50 cosas que hay que saber sobre filosofía
05 Razón y experiencia
¿Cómo llegamos a conocer las cosas? ¿Adquirimos conocimientos
principalmente a través del uso de razón? ¿O la experiencia recabada a través
de nuestros sentidos juega el papel más significativo en la manera en que
conocemos el mundo? La oposición entre razón y experiencia como principio
fundacional del conocimiento ha teñido la mayor parte de la historia de la
filosofía occidental. Constituye específicamente la manzana de la discordia entre
dos tendencias filosóficas muy influyentes: el racionalismo y el empirismo.
Tres distinciones clave Para entender lo que está en juego en las teorías racionalistas
y empiristas del conocimiento, resulta útil tener en cuenta tres distinciones clave que
utilizan los filósofos para elucidar sus diferencias.
a priori versus a posteriori
Algo es cognoscible a priori si puede ser conocido sin remisión a la experiencia, es
decir, sin ninguna investigación empírica de cómo ocurren realmente las cosas en el
mundo: «2 + 2 = 4» es algo que conocemos a priori: no es preciso observar el mundo
para establecer su verdad. Por el contrario, cuando se requiere tal investigación nos
encontramos ante algo únicamente cognoscible a posteriori; así «el carbón es negro»,
aun siendo cierto, es una verdad a posteriori: para verificarla es necesario mirar un
pedazo de carbón.
analítico versus sintético
Una proposición es analítica si no proporciona ninguna otra información que la que
ya contienen los significados de sus términos. La verdad de la afirmación «Todas las
solteras no están casadas» es evidente tan sólo en virtud de la comprensión del
significado y de la relación entre las palabras usadas. En cambio, la afirmación
«Todas las solteras son desdichadas» es sintética: reúne (sintetiza) distintos conceptos
y así proporciona información significativa (o, en este caso, desinformación). Para
establecer si es verdadera o no sería necesario indagar el estado mental de cada mujer
soltera.
Cronología
necesario versus contingente
Una verdad necesaria es la que no puede ser de otro modo: debe ser verdadera en todas las circunstancias o en todos los mundos posibles. Una verdad contingente es
verdadera pero podría no haberlo sido si las cosas en el mundo hubieran sido
distintas. Por ejemplo, la afirmación «La mayoría de los chicos son gamberros» es
contingente: puede ser cierta o no serlo, dependiendo de cómo se comporten la
mayoría de los jóvenes. En cambio, si es cierto que todos los chicos son gamberros y
Ludwig es un chico, es necesariamente verdadero (en este caso es una cuestión de
lógica) que Ludwig es un gamberro.
Las preocupaciones kantianas
La distinción entre analítico/sintético tiene sus orígenes en la obra del filósofo alemán Immanuel Kant.
Uno de sus principales objetivos en la Crítica de la razón pura es demostrar que existen ciertos
conceptos o categorías del pensamiento, como el de sustancia y el de causa, que no podemos aprender
del mundo pero de los que precisamos para que tenga sentido. El principal tema en Kant es la
naturaleza y la justificación de estos conceptos, y del conocimiento sintético a priori a que dan lugar.
« Parece existir un evidente paralelismo entre estas
El pilar en que se
distinciones: así, a primera vista, cuando un juicio
apoyan las matemáticas analítico es verdadero, lo es necesariamente y es
es puramente conocido a priori; y cuando un juicio sintético es
metafísico. verdadero, lo es de un modo contingente y es »
conocido a posteriori. Sin embargo, de hecho, las
Thomas de Quincey, cosas no son tan claras, y la principal diferencia entre
1830 empiristas y racionalistas puede establecerse a partir
del modo en que disponen estos términos. Así, la tarea
de los racionalistas consiste en mostrar que existen juicios sintéticos a priori, es decir,
que es posible descubrir racionalmente, sin recurso a la experiencia, hechos
significativos o dotados de sentido sobre el mundo. Por el contrario, el propósito de
los empiristas suele ser mostrar que los hechos a priori, como los de las matemáticas,
son analíticos (véase el cuadro).
Alternativas a la fundamentación Los racionalistas y los empiristas pueden diferir
en muchos puntos, pero están de acuerdo al menos en que existe una base (la razón o
la experiencia) en la que se funda nuestro conocimiento. Así, por ejemplo, el filósofo
escocés del siglo XVIII David Hume criticaba la quimérica busca cartesiana de una
firme certeza racional que le permitiera afirmar todo nuestro conocimiento, incluida
la veracidad de nuestros sentidos. Pero Hume no niega que exista alguna base, sino
simplemente que tal fundamentación pueda excluir nuestra experiencia corriente y los sistemas de creencias naturales.
El campo de batalla de las matemáticas
En el conflicto entre el empirismo y el racionalismo, las matemáticas se han convertido en el campo de
batalla donde han tenido lugar las luchas más encarnizadas. Para los racionalistas, las matemáticas
siempre han ofrecido un paradigma del conocimiento, al presentar un reino de objetos abstractos en el
que los descubrimientos pueden tener lugar mediante el exclusivo ejercicio de la razón. Un empirista
no puede permitir no cuestionar esta posición, de modo que está obligado o bien a negar que los
hechos matemáticos puedan conocerse de este modo, o bien a mostrar que tales hechos son
esencialmente analíticos y triviales. La última de las opciones normalmente consiste en argumentar
que los presuntos hechos abstractos de las matemáticas son, en realidad, constructos humanos y que el
pensamiento matemático es, en el fondo, el producto de la convención: en última instancia descansa en
el consenso, no en el descubrimiento; se trata de pruebas no de la verdad.
De modo que tanto el racionalismo como el empirismo tienen una vocación
fundamentadora común, pero hay otras aproximaciones que prescinden de este
supuesto básico. Una alternativa que ha tenido un gran influjo es el coherentismo, en
el que el conocimiento es considerado como una trama de creencias, cuyos hilos
forman un tejido o una estructura coherente. Sin embargo, sigue siendo una estructura
sin un fundamento único, de ahí el principio del coherentismo: «todo argumento
requiere premisas, pero no existe nada que sea la premisa de todos los argumentos».
Rivalidades europeas
Desde el punto de vista histórico, los empiristas ingleses de los siglos XVII y XVIII —Locke,
Berkeley y Hume— suelen agruparse contra sus «rivales» continentales, los racionalistas Descartes,
Leibniz y Spinoza. Pero como es habitual, tales categorizaciones simplistas oscurecen buena parte de
los matices. El arquetipo de un bando. Descartes, suele manifestar su simpatía por las investigaciones
empíricas, mientras que Locke, el arquetipo del otro bando, se muestra a veces dispuesto a conceder el
espacio que los racionalistas quisieran atribuir a alguna forma de agudeza racional o intuición.
La idea en síntesis:
¿cómo conocemos?