50 cosas que hay que saber sobre filosofía
02 La caverna de Platón
«Imagina que toda tu vida has sido prisionero en una caverna. Tienes las manos
y los pies encadenados, y la cabeza sujeta de modo que sólo puedes ver la pared
que queda enfrente. Detrás de ti hay una llama, y entre tú y el fuego una
pasarela por la que tus captores desplazan estatuas y todo tipo de objetos. Las
sombras que proyectan en la pared estos objetos son lo único que tú y tus
compañeros de cautiverio habéis visto siempre, lo único de lo que habéis hablado
y en lo que habéis pensado.»
De entre las muchas imágenes y analogías que utilizó el filósofo griego Platón,
posiblemente el mito de la caverna sea la más célebre: aparece en el libro VII de La
República, una obra monumental en la que investiga la forma del Estado ideal y su
gobernante ideal, el filósofo rey. La justificación de Platón para dar las riendas del
gobierno a los filósofos se encuentra en un pormenorizado estudio en torno de la
verdad y el conocimiento, y en este contexto es donde interviene la alegoría de la
caverna.
La concepción platónica del conocimiento y de sus objetos es compleja y se compone
de muchos estratos, tal como evidencia el modo en que prosigue la parábola de la
caverna.
Cronología
«Ahora supón que te liberan de las cadenas y puedes andar por la cueva libremente.
Aunque al principio el fuego te deslumbra, de forma progresiva vas reconociendo
mejor la situación de la cueva y entendiendo el origen de las sombras que habías
tomado por reales. Y finalmente se te permitirá salir de la caverna y asomarte al
soleado mundo exterior, donde verás toda la realidad iluminada por el cuerpo más
brillante que hay en los cielos, el Sol.»
La interpretación de la caverna Se ha discutido «¡Contemplad! Son mucho sobre la interpretación detallada de la caverna de Platón, pero el significado general está bastante seres humanos que
claro. La caverna representa «el mundo de las viven en una guarida
apariencias» (el mundo visible de nuestra experiencia subterránea … Como
cotidiana, donde todo es imperfecto y constantemente nosotros … Sólo ven sus
cambiante). Los cautivos encadenados (que propias sombras, o las simbolizan la gente corriente) viven en un mundo de sombras de los demás,
conjeturas e ilusión, mientras que el antiguo que el fuego proyecta en
prisionero, libre para deambular por el interior de la la pared de enfrente de
caverna, obtiene la visión más adecuada posible de la la caverna.» realidad en el seno del cambiante mundo de la
percepción y la experiencia. En cambio, el exterior de
Platón, c. 376 a. C.
la caverna representa «el mundo de las ideas» (el
mundo inteligible de la verdad poblado de los objetos del conocimiento, que es
perfecto, eterno e inmutable).
La teoría de las Ideas Para Platón, lo que conocemos no sólo debe ser verdadero
sino también perfecto e inmutable. Sin embargo nada en el mundo empírico
(representado por la vida en el interior de la caverna) se adecúa a esta descripción:
una persona alta es bajita al lado de un árbol; una manzana que parece roja al
mediodía se ve negra al anochecer; y así ocurre con todo. Puesto que nada en el
mundo empírico es un objeto de conocimiento, Platón propone que debe de existir
otro reino (el mundo en el exterior de la caverna) de entidades perfectas e inmutables
a las que llama «Ideas» (o Formas). Así, por ejemplo, sólo gracias a la virtud de
copiar o imitar la Idea de la Justicia es justa toda acción concreta que sea justa. Como
sugiere el mito de la caverna, entre las ideas existe una jerarquía, y gobernándolas a
todas se encuentra la Idea de Dios (que representa el Sol), que brinda a las otras su
sentido último e incluso subyace a su existencia.
El amor platónico
La Idea con que se asocia más comúnmente a Platón en la actualidad —el llamado amor platónico—
surge de un modo natural del marcado contraste establecido en el mito de la caverna entre el mundo
del intelecto y el mundo de los sentidos. La clásica afirmación de la idea de que el tipo de amor más
perfecto se expresa no física sino intelectualmente se encuentra en otro célebre diálogo. El Banquete.
El problema de los universales La teoría de las ideas de Platón y la base metafísica
que implica puede resultarnos exótica y excesivamente complicada, pero el problema
que intenta resolver —el llamado «problema de los universales»— ha sido, con
variaciones, uno de los principales problemas de la filosofía desde siempre. En la
Edad Media los bandos de la batalla se dividían entre los realistas (o platónicos) de
un lado, quienes creían que universales como la condición de «ser de color rojo» y de
«ser alto» existían con independencia de los objetos particulares rojos o altos; y los
nominalistas por otro lado, quienes sostenían que tales cosas eran meros nombres o
etiquetas que asociamos a objetos para establecer similitudes particulares entre ellos.
En la cultura popular
Existe un claro eco del platónico mito de la caverna en la obra de C. S. Lewis, el autor de las siete
novelas fantásticas que forman Las crónicas de Narnia. Al final del último libro. La última batalla, los
niños que protagonizan la historia atestiguan la destrucción de Narnia y escapan a las tierras de Aslan,
un país maravilloso que reúne lo mejor de la antigua Narnia y de la Inglaterra que recuerdan. Los niños
terminan descubriendo que están muertos y que han abandonado «la tierra de las sombras», que no era
más que una pálida imitación del mundo eterno e inmutable en el que ahora moran. A pesar del
evidente mensaje cristiano que encierra la historia, la influencia de Platón es clara: se trata de uno de
los innumerables ejemplos de la enorme (y a menudo inesperada) influencia del filósofo griego en la
cultura, la religión y el arte occidentales.
La misma distinción fundamental, habitualmente expresada en términos de realismo y
antirrealismo, sigue teniendo eco en muchos campos de la filosofía moderna. Así, una
posición realista sostiene que existen entidades «fuera» del mundo —cosas físicas o
actos éticos o propiedades matemáticas— que existen independientemente de nuestro
conocimiento o de nuestra experiencia. A este punto de vista se opone el de otros
filósofos, conocidos como antirrealistas, que plantean propuestas en las que existe
una relación necesaria e interna entre las cosas que conocemos y nuestro
conocimiento de las mismas. Los términos fundamentales de todos estos debates los
estableció hace 2 000 años Platón, uno de los primeros (y más concienzudos) realistas
filosóficos.
En defensa de Sócrates Con su mito de la caverna Platón se propone hacer algo más
que sacar a la luz sus puntos de vista particulares sobre la realidad y sobre nuestro
conocimiento acerca de ella. Algo que queda claro al final de su mito. Una vez ha
ascendido al mundo exterior y reconocido la naturaleza de la verdad y la realidad
últimas, el prisionero liberado está ansioso por volver a la caverna y sacar del error a
sus antiguos compañeros ignorantes. Pero como ahora está acostumbrado al brillo de
la luz del mundo exterior, al principio va dando traspiés, inmerso en la oscuridad de
la caverna, y quienes siguen allí cautivos lo consideran un loco. Piensan que su viaje
lo ha trastocado; se niegan a escucharle e incluso podrían terminar matándole si
persiste. En este pasaje Platón alude al tópico de la complicada situación del filósofo
—la burla y el rechazo— cuando intenta ilustrar a la gente corriente y orientarla hacia
el conocimiento y la sabiduría. Y en particular se refiere al destino de su maestro,
Sócrates (su portavoz en la República y en muchos otros de sus diálogos), quien
rechazó a lo largo de toda su vida moderar sus enseñanzas filosóficas, y al que la
ciudad de Atenas terminó ejecutando en el año 399 a. C.
La idea en síntesis:
el conocimiento en
este mundo no es
más que una
sombra