El Evangelio del mal

Patrick Graham · Capítulo 39 de 179

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El Evangelio del mal

Capítulo 40

Bannerman se ha puesto a correr. Busca una señal del paso de Marie; no la encuentra. Sin aliento, grita a través de la radio:

–¡Mierda, Marie, es una trampa! ¿Me oyes? ¡Estoy seguro de que es una maldita trampa!

Pero ella ya no lo oye. La vieja colgadura polvorienta se ha cerrado a su espalda.

Capítulo 40

Marie baja los peldaños con cuidado para no resbalar. A su alrededor, el aire, inmóvil, tan denso que tiene la impresión de respirar a través de una bolsa de plástico, está saturado a causa del hedor de la carne muerta. Hace calor. Unas gotas de agua repiquetean en el silencio.

Marie oye en la oscuridad cosas que se mueven, se reúnen y se acercan.

Sus dedos rozan las paredes. Se estremece al tocar unas telarañas. Cierra los ojos y tararea una cancioncilla para no ceder al pánico. Un ruido encima de ella, un frufrú. El rascar de innumerables patitas articuladas que corren por el techo. Levanta la cabeza en el momento en que una cosa velluda aterriza sobre su cara y se agarra a ella. Unas patas duras y sedosas se agitan sobre sus labios, le arañan la mejilla. Marie reprime un grito y da un manotazo al bicho, que se suelta. Luego apoya la punta del pie en el peldaño siguiente y nota que la suela se hunde en algo blando. La cosa se retuerce bajo su pie antes de reventar como un fruto maduro. A Marie se le hiela la sangre. Algo hormiguea en el techo y bajo sus pies: cuerpos blandos y pegajosos que tratan de agarrarse a su pelo, patitas duras que corren por las paredes para morderle las manos. Un nido de tarántulas. Avanza sobre las arañas que pululan por los peldaños y profiere gemidos de terror agitando los brazos para quitarse de encima las que se agarran a sus muñecas. Devoradoras de cadáveres. Sobre todo, no caer.

A medida que baja, el olor de cadáver en descomposición se intensifica.

Las paredes parecen moverse bajo sus dedos mientras puñados de parásitos se acumulan en sus mangas. Ha llegado a las entrañas de la Tierra. La Tierra que devora a los hombres. Tiene la impresión de que lleva horas allí, ni siquiera sabe ya si sube o si baja. Pero ¿cómo puede alguien perderse en una escalera?

Bajo sus pies, el suelo se vuelve plano. Marie acaba de llegar a una especie de galería subterránea. El pavimento es liso y está embaldosado.