El Arquitecto

Antonio Cavanillas de Blas · Apéndice

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El Arquitecto

Glosario

Aulos: flauta de pico.

Babouni: salmonete.

Cella: pieza principal del templo, donde se halla el ídolo. Clámide: manto de piel o lana basta para uso masculino. Crátera: especie de jarra con asa para vino o agua. Diácodo: gobernador o alcalde.

Dombac: tambor o bombo de origen persa. Estadio: medida griega de longitud equivalente a 180 metros. Estatera: valiosa moneda griega de plata u oro. Exómidas: túnica que dejaba un hombro al descubierto, de uso para ambos sexos. Fíbula: especie de imperdible para sujetar las partes abiertas de la túnica. Himacio: manto habitual heleno, holgado rectángulo de lana o lino liado al cuerpo sin nada que lo sujetase.

Kohl: mezcla de pigmentos utilizados para embellecer preferentemente las cejas, muy utilizado desde la más remota antigüedad en Arabia y Egipto. Kyphy: incienso egipcio ceremonial al que añadían resina de cáñamo para agilizar la mente, alargar la vida y potenciar el deseo sexual. Kykeón: bebida popular, mezcla de agua y sémola de cebada aromatizada con menta o tomillo. Añadiéndole harina colonizada por cornezuelo de centeno, de efectos psicoactivos, se trasformaba en kykeón sacro. Kouro: muchacho.

Óbolo: moneda de cobre griega y también medida de peso. Ockes: peso equivalente a un kilo y cuarto. Kadah: medida egipcia de capacidad para líquidos, equivalente a dos litros. Krótala: castañuelas metálicas que se agitan con los dedos. Parasanga: medida egipcia de longitud equivalente a treinta estadios griegos. Peplo: especie de chal de lana fina para cubrir los hombros, normalmente sujeto con fíbula.

Peristilo: galería techada o soportalada que rodea el templo griego. Psiloritis: máxima altura de la isla de Creta, de 2456 metros de altitud, nevada en los inviernos y con neveros veraniegos en algunas grietas orientadas al norte. Siringa: flauta dulce o de pico, de origen macedonio.

 

El calendario griego

El año griego clásico se iniciaba en el estío, cuando culminaban la siega y la vendimia. El primer mes era pyanopsion, nuestro octubre, pródigo en días festivos. Los demás meses, con su significación, eran los siguientes: Maimakterion (noviembre), carente de fiestas notables. Poseidón (diciembre), propicio a fiestas femeninas, con danzas y cantos que evocan a la diosa de la fertilidad.

Gamelion (enero), mes de carácter nupcial al conmemorar el matrimonio de Hera y Zeus.

Anthesterion (febrero), buen momento para beber el vino, ya reposado, de la anterior vendimia.

Elaphebolion (marzo), mes de las fiestas populares llamadas Grandes Dionisiacas. Munychion (abril), propenso a fiestas délficas en honor de Apolo, las cuales marcaban el inicio de las expediciones marítimas. Thargelion (mayo), mes de ofrendas y purificación de los templos. Sgirophorion (junio), especie de paréntesis laboral entre fiestas. Hecatombeon (julio), toma su nombre de la hecatombe ritual de cien cabezas de ganado bovino que servían para reanudar las fiestas, entre ellas las panateneas, célebres por los certámenes de música, atletismo, pugilismo, equitación y carreras de antorchas, celebraciones que culminaban con una procesión al templo de Atenea Parténope en la acrópolis. El sacrificio de las cien vacas no era en honor de ningún dios, al contrario de las que ofrecían a Yahvé los hebreos, sino por y para el pueblo, que consumía la carne en decenas de parrillas humeantes en el ágora.

Como vemos, los helenos disfrutaban de una larga relación de días festivos. Las fiestas no se institucionalizaron con el fin del simple descanso, necesario para el obrero y las bestias de carga, sino para dar sentido a la vida, promover la alegría y allegar felicidad y convivencia ciudadana, todo en un marco ético y estético que los griegos clásicos, fundadores de la democracia, denominaron «lo bello y lo bueno».

 

La semana griega

Los siete días de la septimana helena clásica, como es bien conocido, llevaban nombres de astros y estaban dedicados cada uno al dios correspondiente: Lunes, día de la Luna presidido por Selena, la diosa habitante de nuestro satélite. Martes, en honor de Marte, dios de la guerra, y del dios Ares. Miércoles, fecha dedicada a Mercurio y a su deidad, Hermes, patrono de los comerciantes.

Jueves, por el planeta Júpiter, un día señoreado por Zeus, el mayor de los dioses. Viernes, día femenino y enigmático como todo lo que huele a mujer, bendecido por la diosa Afrodita-Venus, diosa del amor, nacida y fecundada por el roce de la espuma del mar de Chipre y los genitales del Cielo-Urano. Sábado, el shabbāt hebreo, cuando Yahvé descansa tras fabricar el mundo, ofrecido por los griegos a Saturno-Urano, day of Saturn para los angloparlantes. Y por fin el domingo, dominus, el día del Señor de los cristianos, fecha de la Resurrección de Cristo; para los helenos, día del sol.

 

La jornada griega

El día heleno se dividía en doce horas. La hora prima coincidía con el amanecer. Seguían las demás: secunda, tertia, sexta, nona, etcétera, hasta la duodécima. La noche comprendía cuatro vigilias: prima, secunda, tertia y quarta. La duración de las vigilias variaba, pues se vinculaban al orto y al ocaso.

Las Palmas, enero de 2007