Arriésgate

Molly Mcadams · Capítulo 12 de 23

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Arriésgate

Capítulo 12

 

 

La graduación era ese domingo, así que, como despedida para todos, los

chicos iban a celebrar una gran fiesta en casa de Chase el viernes por la

noche. Chase me dijo que se quedaría en casa de sus padres conmigo,

puesto que yo no pensaba ir, pero prácticamente le eché a patadas y le dije

que era la última vez en la que podría estar con los chicos antes de que

todos volvieran a sus casas. Bree fue más fácil de convencer, ya que

pensaba pasar todo el fin de semana con Konrad antes de que este volviera

a Oregón, pero aun así se quejó cuando me negué a ir con ellos. Por suerte,

Claire entendió perfectamente por qué prefería quedarme en casa y apoyó

mi decisión de obligarlos a ir. Habría sido un poco inapropiado que una

adolescente embarazada de cinco meses y medio fuese a una fiesta en la que

todos iban a estar borrachos y jugando a juegos de beber. Sabía que, de

haber ido, Chase y Bree no se habrían despegado de mi lado para

asegurarse de que estuviera bien, y yo quería que disfrutaran de la fiesta.

Cuando se fueron, Claire, Robert y yo pedimos comida mexicana y nos

acomodamos en el sofá a ver películas y a notar cómo mi osito de gominola

me daba patadas en la tripa. Normalmente no lográbamos que se moviera a

no ser que Chase estuviera hablándole a mi barriga, y aun así lo único que

solía hacer era girarse. Pero la comida mexicana estaba haciendo que mi

niño bailara. En las dos últimas semanas las patadas se habían vuelto más

fuertes y solo en algunas ocasiones los demás no lo notaban también. La

segunda película acababa de terminar cuando Bree me escribió.

 

Breanna:

Eh… la chica esa con la que trabaja Chase… ¿cómo se llama? ¿Trish? ¿Trixie?

 

Yo:

Trish… ¿qué pasa con ella?

Breanna:

Que acaba de presentarse aquí.

 

Yo:

Arg. ¿En serio? No la soporto. ¿Qué pinta en una fiesta universitaria? Espera, ¿quién la ha

invitado?

 

Breanna:

Eso digo yo. Creo que Chase.

 

Yo:

Genial. Bueno, vigílala y avísame con lo que sea. Zorra.

 

Breanna:

Eso haré, amiga. Aunque siempre podrías venir tú…

 

Yo:

No. Estoy a punto de irme a la cama. Además, no quiero que Chase piense que no confío en él,

porque sí confío. Es en ella en quien no confío.

 

Breanna:

Vale. Te avisaré si pasa algo. Buenas noches. Te quiero.

 

Yo:

Yo también te quiero. Gracias.

 

Me molestaba más de lo que quería, pero no pensaba preguntarle a Chase

qué estaba haciendo allí. Tampoco era que las fiestas fueran exclusivas para

universitarios, pero estaba bastante segura de que Chase me había dicho que

Trish tenía veintiocho años, y sabía que no me caía bien. Como ya he dicho,

no soy de esas novias que no permiten que su chico tenga amigas, porque él

tenía muchas, pero todas sabían que estábamos juntos y ninguna flirteaba

con él después de anunciar que íbamos a tener un bebé. Aparentemente a

Trish no le importaba que estuviese pillado o a punto de tener un bebé

conmigo. Le escribía en mitad de la noche sin ninguna razón, las pocas

veces que yo había vuelto a la tienda desde que la conociera siempre estaba

en su sección riéndose y tocándole el brazo, incluso aunque tuviera clientes

esperándola. Y no olvidemos que casi a diario le invitaba a cenar a su casa

después de cerrar la tienda, aunque Chase siempre decía que no, y todos

esos tatuajes nuevos que solo permitía que le hiciera él. Chase decía que era como uno de los chicos, pero yo soy mujer y ahora estaba segura de que no

era lesbiana y sabía lo que estaba haciendo. Y me cabreaba.

Apenas dormí aquella noche. A pesar de decirme que vendría, Chase no

volvió a casa, lo que significaba que no podía ponerme cómoda sin sus

brazos rodeándome, no supe nada de él y no volvió. No era que ya no se

quedara en su casa a dormir, pues al fin y al cabo era su casa, pero casi

todas las noches nos quedábamos dormidos en la misma cama, fuese en una

casa u otra. Por suerte casi todas las noches las pasábamos donde sus

padres, porque yo seguía sin sentirme cómoda restregándole a Brandon mi

relación con Chase. Pero seguíamos yendo allí y las pocas veces que

sucedía estaban cuidadosamente coordinadas para no encontrarnos con él.

Seguí diciéndome a mí misma que probablemente Chase hubiera

decidido beber la noche anterior, ya que era su última fiesta con los chicos,

y me alegré de que no condujera borracho. Tampoco era que tuviera un

informe detallado de lo que hacía cuando no estábamos juntos, pero en esa

ocasión yo sabía que Trish estaba en la fiesta y eso era lo que realmente me

molestaba. Al menos Bree no había vuelto a escribirme, lo que significaba

que no había pasado nada, pero eso no parecía importarme en ese momento.

Ya me había duchado, me había vestido, había preparado el desayuno y

estaba ojeando el libro de los nombres con un fluorescente de otro color

para reducir más aún la lista de nombres, y solo eran las siete de la mañana.

Respiré aliviada y me reprendí a mí misma por ser tan paranoica cuando

Chase me escribió.

 

Chase:

Hola, preciosa. Pásate por casa, tengo una sorpresa para ti.

 

Yo:

¿Una sorpresa? ¿Ahora?

 

Chase:

;-) Sí. Ahora nos vemos.

 

Me quedé mirando la pantalla con el ceño fruncido. Chase nunca ponía

caritas sonrientes. Negué con la cabeza… paranoica, completamente

paranoica. Tenía que calmarme o acabaría volviéndome loca. Agarré las

llaves y me monté en mi Expedition. Conduje hasta su casa intentando averiguar cuál sería la sorpresa y por qué estaría levantado tan temprano.

Intenté no hacer ruido para poder llegar hasta su habitación sin despertar a

nadie, pero la voz ronca de Brandon me detuvo.

—Eh, Harper, ¿dónde estabas anoche?

Me di la vuelta y lo vi sentado en la encimera de la cocina con una taza

de café en la mano. Me dio un vuelco el corazón al mirarlo a los ojos.

Deseaba acurrucarme entre sus brazos y borrar los últimos cinco meses.

—Eh, pensaba que sería un poco raro, teniendo en cuenta… —hice un

gesto con la mano para abarcar mi tripa.

—Ah, sí —se quedó mirando mi barriga—. Sí, claro. ¿Cómo va eso?

—Va bien —dije suavemente, y lo miré a la cara mientras pronunciaba

las siguientes palabras—. Es un niño.

Uno de los días en que estábamos en Arizona durante las Navidades, yo

estaba en la cocina guisando descalza con su madre. Brandon bromeó

diciendo que ya solo me faltaba estar embarazada para que la imagen fuese

perfecta. Yo le lancé un guante de horno que él esquivó y me devolvió antes

de rodearme con los brazos y besarme en el cuello. Prometió que estaba de

broma, pero dijo que, cuando tuviéramos hijos, quería tener un niño para

llamarlo como su padre. En aquel momento yo no estaba preparada para

hablar de matrimonio, pero la alegría de aquel día hizo que me riera y le

prometiera darle un niño lo antes posible. Él sonrió y le brillaron los ojos.

El corazón se me encogió al recordar aquel momento.

Brandon resopló y cerró los ojos; probablemente él también se acordaba

de aquel día.

—Eso es… es genial, Harper. Me alegro por ti.

Mi osito de gominola se dio la vuelta y me dio una dolorosa patada. Solté

un grito y me llevé la mano a la tripa. Hasta entonces nunca me había

dolido.

Brandon se bajó de la encimera y corrió hacia mí.

—¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?

Me reí y le quité importancia.

—Estoy bien. Acaba de darme una patada. Me ha dolido un poco y me ha

sorprendido.

—Pensaba que todavía no podían golpear con tanta fuerza.

Ladeé la cabeza y le sonreí. No entendía por qué Brandon sabía que aún

era pronto.

—Sí, bueno, la doctora dijo que no es frecuente que el bebé se mueva

tanto aún, pero dijo que, como está sano y es más grande de lo habitual, no

pasa nada. Y también es probable que nazca antes de tiempo. Pero, ¿cómo

lo sabías?

Sonrió avergonzado y agachó la cabeza; resultó extraño ver aquel gesto

en un hombre como él.

—He estado documentándome.

El corazón me dio un vuelco.

—¿Cómo sabías de cuánto estaba?

—Oí a Chase hablar con Brad sobre la fecha en que salías de cuentas —

se puso serio al mismo tiempo que mi osito de gominola comenzó a darme

patadas de nuevo.

—¡Lo está haciendo otra vez! —le agarré la mano a Brandon y la

coloqué sobre mi tripa.

No sé por qué lo hice, no era justo para él. Estaba maldiciéndome en

silencio por hacerle más daño aún, pero se le iluminó la cara y susurró que

notaba las patadas. Nos quedamos así un par de minutos, hasta que recordé

que Chase estaba esperándome y que tal vez podría pillarnos. No le

importaba que sus compañeros de piso o de trabajo me tocaran la tripa, pero

estoy segura de que le habría dado un ataque si hubiera visto a Brandon

hacerlo. Me aparté, pero seguí sonriéndole para no parecer maleducada.

—Eh, ¿por qué estás levantado tan temprano?

Brandon parpadeó, apartó la mirada de mi tripa y fue a recoger su taza.

—No podía dormir, así que me he ido a hacer surf.

—¿Había buenas olas?

—No estaban mal —se encogió de hombros—. ¿Y qué haces tú aquí tan

pronto? Creía que Chase se había ido anoche donde sus padres.

—No. Se quedó aquí. Me ha escrito hace un rato diciéndome que viniera.

Hablando de lo cual, probablemente deba ir a decirle que estoy aquí —

Brandon y yo no habíamos intercambiado más que algunas palabras desde

nuestra ruptura y sinceramente me habría encantado sentarme con él en el

sofá y hablar durante horas, porque había muchas cosas que quería decirle.

Brandon asintió y me dirigió una sonrisa rápida.

—Me alegro de verte, Harper.

—Yo también —me dirigí hacia la entrada del pasillo, me di la vuelta y

lo vi mirándome con expresión triste, la misma que ponía cada vez que nos habíamos visto en los últimos meses—. Nunca quise hacerte daño, espero

que lo sepas.

Corrí por el pasillo y giré el picaporte de la puerta de Chase. Estaba

cerrada, así que llamé y esperé unos segundos. Pegué la oreja a la hoja, pero

no oí ningún movimiento. Probablemente hubiera vuelto a quedarse

dormido, dado que yo había tardado en llegar. Suspiré, me di la vuelta y

regresé a la cocina, donde estaba Brandon fregando su taza. Se dio la vuelta

para marcharse y dio un respingo al verme.

—Pensé que ibas a…

—Su puerta está cerrada por dentro. Probablemente se habrá quedado

dormido.

—Ah —miró hacia el pasillo situado al otro lado del salón, que conducía

hacia su habitación, y después me miró de nuevo—. Puedo hacerte el

desayuno. No tengo nada que hacer hoy.

—No te preocupes, ya he desayunado. Creo que voy a…

Se abrió una puerta al final del pasillo y me quedé con la boca abierta al

ver a Trish salir solo con su ropa interior y la camiseta de los conciertos

favorita de Chase. Se frotó los ojos, se estiró y eso hizo que se le levantara

más aún la camiseta.

—¿Había alguien llamando a la puerta? —preguntó medio dormida.

Oh, Dios mío. Era imposible que acabara de salir de la habitación de

Chase. Miré a Brandon, que tenía la cara roja de ira mientras miraba hacia

el pasillo, después pasé frente a Trish y entré en la habitación de Chase, que

ahora tenía la puerta abierta. Chase estaba dormido en la cama, solo con sus

boxer y con un brazo estirado donde probablemente hubiera estado Trish.

Me quedé sin aire y tuve que agarrarme al marco de la puerta con una mano

y al picaporte con la otra para no caerme.

—Harper —susurró Brandon detrás de mí.

Me di la vuelta y empecé a llorar al verlo. Le había hecho daño, le había

engañado y le había destrozado a pesar de que él no había hecho otra cosa

que quererme. Y ahora estaba allí, viendo a mi novio, al padre de mi futuro

hijo, después de pasar la noche con otra mujer. Brandon podría haber

sonreído con suficiencia, haberme dicho que era el karma, que me lo

merecía. En su lugar me miró preocupado y después miró a Chase como si

quisiera matarlo. Me alejé por el pasillo y me detuve en seco al ver a Bree.

Estaba al otro lado del salón con Konrad. Parecía que se acababan de despertar y no entendían qué hacía Trish en la cocina. Bree se quedó con la

boca abierta al verme con Brandon detrás y abrió los ojos sorprendida al

volver a mirar hacia la cocina.

—¡Zorra! —gritó lazándose hacia Trish. Konrad la agarró de los brazos y

la aprisionó contra su pecho—. ¡Puta! ¡Va a tener un bebé!

Dejé escapar un sollozo de dolor cuando Trish me sonrió con suficiencia

y después a Breanna.

—Tengo que… tengo que irme —saqué las llaves del bolso y se me

cayeron. Antes de que pudiera agacharme a recogerlas, Brandon me las

devolvió y me llevó hacia la puerta de entrada.

Me acompañó hasta mi coche y abrió la puerta del copiloto.

—Entra, no pienso dejarte conducir así.

—¡Harper! —gritó Bree mientras corría desde la puerta—. Harper, ¿estás

bien?

—¿Por qué iba a estar bien? ¡Pensé que ibas a vigilarlos!

—Los vigilamos. Te juro que pensábamos que había vuelto a casa de

papá y mamá, así que nos fuimos a dormir.

Me tapé la cara y me recosté en el asiento.

—Dios, sabía que iba a pasar esto.

—Deja que te lleve a casa, Harper.

—No puedo, Bree. No puedo ir allí todavía. No puedo contarle esto a

mamá.

Ella me desabrochó el cinturón de seguridad y me abrazó mientras su

cuerpo temblaba por el llanto.

—No puedo creer que esté pasando esto, Harper. Lo siento mucho. Te

juro que estábamos vigilándolos. ¡Te lo juro!

—Te creo, no es culpa tuya —apoyé la cabeza en su hombro—. Siempre

supe que me abandonaría.

—Le voy a castrar por esto, Harper.

Tomé aliento y volví a recostarme en el asiento.

—Bree, para. Ha sido su decisión. Yo he sido una estúpida al pensar que

querría quedarse conmigo y criar al bebé —Bree quiso hablar, pero la

interrumpí—. ¿Puedes decírselo a mamá y a papá, por favor? No puedo

verlos aún y no creo que pueda decírselo.

—¿Dónde vas a ir? —preguntó ella.

—No lo sé. Iré a casa, pero todavía no. No quiero encontrarme con él

ahora mismo.

Bree miró con desconfianza a Brandon, que estaba sentado al volante.

Después me miró a mí otra vez.

—Llámame. No nos abandones solo porque él la haya fastidiado, por

favor. Todos te queremos, Harper.

—No lo haré, te lo prometo. Pero necesito unas horas para pensar. Te

veré esta noche. Te quiero, Bree.

—Yo también te quiero, amiga —me apretó la mano antes de cerrar la

puerta y volver junto a Konrad sin dejar de llorar.

—Conduce, Brandon, por favor. A cualquier lugar.

Puso el motor en marcha y giró para salir del vecindario. Me vibró el

teléfono antes de haber recorrido una manzana, era un mensaje de Chase.

Aunque sabía que no debía, abrí el mensaje y me llevé la mano a la boca

para amortiguar mi llanto.

—¡Harper!

—¡Sigue conduciendo!

Apagué el teléfono, lo lancé hacia la parte de atrás del coche y golpeó el

asiento trasero con fuerza. Cerrar los ojos no me ayudó, porque lo único que

veía eran esas malditas fotos, así que me obligué a abrirlos e intenté

concentrarme en las casas, los árboles, las farolas y los coches que veía. No

funcionaba. Solo veía a Chase y a Trish, él agarrándole un pecho desnudo,

con los ojos cerrados, sus labios besándose. En la otra foto aparecía

besándole el cuello, ella con la cabeza echada hacia atrás y la boca

entreabierta de placer. El antebrazo de Chase desaparecía por la parte

inferior de la foto, pero, a juzgar por la manera en que bajaba el brazo hacia

la mitad de su cuerpo, no me cabía duda de dónde tenía puesta la mano.

Una parte de mi cerebro captó la ironía de que Brandon estuviese

alejándome de la casa después de ver las fotos del teléfono de Chase, pero

aquello era diferente. Brandon no me había engañado, Amanda había

enviado las fotos para que nos separásemos. Chase aparecía y participaba

en las fotos que acababa de recibir y además nuestra relación estaba mucho

más adelantada, mientras que con Brandon llevaba solo una semana.

—¿Qué era? —preguntó él tras varios minutos conduciendo.

Me quedé mirando la carretera y después miré por la ventanilla. Dejé

pasar otro minuto antes de responder.

—Fotos de ellos. Juntos —sabía que Trish era la que había sacado las

fotos, dado que tenía el brazo estirado, y estaba segura de que era ella la que

las había enviado desde su teléfono, pero eso no cambiaba nada. Había

ocurrido de todos modos.

Brandon agarró el volante con fuerza hasta que los nudillos de su mano

derecha se le pusieron blancos. Se llevó la izquierda al pelo, la bajó por su

cara y se detuvo en la boca.

—Lo siento mucho, Harper.

Yo resoplé y giré la cabeza para mirarlo.

—¿Por qué? Me lo merezco. Es lo que yo te hice a ti.

—No es verdad —respondió él con severidad—. No te lo mereces en

absoluto —aparcó el coche y apagó el motor.

—¿Dónde estamos? —miré hacia el acantilado que daba al océano. Era

una vista preciosa y había bancos cerca del borde.

—Solía venir aquí con frecuencia después de enterarme de lo tuyo con

Chase. Lo siento, puedo llevarte a cualquier otra parte, es que no sabía

dónde ir.

—Me parece bien.

—Si quieres estar sola ahí fuera, te esperaré aquí. O, si quieres quedarte

aquí dentro, yo puedo salir.

—Voy a salir, pero no tienes que quedarte aquí, Brandon.

Me estrechó la mano con cariño.

—Estaré aquí y le diré a Bree dónde estás —cuando me quedé mirando

nuestras manos unidas, me soltó la mía y colocó las suyas en el volante.

Asentí, me desabroché el cinturón y me fui a uno de los bancos. Me

quedé allí sentada, gritando en silencio. Gritaba a Trish por ponerse

continuamente delante de mi novio y por haberlo estropeado todo. Gritaba a

Chase por hacerle eso a nuestro hijo, por romperme el corazón y por

abandonarme por otra mujer cuando había prometido que no lo haría. Y

sobre todo me gritaba a mí misma por hacer daño a Brandon y por ser tan

estúpida como para pensar que Chase y yo podríamos estar juntos durante

algún tiempo. Cuando remitió la rabia, volvió el dolor con toda su fuerza y

lloré y me agarré la tripa, y le prometí a nuestro hijo que me aseguraría de

que tuviera una vida perfecta. Me había preparado para una vida con mi

bebé, una vida en la que Chase no querría implicarse, pero los últimos dos

meses había sido tan convincente interpretando su papel de padre emocionado que ahora me dolía la idea de hacerlo sola. Pese a lo que decían

Claire y Bree, Chase era de su familia y sería su prioridad. Yo no sabía si

seguiría siendo bien recibida en esa casa y, durante unos segundos, me entró

el pánico al pensar en dónde me alojaría, pero sabía que, llegado el

momento, podría sacar mi dinero de la cuenta e irme donde fuera necesario.

Ya se me ocurriría, todo saldría bien. Estaríamos mi osito de gominola y yo.

Lloré hasta quedarme sin lágrimas y después me quedé ahí un poco más

intentando asimilar lo que había ocurrido y lo diferente que sería todo a

partir de entonces.

Brandon se sentó a mi lado y habló con ternura.

—Tengo que llevarte a comer algo.

¿Hablaba en serio? Lo último en lo que yo pensaba era en la comida.

—No tengo hambre.

—Me parece muy bien —dijo con un suspiro, y me giró la cara para que

lo mirase—, pero estás embarazada, Harper, así que tienes que comer algo.

—Ya te he dicho en casa que acababa de desayunar.

—Son casi las cinco —dijo con suavidad.

Miré al cielo y vi dónde estaba el sol. Tenía razón, llevábamos allí más de

ocho horas. Ahora que sabía cuánto tiempo había pasado, empezaba a

darme cuenta de que me dolía la espalda, se me había dormido el trasero y

me rugía el estómago. Intenté levantarme, pero me costó después de estar

en la misma posición durante tanto rato. Brandon me pasó un brazo por la

cintura, me incorporó y me ayudó a ir hasta el coche. Fuimos hasta Panera y

Brandon me condujo a una mesa situada en la parte de atrás y se quedó

sentado en silencio hasta que me hube terminado casi todo el sándwich.

—¿Quieres hablar de ello?

Desde que me adoptaran en su familia, Claire me había dicho docenas de

veces que tenía que empezar a compartir mis sentimientos. Decía que un día

explotaría de tanto guardármelos. Yo me había reído, pero también había

empezado a abrirme cada vez más y me sorprendió darme cuenta de que me

sentía mejor después de hacerlo.

—Eh, sí, creo —observé la expresión paciente de Brandon durante

algunos minutos para asegurarme de no derrumbarme en mitad del

restaurante. Esa debía de ser la razón por la que me había llevado a una

mesa de la parte de atrás—. Estoy enfadada. No solo por mí, sino por el

bebé. Una cosa es abandonarme a mí y otra abandonarlo a él. Incluso aunque dijera que quiere estar en su vida cuando nazca, a mí me

preocuparía que al final acabara haciéndole daño a él también. Quiero que

tenga dos padres que se quieran y que lo quieran. Tú entiendes eso mejor

que nadie.

Brandon simplemente asintió.

—Estoy triste porque haya hecho esto, pero no sé por qué lo estoy. Desde

el principio supe que Chase no era alguien con quien tener una relación, y

entonces después de ese estúpido fin de semana con él, empecé a rechazarlo

porque sabía que algún día me abandonaría. Desde el día en que lo conocí,

nos rechazábamos y él me ignoraba durante largos periodos de tiempo. Su

familia me dijo que era porque yo estaba contigo, porque no podía soportar

vernos juntos. Pero no lo supe hasta que tú y yo rompimos, e incluso

entonces no estaba segura de creérmelo —sabía que no debía decirle lo

siguiente, pero era como si no pudiese dejar de hablar ahora que había

empezado. Llevaba tiempo queriendo hablar con Brandon de todo y, al

parecer, iba a hacerlo en aquel momento—. Me arrepentí de aquel fin de

semana al instante. No podía creer lo que te había hecho. Estaba muy

enamorada de ti —me atraganté ligeramente y tuve que aclararme la

garganta antes de tomar aliento para continuar—. Y, por alguna estúpida

razón, también estaba enamorada de él. Siempre lo había estado, y no lo

soportaba. Quería sacármelo de la cabeza, del corazón y de mi vida. Tú eras

lo único que deseaba. Pero la fastidié, me rendí, corrí el riesgo con él

aunque sabía que al final nos haría daño a los dos. Cuando volviste de

Arizona, prometí que nunca volvería a hacer nada en tu contra, que te

amaría e intentaría ser digna de tu amor. Por desgracia, como bien dijiste tú,

no podía dejar de pensar en él. Estaba volviéndome loca, pensando en ti y

en nuestro futuro, pensando en lo poco que soportaba a Chase, y también lo

mucho que lo amaba a pesar del odio que sentía. Daba vueltas en círculos,

pero sabía lo que deseaba, y era una vida contigo. Acababa de empezar a

darme cuenta de que nunca me olvidaría de él hasta que le hubiera puesto

fin, pero una parte de mí temía lo que ocurriría cuando volviera a verlo.

Brandon permanecía callado, pero sus ojos brillaban con las lágrimas que

intentaba contener.

—Entonces descubrí que estaba embarazada y supe que era mi castigo

por lo que te había hecho. Como si el universo no quisiera que quedase

impune sin pagar por ello. Tenía que contártelo de inmediato. No soportaba la idea de ocultarte lo de ese fin de semana y no iba a poder ocultarte

también aquello. Te merecías saberlo antes que él, te merecías oírlo de mi

boca en vez de ver las evidencias y sacar tus conclusiones. Y te merecías

tener un poco de tiempo para intentar seguir con tu vida antes de que se lo

contara a Chase y tuvieras que vernos juntos.

—El tiempo no cambió nada, Harper —hizo una pausa antes de continuar

—. Pero llevo tiempo dándole vueltas a algo y, ahora que te he escuchado,

me siento más confuso que nunca. No tienes que responder si no quieres.

—Te debo una explicación.

Se pasó las manos por la cara, después envolvió un puño con la otra y

apoyó la frente en ellas.

—Entiendo que quieres a Chase y que, cuando estábamos juntos, nos

querías a los dos, pero no querías dar el siguiente paso. A mí no me

importaba esperar todo el tiempo que fuera necesario, pensaba que no

estabas preparada, y entonces de repente estás embarazada de Chase. ¿Por

qué con él sí y conmigo no? Y después, tampoco querías hacerlo conmigo,

pero dices que deseabas tener una vida conmigo, no con él. No lo

comprendo.

Aquello iba a dolerle.

—No estaba preparada, y entonces esa noche ocurrió lo de Chase y todo

encajó. Recuerdo que pensé que aquella era precisamente la razón por la

que nunca había podido dar el siguiente paso contigo —Brandon se

estremeció y apretó los labios—. ¡Lo siento, Brandon! Lo siento mucho.

Pararé. Solo intento ser completamente sincera contigo.

—No. Sigue. Necesito saberlo —me vio mientras observaba su cara,

mientras intentaba averiguar si debía continuar o no—. Harper, por favor,

no te guardes nada.

Tomé aliento y continué donde lo había dejado.

—Bueno, cuando regresaste, no me sentía capaz de acostarme contigo.

Ya sabía que era contigo con quien deseaba estar, pero no paraba de

repetirme que no podía hacerle eso a Chase, y temía que, si me acostaba

contigo, sería para aliviar mi conciencia. Nada de eso era cierto. Gran parte

de la razón por la que no podía tener sexo contigo después de haber estado

con Chase era que tú seguías teniendo la impresión de que era virgen, y

habías sido muy paciente conmigo. Entonces esa noche sentí que estaba

preparada, pero llamó el espantapájaros y después te hirieron durante el combate. Por eso estaba tan frustrada al regresar. Al fin había decidido que

estaba preparada y aun así no pude hacerlo. Lo interpreté como una señal de

que debía esperar. Pensé entonces que, a no ser que supieras la verdad, no

podría decirte que estaba preparada. Y obviamente no tenía ni idea de cómo

decírtelo, ni de si podía decírtelo. Y de pronto eso ya no importaba. Tenía

que contarte lo ocurrido y sabía que te destrozaría.

—Así fue.

—Ojalá supieras lo mucho que lo siento.

—¿Por qué me cuentas esto ahora, Harper? ¿Es por lo que te ha hecho

Chase?

El estómago me dio un vuelco al pensar en Chase con Trish.

—No. Llevo mucho tiempo queriendo hablar contigo. Pero no sabía

cómo, y tampoco sabía si tú me darías la oportunidad de haberlo intentado.

Sinceramente, creo que Chase se aseguró de que no coincidiéramos.

—¿Por qué? Ya me habías dejado por él. Vais a tener un bebé.

Me encogí de hombros. Brandon sabía por qué, no hacía falta que se lo

dijera.

—¿Has estado saliendo con alguien?

—No —resopló, negó con la cabeza y miró hacia las otras mesas antes de

volver a mirarme—. No sé cómo no te diste cuenta, pero estaba locamente

enamorado de ti, Harper.

—Sí que me di cuenta —respondí.

—Nunca he querido a nadie de ese modo. Sé que era pronto, pero sabía

que me casaría contigo algún día. He salido con muchas chicas, he

mantenido relaciones largas con algunas, pero ninguna era comparable a ti.

Eso no es algo que se supere fácilmente, por mucho que lo desees —tomó

aliento, agachó la cabeza y se quedó callado durante un rato—. Sigo sin

poder imaginarme mi vida con alguien que no seas tú. Sigo queriéndote,

Harper, con bebé incluido.

¿Por qué me decía esas cosas? Habría sido difícil mantener esa

conversación en cualquier momento, pero ahora, después de lo ocurrido con

Chase, era peligroso. Si no paraba, me lanzaría a sus brazos en cuestión de

minutos. No podía ceder al síndrome del caballero con la armadura, aunque

una relación con él nunca sería así. Quería a Brandon. Pero le hice daño

para estar con Chase y ahora Chase me había hecho daño a mí. No podía

volver con Brandon porque Chase me hubiera rechazado. Sería como una pelota de ping pong, rebotando de un lado a otro hacia quien me resultara

más conveniente en cada momento.

—Yo también te quiero. Algún día espero casarme con alguien tan

asombroso como tú. Harás muy feliz a alguien, Brandon, y estoy segura de

que yo la odiaré por tenerte —le dirigí una sonrisa—. El motivo para

mudarme a San Diego fue escapar de mi antigua vida y descubrir quién soy.

Pero no me di la oportunidad de hacerlo porque te conocí nada más llegar y

me enamoré de ti al instante. Temía que mis sentimientos hacia ti fueran tan

fuertes porque fuiste mi primer beso, mi primer novio, mi primer amor…

pero ambos sabemos que no es así. Lo que tuvimos fue especial. Yo la

fastidié y casi de inmediato empecé a salir con Chase. Necesito descubrir

quién soy al margen de una relación antes de intentar mantener otra. Y tú

necesitas encontrar a alguien que te trate mejor que yo. Tienes que seguir

con tu vida, Brandon.

Me levanté de la mesa y me eché el bolso al hombro. Brandon se puso en

pie también y me dio un largo abrazo. Intenté memorizar el roce de sus

brazos a mi alrededor, su torso definido moviéndose contra mi cabeza cada

vez que respiraba.

—Para empezar, tengo que dejar de huir de todo y de todos. ¿Puedes por

favor llevarme a casa? Tengo que hablar con Claire y Robert y enfrentarme

a Chase, si es que está allí.

Brandon me soltó con una sonrisa triste y me condujo hasta la calle.

Salvo por una breve llamada para preguntarle a Konrad si podría recogerlo

después de dejarme a mí en casa, el trayecto lo realizamos en silencio. No

fue del todo incómodo. Ambos estábamos demasiado absortos en nuestros

pensamientos como para intentar hablar. Tras aparcar y bajar del coche,

Brandon rebuscó en la parte de atrás hasta dar con mi teléfono y

devolvérmelo. Nos quedamos callados durante unos segundos, mirando con

odio la camioneta de Chase antes de dirigirnos hacia la puerta de entrada.

—¿Me prometes una cosa, Harper?

—Depende de lo que sea —respondí con sinceridad.

Vi su sonrisa sexy durante un segundo antes de que se pusiera serio.

—Si superáis esto, por favor, no vuelvas con él solo porque sea el padre

del bebé.

Lo miré fijamente a los ojos y esperé que viera la verdad de mi respuesta.

—Te lo prometo.

—Esperaré a Konrad aquí fuera. No creo que sea buena idea que vea a

Chase ahora mismo.

—Gracias por todo, Brandon. Te veré más tarde —le di un abrazo y dejé

que me rodeara la cara con las manos durante unos segundos antes de

caminar hacia la puerta.

—¡Harper! —oí el tono de preocupación de Bree antes de verla doblar la

esquina y abrazarme con cuidado de no tocarme la tripa—. Estaba muy

preocupada por ti.

—¿No habías hablado con Brandon?

—Sí, pero no es lo mismo —se apartó y vi su cara humedecida por las

lágrimas.

—Lo siento, Bree, pero necesitaba tiempo para estar sola.

—Lo comprendo.

Apareció Konrad por detrás de ella, le dio un beso en la mejilla y después

me abrazó y me besó la coronilla.

—¿Brandon está fuera? —asentí—. Entonces le llevaré a casa. Siento

que haya pasado esto, niña.

Yo me reí.

—¿Sabes? Dado que voy a tener un bebé, no creo que puedas seguir

llamándome niña. Además, solo eres dos meses mayor que yo.

Bree y Konrad pusieron los ojos en blanco ante mi intento fallido por

aliviar la tensión del momento. Se besaron y ella me estrechó las manos

mientras él salía por la puerta.

—¿Estás lista o necesitas más tiempo? Él no te molestará si es así.

—No. Tengo que hacer esto.

Entramos en el salón y estuve a punto de salir corriendo al ver a Chase

sentado en el sofá. Levantó la cabeza al oírnos entrar y empezó a levantarse,

pero Robert le detuvo. Tenía los ojos rojos e hinchados y las mejillas

todavía húmedas. Robert intentó sonreír, pero le salió una mueca, y Claire

parecía destrozada. Me rodeó con sus brazos y comenzó a llorar. Pasado un

minuto, después de reflexionar sobre el miedo de Bree a que no regresara,

me di cuenta de por qué los demás estaban disgustados también. Claire y

Robert pensaban que me marcharía y me llevaría a su nieto conmigo.

Le apreté la cintura y le susurré al oído:

—No pienso quitarte a tu nieto, mamá, te lo prometo.

—Oh, cielo, me alegro mucho, pero no es eso lo que me preocupa. Sufro

por ti, te quiero como si fueras mi hija —me dio un beso en la mejilla y

después salió del salón junto a su marido y su hija. Chase y yo nos

quedamos solos.

—Cariño…

—No me llames así —murmuré entre dientes.

—Harper, por favor, la he fastidiado —dejó escapar un sollozo y las

lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas—. No me acuerdo de nada.

Tienes que creerme. Nunca te haría algo así.

—¿Por qué con ella, Chase? ¡La única persona a la que odio! ¿Cómo has

podido hacerme esto? ¿Cómo has podido hacérselo a nuestro bebé? —me

dejé caer en una silla cercana sin dejar de mirarlo a los ojos.

—No lo he hecho. Quiero decir que no lo sé. ¡No me acuerdo de nada!

Estaba en la fiesta y lo siguiente que recuerdo es despertarme con Bree y

con Konrad gritándome y con Trish en mi cama. Pero te juro que no la

toqué. Jamás tocaría a nadie. ¡Te quiero!

Así que la muy zorra había vuelto a meterse en su cama después de que

los demás nos fuéramos. Cuánta clase.

—¿De verdad esperas que me lo crea? Sabes lo que pienso de ella,

Chase, ¿y aun así la invitas a una fiesta en la que yo no voy a estar? Todos

pensaban que habías vuelto anoche a casa, y de pronto ella sale de tu

habitación esta mañana llevando tu camiseta. ¡Y tú estabas prácticamente

desnudo en la cama!

—Yo no la invité. Ella volvió a invitarme a ir a su casa y le dije que no

con la excusa de la fiesta. No sabía que iba a presentarse allí.

—¿Por qué tenías que usar la fiesta como excusa? ¿Por qué yo no puedo

ser excusa suficiente? Deberías haberle dicho hace tiempo que tenía que

parar, que estabas en una relación, que ibas a ser padre y que no estaba bien

que flirteara contigo. En su lugar, permitiste que siguiera flirteando contigo

e invitándote a su casa en mitad de la noche. Cuando yo estaba delante no

se separaba de ti, ¿y esperas que me crea que no te has acostado con ella

cuando no estaba delante?

—¡Pensaba que era lesbiana! ¡Pero nunca me acostaría con ella, cariño,

tienes que creerme!

—¿Sigues con eso? Por eso precisamente no te creo. Ni siquiera puedes

decirme la verdad cuando sabes que he visto las fotos.

—¿Qué fotos? —preguntó él, desconcertado. Al ver que yo no respondía,

se levantó del sofá y habló con tanta fuerza que estuve a punto de taparme

los oídos—. ¡¿Qué fotos, Harper?!

—Vamos, Chase. Fueron hechas con tu teléfono y enviadas desde él.

Se sacó el teléfono del bolsillo y lo examinó durante unos segundos.

—Yo no veo nada —murmuró.

Encendí el mío y esperé a que dejase de vibrar con las docenas de

mensajes que había recibido de Chase, de Bree y de Claire. Cuando

terminó, abrí los mensajes de Chase e ignoré todos los que me había

enviado desde esa mañana hasta llegar a las fotos. Le mostré el teléfono y

esperé a que se acercara a recogerlo. Lo agarró con una mano temblorosa y,

pasados unos segundos que parecieron eternos, se quedó con la boca

abierta.

—Dios, no. No, no puede ser —le fallaron las piernas y cayó al suelo con

fuerza.

—Bueno, evidentemente sí que puede ser —dije con voz temblorosa,

pero mantuve la calma.

—No lo recuerdo. ¡Yo jamás te haría una cosa así! ¡Sabes que te quiero!

—A lo mejor estabas muy borracho.

—¡Anoche no bebí, te lo juro! ¡Pregúntale a Bree!

—Chase —dije en voz baja, casi un susurro—, deja de mentirme.

—¡No te estoy mintiendo! —se acercó a mí y colocó las manos en mis

muslos—. ¡Por favor, créeme!

Aparté sus manos y tomé aliento.

—Chase, si quieres formar parte de la vida del bebé, me parece bien.

Pero no puedo seguir con esta relación. Además, ambos sabemos que estaba

condenada desde el principio.

—¡No es verdad!

—No confío en ti, Chase. Y menos después de esto.

—Harper, no podemos romper —me agarró las manos y noté que todo su

cuerpo temblaba—. ¡Iba a pedirte matrimonio después de la graduación de

mañana!

Me estremecí con la idea de que me pidiera matrimonio mientras me

engañaba con otra.

—Tenemos que hacerlo —continué—. Obviamente quieres volver a tu

antigua vida y yo no puedo estar preocupándome por lo que haces cada vez que no esté contigo.

—¡No quiero volver a mi antigua vida! ¡No quiero nada sin ti! Tú lo eres

todo para mí, Harper. El bebé y tú lo sois todo —dejó caer la cabeza sobre

mi regazo mientras los sollozos invadían su cuerpo.

Me quedé allí sentada en silencio, pasándole los dedos por el pelo hasta

que se calmó y volvió a mirarme a la cara.

—Quizá más adelante, cuando hayas tenido tiempo de pensar lo que

realmente deseas, podamos volver a intentarlo.

—Princesa, por favor, no hagas esto. No puedo perderte.

—No tienes por qué —susurré—. Podemos seguir siendo amigos, puedes

venir a todas las citas con el médico y seguiré viviendo en esta casa si es lo

que quieres. Pero me has roto el corazón por lo que probablemente solo sea

una noche con Trish. Por esa razón no puedo ser tuya ahora mismo. No

puedo ser la novia ingenua que espera en casa con un bebé mientras tú estás

por ahí con otras mujeres.

—No será así. Solo te deseo a ti.

Me quedé allí sentada, concentrada en tomar aire y expulsarlo.

—Tardaré tiempo en volver a creerte, Chase, pero estoy dispuesta a darte

la oportunidad de ganarte mi confianza. Pero tendremos que empezar

siendo amigos.

—¡No quiero ser tu amigo, Harper!

—Es eso o nada, Chase —intenté mantener la compostura por el bien de

los dos.

—Cariño, lo siento mucho. Te prometo que nunca te haría algo así. No

me acuerdo de nada.

—Ya te he dicho que te daré una oportunidad si la quieres. Pero necesito

unos días antes de poder intentar que seamos amigos. Me has hecho daño,

Chase. Siento como si hubieras confirmado todos los miedos que tenía

sobre mantener una relación contigo. Y todavía no sé cómo enfrentarme a

ello.

Me dio un beso y me rodeó la cara con las manos.

—Averiguaré todo lo que ha pasado. Te quiero, Harper, más de lo que

puedas imaginar —volvió a besarme en los labios y yo permití que lo

hiciera durante unos segundos. No podía evitarlo, no sabía cuándo

volveríamos a compartir algo así, si acaso volvíamos a hacerlo.

Sonó su teléfono y nos devolvió a la realidad. Fue a ignorar la llamada,

pero entonces se fijó en la pantalla y respondió.

—¡¿Qué diablos me has hecho?! ¿Tienes idea de lo que has hecho? —se

dirigió hacia la cocina, rojo de ira—. ¡No! ¡Me has arruinado la vida! ¿Te

das cuenta? ¡No te disculpes conmigo, joder! Harper es la única con la que

deberías disculparte. Pero, si vuelves a ponerte en contacto con ella, o

conmigo, ¡haré que el resto de tu vida sea un infierno! —colgó, lanzó el

iPhone contra la pared y los pedazos de la carcasa salieron disparados hacia

mí—. ¡Dios, Harper, lo siento!

Me encogí en la silla cuando se acercó a mí. Parecía dispuesto a matar a

alguien. Cuando vio mis movimientos, se tranquilizó.

—Tengo que irme antes de fastidiarla más —me acarició la mandíbula

con los nudillos—. Siento mucho todo. No me cansaré de decirlo. Lo siento

mucho, Harper. Por favor, no rompas conmigo. Volveré a ganarme tu

confianza, pero no hagas esto.

—No nos lo pongas más difícil. Ya sabes cómo me siento. Vamos a

esperar unos días y veremos si podemos volver a empezar como amigos. Da

igual lo que nos ocurra a nosotros, Chase, quiero que formes parte de la

vida del bebé.

—Te quiero, princesa —me dio un beso mientras las lágrimas brotaban

de sus ojos y después salió por la puerta.

 

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