resulta insolente y presuntuoso que la débil mente humana ponga en duda los propósitos y las

intenciones de un dios todopoderoso y omnisciente. Se trata, en efecto, de una

apelación a la fe (es irracional invocar la razón para explicar las obras de la voluntad

divina), y como tal es improbable que pueda consolar a quienes no están persuadidos.

 

La idea en síntesis:

 

¿por qué permite

 

Dios que ocurran

 

cosas malas?