El juego de las horas
Capítulo 97
hacerlo con la lancha? A medida que la FasTech se le venía encima, King casi notaba que las grandes hélices lo hacían papilla y teñían el lago de rojo.
En el último instante la lancha viró y pasó junto a él.
–¡Gracias por preguntar por mi hermano! – le gritó Eddie-. ¡Eso te ha salvado la vida! ¡Que la disfrutes!
La lancha se alejó rugiendo, se convirtió rápidamente en una manchita y desapareció en la oscuridad.
–¡Sylvia, Sylvia! – gritó King, en vano.
Se volvió, miró alrededor y finalmente se dio cuenta de por qué le resultaba familiar aquel lugar. El muelle que veía era su propio muelle. ¡Estaban en su cala! Y allí estaba su lancha, en la rampa. Sin embargo, la FasTech ya había desaparecido. No les alcanzaría a tiempo.
Entonces comprendió lo que Eddie le había dicho. «El punto de partida. Vuelve al punto de partida», pensó.
Nadó hacia el muelle con todas sus fuerzas.
97
Michelle surcaba la oscuridad en el Sea Ray en dirección a la casa de Sylvia cuando Williams se le acercó.
–La conexión del móvil se ha perdido -dijo.
–Seguramente es por la tormenta. – Michelle observó el cielo-. No veo ningún helicóptero.
–Joder, Michelle, ¿con este tiempo? ¿Qué esperabas? No se puede arriesgar la vida de varias personas así como así.
–¿Por qué demonios no? ¡Me pasé nueve años haciendo eso en el servicio secreto!
–Hacemos lo que podemos…
–¿Qué es eso? – preguntó ella de repente.
–¿Qué es qué?
–¡Es el teléfono! – gritó Michelle-. ¿Dónde está mi móvil?
–Atrás, en el asiento.
–Coge el timón.
Corrió hacia el teléfono y pulsó el botón de respuesta. El corazón le dio un brinco al escuchar su voz.
–Michelle, ¿has podido oír algo por el móvil?
–Sí, Todd y yo estamos en una embarcación yendo hacia casa de Sylvia ahora mismo. Hemos llamado a todo el mundo.
–Eddie tiene a Sylvia. Va hacia la cala cerca de donde se encontró la primera víctima. ¿Sabes dónde está?
–Sí.
–Ahora mismo voy para allá en mi lancha.
Michelle corrió hacia el puente de mando con el móvil presionado contra el oído, agarró el timón y viró con tal brusquedad que la embarcación escoró bruscamente.
Williams volvió a caerse.
–Estoy de camino. Diez minutos. Enviaremos a todos allí.
Ah, ¿Sean?
–¿sí?
–Gracias por seguir vivo.
Eddie apuntó la proa hacia el círculo de arcilla roja que sobresalía de la cala en que estaba, apagó los motores y dejó que la FasTech se deslizara hasta allí. Abrió la puerta de la cabina.
–Muy bien, doctora, en marcha.
El chorro de espuma le dio de lleno en la cara. Se tambaleó hacia atrás y recibió el golpe del extintor en la cabeza. Cegado, se llevó las manos a la cara y se dejó caer de rodillas.
Notó que Sylvia pasaba junto a él y extendió el brazo para que tropezara.
–¡Quítame las manos de encima, cabronazo! – gritó ella.
Eddie se limpió la cara con la mano, pero los ojos le seguían escociendo. Sujetó a Sylvia por la nuca, la levantó en vilo y la arrojó a la dura orilla de arcilla, donde cayó con un ruido sordo y se quedó inmóvil.
Abrió un compartimiento y sacó un hacha de mango corto, saltó por encima de la proa y cayó de pie en el agua.
Se inclinó y hundió la cabeza para limpiarse la porquería que Sylvia le había lanzado. Se irguió, observó el lago y los
rayos y truenos bramando a lo lejos. Respiró hondo, se volvió y se acercó a Sylvia.
–Levántate.
Ella no respondió.
–He dicho que te levantes. – Le propinó una patada en las costillas para que quedase claro.
–Creo que me he roto un brazo -lloriqueó Sylvia.
–¿Cuál de los dos? – El izquierdo.
Eddie la cogió por ese brazo y la levantó mientras ella chillaba de dolor.
–Joder, me estás matando, ¡cabronazo!
–Exacto, eso hago. – La arrastró hacia el bosque.
La lancha de King volaba sobre el agua. Miró hacia atrás y vio unas luces que titilaban a unos quinientos metros.
Marcó un número en el móvil, que milagrosamente había sobrevivido al chapuzón.
–¿Eres tú quien me sigue? – preguntó.
–Y me acerco a toda velocidad -respondió Michelle.
King aminoró mientras maniobraba por la estrecha ensenada. En cuanto vio la FasTech varada, apagó las luces.
–Bien -dijo por el móvil-, parece que no están en la lancha.
La embarcación de Michelle apareció en la entrada de la ensenada. Apagó los motores y las luces y se deslizó por las aguas poco profundas hasta alcanzar la lancha de King.
–¿Vas armado? – le preguntó.
King le enseñó la pistola.
–Pasé por la casa flotante antes de venir.
Michelle y Todd cogieron linternas del camarote del Sea Ray. Los tres desembarcaron y vadearon hacia la orilla, apuntando con las pistolas a la FasTech por si acaso era una encerrona.
Cubriéndose mutuamente, registraron la lancha y no encontraron nada salvo el extintor usado.
Avanzaron por la orilla hasta el bosque.