Arriésgate

Molly Mcadams · Capítulo 18 de 23

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Arriésgate

Capítulo 18

 

 

—¿Brandon? —pregunté con voz ronca. Su lado de la cama estaba vacío

y frío. Miré el reloj y me di cuenta de que había dormido durante seis horas

y media y de que probablemente debiera ir a ver a Liam.

Recogí del suelo la camiseta de Brandon y me la puse antes de salir al

pasillo. Cuando me acerqué, oí la voz cálida de Brandon, caminé más

despacio e intenté oír qué estaba contándole a nuestro hijo. Ya sonreía para

mis adentros cuando me asomé por la puerta, que estaba entreabierta, y vi

que estaba contándole uno de sus días de surf. No… estaba contándole uno

de los días de surf de Chase. Y tenía el álbum de fotos abierto sobre la

cómoda. Dejé escapar un suspiro ahogado e intenté respirar relajadamente

para poder oírlo sin que Brandon supiese que estaba allí.

—… siempre andaba haciendo locuras así, por eso todos le querían, pero

con frecuencia se metía en líos. Nadie habría seguido haciendo surf después

de eso, y todos intentamos que volviera a la orilla. Brad y yo fuimos hasta

allí para obligarle, porque aquel tío le había dado un puñetazo y tenía un

corte en la ceja, pero, para cuando llegamos, ya estaba subido en otra ola.

Te juro que sabía cómo fastidiarnos, porque a esos tíos no les hizo gracia

vernos allí. Tu padre surfeaba mejor que ellos y yo podía pelearme, pero un

consejo, hijo, no intentes nunca pelearte con alguien mientras estás subido a

una tabla de surf en el mar. No suele salir bien y pareces un estúpido

lanzando puñetazos en el agua. Al final acabamos todos riéndonos y los

invitamos a la fiesta aquella noche.

Brandon pasó la página del álbum, se rio y señaló otra de las fotos.

—Como ya te he dicho, estaba loco y siempre andaba haciendo

estupideces —pasó de nuevo la página y señaló otra vez—, pero tu madre

lo cambió todo.

Yo me quedé helada y acerqué la cabeza más aún.

—El día que conocí a tu madre, supe que estaría en mi vida para siempre.

Había algo en ella y supe que ya me estaba enamorando aquel primer día.

Ella te hacía querer ser mejor, intentar merecer su amor. Por desgracia tu

padre pensaba lo mismo; nadie salvo yo entendía aquel cambio tan drástico

en él. Aunque ella estuviera conmigo, Chase dejó de beber, dejó de

acostarse con otras chicas, fue como si hubiera madurado al instante y se

hubiera convertido en el hombre que quería ser para poder tener una

oportunidad con ella. Yo tenía miedo de perderla algún día porque se fuera

con él. Me parecía una cuestión de tiempo. Pero tu madre era diferente. Yo

había salido con muchas chicas, pero en realidad me daba igual que

estuvieran allí o no. Eran mujeres con las que intentaba superar el dolor por

la pérdida de mi padre. Así que, cuando la conocí y me di cuenta de mis

sentimientos, luché para que se quedara conmigo todo lo posible. No se lo

digas a tu madre, pero Chase y yo siempre andábamos peleándonos por ella

cuando no estaba delante. Dios, nos peleábamos incluso cuando sí estaba

delante. Sabíamos que cualquiera de los dos podía tener a la chica que

quisiera, pero ambos deseábamos solo a Harper. Así que, claro, como

éramos así, nos insultábamos y nos peleábamos cuando nos quedábamos a

solas. Yo nunca se lo he dicho a Harper, pero ya sabía lo que había ocurrido

con tu padre antes de que ella me lo contara. Cuando volví a casa de las

vacaciones y vi que Chase no volvía a molestarme, supe que algo había

pasado, aunque todavía no sabía qué era. Pero, ¿sabes qué? Ni siquiera

puedo enfadarme por eso, porque, de no haber sucedido, tú no estarías aquí

ahora mismo.

Me llevé una mano a la boca para contener un sollozo y regresé

lentamente a nuestro dormitorio. Cuando me metí bajo las sábanas, dejé

escapar las lágrimas mientras lloraba por el padre que Liam nunca

conocería, y quise más aún al padre que ahora lo tenía en brazos. No sé

cuánto tiempo pasó hasta que dejé de llorar, pero al final Brandon regresó a

la cama y se quedó quieto al darse cuenta de que estaba despierta.

—Cariño, ¿qué pasa?

—¿Sabes lo mucho que te quiero? —asintió y continué—. A veces me

resulta difícil creer que eres real, que estás aquí con nosotros.

Brandon me apartó el pelo de los ojos y me rodeó la cara con las manos.

—Estoy aquí. No querría estar en ninguna otra parte.

—Exacto.

—Harper, por favor, dime qué pasa. ¿Te estás… te estás echando atrás?

—¡No! Estoy deseando casarme contigo, Brandon. Eres tan asombroso

que me gustaría poder decirte lo maravilloso que eres y lo mucho que

significas para mí. Es que no entiendo cómo puedes ser mío. No sé qué he

hecho para merecerte.

Él soltó una carcajada y me dejó ver su hoyuelo.

—Entonces, ¿por qué lloras? No lo entiendo.

—Gracias por hablarle de Chase.

—Ya te dije que lo haríamos, cariño —me envolvió entre sus brazos y me

dio un beso en la coronilla—. Siempre le hablaré de Chase.

—Lo sé, pero escucharte contarle historias ha sido… no sé cómo

explicarlo. Ha sido maravilloso, me ha alegrado el corazón —dije con una

carcajada.

Él bajó la voz.

—Tú me alegras el corazón, Harper —me besó en los labios y fue

bajando. Metió la mano izquierda por debajo de mi camiseta y me acarició

la cintura, el vientre y las caderas con los dedos—. ¿Te he dicho

últimamente lo mucho que me gusta verte con mi camiseta puesta?

—¿Te he dicho yo últimamente lo mucho que me gusta verte sin nada en

absoluto? —respondí yo llevando los dedos hasta la cintura de sus

pantalones.

Brandon me apartó la mano y colocó nuestros dedos entrelazados por

encima de mi cabeza sobre la almohada.

—Ahora no, cariño.

—¿Qué? Sí, ahora —le rodeé la cadera con una pierna y lo pegué a mí.

Él gimió y frotó las caderas contra mí antes de detenerse y apartarse.

—Se supone que no puedes tener sexo hasta después de la boda. Antes

no. Técnicamente ni siquiera debería verte hoy hasta que vayas al altar.

—Y sin embargo aquí estás —respondí con una sonrisa, y volví a juntar

nuestros cuerpos.

—Aquí estoy —convino él.

Me tumbó sobre la cama y fue bajando la mano que tenía en mi cintura.

Yo gemí y le rodeé el cuello con las manos para besarlo. Cuando empezó a

deslizar la boca por mi cuello, agarré sus pantalones y en ese momento sonó

el timbre.

—No puede ser —mantuve las manos en su cuerpo para que no se

moviera. El timbre sonó dos veces más. Me quité de debajo de mi

prometido y corrí hacia la puerta—. ¿En serio? —dije al abrir la puerta—.

¡Liam está durmiendo!

Carrie, Claire, Bree y Konrad estaban en la puerta.

—Bonito atuendo —dijo Bree riéndose, y se quedó con los ojos

desorbitados al ver a Brandon acercarse a la puerta con el ceño fruncido—.

¡Dios, no! ¡Nada de sexo hasta después!

—¡Breanna! —me puse roja. Con ella y con Claire podía hablar de

nuestra vida íntima, pero en esos momentos Konrad nunca estaba, y

tampoco Carrie.

—Es evidente, amiga —entró, me agarró de la mano y me llevó al

dormitorio—. Dúchate y ponte ropa cómoda, vamos a estar en el salón de

belleza casi todo el día.

—Espero que sepas que nos habéis interrumpido antes de llegar a la

mejor parte. Voy a estar enfadada contigo el resto del día.

—No es verdad. Primero la boda, después el sexo.

Puse los ojos en blanco y me metí en la ducha.

—Pareces Brandon. ¿Y qué hace aquí Konrad, por cierto? ¿Viene al

salón con nosotras? —me reí y me aclaré la espuma del pelo.

—No. Ha venido para pasar el rato con Brandon hasta más tarde.

Cuidarán ellos de Liam.

—Oh, Liam.

—¡No, no! No empieces con eso. No pasará nada. Necesitáis una luna de

miel, fin de la historia. Si no, te arrepentirás dentro de un año o dos.

—Lo sé, pero somos padres. ¡Me siento fatal!

—En serio, ni siquiera estaréis fuera tanto tiempo. La mayoría de la gente

se va una semana. Vosotros estaréis fuera tres noches, incluyendo esta.

Imagínatelo como si fuera una cita más larga.

—Bree, te agradezco de verdad que estés haciendo esto por nosotros,

pero solo hemos estado separados de él durante siete horas, que se nos

hicieron eternas. Esto es muy diferente. ¿Sabes que le he hecho la maleta

cuatro veces?

—Qué triste.

Dejé de depilarme un momento y la señalé con la cuchilla, aunque no

pudiera verme.

—Cuando tengas un bebé, ya verás. Y yo estaré allí para reírme de ti por

ser tan ridícula.

—¿Ya has terminado? Se suponía que tendrías que haber hecho esto antes

de que llegáramos.

—Qué grosera. ¿No se supone que has de ser amable conmigo hoy dado

que soy la novia?

—¿No sé supone que tú has de ser amable conmigo porque soy tu mejor

amiga, tu dama de honor y te he preparado un día asombroso?

—Cierto —cerré el grifo, acepté la toalla que me ofreció al salir y la

abracé—. De verdad, eres la mejor. Te quiero, amiga.

—Yo también te quiero.

Brandon entró en ese momento y, al vernos, levantó las manos como si se

estuviera rindiendo y retrocedió. No era raro vernos a Bree y a mí

abrazadas, pero normalmente yo no iba desnuda.

—¡Se supone que no debes verla! —exclamó Bree por encima de mi

hombro—. Ya la has visto demasiado esta mañana. Ve a esconderte hasta

que podamos irnos.

—Bree —me quejé mirando hacia el umbral vacío—. ¡Te quiero,

Brandon!

—Yo también te quiero, cariño —dijo Brandon, y noté la risa en su voz

—. Estoy deseando casarme contigo. Bree, aparta tus manos de mi esposa.

Ya tuviste tu oportunidad de hacerla lesbiana… ahora es demasiado tarde.

Bree y yo nos reímos con tanta fuerza que empezamos a llorar. Cuando al

fin pude tomar aliento, me envolví el cuerpo con la primera toalla y agarré

otra para secarme el pelo.

Me puse mis pantalones de chándal de Victoria’s Secret, una camisa

sencilla para no estropearme el pelo después y nos fuimos al salón de

belleza. Había oído hablar de las novias que se ponían tan nerviosas que

vomitaban y no paraban de llorar; pero yo estaba tan feliz que lo único que

pude hacer durante todo el día fue sonreír y reírme con las mujeres de mi

vida. Pasamos un día estupendo en el spa, nos dieron masajes, nos hicieron

la manicura y la pedicura, nos peinaron y maquillaron, y nos atiborraron de

agua, champán, fruta y queso. Supongo que no les importaba que Bree y yo

tuviéramos solo diecinueve años.

Estábamos todas increíbles y ni siquiera nos habíamos puesto aún los

vestidos. El maquillaje había quedado impecable, Carrie y Claire llevaban el pelo recogido, la melena rubia de Breanna tenía algunos tirabuzones

sueltos, con una trenza que bordeaba el lado derecho de su cabeza, y mi

peinado era justo como lo había imaginado. Llevaba la raya a un lado y

cada lado iba recogido con una trenza lateral que se unía a la otra en un

moño bajo. Después de que las personas que nos habían ayudado nos

abrazaran y nos diesen la enhorabuena, nos fuimos todas en el Lexus de

Bree al lugar donde se celebraría la ceremonia y el banquete.

Aunque no les entusiasmó la idea, yo había logrado ayudar a organizar la

boda, así que lo primero que hicimos cuando llegamos allí fue examinar

ambas estancias para asegurarnos de que todo siguiese perfecto. La sala

donde se celebraría la ceremonia tenía una iluminación suave y lucecitas

titilantes envueltas en tul recorriendo cada lado del pasillo central. No

queríamos demasiada decoración allí, así que, aparte de las luces, solo había

unos enormes ramos de lirios blancos. La sala donde celebraríamos el

banquete era otra historia. Había más tul blanco con lucecitas formando

arcos que se juntaban en el centro de la habitación, haciendo que pareciera

más una carpa que una sala. Las mesas tenían manteles blancos con adornos

verdes, plateados y negros. Distribuidos por las mesas había jarrones llenos

de velas. En cada asiento había un botecito para hacer pompas de jabón al

final y un frasco con las cosas necesarias para preparar chocolate caliente a

la menta. El DJ estaba montando su equipo y había mesas en la parte de

atrás, donde estaría la comida. La tarta nupcial era en realidad un solo piso

blanco con lazos negros y verdes. Las otras dos capas consistían en cien

cupcakes, todos con el mismo diseño. Estábamos en una de las salas

vistiéndonos cuando llegaron los chicos con sus trajes.

—¡Oh, Dios mío, ya están aquí! —corrí hacia la ventana para verlos

caminar hacia el edificio y sonreí. No sé por qué, pero había estado

aguantando la respiración hasta que vi a Brandon. Y estaba increíble, igual

que el resto. Robert llevaba un traje gris oscuro con camisa negra, Konrad y

Jeremy llevaban trajes negros con camisas verdes, chalecos negros y

corbatas del mismo color. El amor de mi vida iba vestido de negro con una

corbata verde y llevaba a nuestro hijo en brazos. Imagino que también se

había puesto traje para el funeral, pero, como aquel día yo no era consciente

de nada, esa era la primera vez que le veía con corbata y traje. Así vestido

tenía un aire poderoso, misterioso y muy sexy. Me mordí el labio al

imaginarme arrancándoselo esa misma noche. Los vimos hasta que entraron en el edificio y tuve que hacer un gran esfuerzo para no salir corriendo a

buscar a mi futuro marido.

Cuando quedaban solo veinte minutos, las chicas me ayudaron a ponerme

el vestido, la liga y las Converse blancas, porque no pensaba llevar tacones

toda la noche. Mi vestido era bonito y sencillo, sin tirantes, ajustado hasta la

cadera y, desde ahí, suelto hasta el suelo, con encaje en la espalda. Claire y

Carrie llevaban vestidos brillantes en negro y plata, y mi mejor amiga

estaba estupenda con su vestido verde oscuro, que llegaba hasta debajo de

las rodillas. Nos abrazamos y nos dimos besos en la mejilla antes de que me

entregaran el ramo de lirios blancos y rosas rojas, atadas con una cinta

verde oscura, y nos fuéramos a recibir a los chicos.

—Vaya, hermanita —Jeremy me abrazó con cuidado, por miedo a

estropearme el vestido, y me dio un beso en la mejilla—, estás increíble.

—Gracias, Jeremy. ¡Vosotros estáis todos guapísimos! —exclamé antes

de que Konrad me diera un abrazo.

—Estás preciosa, niña —me dio un beso en la mejilla también antes de

abrazar a Bree.

—Gracias, viejo —bromeé, y suspiré al ver a Robert con Liam—. ¡Hola,

pequeño! —le di un beso en la cabeza y jugué con sus manitas durante un

minuto antes de que Claire se lo llevara para ir a sentarse junto con Carrie.

Jeremy y Konrad las acompañaron hasta sus asientos y después

regresaron a por Bree. Ella me guiñó un ojo y, cuando empezó la música,

los tres salieron de la habitación para ocupar sus puestos en la parte

delantera. Robert me abrazó y se quedó así durante unos segundos.

—Estás preciosa, cariño. Gracias por pedirme que te lleve al altar.

Significa mucho para mí que nos hayas permitido ser tu familia. Te

queremos y estamos muy orgullosos de quien eres y de lo que has escogido.

Parpadeé para contener las lágrimas cuando me soltó.

—Gracias, papá. Lo sois todo para mí. No habría podido hacerlo sin

vosotros.

Me ofreció el brazo y yo coloqué la mano allí.

—¿Estás preparada?

—¡Preparadísima! —hice un pequeño bailecito, de modo que íbamos los

dos riéndonos cuando doblamos la esquina y comenzamos a avanzar por el

pasillo.

Me fijé en Brandon al instante y su expresión me provocó un escalofrío.

Sonreía abiertamente, dejando ver su hoyuelo, y le brillaban los ojos

mientras me veía acercarme a él. Si Robert no me hubiera sujetado, habría

salido corriendo hacia él, pero seguimos caminando despacio y llegamos

hasta Brandon pocos segundos más tarde, que a mí me parecieron horas.

Cuando Robert puso mis manos en las de Brandon, yo le sonreí y nos

quedamos mirándonos sin prestar atención a nuestro alrededor.

—Hola —articuló con la boca.

—Te quiero —respondí yo.

—Yo también te quiero —me apretó las manos con fuerza y me miró con

una expresión que solo podría descubrir como alegría absoluta.

Nos dijimos los votos, repetimos las palabras del cura, nos pusimos los

anillos y respondimos «sí, quiero» cuando nos lo preguntaron. El cura nos

declaró marido y mujer, Brandon me levantó la cara y me besó. En ese

momento, en ese beso, nos prometimos estar juntos para siempre y yo sentí

que mi vida al fin estaba completa. Nos separamos a regañadientes para

mirar a nuestra familia y amigos antes de volver a recorrer el pasillo y salir

de la estancia. En cuanto estuvimos a solas, Brandon me rodeó la cara con

las manos y volvió a besarme.

—Estás preciosa, Harper —me dijo entre besos—. Absolutamente

preciosa.

Yo le pasé las manos por el pelo cuando apoyó su frente en la mía.

—Estamos casados —murmuré—, eres mi marido.

—Y tú eres mi esposa —sonrió, me besó la mejilla y después el cuello.

Allí nos encontraron nuestras familias y todos nos abrazaron. A mí me

alegró ver que Brad y Derek habían ido con sus novias, así como otros

amigos de Brandon de la universidad. Nos hicimos algunas fotos; la

fotógrafa no paraba de reírse porque Brandon y yo no podíamos parar de

besarnos y al final dijo que seguiría haciendo fotos durante el resto de la

fiesta. Comimos un poco, bailamos mucho y, al final de la noche, yo ya

había bailado con todos los hombres de mi vida varias veces, incluyendo al

pequeño Liam Chase. Me sonrojé cuando Brandon me quitó la liga con los

dientes. Konrad y Bree agarraron la liga y el ramo respectivamente y yo le

guiñé un ojo a Konrad, pues sabía que pensaba pedirle matrimonio a Bree

en Nochebuena. Cuando Brandon me rodeó la cintura con los brazos y me

susurró al oído, corrí a despedirme de nuestro hijo y se lo entregué a Carrie, que se encargaría de él al principio. La gente hizo pompas de jabón cuando

caminamos hacia el coche para irnos a nuestra luna de miel improvisada.

Brandon alquiló un apartamento en la playa cerca de donde vivíamos, así

que no tardamos nada de tiempo en llegar. Brandon cruzó la puerta conmigo

en brazos y me dejó en la cama antes de volver a mi coche a por las

maletas, que dejó en la entrada para volver junto a mí. Le brillaban los ojos

y su cara estaba llena de amor y de pasión. Se detuvo al borde de la cama y

me devoró con la mirada mientras yo hacía lo mismo. Se había quitado la

chaqueta durante la fiesta y se había remangado la camisa hasta los codos.

Seguía llevando la corbata, pero más floja que antes. La camisa se ajustaba

a sus hombros anchos y a su torso musculoso, y los pantalones acentuaban

sus caderas estrechas. Parecía un dios. Un dios increíblemente sexy.

Me incorporé, me acerqué al borde de la cama, le agarré la hebilla del

cinturón y tiré. Él sonrió satisfecho y me fijé una vez más en su hoyuelo.

Después de quitarle los pantalones y los calzoncillos, me puse en pie y le

quité la corbata antes de desabrocharle lentamente el chaleco y la camisa y

pasar las manos por su pecho para terminar de desnudarlo. Volvió a

tumbarme sobre la cama, me levantó una pierna y se rio al ver la Converse

blanca.

—Esta es otra de las razones por las que te quiero —dijo mientras me

quitaba las deportivas.

Sus manos dejaron un sendero de fuego por mis piernas cuando me quitó

las bragas y se colocó entre medias.

—¿No vas a quitarme el vestido?

Brandon me besó en el cuello y su voz profunda me provocó escalofríos.

—Quizá más tarde —me miró a los ojos y en su mirada vi todo lo que

sentía por mí, y me pregunté cómo habría podido ser tan estúpida como

para intentar vivir sin él—. Te quiero mucho, Harper —dijo antes de

penetrarme.

Yo suspiré con las sensaciones que recorrieron mi cuerpo. Cada vez que

hacía el amor con él parecía mejor que la vez anterior, y no creía que fuese

a cansarme nunca de aquellos encuentros.

—Brandon —gemí mientras se movía encima de mí—. Dios, yo también

te quiero.

—Despierta, Harper.

Murmuré, me giré sobre la cama y volvió a entrar en ese lugar entre el

sueño y la vigilia. Sentí algo en el cuello e intenté apartarlo, pero, al no

tocar nada, supuse que habría sido un pelo mío y me acurruqué en la cama.

Antes de quedarme dormida, volví a notar el roce en mi cuello, pero, al

sentir que seguía bajando hacia mi pecho y se detenía durante unos

segundos, intenté despertarme del todo para mirar a mi marido. Brandon

siguió bajando hacia mi estómago, me mordisqueó una cadera y después

hizo lo mismo con la otra. Abrí los ojos y suspiró cuando colocó los labios

entre mis muslos.

Solo su risa ya me habría provocado escalofríos, pero dejé de pensar

cuando empezó a acariciarme con los labios y con la lengua. Le pasé las

manos por el pelo e intenté mantener los ojos abiertos para mirarlo, pero los

cerré de nuevo y dejé escapar un gemido. Me introdujo dos dedos mientras

seguía estimulando con la lengua mi zona más sensible. Noté el placer

cegador que se extendía por mi cuerpo y tuve la impresión de que no podría

aguantar mucho más. Giré involuntariamente las caderas y me agarró con

más fuerza con la mano izquierda, aunque no intentó detener mis

movimientos. Aceleró el ritmo y, pasados unos minutos, agradecí

enormemente que no hubiera vecinos alrededor cuando solté un gemido que

me salió del pecho. Brandon se colocó sobre mi cuerpo, me penetró

mientras me recorría una sacudida de placer y a mis gemidos de

satisfacción añadió su gruñido carnal. Empezó a moverse contra mí

mientras me mordisqueaba la base del cuello. Cada mordisco era más fuerte

que el anterior, igual que sus embestidas. Yo acaricié los músculos de sus

hombros, que se juntaban con cada movimiento. Respirábamos

entrecortadamente y una fina capa de sudor cubría nuestros cuerpos hasta

que finalmente se dejó caer encima de mí. Trató de aguantar casi todo su

peso con los antebrazos y acabó tumbándose boca arriba y colocándome a

mí encima para que pudiera acurrucarme sobre su pecho.

Entrelazó los dedos con los míos, se llevó mi mano a la boca y me dio un

beso suave antes de besarme la cara interna de la muñeca y pasar el pulgar

por mi último tatuaje. Brandon y yo nos habíamos hecho tatuajes a juego;

en mi muñeca izquierda podía leerse lo amo y en su muñeca derecha estaba

escrito la amo. ¿Cursi? Sin duda, pero nos encantaban. Habíamos ido al

antiguo lugar de trabajo de Chase y, aunque al principio me había puesto nerviosa, todos nos habían recibido con abrazos. Trish ya no trabajaba allí.

Jeff no había parado de abrazarme y a Brian se le habían humedecido los

ojos al apartarse. Les mostramos fotos de Liam y el nombre les gustó tanto

como a nuestra familia. Les prometimos invitarlos una noche a cenar para

que pudieran conocerlo y Brian bromeó diciendo que Marissa y él nos lo

robarían. Ya conocían a Brandon de alguna fiesta, y además él había ido allí

a hacerse algunos de sus tatuajes, y a mí me sorprendió que parecieran

alegrarse de verdad de que nos hubiéramos casado. Supe que los chicos

cotilleaban tanto como las chicas cuando me dijeron que estaban enterados

del drama entre Chase, Brandon y yo, incluso desde que Brandon y yo

comenzamos a salir la primera vez.

—Han sido tres días increíbles —dije con un suspiro de felicidad—.

Gracias por todo.

—Gracias a ti por casarte conmigo.

Le acaricié el pecho con la nariz y sonreí al notar que su brazo me

apretaba con fuerza.

—Ahora siento que todo es perfecto. ¿Es cursi?

Brandon se rio y me dio un beso en la coronilla.

—No, porque yo siento lo mismo. ¿Está… está mal que esté deseando

volver con Liam?

—Oh, Dios mío, a mí me pasa lo mismo. Una parte de mí no puede

abandonar esta cama, pero al mismo tiempo estoy deseando ver a nuestro

bebé.

—Entonces vamos a buscarlo.

Me levanté de la cama y se me puso la piel de gallina cuando le vi

mirarme mientras caminaba desnuda por la habitación. Sabía lo que estaba

pensando porque yo estaba pensando lo mismo. Me incliné de nuevo sobre

él, presioné su pecho con el mío y le susurré al oído:

—Creo que me vendría bien una ducha. ¿Quieres venir? —enarqué una

ceja antes de dirigirme hacia el cuarto de baño seguida de mi marido.

 

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