Arriésgate

Molly Mcadams · Capítulo 7 de 23

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Arriésgate

Capítulo 7

 

 

Los tres últimos meses habían pasado volando. Había sacado tres

sobresalientes y un notable en el último cuatrimestre y estaba emocionada

por empezar las nuevas clases. Bree era la mejor compañera de habitación

que podría desear; me enseñó todo lo que había que ver en San Diego, me

ayudó a adaptarme a la vida universitaria y me acogió en su familia. Era

como la hermana que nunca había tenido y la quería mucho. Seguíamos

pasando todos los domingos con sus padres y con Chase y, aunque era el

único día que no estaba con Brandon, formar parte de una familia era

asombroso y los domingos pronto se convirtieron en mi día favorito. Me

dolía saber que me había perdido aquello cuando era pequeña, pero

agradecía lo rápido que Robert y Claire me habían acogido en su hogar y

apreciaba el tiempo que pasaba con ellos.

Como había sospechado, solo recibía noticias de mi padre una vez al

mes, y además por correo electrónico. Intentaba llamarlo una vez por

semana, pero nunca respondía ni me devolvía las llamadas. No me

molestaba demasiado, porque incluso cuando vivía en casa, solo hablaba

con él si era estrictamente necesario. Carter y yo ya casi nunca hablábamos.

Seguía echándolo de menos, pero poner fin a nuestra amistad

probablemente hubiese sido lo mejor. Aún me escribía a veces cuando

estaba borracho, normalmente me hablaba del club de striptease en el que

estaba o de alguna chica con la que se hubiera acostado recientemente. Y lo

último que supe antes de que su unidad se marchara a Afganistán era que se

había fugado para casarse con una chica a la que había conocido el día

anterior. Me preocupaba que yo le hubiese empujado hacia ese estilo de

vida, pero Bree y Claire enseguida me quitaron esa preocupación.

Chase y yo seguíamos manteniendo nuestra amistad especial. No nos

hablábamos durante la semana y, cuando llegaba el domingo, no me

apartaba de su lado a no ser que fuera mi día de chicas con Bree y con Claire. Enseguida descubrí que él no soportaba esos días. Daba igual lo

mucho que lo deseara, pero mis sentimientos hacia él no parecían

desaparecer. De hecho, la tensión sexual entre nosotros crecía cada vez que

nos veíamos, en vez de disminuir como yo quería. La semana del puente de

Acción de Gracias, nos encontramos en el pasillo de sus padres y me detuvo

para poder pasarme las manos por las mejillas y la mandíbula hasta llegar al

cuello. Me aprisionó suavemente contra la pared y se apoyó sobre mí. Pese

a los latidos desbocados de mi corazón y a mi respiración entrecortada,

logré pedirle que no me besara, y esa fue la última vez que estuvimos tan

cerca el uno del otro. No entendía mis sentimientos no deseados hacia él,

pero me alegraba que pareciéramos haber encontrado un término medio con

nuestra amistad y, que yo supiera, no había vuelto a pelearse con Brandon.

Brandon es… asombroso. Me trata como si fuera la única persona en el

mundo que le importa y somos prácticamente inseparables. Nuestro acuerdo

de dormir juntos únicamente los fines de semana solo había durado hasta

mediados de octubre y ahora pasaba casi todas las noches en su cama, pero

solo dormíamos. Algunas veces las cosas se habían puesto calientes y

habíamos ido demasiado lejos, pero él siempre nos detenía antes de que

pudiéramos llegar a hacer eso, y lo amaba por ello. Me había dicho que se

lo dijera cuando estuviese preparada y, aun en la pasión del momento, yo

todavía no le había dicho nada y él nunca me presionaba. Bree y yo íbamos

a casi todas sus peleas y aún no había perdido ninguna. Cuando terminaba,

el espantapájaros le entregaba un fajo de billetes y él se lo guardaba en el

bolsillo sin contarlo. Yo me moría por saber cuánto ganaba, pero suponía

que, si quisiera que lo supiera, me lo diría. No hubo más costillas

fracturadas, aunque a veces volvía a casa con un labio partido o un corte en

la ceja. Yo prefería el corte en la ceja, porque los labios partidos resultaban

un fastidio.

Me había llevado a Arizona con él para pasar las Navidades y a mí me

agradaron mucho su madre y su hermano, Jeremy. Su madre estaba

encantada de que al fin llevase a una chica a casa, porque así no tendría que

pasar otras fiestas rodeada de chicos. Yo la ayudé a cocinar, fuimos a

hacernos la pedicura juntas y pasamos una noche de comedias románticas

después de deshacernos de los chicos. No me costaba imaginarme en su

familia y, aunque pensar en eso después de solo cuatro meses de relación

me asustaba, también me emocionaba. No sabía si estaba preparada para hablar de matrimonio, pero con el tiempo creo que me gustaría hacer eso

con él.

Brandon pensaba quedarse en Arizona durante todas las vacaciones de

invierno, pero yo le había prometido a Bree recibir el año nuevo con ella,

así que había volado a San Diego y ahora estaba saliendo del aeropuerto.

Agarré el teléfono para llamar a mi novio y me dio un vuelco el corazón al

pensar en no verlo durante el resto de las vacaciones. Desde que nos

conociéramos, habíamos pasado al menos unas horas juntos cada día.

Aquellas dos semanas iban a ser un infierno.

—Hola, cariño, ¿has llegado bien?

—¡Sí! Acabo de recoger la maleta y estoy esperando a que venga Bree a

buscarme.

—¿Llegará pronto?

—Me ha enviado un mensaje cuando estaba recogiendo la maleta

diciendo que llegaría unos minutos tarde. De hecho aquí llega.

—De acuerdo. Entonces te llamaré más tarde. Diviértete esta noche y

feliz Año Nuevo. Te quiero.

Me mordí el labio y sonreí. Oírle decir eso con aquella voz profunda

siempre me provocaba un cosquilleo en el estómago.

—Yo también te quiero, Brandon —me guardé el teléfono en el bolsillo

justo antes de que mi mejor amiga estuviese a punto de placarme.

—¡Dios, Harper, cuánto te he echado de menos! ¡Dos semanas sin ti son

demasiado!

—¡Ja! Yo también te he echado de menos, Bree. La próxima vez tendré

que meterte en mi maleta —tras guardar el equipaje en el maletero, subimos

a su coche y nos abrimos paso entre el caótico tráfico del aeropuerto en

plenas fiestas—. ¿Adónde vamos esta noche?

—Adonde tú elijas. Los chicos van a hacer fiesta en casa y mis padres

van a celebrar una fiesta también. Y te prometo que no es tan aburrido

como suena. Siempre hay mucha gente, juegan al póquer y beben.

—¿Y dónde estará Konrad?

Ella sonrió y arqueó una ceja como si la respuesta fuese evidente.

—Donde esté yo.

—¿Podemos ir a casa de papá y mamá? También les he echado de menos

a ellos —en Acción de Gracias, Claire y Robert me habían dicho que no volverían a responderme si no actuaba como si fueran mis padres. Empezó

como una broma, pero se convirtió en una costumbre.

Mientras Bree hablaba por teléfono con Konrad, a mí me vibró el móvil y

me sobresalté al ver que era un mensaje de Chase.

 

Chase:

¿Vas a venir a casa esta noche?

 

Yo:

No. Pasaré la noche con la familia.

 

—¿Es tu chico? —preguntó Bree tras volver a subir la música.

—Eh… sí —no sé por qué mentí, pero me sentía incómoda

corrigiéndome después.

—¿Os habéis divertido en Arizona?

Me reí al ver sus cejas arqueadas.

—Nos hemos divertido, pero no de la manera que estás pensando. Siento

pincharte la burbuja.

—¡Vas a matar a ese pobre chico, Harper! Han pasado ¿qué? ¿Cuatro,

cinco meses?

—Lo sé, lo sé. No sé qué me lo impide. No es que no hayamos tenido

oportunidad. Es que… no sé.

Bree apagó la música, lo cual nunca era buena señal.

—¿Estáis bien?

—Sí, Bree, estamos mejor que bien, ¡créeme! No es nada de eso. Es que

todavía no creo que haya llegado el momento adecuado.

—Si tú lo dices. Pero, en serio, si no lo haces pronto, va a explotar.

—No paras de decirme lo mismo —me moría por preguntarle cómo

estaba Chase. Aunque no hablásemos, nos veíamos todos los días. Y que

me hubiese escrito por primera vez hacía unos minutos provocaba que se

me acelerase el corazón sabiendo que volvería a verlo en breve—. ¿Qué tal

la familia?

—Están bien. Mamá se echó a llorar porque no estuvieras el día de

Navidad.

—¿Qué? ¿En serio?

—Totalmente. Tus regalos seguían bajo el árbol esa noche y empezó a

llorar. Así que tuve que llevármelos a mi habitación para que se calmara.

Yo no sabía qué decir y negué con incredulidad.

—En serio, Harper, estaba destrozada.

—No, no, si te creo. Supongo que todavía no he asimilado lo mucho que

significo para ellos. ¿Y dices que tenía regalos? ¿Por qué? —los únicos

regalos que a mí me había hecho mi padre habían sido el portátil por mi

graduación y el iPhone. Y, para ser sincera, sé que la razón por la que lo

hizo fue que yo pensaba comprármelos de todos modos y no quería que me

gastase el dinero. Nunca hubo regalos, tarjetas ni felicitaciones navideñas,

ni cumpleaños. Así eran las cosas.

—¡Porque todos te queremos!

—Pero… yo no os he comprado nada.

Bree estiró el brazo para darme la mano y habló con suavidad.

—No esperábamos que lo hicieras. Sabemos lo que fue criarte con tu

padre. Queríamos demostrarte lo que es una Navidad de verdad —me miró

hasta que el semáforo volvió a ponerse en verde—. ¿Has hablado con él?

—No. Le llamé un par de veces y le dejé mensajes —Dios, tenía una vida

familiar lamentable. Incluso la familia de Bree me había llamado en

Navidad. Y Brandon… —Oh, Dios mío, Bree. ¡Soy estúpida!

—¿Qué? ¡No lo eres!

Tiré de mi collar para mostrárselo.

—Me lo ha regalado Brandon.

—¿Te ha comprado un collar de Tiffany’s por Navidad? ¡Buena elección!

—Esa es la cuestión, Bree. No me lo dio en Navidad, sino antes de

marcharme. Pensé que era extraño porque nunca me había regalado nada y

después de Navidad no nos separamos, así que me habría enterado si

hubiera salido a comprarlo después. Pero sabe cómo eran mis Navidades

con mi padre y sabe que me entristecía que no respondiera al teléfono. Creo

que pensó que me entristecería más aún si me demostraba lo idiota que es

mi padre.

—Es un buen tío, Harper. Me alegra que estés con él.

Agarré el collar con fuerza y suspiré en mi asiento.

—Yo también —nos quedamos en silencio durante un minuto

escuchando la radio—. Y, salvo la crisis nerviosa de tu madre, ¿cómo han

estado el resto del tiempo?

—Bastante bien. Nos hemos relajado mucho. Mamá está intentando

aprender a tejer, así que no te olvides de hacerle chistes de abuela, porque le cabrea. Papá se fue con unos amigos al torneo de golf.

—Ah, sí, ¿y cómo les fue?

—Eh… no le preguntes por ello.

—Tiene sentido —su padre no era nada bueno jugando al golf, pero al

parecer le encantaba—. ¿Y Chase?

—Ni lo sé. Últimamente está de mal humor.

—¿Y cuándo no lo está, Bree?

Ella resopló.

—No, me refiero a que está peor de lo normal. Literalmente, desde el día

en que acabaron las clases, no habla con nadie si no es para hacer algún

comentario cortante. Y en Navidades apenas se quedaba con nosotros el

tiempo justo para comer. Después se marchaba. Te juro que necesita echar

un polvo.

Brandon y yo nos habíamos ido a Arizona el día en que acabaron las

clases. ¿Podría ser que…? Dios, quise abofetearme por pensar que mi

partida pudiera tener algo que ver con el mal humor de Chase. Creo que me

lo tengo demasiado creído.

—Sí, probablemente… Madre mía, ¿todo esto es para su fiesta? —había

coches aparcados a varias manzanas de la casa de sus padres y gente que

caminaba hacia allí. Por suerte logramos entrar en el garaje.

—Ya te he dicho que es el gran acontecimiento del año.

Bree agarró mi maleta y ambas nos abrimos paso entre la multitud y

subimos al piso de arriba para ir a su habitación y que yo pudiera

cambiarme. Mi amiga debía de haberles dicho que íbamos de camino,

porque mamá y papá ya estaban esperando en su habitación para abrazarme.

—¡Cariño, cuánto te hemos echado de menos!

—¿Cómo está mi pequeña?

Me reía y los abracé.

—Yo también os he echado de menos. ¿Qué hacéis aquí arriba? Os estáis

perdiendo vuestra fiesta.

—¡Oh, calla! Teníamos que saludarte, y además tenemos algunas cosas

para ti —mamá se sentó en la cama donde estaban las cajas de regalos.

—Oh, Dios mío. Chicos… no hacía falta que me comprarais nada —

ahora sí que me sentía fatal por no haberles regalado nada.

Bree me agarró del brazo y tiró de mí hacia la cama.

—Ya te he dicho que lo hemos hecho porque queríamos.

Tomé aliento e intenté no llorar. No había sido una persona sensible hasta

que me mudé allí. Cuando mamá y papá me demostraban cómo eran los

padres de verdad, solían abrírseme las compuertas y aún no estaba

acostumbrada. Bree me había comprado un nuevo conjunto escogido

especialmente para esa noche y un bolso que me encantó. Mamá y papá dos

pares de botas UGG, una chaqueta carísima con la que había fantaseado

desde Acción de Gracias y un día de spa para las chicas. Yo me quedé allí

sentada con las cosas en mi regazo y los miré con la mirada borrosa. Intenté

hablar pese al nudo que tenía en la garganta, pero mis agradecimientos

apenas resultaron audibles. Mamá y papá me dieron besos en la mejilla y se

marcharon con Bree, que iba a salvar a Konrad de toda la gente mayor de

abajo a la que no conocía. Yo me dediqué a guardar en sus cajas las cosas

que no utilizaría esa noche para llevármelas a la residencia o a la habitación

de Brandon, y ya casi había acabado cuando llamaron a la puerta y se abrió.

—Hola, princesa —Dios, cómo había echado de menos esa voz.

—Chase —tuve que aclararme la garganta para continuar—. No creía

que estuvieras aquí.

—Te he preguntado si vendrías a casa —respondió él.

—Sí, pero pensé que te referías a tu casa.

La habitación quedó inundada por la tensión que siempre nos rodeaba. El

corazón se me aceleró por su cercanía y me maldije a mí misma. No quería

sentir nada por aquel chico y sin embargo allí estaba, deseando que

intentara besarme de nuevo. Nos quedamos mirándonos durante quién sabe

cuánto tiempo hasta que se acercó, se sentó en el suelo junto a mí y me

entregó una cajita.

—Feliz Navidad, Harper.

Acepté el regalo, me quedé mirándolo y solo pude decir:

—¿Por qué?

—Porque eres mi favorita, ¿recuerdas? —resopló y sonrió—. Cuando lo

vi, supe que tenía que comprártelo. Por favor, ábrelo.

Desenvolví el paquete tan despacio que seguro que le volví loco y abrí la

cajita de cuero. Me quedé con la boca abierta al ver el anillo. Era una

alianza de plata con el símbolo de la trinidad en lo alto. Siempre había

querido un tatuaje con ese símbolo. Miré a Chase y negué con la cabeza

asombrada.

—¿Cómo lo sabías?

—Lo garabateas en cualquier cosa que tengas delante.

Tenía razón, claro. Si tenía un boli y un papel o una servilleta, siempre

acababa dibujándolo. No sabía que alguien además de Brandon se hubiera

dado cuenta, y menos él.

—Chase… —ya no pude aguantar más y las lágrimas comenzaron a

resbalar por mis mejillas. Agaché la cabeza con la esperanza de que no se

diera cuenta, pero lo hizo.

—No llores, Harper. Si no te gusta, o no te gusta que te lo haya regalado

yo, puedo devolverlo.

Mi risa sonó más como un sollozo.

—Me encanta, por favor, no lo devuelvas.

—Entonces, ¿qué pasa? —me levantó la cabeza y me secó las lágrimas

con los pulgares. Tuve que esforzarme para no apoyarme en sus manos. Era

la primera vez que teníamos cualquier contacto físico en más de un mes.

Los domingos era un Chase completamente distinto, pero nunca antes lo

había visto así. Tan amable y tierno. Me hacía desearlo más.

—Nunca había tenido algo así. No me refiero solo a los regalos, sino al

amor que siente por mí tu familia. No lo había tenido hasta ahora y es

abrumador. No sé qué he hecho para merecerlo y no sé si soy capaz de

demostrárselo a ellos.

—Se lo demuestras, créeme —me miró a la cara durante largo tiempo y

terminó de secarme las lágrimas—. Eres especial, Harper. No es difícil

quererte —apartó las manos de mi cara, se levantó y salió de la habitación.

Después de lavarme, peinarme, maquillarme y ponerme mi nuevo

atuendo, agarré el anillo y me lo puse en el dedo anular de la mano derecha.

Me miré en el espejo de cuerpo entero de Bree y sonreí. Mi amiga sabía ir

de compras. Llevaba una camiseta verde transparente de manga corta

ajustada a la altura del pecho y con un vuelo que me cubría el trasero,

debajo una camiseta interior negra, unos vaqueros pitillos gastados y mis

UGG negras. No se me daba muy bien dar las gracias, pero esperaba que la

familia supiera lo mucho que me había gustado todo.

—¡Vaya! ¡Estás guapísima!

Di una vuelta sobre mí misma para mostrarle a Bree su creación.

—¡Me encanta! Es perfecto para mí.

—Lo sabía —me guiñó un ojo cuando Konrad apareció tras ella con

bebidas y ambos se sentaron a una de las mesas de póquer.

Me quedé detrás de su silla e intenté no buscar a Chase con la mirada. De

pronto se me erizó el vello de la nuca, miré hacia mi derecha y lo encontré

contemplándome y mordiéndose el labio inconscientemente. Se me

encendió la cara y traté de prestar atención a Bree, que estaba perdiendo el

dinero de Konrad, en vez de a esos labios. Cuando Chase pasó junto a mí,

me agarró la mano derecha y pasó el pulgar por el anillo que me había

regalado antes de soltarla y sentarse al otro extremo de la mesa. Presencié

dos partidas y disfruté de la risa estruendosa de Chase mientras todos en la

mesa se burlaban los unos de los otros cuando perdían dinero. Konrad se

puso en pie después de la segunda partida y me dio órdenes estrictas de

ocupar su lugar y no perder su dinero mientras iba al baño. Supongo que se

olvidó de que a mí se me daba tan mal que las personas querían que jugara

con ellos solo porque estaba garantizado que se quedarían con mi dinero.

—Será mejor que entregues ya todas sus fichas, princesa, las vas a perder

de todas formas —bromeó Chase con su clásica sonrisa engreída.

—Ya era hora —me susurró Bree al inclinarse hacia mí.

—¿De qué?

Por fin ha vuelto a casa. No le había visto tan feliz en dos semanas.

No es que tuviera derecho, pero de pronto sentí celos de la persona con la

que hubiera estado. Se me contrajo el corazón solo con pensar en él de ese

modo. Sentía como si estuviera engañando a Brandon con mis

pensamientos y no me gustaba. Por suerte Konrad regresó antes de que

pudiera causar ningún daño, porque no solo no tenía ni idea de qué tipo de

mano llevaba, sino que además sentía los ojos de Chase mirándome cada

pocos segundos y eso me distraía. La tensión entre nosotros era palpable,

incluso en aquella habitación llena de gente, y necesitaba alejarme de él. Di

vueltas por la estancia hasta que encontré a mamá y papá sentados a otra

mesa y le rodeé a ella el cuello con los brazos.

—¿Qué tal vais por aquí?

—¡Voy ganando! ¿Te lo puedes creer, Harper? —su sonrisa era

contagiosa.

—No. ¿Estás haciendo trampas? —la familia de Bree me había enseñado

a jugar y, si había alguien tan mala como yo, esa era Claire.

—¡Claro que no! Pero estoy segura de que Robert sí —susurró en voz

alta.

Yo me reí y recogí su botella de cerveza vacía.

—¿Quieres otra?

—¡Sí, por favor, cariño!

—¿Alguien más?

Tres personas a las que no conocía dijeron que sí, así que me fui a la

cocina y saqué cinco.

—No, no. Si yo no bebo, tú no bebes.

Le lancé una mirada de reojo a Chase.

—Bueno, entonces ¿por qué no te tomas tú una?

—Porque ya no bebo —se encogió de hombros y miró a su alrededor un

instante.

—¿Desde cuándo? —no le había visto beber en meses, pero no sabía que

hubiese parado.

Chase dejó de mirar a su alrededor y me atravesó con sus ojos azules.

—Desde que fui un imbécil e hice daño a mi princesa.

Dijo mi princesa. Mi. Se me puso la piel de gallina.

—Eh… no me había dado cuenta.

—Eres tú la que me dijo que debería parar —respondió.

—Pero no tenías por qué hacerlo, Chase. Eres adulto, puedes hacer lo que

quieras.

—Lo sé. Pero beber no me traía nada bueno.

¿Quién era aquel chico y qué había hecho con Chase?

—¿Quieres compartir una? No te va a pasar nada por beberte media

cerveza, ¿no?

Se golpeó el estómago y subió su voz una octava.

—Supongo que mi cuerpecito podrá soportar media cerveza.

—Eres tonto. Ayúdame con esto. Estoy en la mesa de tu madre —no

podía llamarlos mamá y papá delante de Chase. Pensar en ellos como mis

padres cuando sentía aquello por él me resultaba realmente incómodo.

Vimos a Claire ganar doscientos dólares sin hacer trampas y, aunque yo

mantuve la cerveza entre nosotros, Chase no la tocó. Cuando quedaban

cinco minutos para que acabara el año, todos se arremolinaron en torno a

las enormes televisiones distribuidas por la casa para esperar a que

empezara la cuenta atrás. Encontré a Bree y a Konrad y me quedé con ellos,

aunque dudo que supieran que estaba allí. No habían esperado a la

medianoche y ya tenían sus lenguas entrelazadas.

Empezó la cuenta atrás y, cuando llegamos al seis, alguien me arrastró

hacia el pasillo a oscuras y me encontré con unos ojos azules mirándome.

Me rodeó la cara con las manos y me acarició los pópulos con la yema de

los pulgares. Apenas oí a los asistentes gritar los últimos números antes de

ponerse a aplaudir, y de pronto sentí los labios de Chase en los míos. Me

quedé petrificada durante unos segundos antes de rodearle el cuello con los

brazos y mover la boca contra la suya. Cuando recorrió mi labio inferior

con la lengua, abrí la boca para invitarle y no me decepcionó. Se apoyó en

la pared de enfrente, me agarró de las caderas y me colocó entre sus

piernas. Me puso una mano en el pelo y la otra en la parte inferior de la

espalda antes de pegarme más a su cuerpo. Yo gemí contra sus labios. En

aquel beso depositamos cuatro meses y medio de deseo contenido y de

química ignorada. Cuando terminó, supe que nunca volvería a ser la misma.

Apoyó la frente en la mía y tuve que llevarme la mano al pecho. Juro que

creí que me iba a explotar el corazón.

—Harper —dijo con voz rasgada y apasionada—, pensaré en este beso el

resto de mi vida —me apartó, se quedó observándome durante unos

segundos y después se dio la vuelta para abandonar la casa.

Yo me quedé mirando el lugar en el que había estado e intenté

convencerme a mí misma de lo que acababa de ocurrir. Después me

encontré de nuevo en la habitación de Bree, con la espalda pegada a la

puerta, sin recordar siquiera haber subido las escaleras. Seguía intentando

calmarme cuando vibró mi móvil y corrí hacia mi bolso, pero me sentí

decepcionada al ver que no era un mensaje de Chase.

 

Brandon:

Feliz Año Nuevo, cariño. Te quiero.

 

Sin duda debería haber ganado el premio a la peor novia del año.

 

Pasaron cinco días sin ver a Chase y sin saber nada de él. No soportaba

que aquello me molestara. No soportaba haber soñado con él. No soportaba

que me importase. Estaba locamente enamorada de Brandon, ¿por qué

entonces tenía que amar también a Chase? Estaba relajándome en el sofá de Bree, intentando aún justificar nuestro beso, cuando vibró el móvil. Se me

aceleró el corazón al ver la pantalla.

 

Chase:

Bueno… ¿vas a venir algún día a hacerte el tatuaje?

 

El día que decidimos ser amigos, había vuelto a casa de comer con Claire

y con Bree y lo había encontrado dibujando en el sofá. Nada más verme

había cerrado el cuaderno y había dicho que estaba diseñando un tatuaje

para mí. El único problema era que no se me permitiría verlo hasta no

habérmelo hecho y que estuviera terminado. Yo deseaba hacerme un

tatuaje, claro, pero en aquel momento me costaba mucho esfuerzo pasar

tiempo con él. Sentir sus manos en mi piel durante horas habría sido una

tortura a la que no habría podido sobrevivir.

 

Yo:

¿Cuándo tienes tiempo?

 

Chase:

¿En serio?

 

Yo:

:) Búscame una cita. Allí estaré.

 

Chase:

Hoy abrimos a las cuatro. Ven a esa hora.

 

Yo:

¿No puedo saber primero lo que es?

 

Chase:

Podrás verlo cuando esté acabado. Te lo advierto. Tardaré horas.

 

Yo:

Chase, te juro que si me dibujas algo que odio, te mato.

 

Chase:

Te prometo que te va a encantar.

 

Yo:

No hagas que me arrepienta.

Chase:

Te veo en un par de horas, princesa.

 

Eso era justo lo que quería evitar. Antes no creía que pudiera soportar

que tocara mi cuerpo, pero ¿ahora, después de aquel beso? Dios, iba a

arrepentirme de aquello. Corrí escaleras arriba para darme una ducha y

vestirme con ropa suelta con la que pudiera estar cómoda durante y

después. Llamé a Brandon para decírselo y se alegró por mí, así que decidí

no contarle quién me haría el tatuaje. Se habría enfadado. No me gustaba

ocultarle cosas, sabía que lo que estaba haciendo estaba mal y aun así no

podía dejar de hacerlo. Por suerte Bree estaría fuera con su novio hasta el

día siguiente, porque sabía que se enfadaría cuando descubriera que había

ido sin ella, pero necesitaba hacerlo sola. Bueno, en realidad no, pero

deseaba estar a solas con Chase. Llegué justo después de las cuatro y seguí

a Chase hasta su zona.

—No puedo creerme que de verdad hayas venido.

—Lo sé. De hecho estoy un poco asustada.

Dejó de sonreír y se inclinó hacia mí.

—Entonces no voy a hacerlo, princesa. Lo haré cuando estés preparada.

—No, no. Lo quiero hoy, pero me da miedo porque me va a doler y es

complicado no saber lo que es. ¿No puedes dejarme verlo?

—No voy a mentirte y decir que no te va a doler, pero para cada persona

es distinto. Algunas personas detestan los contornos, otras el relleno. Otras

no sienten nada y otras detestan todo el proceso. Ya te he dicho que te va a

encantar. Pero es una sorpresa y no puedo decírtelo.

—En esto confío en ti, Chase.

Me puso una mano en el cuello y me acercó a él.

—Lo sé, Harper, gracias —me dio un beso en la frente, apartó la mano y

se apoyó en el mostrador. Yo ya echaba de menos su tacto—. ¿Dónde lo

quieres?

—Eh… has dicho que era grande, ¿verdad?

Asintió.

—¿Puedo saber cómo de grande es? Porque la ubicación depende del

tamaño.

—Date la vuelta.

—¿Qué? ¿Por qué?

Sonrió y me dio la vuelta.

—Porque ya tengo preparado el contorno y voy a buscarlo para ver el

tamaño, y no quiero que lo veas —oí que manipulaba algunos papeles

durante unos segundos hasta que volvió a darme la vuelta—. Así de grande.

Me quedé con los ojos muy abiertos y después tomé aliento.

—De acuerdo, lo quiero aquí —agarré el papel encerado y lo coloqué

sobre mi cadera—. Quiero que empiece en el extremo izquierdo de mi

vientre y continúe por la cadera.

Sus ojos se encendieron al arrebatarme el papel y levantarme la camiseta

por encima de la cintura.

—Túmbate de costado —contuve la respiración cuando me bajó

ligeramente el lado izquierdo de los pantalones—. Te mantendré tapada, te

lo prometo. Solo necesito bajarte esta parte.

—Chase.

—¿Sí?

—¿Has dicho que tardarías horas?

—Sí, puede que tres. Como ves, es grande y el relleno es bastante

detallado. Esa parte es la que más tiempo me llevará —lo preparó todo

antes de darse la vuelta para mirarme—. Aquí es donde tienes que confiar

en mí. Voy a dibujar el contorno, por favor, no mires —cerré los ojos y se

rio—. Si necesitas que pare, dímelo, ¿de acuerdo?

—De acuerdo —respiré profundamente dos veces—. Estoy preparada,

vamos allá.

Tras dibujar el contorno y preparar la pistola, me apretó la mano antes de

colocar la suya sobre mi cadera.

—Has elegido el lugar perfecto. Te quedará de maravilla.

—Más vale —le advertí.

Me quedé helada cuando la aguja tocó mi piel, pero me relajé

transcurrido un minuto. No era tan doloroso como había imaginado,

simplemente incómodo. Creo que lo peor es el ruido de la pistola.

—¿Estás bien?

—Sí. Tú pon atención a lo que estás haciendo.

Se rio y continuó con su trabajo. Terminó con el contorno y empezó con

el relleno. Fue entonces cuando para mí todo comenzó a ir cuesta abajo.

Había estado tan concentrada intentando averiguar cuál era el diseño que ni siquiera tuve tiempo de pensar en que sus enormes manos me tocaban. Y

ahora no podía pensar en otra cosa. Intentaba hacer ejercicios de respiración

para no hiperventilar, pero Chase dijo que me movía demasiado. Me agarró

y me estiró la piel de la cintura, la cadera, el vientre y el trasero mientras

rellenaba el diseño, y tuve que hacer un esfuerzo por controlar los

escalofríos que querían recorrer mi cuerpo. Deseaba que sus manos

siguieran bajando, deseaba sentir sus dedos acariciándome. Dios, ¿qué me

pasaba? «Piensa en Brandon, piensa en Brandon». Estaba cantando

canciones en mi cabeza cuando la pistola se detuvo y Chase acercó su

cabeza a la mía.

—¿Estás tarareando?

—Quizá —mierda, no me había dado cuenta de que estaba haciéndolo en

voz alta.

Se rio, se quitó los guantes y empezó a rebuscar en un cajón. Se acercó a

mí y me entregó su iPhone y unos cascos.

—Lo estás haciendo genial. Enseguida termino —me dio un beso en el

cuello y siguió con su trabajo.

La música acabó sirviéndome para distraerme de las fantasías ardientes

que poblaban mi cabeza, pero en más de una ocasión tuvo que ponerme la

mano en la parte superior del muslo para que dejara de moverme al ritmo de

los graves, y eso hacía que las fantasías reaparecieran. Tenía la cadera tan

entumecida que no me di cuenta de que Chase había terminado hasta que

me dio un beso rápido en los labios. Abrí los ojos y me arranqué los cascos

de las orejas.

—¿Sigo moviéndome demasiado?

—No, princesa. Ya he acabado —su sonrisa y el brillo de sus ojos

hicieron que se me encogiera el corazón—. ¿Estás preparada para verlo?

—¡No te haces idea!

Se carcajeó y negó ligeramente con la cabeza.

—Cierra otra vez los ojos. Te dejaré abrirlos cuando estemos junto al

espejo.

Me puso una mano en la cadera derecha, me agarró la mano izquierda y

me trasladó unos metros. Me giró el cuerpo un poco y me susurró al oído:

—Abre los ojos, Harper.

Lo primero que vi fue su expresión nerviosa a través del espejo. Estaba

mordiéndose el labio esperando mi reacción. Tomé aliento y su cuerpo se tensó cuando me miré el costado izquierdo. Era precioso. Había cuatro

enormes lirios naranjas rodeando mi cadera y yo no podía creer lo

asombrosos que eran. Me acerqué más y me fijé en el detalle de cada flor.

Gracias a los diseños que había visto y a los dibujos que me había hecho,

sabía que Chase era asombroso, pero jamás había imaginado que pudiera

hacer algo con tanto realismo. Noté que tragaba saliva y me di cuenta de

que yo aún no había dicho nada. Pero es que no tenía palabras. Primero el

anillo y ahora aquello. ¿Es que no pasaba nada por alto? Me volví para

mirarlo y le pasé una mano por el pelo.

—Por favor, dime lo que estás pensando.

Por desgracia, no estaba pensando en nada. Lo besé y él enseguida me

devolvió el beso. De inmediato el resto de tatuadores comenzó a gritarnos

que nos buscásemos una habitación. Me aparté y supe que no podría

disimular el rubor de mis mejillas. Chase me condujo de nuevo hasta su

mesa y me cubrió el tatuaje con crema y plástico antes de recolocarme la

camiseta. Era todo sonrisas.

—¿Por qué has elegido ese diseño?

Me deslumbró con su sonrisa.

—Te oí decirles a mi madre y a Bree que eran tus favoritos. Y desde ese

día he querido comprarte unos lirios naranjas, pero sabía que probablemente

me llevaría otro puñetazo. Y de esta manera lo he conseguido.

—Es asombroso, Chase, gracias.

Se encogió de hombros, pero aun así no pudo contener su sonrisa.

—Hablo en serio —le tomé la cara con ambas manos y lo acerqué—. Me

encanta, gracias.

Me dio un beso y me rozó la mejilla con la nariz.

—Dios, eres preciosa, Harper.

Entonces sonó mi teléfono y vi el nombre de Brandon en la pantalla.

—Hola, cariño.

—Hola. ¿Qué tal te queda el tatuaje?

—Eh, aún no está terminado. ¿Puedo llamarte en un rato?

—Voy a salir con unos amigos del instituto. Hablaremos mañana, ¿de

acuerdo? Pero envíame una foto cuando esté terminado. Te quiero.

Se me encogió el corazón.

—Yo también te quiero. Pásalo bien esta noche —colgué el teléfono y me

fijé en la expresión sombría de Chase—. Chase…

—Tendrás que comprarte un jabón bactericida para limpiártelo.

—Por favor, háblame.

—Eso intento. Mira, voy a darte algunas instrucciones para su cuidado.

No te quites el plástico durante al menos una hora. Si ves que tiene mal

aspecto, llámame —dejó el papel sobre mi estómago y se apartó.

—¡Chase!

—Tengo otro cliente esperando. Luego nos vemos.

Miré sus ojos nublados y suspiré profundamente.

—¿Cuánto te debo?

—Nada. Era un regalo. Pero estoy ocupado, por favor, vete —me dio la

espalda y se marchó.

Genial.

 

A todos les gustó mi tatuaje, aunque Bree se pasó una hora sin hablarme

porque no se lo había contado antes ni le había permitido acompañarme.

Chase había realizado un trabajo asombroso y a mí me gustaría poder

arreglar las cosas con él, pero había estado evitándome desde aquel día.

Parecía dar igual cómo nos comportáramos, porque siempre me evitaba

después. Aunque probablemente fuese lo mejor, porque Brandon regresaría

en dos días y a mí la culpa me devoraba por dentro y no deseaba sentirme

peor. Me odiaba a mí misma cuando pensaba en los besos con Chase, en

que Brandon confiaba en mí por completo y yo había estado besándome

con el único tío que le preocupaba.

Mamá y papá se habían ido al lago Tahoe con unos amigos el día anterior

y Bree me rogó que me fuera con todos a Los Ángeles a pasar el fin de

semana, pero fingí estar enferma. Iban a salir de fiesta esa noche y el día

siguiente y pensaban compartir habitaciones de hotel ambas noches. Yo

habría querido ir, pero todos iban con pareja salvo Drew, y yo no quería

tener que lidiar con él. Lo único que quería era quedarme en casa de Bree y

lamentarme. Al mudarme allí, no había planeado enamorarme de los dos

primeros chicos que se me pusieran por delante. De hecho no había

planeado enamorarme en absoluto durante la universidad. Deseaba tener

relaciones esporádicas y aventuras, pero, ¿acaso había ocurrido eso? No.

Me sentía como Elena, de Crónicas vampíricas. Ella tiene a dos chicos

increíblemente atractivos enamorados de ella y que harían cualquier cosa por ella. Elena daría casi cualquier cosa por estar con uno, y no para de

rechazar al otro, aunque en realidad no pueda mantenerse alejada, para no

tener que admitir que también está enamorada de él. Al menos mis chicos

no eran hermanos. Gracias a Dios.

Chase entró en casa una hora después de que Breanna se hubiera

marchado y se detuvo en seco al verme.

—Pensaba que te habías ido a Los Ángeles —su voz sonaba áspera y su

rostro seguía siendo sombrío.

—No. Le he dicho a Bree que estaba enferma.

—¿Y lo estás? —comenzó a avanzar hacia mí, pero se detuvo.

—Estoy bien. Me apetecía estar sola.

—Bueno, yo me iré en unos minutos. Solo he venido a por unas cosas.

¿Qué tal el tatuaje?

—Precioso —respondí—. ¿Podemos hablar de lo de aquel día?

—No hay nada de lo que hablar —dijo por encima del hombro mientras

caminaba hacia las escaleras.

Me levanté del sofá con un brinco y corrí tras él.

—Sí que lo hay. Te aislaste por completo y desde entonces me evitas.

—No te evito. Es que no tengo nada que decir.

—¿Por qué me tratas así? ¿Qué te he hecho yo?

—¡Nada!

—Entonces, ¿te dedicas a esto? ¿Haces que las chicas se sientan

especiales durante unos días y después las tratas como si no fueran nada?

Se volvió para mirarme antes de llegar a su habitación.

—¿De verdad vas a culparme a mí? De pronto me besas y al segundo

estás hablando con tu novio y diciéndole que le quieres.

—¿Qué querías que hiciera? ¿Que no respondiera?

—Ni siquiera importa, Harper —respondió con una carcajada irónica—.

Déjalo estar.

—¡A mí sí me importa! Estoy cansada de estar en esta montaña rusa

contigo. Nunca sé con qué Chase me voy a encontrar. ¿Será con el Chase

frío o con el cariñoso y divertido? ¿Será el que está con cuatro chicas en

una noche o el que me dice lo guapa que soy y hace cosas maravillosas por

mí y se fija en cosas de mí que nadie más ve? —bueno, Brandon sí las veía,

pero eso no me ayudaría en ese momento.

Chase siguió mirándome con rabia.

—Eres imposible. Nunca sé cómo actuar contigo. ¡No sé qué deseas!

—¡Te deseo a ti! Siempre te he deseado.

—Entonces, ¿por qué estás intentando hacerme daño de nuevo?

—Porque así es más fácil —su voz sonaba suave ahora y yo vi el dolor

en sus ojos—. Estás con Brandon. ¿Sabes lo que es para mí verte con él?

¿Desearte tanto y saber que es con él con quien debes estar?

—Pero, ¿y si yo también te deseo a ti?

—Harper, no hagas eso.

—Estoy enamorada de Brandon, pero no puedo evitar lo que siento por ti

y sé que sabes de lo que estoy hablando. Sea lo que sea lo que hay entre

nosotros… ha sido así desde que nos conocimos. Es como si necesitara más

de ti siempre, pero tú no haces más que apartarme. ¡Siempre haces lo

mismo!

—¡Porque no soy lo que necesitas, Harper!

Me acerqué más a él.

—Entonces, ¿por qué me besaste, Chase? Sabías que eso lo cambiaría

todo y así fue. Entonces, dime, ¿por qué lo hiciste?

Se pasó una mano por el pelo y dejó escapar el aliento.

—Necesitaba hacerlo —recorrió la distancia que nos separaba—. No

paraba de pensar en ti y me estaba volviendo loco. Habría dado cualquier

cosa por ese beso y sabía que no volvería a tener otra oportunidad, así que

tenía que hacerlo. Tenía que saber si tú también sentías algo.

Yo agité las manos exasperada.

—¿Es que no era evidente? ¿No es evidente que estoy enamorada de ti?

Entonces me besó en la boca y mi grito de sorpresa se convirtió en un

gemido. Rodeó su cintura con mis piernas y me apretó contra la pared sin

dejar de devorar mis labios.

—Dilo otra vez —respiraba entrecortadamente mientras me besaba.

—Chase —le agarré la cabeza para que me mirase—. Te quiero.

Una enorme sonrisa iluminó su cara antes de que yo volviera a besarlo.

—Dios, Harper, yo también te quiero. Muchísimo —murmuró contra mi

boca.

Chase me llevó a su habitación y cayó conmigo sobre la cama. Le levanté

la camiseta y, cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, me soltó el

tiempo suficiente para arrancársela y tirarla a un lado. Nuestras bocas

volvieron a fundirse y Chase se estremeció cuando deslicé las yemas de los dedos por su torso y por su abdomen cincelados. Mi camiseta acabó en el

suelo junto a la suya y sentí que todo mi cuerpo ardía cuando fue dibujando

un camino de besos desde mis labios hasta el tatuaje. Me bajó los

pantalones tan despacio que pensé que iba a volverme loca y los añadió a la

pila de ropa del suelo. Pegó su cuerpo al mío, pero no era suficiente. No

sabía si alguna vez podría pegarme a él lo suficiente.

—Te deseo.

Gimió contra mi cuello y me mordió la clavícula.

—No tengo preservativos aquí, princesa.

—No me importa.

—No digas esas cosas —soltó una carcajada—. No soy tan fuerte.

Alcancé el botón de sus pantalones e intenté desabrocharlo.

—Por favor, Chase, no quiero esperar más —gimoteé cuando me detuvo

—. Quiero que seas el primero.

Se echó hacia atrás y me miró a la cara.

—No puedo.

—¿No me deseas? —me dio un vuelco el corazón. No me esperaba

aquello.

—¡Claro que te deseo!

—No… no lo entiendo.

Se quedó mirándome con una expresión indescifrable.

—Es porque soy virgen —fue una declaración. Claro que no deseaba

estar conmigo, siempre se había burlado de mí por eso.

—No en el sentido que estás pensando. Créeme, quiero que seas mía.

Le rodeé la cara con las manos.

—Entonces, por favor —le susurré.

—Princesa —dijo con dolor en la voz—, no puedes querer que sea yo.

Con todo lo que he hecho, no me merezco ese regalo.

—Es tuyo. Estoy harta de ignorar lo que siento por ti y de negarme a mí

misma lo que deseo.

Vi que su pecho subía y bajaba varias veces al ritmo de su respiración. Al

fin habló cuando volví a mirarle a los ojos minutos más tarde.

—¿Estás segura, Harper?

—Te deseo. Por completo.

La sensación de urgencia había desaparecido y dedicamos largo rato a

conocernos íntimamente. Cada beso y cada caricia estaban llenos de tanta pasión que no creía que algo pudiera ser mejor que aquel momento en la

cama con él. Cuando nuestros cuerpos al fin se fusionaron, grité de placer y

de dolor y Chase continuó despacio, haciéndome suya. Ahora entendía por

qué nunca había estado preparada para hacerlo con Brandon. Era mi destino

hacerlo con Chase. Al terminar, nos quedamos dormidos el uno en brazos

del otro.

Me desperté con la cabeza apoyada en su cuello y una sonrisa. Chase me

quería. La cara de Brandon surgió en mis pensamientos y la ignoré. Sabía

que tendría que enfrentarme a aquel desastre que había provocado, pero en

aquel momento no quería pensar en ello. Le di un beso en el cuello y me

eché ligeramente hacia atrás para poder contemplar su cuerpo y recorrer los

tatuajes que había deseado inspeccionar desde la primera vez que lo vi. Me

sorprendió que en el pecho y en el brazo que podía ver no tuviera muchos.

Tenía media manga en el brazo que estaba admirando y el otro lo tenía

lleno, pero cada tatuaje era muy grande y solo fui capaz de contar seis

diferentes. Tuve que contener una carcajada al pensar en el que tenía justo

por encima de la cintura. Decía ¿Soy Ron Burgundy?. Al parecer había

perdido una apuesta mientras veía la película de El reportero y aquel era el

resultado. Estaba recorriendo con los dedos otros tatuajes sobre su hombro

cuando su voz rasgada me detuvo.

—Cómo me gusta —murmuró medio dormido.

Le sonreí y seguí acariciándolo.

—He querido hacer esto desde la primera noche que pasé en tu cama.

—¿Y por qué no lo hiciste?

—Bueno, me intimidabas un poco y además me dejaste muy claro que no

era el tipo de chica con el que estarías.

Él giró la cabeza para mirarme.

—¿Qué te dije?

—No lo recuerdo exactamente. Te agobiaba la idea de dejar que una

chica se quedara a pasar la noche y me dijiste que no permitías que se

quedaran a dormir las chicas a las que te tirabas —me mordí el labio y le

miré a los ojos—. Hablando de lo cual… ¿te molesta que esté aquí?

Su cara se iluminó con una sonrisa y sus ojos azules y brillantes se

encendieron.

—No hay nada que me guste más que despertarme contigo entre mis

brazos —me dio un beso en la frente, en la nariz, en las mejillas y finalmente en los labios—. Eres la única chica con la que me he quedado

dormido y quiero que siga siendo así. No eres una chica cualquiera. Estoy

enamorado de ti, Harper. No querría que estuvieras en ninguna otra parte.

Me estiré para darle un beso e intenté demostrarle lo mucho que yo

también le quería. Devoré su boca con pasión y empujé su hombro contra la

cama para poder tumbarme encima; el ligero dolor de mi cuerpo despertaba

mi deseo de volver a acostarme con él. Me agarró las caderas y pegó su

cuerpo desnudo al mío mientras alternaba mordiscos y besos en mi cuello.

Arqueé el cuerpo y la madre de todos los rugidos de estómago inundó el

dormitorio. Me eché a reír y me encogí sobre su pecho.

—¿Cabe alguna posibilidad de que no hayas oído eso?

Su cuerpo aún temblaba de la risa.

—Ninguna —me dio un beso sonoro en los labios antes de quitarme de

encima—. Voy a preparar el desayuno. Enseguida vuelvo.

—De acuerdo, te ayudo —me dispuse a levantarme, pero me empujó

sobre las almohadas.

—Déjame hacer esto por ti, princesa —me cubrió de besos la mandíbula

—. Quédate aquí. Quiero verte tal cual estás cuando regrese.

Le hice un saludo militar en broma, me acurruqué bajo la colcha y me

quedé sin aliento al verlo salir de la cama.

—¿Qué pasa?

—Chase… eres precioso.

Me dirigió una sonrisa deslumbrante al volver a tumbarse encima de mí.

—Precioso, ¿eh? ¿Estás intentando arrebatarme la masculinidad, cariño?

—sabía que bromeaba, pero le seguí el juego e intenté decir unas palabras

entre besos.

—Perdona. Quería decir duro. Y guapo. Y muy sexy.

Se rio contra mi mejilla y abandonó la cama para ponerse solo unos

vaqueros. Eso tampoco ayudó mucho. Le quedaban por debajo de las

caderas y acentuaban la uve de sus músculos y aquella ridícula cita de El

reportero. Grabé su imagen en mi mente y supe que jamás olvidaría a Chase

como estaba en aquel momento. Unos minutos más tarde, regresó y capté el

olor a beicon, lo que hizo que volviera a rugirme el estómago.

—Cuando te vuelva a llamar, igual deberías responder —dejó caer mi

teléfono junto a mí y, con una sonrisa triste, volvió a salir por la puerta.

Miré el teléfono y vi las doce llamadas perdidas de esa misma mañana,

las seis de la noche anterior y los dieciocho mensajes de Brandon y de Bree.

Tras leerlos y escuchar los mensajes de voz, tomé aliento y me dejé caer

sobre las almohadas. No le había dicho a Brandon que no iba a irme a Los

Ángeles y, después de que Bree dramatizara el hecho de que estuviese

enferma y sola, y al no responder al teléfono en toda la noche y la mañana,

ambos habían empezado a preocuparse. Les envié a los dos el mismo

mensaje diciéndoles que estaba bien, que me había quedado dormida

temprano la noche anterior y había dejado el teléfono en la otra habitación.

Que les quería y que hablaría con ellos después de ducharme y de dormir un

poco más. Sé que estaba siendo cobarde, pero todavía no sabía qué decirle a

Brandon. El estómago me dio un vuelco al recibir su respuesta.

 

Brandon:

Me habías asustado, Harper. Bree pensaba que te había pasado algo. He adelantado mi vuelo.

Acabo de embarcar. Te quiero mucho. Enseguida estoy ahí para cuidar de ti.

 

No estaba preparada para que terminase mi tiempo con Chase y no tenía

ni idea de lo que iba a hacer con los dos hombres que ocupaban mi corazón.

Me tapé la cabeza con las sábanas y resistí la tentación de llorar. No había

manera correcta de hacer aquello e, hiciera lo que hiciera, haría daño a

alguien y perdería una parte de mí misma. Chase no dijo nada durante un

rato cuando regresó con una tortilla y beicon. Nos quedamos allí comiendo.

Bueno, comiendo él, porque yo tenía la misma loncha de beicon en la mano

desde que había vuelto a la cama.

—Cariño, por favor, di algo —me rogó mientras dibujaba círculos en mi

espalda.

—Brandon volverá en un par de horas —dije al fin.

Maldijo entre dientes y se dejó caer contra el cabecero de la cama con un

golpe seco.

—Pensaba que volvía mañana por la noche.

—Se ha asustado al ver que no respondía al teléfono. Bree le dijo que

estaba enferma y sola en casa y, como nadie lograba localizarme…

—Bree me ha llamado varias veces rogándome que viniera a ver cómo

estabas. Parece ser que van a volver todos hoy.

—Chase, ¿qué debo hacer? —lo miré a la cara en busca de respuestas,

pero parecía tan atormentado que en su lugar me quedé mirándome las

manos.

—No puedo responderte a eso, princesa. Nadie puede —continuó

pasados unos minutos de completo silencio—. ¿A quién deseas tú?

—¡No lo sé! —exclamé sin dudar—. Te deseo a ti, Chase, pero no puedo

hacerle daño. No le haré más daño del que ya le he hecho. A él también le

quiero mucho.

Se estremeció como si le hubiera abofeteado.

—Da igual a quién elija, al final la gente sufrirá. ¿Y qué pasará si le

dejo? Vive en tu casa, Chase. Tendrá que vernos juntos y será horrible. ¡No

puedo hacerle eso! Me quiere. Ha tomado el primer vuelo disponible

porque estaba preocupado por mí y quiere venir a cuidarme. ¿Cómo voy a

decirle que estoy enamorada de otro? —tomé aliento varias veces en un

intento por calmarme y dejar de temblar—. Si le dejara por ti, sería malo

para nosotros. Iría detrás de ti, los chicos de la casa tomarían partido. Lo

pasaríamos mal. Mi cuerpo te desea, Chase, pero siento que estoy dividida.

Necesito… necesito unas semanas para pensarlo. ¿Puedes concederme eso,

por favor?

Apretó la mandíbula con tanta fuerza que creí que se le iba a romper.

—¿También vas a pedirle tiempo a él?

—No, no puedo.

Sus ojos se convirtieron en hielo y se quedó con la boca abierta.

—Entonces, ¿vas a volver con él? ¿Fingir que lo de anoche no ha

pasado? Te preocupa mucho hacer daño a los demás, pero ¿te das cuenta de

que me harás daño a mí? —se levantó de la cama y comenzó a dar vueltas

de un lado a otro—. Maldita sea, Harper, ¿no te das cuenta? Soy yo el que

tendrá que verte con tu novio mientras espero a que decidas lo que quieres.

Me estremecí cuando cerró de un portazo al salir. Tenía razón, y tampoco

quería hacerle daño a él, pero no sabía qué otra cosa hacer en ese momento.

Estaba más enamorada de Chase de lo que me había imaginado, pero no

podía vivir sin Brandon. Si pensaba que me odiaba a mí misma por haber

besado a Chase, ahora sentía que me moría por dentro pensando en cómo

había traicionado al hombre al que amaba más que a mi vida. Incluso

aunque me pareciera que era demasiado pronto, le había oído hablar con su

madre y decirle que creía que yo era la elegida, y no pude evitar sonreír al pensar en un futuro con él. Pensé en un futuro con Chase, pero no llegaba

muy lejos. Chase no sentía lo mismo por mí que yo por él. No digo que no

me quisiera, pero no significaría lo mismo para él. Si le elegía a él,

¿volvería a mostrarse distante un día y cariñoso al siguiente? ¿Querría estar

conmigo solo durante algún tiempo? Por mucho que yo deseara creerme

todo lo que me había dicho la noche anterior, en el fondo me aterrorizaba

que me dejara como dejaba a las demás chicas. Brandon no haría eso, y

además nunca me había tratado mal. Tal vez su cabeza afeitada, su rostro

duro y su cuerpo fornido le dieran una apariencia peligrosa, pero ese chico

me adoraba y haría cualquier cosa por mí. Estaba decidida, al finalizar el

día sería a Brandon a quien elegiría. En el fondo de mi corazón sabía que no

podría vivir sin él. Pero, después de lo ocurrido la noche anterior, temía que

jamás podría entregarle todo mi corazón como se merecía.

El agua caliente de la ducha no logró calmarme. Sabía que sí podía vivir

sin Chase, pero se me rompía el corazón al pensar en no tenerlo en mi vida.

Dejé escapar un sollozo y pronto las lágrimas se mezclaron con el torrente

de agua que resbalaba por mi cuerpo. Apoyé las manos en la pared de la

ducha para mantener el equilibrio y lloré con más fuerza que nunca. Chase

me dio la vuelta con sus manos y me estrechó contra su pecho mientras mi

cuerpo se convulsionaba entre sollozos. Cuando abrí los ojos, me di cuenta

de que seguía llevando los vaqueros y estaban empapados. Lo miré a la cara

y memoricé su mandíbula firme, sus labios carnosos, su nariz perfecta, sus

ojos azules y su pelo greñudo. Incluso sufriendo era increíblemente guapo.

—¿Por qué estás aquí?

—Porque me necesitas —contestó con voz rasgada—. Y, si esta va a ser

mi última hora contigo, no pienso malgastar un solo segundo.

Me besó en los labios y yo le devolví el beso. Fue difícil, pero logró

quitarse los pantalones antes de aprisionarme contra la pared y colocar mis

piernas alrededor de su cintura. Yo sabía que aquello me rompería más el

corazón y dañaría más mi relación con Brandon, pero necesitaba aquella

última vez con Chase. Me hizo el amor lentamente mientras el agua caliente

nos envolvía y, aunque yo ya no sollozaba, las lágrimas brotaban constantes

de mis ojos. Él sabía que aquella era nuestra última vez juntos, y la mezcla

de amor, de pasión, de dolor y de tristeza hizo que fuera la experiencia más

hermosa de mi vida. Ninguno de los dos habló después mientras nos

lavábamos el pelo y el cuerpo, o mientras nos secábamos y vestíamos, pero no dejamos de mirarnos a los ojos en ningún momento. Ellos lo decían

todo. Me llevó a su casa para que pudiera recoger el Jeep de Brandon y nos

quedamos allí sentados durante otros veinte minutos, agarrados de la mano

mientras él dibujaba círculos con el pulgar en mi palma. Miré el reloj y

saqué las llaves de mi bolso con un suspiro. Agarré la manija de la puerta,

pero su voz me detuvo.

—Harper —dijo con un nudo en la garganta—, te querré durante el resto

de mi vida.

Yo no podía darme la vuelta para mirarlo, así que seguí mirando la

puerta.

—Tú siempre estarás en mi corazón, Chase Grayson —entonces me fui

sin mirar atrás.

 

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