Arriésgate

Molly Mcadams · Capítulo 3 de 23

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Arriésgate

Capítulo 3

 

Después de la sesión de orientación la semana siguiente, las clases habían

empezado el pasado lunes y la primera semana había transcurrido volando.

A Breanna y a mí nos encantaban nuestros profesores y, por suerte, no

parecían demasiado estrictos. Yo no había vuelto a ver a ninguno de los

chicos de la casa de Chase, pero eso era por mi culpa, porque había estado

evitándolos hasta aquel día. Bree siempre comía con ellos y, aunque yo

había puesto excusas los primeros tres días, ya estaba harta de comer sola

en mi habitación. Jamás lo admitiría en voz alta, pero, después de que Bree

se marchara a su primera clase esa mañana, me había cambiado de ropa tres

veces y había empleado bastante tiempo en maquillarme. Mi cuerpo

temblaba con la idea de ver a Chase y todavía tenía que pasar una clase

entera. Por suerte solo tenía una aquel día y además era la última de la

semana. Justo cuando terminó la clase, recibí un mensaje de mi compañera

de habitación asegurándose de que iría a comer con ellos porque ya me

había reservado un asiento. No tenía escapatoria.

—¡Eh! ¿Qué pasa, princesa?

—¡Princesa! ¿Dónde has estado toda mi vida?

Me contuve el gruñido, sonreí y me dejé caer en el asiento junto a Bree.

Intenté que no se me notara la decepción al ver que Chase no estaba allí.

Nada más maldecirme a mí misma por pasar tanto tiempo arreglándome

aquel día, dos manos aparecieron a ambos lados de mi plato y sentí un torso

firme pegado a la espalda y el aliento cálido en mi oído.

—¿Estabas escondiéndote de mí, mojigata? —se rio al notar que me

estremecía.

—¿Por qué? ¿Me echabas de menos?

—Claro. Eres mi favorita, ¿recuerdas? —me frotó el cuello con la nariz y

estuve a punto de derretirme allí mismo.

Suspiré con dramatismo y me aparté de su embriagadora presencia.

—Lamento decir que tú no eres mi favorito.

—¿Estás segura? —me puso un dedo en el brazo, donde se me había

puesto la piel de gallina.

—¡Chase! Deja de molestarla y siéntate.

Miré a Breanna y parpadeé al recordar que estábamos en una mesa con

un grupo de gente. Chase se sentó a varios asientos de distancia y yo

agradecí poder pensar de nuevo con claridad. Miré a mi alrededor y vi a los

cuatro compañeros de piso de Chase, a dos chicas que sabía que eran las

novias de Brad y de Derek y a otra chica a la que no había visto antes y que

me miraba con un odio no disimulado. Tras dirigirle una mirada oscura,

seguí haciendo inventario del resto de la mesa. Al otro lado de Chase había

dos chicos que había visto en la fiesta, pero no sabía cómo se llamaban, y

delante de ellos unos ojos grises que me miraban sonrientes. Agaché la

cabeza para mirar mi ensalada y conté hasta cinco antes de volver a mirarlo

y ver que estaba hablando con Chase. Levanté la cabeza un poco más para

poder ver mejor, me fijé en su pelo rapado, en su sonrisa cálida y en el

hoyuelo que apareció en su mejilla derecha al carcajearse. Era ligeramente

más corpulento que Chase y, a juzgar por cómo se le pegaba la camiseta al

pecho y a los hombros, tenía un cuerpo bien definido. Dios, y yo que

pensaba que Chase era el tío más atractivo que había visto jamás. Aquel

chico era… simplemente ¡guau!

—¿Ves algo que te guste? —Bree se inclinó hacia mí para ver hacia

dónde estaba mirando.

—¿Qué? No.

—Aha, por eso no paras de morderte el labio. Te está mirando otra vez.

Levanté la cabeza y vi que el chico misterioso me sonreía con suficiencia

al mirarme a los ojos. Sentí que se me sonrojaban las mejillas y me obligué

a volver a mirar a Bree.

—¿Cómo sabemos que no te está mirando a ti?

—¡Ja! Sabía que estabas mirándolo —sonrió y dio un enorme mordisco a

su hamburguesa.

—Vaya, cuánta clase.

Bree intentó hablar con la boca llena.

—Estás celosa porque tú no te has pedido una.

Miré mi ensalada e hice una mueca. El estómago me daba tantas vueltas

que no creía que pudiera comer nada.

—¿Sabes cómo se llama? —le susurré, pero, antes de que pudiera

responder, nos interrumpió Drew.

—Bueno, princesa, ¿cómo es que no te hemos visto últimamente? Han

pasado como dos semanas. Me siento tan poco querido…

Me reí y puse los ojos en blanco.

—Oh, lo siento. ¿Tu novia ya se ha deshinchado?

Toda la mesa se echó a reír y Derek le dio una palmada en la espalda

mientras hacía esfuerzos para que no se le saliera la bebida por la boca y

por la nariz. Un par de chicos empezaron a reírse de «Mindy, la muñeca» y

yo me alegré de no ser el centro de atención.

Bree volvió a inclinarse hacia mí y susurró:

—Se llama Brandon, también vive con los chicos, pero no estaba en la

fiesta.

—Entonces, ¿lo conoces bien? —deseaba mirarlo, pero no quería

arriesgarme a que me pillara haciéndolo.

—En realidad no. Todavía está en tercero y el año pasado vivía en la

residencia. Le he conocido esta semana durante la comida.

—¿Todavía en tercero? —pregunté confusa.

—Sí, el resto de los chicos están en cuarto.

—Ah —la miré y señalé con los ojos hacia Brandon—. ¿Hay algo entre

tú y…?

Ella sonrió y me dio un codazo antes de sentarse erguida.

—Ya les tengo el ojo echado a otros dos chicos.

Asentí y recordé que durante toda la semana había estado hablando de

unos chicos de nuestra residencia con los que compartía clase. Al oír mi

nombre, levanté la mirada y vi el tenedor de Chase detenido a mitad de

camino hacia su boca. Tenía la mandíbula apretada y miraba fijamente a

Brandon, que estaba hablando con otro de los chicos sentados a su lado.

Cuando terminó de matarlo con la mirada, Chase se fijó en mí y relajó la

expresión. Asintió levemente y siguió comiendo.

—Hay fiesta esta noche, ¿venís, chicas?

Bree resopló.

—¿En serio, Zach? ¿Cuándo he faltado yo a una fiesta?

—¿Princesa?

Bree respondió por mí.

—Claro que irá —después me susurró—: No será como la primera.

Probablemente no haya ni veinte personas. Las grandes fiestas las reservan

para los viernes por la noche.

—De acuerdo —murmuré.

—Estoy deseando compartir cama contigo otra vez, mojigata.

Miré a Chase con los párpados entornados y sentí el calor en las mejillas.

Estaba mirando a Brandon con la cabeza ladeada y una ceja levantada.

Hasta yo advertí el desafío de su mirada.

—Gracias, pero preferiría compartir cama con la muñeca hinchable de

Drew.

Se volvió para mirarme con odio y tuve que hacer un esfuerzo por

aguantarle la mirada. ¿Era mala señal que lo único en lo que yo pudiera

pensar fuese en cómo me sentiría si sus labios me besaran? Antes de que

pudiera pensar demasiado en ello, la chica que me había estado mirando

con odio antes rodeó la mesa, se sentó en su regazo y puso la boca en su

cuello antes de recorrer su mandíbula con los labios. Él la agarró al instante

de las caderas, pero no llegó a apartar los ojos de los míos.

—Yo estaría encantada de compartir cama contigo, Chase —su voz pueril

me dio ganas de vomitar. Estoy segura de que yo ni siquiera hablaba así

cuando tenía cinco años.

Después de que lo besara, miré hacia Brandon y vi que estaba

observándome. No resultaba incómodo, pero no duró tanto como a mí me

hubiera gustado, porque podría haberme quedado mirándolo durante horas.

No estaba acostumbrada a sentir algo por un chico y ahora no podía parar

de mirarlos a Chase y a él. Con uno sentía mariposas en el estómago y con

el otro escalofríos ardientes. Estuve a punto de carcajearme cuando me di

cuenta de lo estúpido que resultaba sentir algo por Chase, y su actual

posición con la morena esa demostraba por qué. De Brandon, por otra parte,

no sabía nada. Aparte de su risa, ni siquiera le había oído la voz. Dios, qué

ridícula soy. Uno es un promiscuo y con el otro ni siquiera he hablado.

Me despedí de todos, recogí mi mochila y había comenzado a alejarme

cuando una voz profunda y aterciopelada dijo mi nombre. No dejé de

hablar, pero miré por encima del hombro y vi que Brandon rodeaba la mesa

hacia mí y que Chase apartaba la cabeza de la morena mientras nos

observaba; la chica simplemente continuó con su cuello.

Brandon comenzó a caminar a mi lado y me ofreció la mano.

—Todavía no nos conocemos. Soy Brandon Taylor.

Dios, aquella voz podría haberme hecho entrar en calor el día más frío

del año.

—Harper Jackson, encantada de conocerte.

Sonrió al abrirme la puerta.

—Igualmente. Parece que conoces bien al resto de los chicos, aunque

acabemos de conocernos. Dicen que eres la compañera de habitación de

Bree.

—Eh, sí. Lo soy, pero en realidad no los conozco bien. Solo había

hablado con ellos unos diez minutos antes de hoy.

—¿En serio? Entonces parece que causas una gran impresión en muy

poco tiempo.

—Desde luego a ellos les causé impresión —murmuré.

Me miró confuso, pero yo negué con la cabeza para que dejara el tema.

Dejamos de caminar cuando llegamos al camino que me conduciría a mí a

la residencia y a él a su próxima clase. Me volví hacia él y me fijé en los

vaqueros gastados pegados a sus caderas estrechas y en su camiseta negra

ajustada antes de volver a mirarlo a la cara. No me había dado cuenta de lo

alto que era mientras caminábamos, pero debía de sacarme al menos treinta

centímetros. Su altura y su cuerpo musculoso me daban ganas de

acurrucarme entre sus brazos, era como si fuese a encajar allí a la

perfección. Me mordí el labio inferior y vi que sus ojos grises recorrían mi

diminuta figura. No era como los demás chicos de la fiesta, que me miraban

como si fuese algo que llevarse a la boca. Su mirada me hacía sentir guapa

y me emocionaba que me prestara atención. ¿Me emocionaba que me

prestara atención? Contrólate, Harper, lo acabas de conocer.

—Venga, mojigata, vamos —Chase me agarró del brazo y comenzó a

tirar de mí.

—¡Chase, para! —me zafé y lo miré con rabia—. ¿Qué es lo que te pasa?

—Voy a llevaros a Bree y a ti a mi casa y tienes que hacer el equipaje

para el fin de semana, así que vamos —volvió a agarrarme, pero yo le di un

manotazo.

—¿Qué pasa el fin de semana?

—Vais a quedaros conmigo, así que haz la maleta.

Entorné los párpados y empecé a girarme hacia Brandon.

—Bien, espera un momento.

—Harper.

—Lárgate, Chase, te veré en la habitación en un minuto. Vete a buscar a

Bree.

Se pegó más a mí, así que suspiré y le dirigí a Brandon una sonrisa

patética.

—Lo siento, al parecer tengo que irme. ¿Te veré esta noche? —no sé por

qué lo pregunté, ya que al fin y al cabo él vivía allí.

Una sonrisa sexy iluminó su cara cuando estiró la mano para rozarme el

brazo.

—Nos veremos entonces —se despidió de Chase con un tenso

movimiento de cabeza, se dio la vuelta y se marchó.

Yo pasé por delante de Chase y no lo miré durante todo el camino hasta

mi habitación. Se quedó en la puerta mientras Bree y yo hacíamos la maleta

para el fin de semana, lo cual me ponía incómoda porque no podía

preguntarle a mi amiga qué ropa debía llevarme. Metí cosas que a ella le

habían encantado en el centro comercial, algunas bragas, pantalones para

dormir, maquillaje y las cosas del baño antes de dirigirme a él.

—¿Por qué no me haces el favor de llevarme esto? —mi voz sonaba

cargada de ira y a él pareció hacerle gracia.

Intenté pasar por delante de él, pero me agarró de la cintura, me pegó a su

cuerpo y sentí su aliento cálido cuando me susurró al oído:

—Por ti cualquier cosa, cariño.

Se me aceleró el corazón y empezaron a temblarme las piernas. Me

quedé entre sus brazos un segundo más de lo necesario y él se dio cuenta.

Lo aparté de un empujón nada más ver aquella mueca de suficiencia en su

cara.

—Dios, me dan ganas de matarte.

—Vaya, vaya. Una mojigata como tú no debería decir esas cosas —se

carcajeó al ver mi cara de odio y se alejó hacia el aparcamiento.

Nada más llegar a la casa, Bree se fue a la habitación de Chase a hablar

por teléfono con un chico y me dejó a solas con él. Como no quería dirigirle

la palabra, agarré el mando a distancia y me tiré en el sofá para intentar

encontrar algo que llamase mi atención y que no fuese él. Me esforcé por no

volver a mirarlo. Suspiré y recorrí los canales varias veces sin encontrar

nada interesante, así que dejé las noticias. Mi padre habría estado orgulloso

de mí.

No soportaba saber que Chase me estaba mirando, o en qué lugar de la

habitación se encontraba. ¿Por qué se me erizaba el vello con un chico así?

No es que no quisiera, porque, para ser sincera, no había podido pensar en

otra cosa en las dos últimas semanas. Pero la gente de clase y su hermana

ya me habían hablado de su reputación de polvos de una noche, así que no

debería querer estar con alguien como él. Cada día estaba con una mujer

diferente, sabía que lo que había ocurrido en la cafetería era completamente

normal y Bree decía que no había tenido una relación en cuatro años porque

«no es su estilo». Al parecer las chicas sentían que era un privilegio haber

estado con él, pero yo no soportaría ser el rollo de una noche de alguien. Se

acercó al sofá e intenté que se me tranquilizara el corazón cuando me

levantó las piernas, se sentó y volvió a ponerlas sobre su regazo. No era

necesario hacerle saber que tenerlo cerca me volvía loca.

—Veo que mi hermana ya ha ejercido su mala influencia sobre ti.

No es que esperase tener una conversación significativa, pero tampoco

esperaba eso.

—¿Acaso quiero saber de qué estás hablando?

—De esto —se inclinó para tocarme los labios. Malditos escalofríos que

recorrían mi cuerpo cada vez que me tocaba.

—¿Qué pasa? ¿No te gusta?

—Yo no he dicho eso, es muy sexy —deslizó los dedos por mi mandíbula

antes de incorporarse con una sonrisa de suficiencia—. Pero me decepciona

que ya hayas permitido que te convenza de cosas. Pensaba que no eras de

las que cedían con facilidad.

Me quedé con la boca abierta y me llevé las rodillas al pecho para no

seguir tocándolo.

—No es que sea asunto tuyo, pero era yo la que quería hacérmelos y sacó

el tema. En ese momento no sabía que ella también querría hacérselos y

desde luego no permitiría que alguien me convenciera para hacer una cosa

así. Me alegra saber que piensas tan bien de mí —sin más me alejé hacia su

habitación, pero me encontré la puerta cerrada con llave. No quería tener

que volver al salón y verlo, pero tampoco quería quedarme allí de pie como

una idiota. Oí que sonaba su teléfono y advertí que su voz se alejaba al salir

antes de decidirme a volver al sofá. Apenas me había sentado cuando

apareció junto a mí con el brazo estirado y el teléfono en la mano.

—Es para ti —estaba serio y vi que tenía un tic en la mandíbula.

—¿Diga?

—Siento haber llamado a Chase, pero quería hablar contigo.

Miré la pantalla del teléfono y vi el nombre de Brandon. Sonreí y volví a

llevarme el aparato a la oreja mientras me relajaba sobre los cojines.

—No importa, ¿qué tal?

—Tengo unas horas libres antes de mi última clase. ¿Te apetecería ir a

tomar un café conmigo antes?

Quería responderle algo del estilo de «¡Sí, por favor! ¡Nada me

apetecería más que pasarme las próximas dos horas viéndote sonreír!». En

su lugar, respondí algo sencillo.

—Claro, ¿por qué no? ¿Quieres que nos encontremos en algún sitio? —

¿sabría que yo no tengo coche?

—Voy de camino a casa, llegaré en cinco minutos.

—Ahora nos vemos —sonreí y le devolví el teléfono a Chase, que se

había quedado de piedra. Corrí de nuevo hacia su puerta y la aporreé para

que Bree me abriera.

—¡Brandon viene a buscarme para ir a tomar café! —dije prácticamente

gritando.

—¡Ahora te llamo! —colgó el teléfono y me señaló—. ¡Lo sabía!

—¿Sabías que iba a llamarme?

—¡No, sabía que te gustaba!

Yo resoplé.

—Bree, si ni siquiera le conozco.

—Pero, ¿quieres conocerlo?

—Eh, ¿es que no te has fijado en él? —era ridículamente atractivo y tenía

ese aire duro que me hacía estremecer—. Dios, y qué sonrisa.

—Oh, cariño, ya te estás colgando con él.

—Joder, Bree, estoy nerviosa. No sé cómo hablar con los chicos.

—Pero con Chase y con los demás hablas bien…

—Sí, pero porque son más molestos que otra cosa. Y hasta ahora

Brandon no lo es, y además está buenísimo —sonreí cuando me dio un

codazo.

—Pues intenta verlo como a los demás. Todos te quieren y estoy segura

de que le encantarás. ¡Así que no tienes nada de lo que preocuparte!

—Si tú lo dices. ¿Te parece que estoy bien?

—¡Claro que sí! Quería decírtelo en la comida. ¡Estás increíble!

Me reí al pensar que esa misma mañana me había vestido para Chase y

ahora estaba emocionada por ir a tomar café con Brandon. Y por

emocionada quiero decir de los nervios.

—¿De qué te ríes?

Ups.

—De nada.

No se lo creyó.

—Es que nadie me había pedido nunca que fuera con él a ningún sitio —

mentí—, y me emociona lo del café. Me siento ridícula por tener dieciocho

años y no haber tenido nunca una cita.

—Bueno, tengo la impresión de que eso pronto dejará de ser cierto —

justo entonces oímos a Brandon llamándome—. ¡Te veré cuando vuelvas!

Tomé aliento antes de salir de la habitación para encontrarme con él.

Sentí el calor en las mejillas cuando me sonrió. ¿Es que todos allí tenían

una sonrisa y unos dientes perfectos? Por suerte yo había heredado los

dientes de mi madre, que daban la impresión de haber llevado aparato

durante años.

—¿Estás lista?

Asentí y agaché la cabeza en un intento por ocultar mi rubor. Por

desgracia también he heredado eso de mi madre. Lo seguí y me monté en el

asiento del copiloto de su Jeep negro, que parecía perfecto para conducir

por el campo. No hubo muchas oportunidades para hablar, a no ser que

quisiera acabar con el pelo en la boca, así que me quedé callada hasta que

aparcó el coche. Agarré el tirador de la puerta, pero me detuve cuando me

tocó la mano.

—Espera —dijo con una sonrisa antes de bajarse del vehículo y correr

hasta mi lado para abrirme la puerta.

¿Un dios que parecía modelo y además un caballero? Arqueé una ceja y

sonreí.

—Vaya, gracias.

—Claro —me colocó un mechón de pelo detrás de la oreja y sonrió—.

Tal vez debería volver a poner la capota.

Yo agaché la cabeza y abrí mucho los ojos.

—¡Oh, no! No lo decía en el mal sentido. Al contrario, lo juro.

De pronto yo estaba interesadísima en la acera.

Me puso la mano bajo la barbilla hasta que volví a mirarlo.

—Harper, siento que me haya salido así. Eres la chica más guapa que

jamás he visto, pero te juro que con el pelo como lo tienes ahora mismo,

voy a tener que quitarte a los tíos de encima.

Había dicho que era guapa. No pude evitar sonreír y guardé en el bolso la

goma del pelo que acababa de sacar.

—Lo dudo, pero gracias.

Brandon negó con la cabeza y me condujo hacia la puerta con una mano

en la espalda. Quería que me tocara la espalda con las manos, sentir su calor

en mi cuerpo. Pero no pasó de ahí, solo me guio. Hicimos nuestro pedido y

volvimos fuera a sentarnos en la terraza antes de volver a hablar. Era

agradable que no sintiera la necesidad de llenar el silencio, además eso me

dio la oportunidad de calmarme.

—Bueno, háblame de ti —dijo.

—¿Qué quieres saber?

—Todo —me dedicó una media sonrisa y apenas se le vio el hoyuelo.

—No hay mucho que contar —respondí encogiéndome de hombros—.

Mi vida ha sido increíblemente aburrida.

Se rio suavemente antes de continuar.

—Vale, de acuerdo. ¿Y tu familia?

—Me crie con mi padre, no tengo hermanos. He estudiado en casa toda

mi vida, creo que para que pudiera tenerme vigilada.

—Un momento, ¿estudiaste en casa?

—Sí, ¿por?

—Perdona, pero no esperaba que alguien que hubiera estudiado en casa

tuviera este aspecto.

Yo me reí. Me pregunté si habría pensado lo mismo de haberme visto

cuando llegué dos semanas atrás.

—Creo que interpretaré eso como un cumplido.

Sus ojos cálidos y su sonrisa confirmaron que así era.

—¿Dónde estaba tu madre?

—Murió en el parto —esperé a que se incomodara y empezara a

disculparse profusamente, pero en cambio su mirada se volvió suave y su

boca esbozó una ligera sonrisa.

—Mi padre también murió. Iba en uno de los aviones que se estrellaron

contra las torres gemelas.

El corazón me dio un vuelco. Nunca entendía por qué la gente sentía

pena por mí. Sí, dolía saber que nunca conocería a mi madre, pero no había

tenido ocasión de perderla. Ya había muerto. Pero ¿aquello? Nunca

comprendería el dolor de Brandon y no sabía cómo intentarlo, pero deseaba

borrar ese dolor. Lo que sí sabía era que no necesitaba mis condolencias en

ese momento, así que estiré el brazo por encima de la mesa y apoyé la mano

sobre la suya. Él dibujó círculos lentos sobre mi pulgar e hizo que se me

calentara toda la mano.

—Háblame de él.

Levantó la mirada y me quedé sin aliento al ver su expresión. Si podía

describirse a un hombre masculino como hermoso, entonces su expresión

fue justo eso.

—Era increíble. Trabajaba mucho, pero siempre estaba en casa para

cenar con nosotros. Le llevaba flores a mi madre todos los fines de semana,

nunca faltaba a ninguno de nuestros partidos. Me enseñó a jugar al fútbol y

a hacer surf. Se aseguró de que supiéramos que podríamos tener cualquier

cosa que deseáramos si trabajábamos duramente para conseguirla. Siempre

quise ser como él cuando fuera mayor. Todos le querían, era un hombre

fantástico.

—Eso parece. Seguro que estaría muy orgulloso de ti.

Me sonrió, se recostó en su silla y me miró con atención.

—¿Qué?

—Nadie me había preguntado nunca eso. Normalmente la gente me dice

que lo siente y se incomoda. Es molesto y, la verdad, me cansa.

—¿Te molesta que te lo haya preguntado?

—En absoluto. Es agradable hablar de él a veces. ¿Tu padre habla alguna

vez de tu madre?

—Eh, no exactamente. Me dijo lo suficiente para hacerme saber que yo

le recordaba demasiado a ella. Para mí nunca ha tenido sentido. Siempre me

ha mantenido a su lado, como al hacerme estudiar desde casa, pero siempre

dejaba claro que no me quería —cerré la boca antes de poder decir algo

más. Respiré aliviada al ver que Brandon no me pedía que se lo explicara.

—Bueno, él se lo pierde.

Sí, pero él no lo veía así. Había sido tan estúpido como para permitir que

me criara un grupo de marines salidos.

—¿Eres de por aquí?

—Soy de Arizona, del sur de Phoenix. Pero la familia de mi padre no

vive lejos, y por eso en parte vine aquí.

—¿Los ves con mucha frecuencia estando aquí?

Se encogió de hombros y ladeó la cabeza.

—Normalmente una vez al mes. ¿Y tú?

—Mi padre ha estado con el Cuerpo de Marines desde antes de que yo

naciera y está destinado en la base de Lejeune.

—¿Y cómo es que has acabado en la Universidad Estatal de San Diego?

—se inclinó hacia delante y apoyó los codos sobre la mesa.

—¿Quieres una respuesta sincera?

—Por supuesto.

—Quería alejarme todo lo posible de casa y me encanta la playa. Además

solo pude convencer a mi padre porque esto estaba cerca de otra de las

bases de los marines.

—Bueno, yo me alegro de que estés aquí, Harper.

Sentí un calor en el estómago al oír mi nombre en sus labios.

—Yo también.

Nos quedamos allí una hora y media, hablando de todo, desde nuestras

películas y comidas favoritas hasta las clases y nuestras aspiraciones. Era

fácil hablar con Brandon y tenía la impresión de que Breanna llevaba razón.

Ya me estaba colgando con él.

 

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