Elysian

Sara C · Capítulo 1 de 10 · parte 1/4

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Elysian

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Este capítulo es largo, así que está dividido en 4 partes.

CAPÍTULO 1: VÓMITO DE HADA

Aquel sería el último día de lo que me quedaba de inocencia. 694

Era una mañana calurosa, de esas que pocos recuerdan, pero de la que todos hablan. El sudor cubría mi frente y la lengua se me pegaba al paladar de lo seca que estaba. Necesitaba un vaso de agua con urgencia, pero más me importaba ser seleccionada en la audición. 81

Corría escaleras arriba jadeando con la boca entreabierta, con el bajo en la mano izquierda y el recorte de periódico en la derecha. Había ojeado aquel papel tantas veces que podría recitar la información de memoria, pero mi inseguridad me obligaba a revisarlo una vez más. 232

<< ¡Gran Audición!

Reconocido grupo de música está a la caza de un nuevo talento. 87

¿Eres bajista? ¿Crees tener lo que necesitamos? 160

Elysian te espera. 114

Búscanos en la Avenida Marshal, número 27. Planta 7, puerta 2. 120

Horario: De 09:00 a 12:00. 59

No dejes pasar esta oportunidad, tal vez seas la nueva estrella. >> 98

Elysian. Me preguntaba qué tipo de música harían y, sobre todo, si podría encajar en el grupo. 267

Cualquier duda que pudiese albergar se disipó en cuanto releí aquella última frase. Había nacido para brillar, para pisar fuerte en los escenarios de todo el mundo, y esta podría ser mi oportunidad. 185

Continué ascendiendo hasta llegar a la séptima planta sin aliento, rezando para que la puerta número dos no estuviese muy lejos. Por fortuna, el bullicio que emergía de una de ellas me ayudó a localizarla con facilidad. 9

—¡Eres un monstruo! —gritaba una voz entrecortada. 379

Al momento, una chica salía de la habitación, ocultando el rostro detrás de las manos y gimoteando palabras ininteligibles. 88

Me detuve en mi camino por un instante en el que consideré consolarla, pero el deber me llamaba. 76

—¡Siguiente! 72

La potente voz me sobresaltó. Di un respingo en mi lugar y eché a correr al interior de la estancia, algo más nerviosa que antes. 149

Era una habitación pequeña, con unas paredes blanquecinas que reflejaban la luz solar que se colaba por los grandes ventanales. El suelo estaba ocupado en su mayoría por el cableado del sistema de sonido, y en el fondo de la sala había tres figuras masculinas de espaldas que ignoraban mi llegada. 271

Ser invisible tenía sus ventajas, y una de ellas era poder mirar a la gente sin reparos. Los tres chicos lucían desaliñados, con ropa negra ceñida y tatuajes que decoraban sus pieles. Eran esa clase de personas que me harían cambiarme de acera si me los encontraba por la noche. 510

Una vez que conseguí apaciguar mis nervios, carraspeé, haciéndome notar, y los tres se giraron prácticamente a la vez. Las reacciones que desencadené fueron diferentes en cada uno de ellos. 241

El rubio platino me miraba con una sonrisa divertida. 578

El castaño lo hacía con atención, como si yo fuese un enigma y él intentase resolverlo. 444

El de pelo negro, el más alto de todos, contraía la mandíbula y arrugaba la nariz. 802

—¿De dónde has salido? ¿Es que te ha vomitado un hada? —preguntaba este último, dejando a la vista el carácter de mierda que tenía. 705

Miré allá donde su uña pintada de negro señalaba. No había nada de malo en mi vestido con melocotones en tonos pasteles. Puestos a juzgar el vestuario de los demás, lo mismo podría decir yo de ellos, que parecían salidos de un funeral. 356

—¿Y a ti qué mierdas te pasa? 315

—Déjalo —decía el rubio entre risas—, está de mal humor porque anoche no folló. 674

El pelinegro chasqueaba la lengua contra los dientes en señal de hastío y daba por terminada aquella discusión, algo que iba en contra de la naturaleza de sus movimientos. La forma en la que andaba, o incluso los pequeños gestos que hacía, eran tan bruscos y rápidos que parecía que iba por la vida buscando pelea. 133

No podían ser más diferentes entre sí. 25

—Empecemos ya, no tengo todo el día. 75

A su señal, los otros dos integrantes se colocaban en sus respectivos puestos y se preparaban para la actuación. 8

Él debía de ser el cantante. Oh, qué sorpresa, el más engreído era quien acaparaba todas las miradas en el escenario. 252

Después de lo que parecía ser un ritual en el que se alborotaba los cabellos con la mano y comprobaba que el micrófono estuviese encendido, el pelinegro se humedecía los labios con la botella de agua situada a su derecha. 190

Debo confesar que en ese instante dejé de ser un ser racional para convertirme en uno que se movía por impulsos primitivos. Estaba sedienta y mi lengua pastosa reclamaba humedad, más de lo que mi cerebro demandaba sensatez. 133

Sin pensar en las consecuencias, me abalancé sobre él y le arrebaté la botella de entre las manos. Ni siquiera me preocupó pegar los labios en la boquilla, ni beber con necesidad hasta vaciarla por completo. 606

—¿Qué cojones haces? 85

—Beber agua, ¿no es evidente? 293

Claramente, mi respuesta le había enfadado más de la cuenta. Con un mohín que desataba su furia, el amargado empezaba a caminar hacia mí, con decisión. El rubio se adelantaba a sus movimientos y tiraba de su brazo, impidiendo así que llegase hasta mí. O más bien, hasta su botella. 90

—Jax, contrólate. 385

—Pues asegúrate de que le quede claro que aquí queremos gatitas domesticadas y no leonas salvajes. 578

Menudo gilipollas. 195

El rubio lo empujaba de vuelta a su lugar, y sin pronunciar palabra movía los labios en mi dirección formando un "me gustas". Se veía como el más sociable de todos, y quien mejor me caía hasta ahora. 394

—Solo tienes una oportunidad —rugió Jax—. Sigue el ritmo e improvisa.

Si desentonas, estás fuera. Si cobras más protagonismo que yo, estás fuera.

Si lo haces bien, pero no perfecto, estás fuera. 711

Bla, bla, bla. Lo que yo escuchaba era "tengo el ego más grande que un rinoceronte, así que da igual lo bien que lo hagas porque haré lo que me venga en gana". 260

Rodé los ojos y saqué el bajo del interior del estuche. Tanto derroche de testosterona empezaba a irritarme. 100

Entre suspiros de desesperación, me coloqué a un lado del guitarrista rubio, conecté el instrumento al amplificador y a la señal del batería la canción comenzó. 36

No esperaba una melodía de música clásica, eso lo había descartado en cuanto vi cómo iban vestidos, pero lo último que me habría imaginado sería que hoy audicionaría para una banda de rock. 168

El ritmo era frenético; mis dedos se movían con torpeza sobre las cuerdas, intentando acompasarme a la canción y estar a la altura del número. La habitación podía estar vacía, pero, cada vez que tocaba lo hacía como si estuviese delante de un millón de personas. No porque tocase para el público, sino porque, para mí, la música era como respirar. 135

Me sorprendí al escuchar lo bien que sonábamos en conjunto. Mis pupilas se dilataban de la excitación y los latidos de mi corazón se acompasaban con el ritmo de la batería. Desde su posición, el pelilargo agitaba la melena con vitalidad y me guiñaba un ojo cuando nuestras miradas colisionaban.

427

El cantante iba de un lado a otro de la habitación, montando todo un espectáculo digno de los mayores y más prestigiosos escenarios de todo el mundo. Le bastaba su sola voz para opacar todo lo demás, y ahora entendía su narcisismo. Si yo fuera tan buena en lo mío también me idolatraría. 173

Para cuando llegamos a la segunda mitad de la canción ya me sentía más cómoda. Compartía miradas y sonrisas con el guitarrista, y me atrevía a moverme de mi sitio, paseándome hasta el batería y de vuelta a mi lugar.

188

Sonábamos bien. Sonábamos jodidamente bien, y ahora quería ser parte de esto. 94

—¡Sí, joder, sí! —El rubio estallaba en júbilo al terminar la actuación, lo cual era buena señal. 239

El batería alzaba los pulgares en mi dirección, a modo de felicitación, y Jax... bueno, él seguía con la misma cara de amargado de siempre. 187

—No ha estado mal, tal vez seas lo que buscamos. Tocas bien y no estás demasiado buena, así que todas las miradas estarán sobre mí. 667

Estúpido egocéntrico. ¿Se ha visto bien? No lo tocaría ni aunque fuese el último hombre en la tierra. 659

—Apuesto a que sí. 18

Ignorando mi insolencia, los tres se reunieron frente a mí, y con un baile de miradas me indicaban que aquello aún no había terminado. No hasta que Jax tuviese la última palabra, por supuesto. 6

—Ahora, deberás pasar la prueba. 133

—¿No era esta la prueba? —negó—. Y entonces, ¿cuál es? 13

—Es fácil. Debes decirme algo de ti que me sorprenda. —Se dirigió a sus amigos y, con una mirada maliciosa, añadió—: Veamos si la señorita vómito de hada tiene algo más sorprendente que su ropa. 209

—¿Por qué debería decirte algo así? Eso es irrelevante. 14

—No lo es. La gente normal es mediocre, y nosotros buscamos la excelencia. 238

Dudé por un instante. Me debatí entre entrar en su juego o mantenerme en mis trece, pero al final acepté. 16

¿Quería excelencia? Pues yo se la daría. 93

—No llevo bragas —espeté de inmediato, y casi tuve que recoger tres pares de ojos rodantes del suelo. 1.5K

Los tres me miraban con la boca y los ojos abiertos hasta lo imposible. Y

fue en ese momento, cuando los vi fuera de juego, que supe que había ganado. 301

¡En tu puta cara, gilipollas! 253

—¿Por qué no? —preguntó entonces, balbuceando. Diría que la sangre no le llegaba a la cabeza, al menos, no a la de arriba. 422

—La tela me pica cuando me pongo nerviosa, y aunque soy bajista nadie querría verme rascándome los bajos. 978

Los tres se miraron por un momento en el que volví a ser invisible.

Murmuraban cosas que no llegaba a escuchar, y tras un breve debate, volvieron a incluirme en la conversación. 7

—Estás dentro. 366

—¡Sí! ¡Sí! ¡Al fin! —grité como pocas veces había hecho en mi vida. Salté, bailé, y aplaudí hasta que me dolieron las manos. Era el día más feliz de toda mi existencia. 194

Una felicidad que, por lo visto, aún no era momento de expresar. 18

—Las reglas son las siguientes. —Jax ponía fin a mi celebración, llamando por completo mi atención—: No tendrás pareja mientras estés en el grupo, no queremos distracciones. Pagarás una fianza; necesitamos asegurarnos de que no nos dejarás tirados antes de un concierto. Los gastos son compartidos. También tendrás que llevar ropa adecuada, nada de color rosa.

323

—Que sí, que sí, lo he entendido. Y también venderé mi alma al diablo. 339

Devolví el bajo al interior del estuche y aguardé a sus posteriores indicaciones, que consistían en firmar no sé qué contrato, dejarle mis datos y mi número de teléfono. Por poco y también me pedían mi grupo sanguíneo. 142

Solo después de haber garabateado mi última firma, y de asegurarme de que no me dejaba nada atrás, me dirigí a la puerta lista para marcharme. 3

Pero aún quedaba la guinda del pastel. 5

—Ah, una última cosa. Tendrás que vivir con nosotros.

CAPÍTULO 2: DESAGRADABLE AL TACTO

Para reír, primero hay que llorar. 281

Era una forma un tanto pesimista de ver la vida, deprimente, me atrevería a decir, pero así era como funcionaban las cosas. Toda recompensa llegaba después de un sacrificio, ya fuesen muchas horas de ensayo para poder llegar a ser un buen músico, un mes completo sin salir para poder aprobar los exámenes, o toda una semana sin dormir por miedo a cómo mis padres se tomarían la noticia de mi mudanza. 54

Ya me parecía oír a mi madre chillándome por lo irresponsable que era al no haber ido a la universidad y poner toda mi fe en algo que tal vez no llegaría a nada. Mi pesimismo y el miedo a la reprimenda del siglo casi me hicieron desistir, pero me atreví a contárselo. ¡Y menos mal que lo hice! 48

A mis padres les dieron igual los detalles en cuanto escucharon que me iría de casa. "Podremos volver a tener sexo en la cocina y ver la televisión desnudos", dijeron. En ese momento desarrollé la habilidad de volverme sorda a mi voluntad y salí huyendo en cuanto pude. El trauma de imaginármelos sin ropa no me lo quitaba nadie, pero había merecido la pena. 549

A veces nos ahogamos en un vaso de agua adelantándonos a unos acontecimientos que, tal vez, no sucedan como nosotros pensamos. 266

Tres días después de darles la noticia me encontraba en el asiento trasero de un taxi, jugando con el dobladillo de la falda de forma neurótica. Con el teléfono en mano, revisaba una y otra vez la dirección que Jax el

rompeovarios —así lo tenía agendado— me había enviado esa misma mañana. 204

[09:13:33] Jax (el rompeovarios): No tiene pérdida90

[09:17:06] Jax (el rompeovarios): Avenida Michigan, número 1568

[09:19:12] Jax (el rompeovarios): No traigas mucha ropa282

[09:20:46] Jax (el rompeovarios): No traigas NADA rosa144

[09:24:26] Peach: Ah, bueno, iré desnuda entonces524

Por supuesto que ignoré su petición; no iba a dejar de vestir como me gustaba solo porque él tuviese alergia al rosa. 170

—Ya hemos llegado. —El taxista señalaba una casa de dos pisos, con un amplio jardín y una piscina interminable. 59

Mis ojos brillaron al recorrer el que iba a ser mi nuevo hogar. ¡Menudo casoplón! Eso sí que era una casa de ricos. Me relamí los labios imaginándome acostada sobre la hamaca, dorando mi piel bajo el sol mientras leía un buen libro. 196

—Gracias. Quédese con el cambio. 76

Siempre quise decirlo, pero para mi bajo nivel adquisitivo aquello era prohibitivo. Sin embargo, si iba a vivir en aquella casa significaba que nadaría en billetes de los grandes. 99

Adiós, pobreza; hola, estantería plagada de libros. 1.1K

Abandoné el vehículo con la maleta de viaje en una mano y una caja atestada de objetos personales en la otra. Con ambas extremidades ocupadas, levanté la pierna derecha y toqué el timbre con la punta de mi zapato. 98

El sonido que produjo el aparato era música para mis oídos. 4

—¿Qué haces? 19

Al escuchar aquella conocida voz me tensé. 2

A mi derecha, Jax me miraba con un rictus de hastío, dedicándome una mirada prejuiciosa. Pero ni su tonito de voz ni sus grisáceos ojos inquisitivos hicieron mella en mis ánimos. 71

—¿De nuevo con las preguntas estúpidas? Tocar el timbre, ¿no lo ves? 67

—Aquí la única ciega eres tú. —Señaló los dígitos grabados en la fachada de la casa—. Ese es el número 14. 359

Tenía que estar de broma. 3

Seguí con la mirada más allá, hacia donde debía de estar la número 15, y mis ánimos quedaron sepultados. 69

¡Mi maleta era más grande que aquella casa! ¿Seguro que el Ministerio de Vivienda permitía algo así? 392

—Ya lo sabía, solo quería presentarme a los vecinos. 304

Ignorando mi réplica, y sin muestra de caballerosidad por su parte, el pelinegro echó a andar hacia la casa y yo lo seguí a trompicones. Con una única planta, el interior solo contaba con cuatro habitaciones, una cocina, un salón y un cuarto de baño. Podía hacer un tour por la casa sin moverme del sitio. 265

Lo peor, sin lugar a dudas, era el olor que desprendía. Dentro olía a una mezcla entre testosterona, comida quemada y el cigarrillo de la risa. 131

—Bienvenida a casa, Peach. 62

Posicionándose a la cabeza de la lista de personas más simpáticas de la banda, el rubio me quitaba la pesada caja con una gran sonrisa. Sus ojos azules me transmitían una calma que contrarrestaba con la agitación del cantante. 133

—¿Me vas a decir ya tu nombre, o prefieres que te llame rubio? 86

—Drew. Soy Drew, pero puedes llamarme por teléfono. 678

Rodé los ojos ante aquella broma tan mala, aunque sus carcajadas conseguían arrancarme una sonrisa. 9

—¿Y el batería? 14

—¡Eh, Zac, ven a saludar a Peach! 296

A su llamada, el castaño salía de su habitación con una cría de cocodrilo en brazos. No me decidía por qué me sorprendía más, si ver aquel animal como mascota, o verlo con un lazo violeta en la cabeza. 395

Pero, ¿con qué clase de locos me había metido? 67

A él debía de parecerle lo más normal del mundo, pues con andares despreocupados se acercaba a mí y me besaba en la comisura de los labios a modo de saludo. Ya fuese torpeza o su forma particular de saludar, aquello me parecía muy sexy. 465

—Hola, pequeñín. Y tú, ¿cómo te llamas? —Hice el amago de acariciarlo, sin prestar atención a las señales. Cuando coloqué el dedo sobre su piel hizo un rápido movimiento con el que por poco me dejaba sin dedo—. Vale, vale, nada de caricias. Lo pillo. 125

—Coky no se lleva bien con las mujeres guapas. 580

Mis oídos se derritieron al escuchar a Zac hablar. Tenía una voz muy masculina, grave pero sin llegar a ser brusca, y cuando hablaba lo hacía como si estuviese narrando una novela erótica. Este hombre podría hablar de trigonometría y hacerlo ver la cosa más caliente del mundo. 503

—Gracias, supongo, pero no me daré por vencida. Coky acabará amándome antes de lo que se imagina. 39

—No. No lo creo. 13

—¿Qué te apuestas? 12

—Lo que quieras. —El castaño se veía demasiado seguro de sí mismo. 97

—Si yo gano, tendrás que actuar con uno de mis vestidos, una peluca rubia y maquillaje. 144

—Acepto. Si gano yo, tendrás que hacerme un striptease. 497

—Por favor. —Arrugué la nariz como desaprobación—. Sé más original.

Eso es muy de novela juvenil. 77

—Si gano yo —repitió—, tendrás que fingir delante de la prensa que se te caen las bragas por mí. Y no en el sentido literal, ya sabemos que no llevas.

—Exhaló todo el aire en un único golpe de risa—. Seremos la pareja del momento. 424

Eso ya me gustaba menos. Tendría que haber aceptado el striptease, joder.

31

Pero, calma, nadie dijo que fuese a perder. 7

Es más, no podía perder. 7

—Trato hecho. 7

—Trato hecho —repitió, y estrechamos las manos cerrando así el pacto. 2

Sus labios permanecían rectos, pero las comisuras se pronunciaban, dejando a la vista cómo reprimía una sonrisa. No era el único que estaba disfrutando con aquello. 37

—No sabes lo que acabas de hacer —alertaba Drew. 62

Por la forma en la que lo había dicho, sonaba como si Zac tuviese un largo historial de apuestas ganadas a sus espaldas, y eso me preocupaba. 6

—Él, tampoco. 148

Con un coro de risas acompañando mi metedura de pata, el rubio me guiaba hasta la que sería mi habitación. Era pequeña pero acogedora, lo suficientemente amplia como para una persona. 6

En sus paredes blancas, y a modo de burla, una decena de pegatinas de hadas le daban un toque de color al dormitorio. 224

—Ja, ja, muy graciosos. 7

—Ha sido cosa de Jax, tiene un sentido del humor extraño. 140

—Espera, ¿tiene sentido del humor? Menuda sorpresa. 115

El mundo se acabaría el día que lo viese reír a carcajadas. 52

Drew asentía y alzaba las cejas, en una expresión de "si tú supieras". 83

—Bueno ,¿qué tal te parece la casa? ¿Es lo que esperabas? 62

No. Definitivamente, no. Había visto cuartos de baño más espaciosos que esto. 14

Pero, ¿cómo iba a negárselo? Con esa mirada entusiasta y esa sonrisa que me invitaba a reír con él, sentía que le partiría el corazón si le contradecía.

86

—Sí, es... —Sucia, pequeña, oscura—, de película. —Ya, pero de película de terror. 278

—Qué alivio, me preocupaba que te pareciera, no sé, pequeña y oscura. 278

Mi sonrisa se torció por un momento. Me enterneció que de verdad creyese que me gustaba este antro. 69

— Pfff, ¿bromeas? 68

—Está bien. Te daré un poco de espacio para que te instales. Tienes la tarde libre hasta las ocho, después te enseñaremos el local en donde ensayamos.

—Sonrió con efusividad, haciendo aparecer pequeñas arrugas de expresión alrededor de sus ojos—. Si necesitas algo, mi habitación es la de al lado.

172

Le agradecí el gesto acompañándolo a la puerta, cosa que no me llevó más de dos pasos, y al verlo desaparecer, me encerré en mi cuarto. 7

La soledad era gratificante. Podía mirar a mi alrededor con cara de asco sin preocuparme por herir sentimientos ajenos. Una cara de desagrado que creció al volver a fijarme en el montón de hadas pegadas en la pared frente a la cama. 15

—Humor extraño, y un cuerno. —De un manotazo arranqué la mayoría de las pegatinas, llevándome con ello parte de la pared. 169

La casa se caía a trozos, y ya no era solo una impresión. 40

Ahora que la puerta estaba cerrada, parecía más un calabozo que un dormitorio. La única ventana que había era pequeñísima, polvorienta, y dejaba escapar un minúsculo rayo de sol. 33

Bufé con desesperación y giré sobre mis talones, recorriendo con un simple vistazo la totalidad de la estancia. La estampa lúgubre resaltaba algo que brillaba bajo la cama, como la purpurina de mis vestidos junto a la ropa negra de los chicos. Era una superficie transparente sobre la que se proyectaba la escasa luz que se colaba en el interior de la habitación. 4

Con la curiosidad por las nubes, me arrodillé e introduje el brazo bajo la cama, tanteando sobre el suelo frío hasta que noté algo pegajoso. Tenía una textura difícil de definir, pero esa bastante desagradable al tacto. 256

Como pude, metí la cabeza y parte del tronco para descubrir el tesoro oculto bajo el colchón. 1

Lo primero que vi fue un montón de papeles usados, arrugados y amontonados. A su lado, una pila de revistas eróticas con un amplio catálogo de mujeres desnudas. Y completando la colección, un bote de vaselina. 559

Miré todo aquello en su conjunto, me miré la mano, y solté un alarido al tiempo que alzaba la cabeza y me golpeaba la nuca contra la cama. 95

Mierda, mierda, mierda. 3

Convivir con tres hombres iba a ser más difícil —y asqueroso— de lo que creía.

CAPÍTULO 3: PENNY

¿Cuántas veces es capaz una persona de frotarse la mano sin que se le caiga a trozos? 39

No lo sabía, pero estuve cerca de averiguarlo. 2

Aún conservaba las dos manos, aunque no por falta de ganas de cortarme una de ellas. Me había pasado la última hora lavándomelas a conciencia con agua y jabón, de una forma tan insistente que creí que en algún momento vería hueso. 91

—Vamos, quita esa cara, no es para tanto. —Drew se carcajeaba a mi costa, pasando un brazo por encima de mis hombros y estrujándome contra él. 124

—No nos irás a decir que eres virgen —alegaba Zac, el batería. 66

—¿En qué maldito universo tener asco a tocar corridas te hace virgen? 268

Se encogió de hombros, sin ver el problema. 3

—A mí me parecería excitante tocar una tuya. 371

—Cosa que no va a pasar, gracias. 330

Su mirada desafiante me retaba, como si con sus ojos preguntase ¿estás segura de ello? O tal vez fuese impresión mía. 164

Encabezados por el líder vocalista del grupo, nos adentramos en un local en cuyo letrero en luces de neón se podía leer «Adrenaline». Nunca había escuchado hablar de aquel lugar, y debía de ser la única, porque cerca de un centenar de personas hacía cola junto a la entrada. 4

—¿Toda esa gente va a vernos ensayar? 3

—No. —Jax rugía con hastío evidente—. Van a ver actuar a los Black Nails.

Nosotros ensayamos en el piso de arriba. 68

Por la forma en la que lo decía, más como un ladrido, me sugería que podía existir alguna rivalidad entre los dos grupos. 83

Ojeé de forma rápida la fachada del edificio, plagada de pósters de grupos de rock, hasta llegar al de los Black Nails. Era una banda formada por cinco chicos, liderada por uno de piel bronceada y una mirada de león. Parecían ser un grupo profesional, de esos que rozaban el estrellato. 15

Ya una vez dentro del Adrenaline, todo era oscuridad y luces de neón verdes y púrpuras. Nuestros dientes brillaban como si tuviesen luz propia, y todo lo que llevásemos de color blanco resaltaba en esa combinación de colores. Aquella estampa colorida y reflectante se rompía al ascender al piso superior, compuesto por una única habitación. Era una salita estrecha, insonorizada, con un par de sillones desgastados y una pared que servía de photocall. 3

¿Por qué todo lo que tuviese que ver con el grupo era tan cutre? ¿Acaso éramos el hazmerreír de la industria musical? 195

Definitivamente, había llegado la hora de investigar en internet. 49

Mientras ellos se cegaban, centrados en el equipo de música recién llegado, yo me echaba a un lado y revisaba mi teléfono móvil. Una búsqueda rápida en internet, y un mensaje automático:4

<<La búsqueda de Elysian no obtuvo ningún resultado.>> 257

Probé suerte en las redes sociales, en todas las que me venían a la mente, y el resultado era el mismo. 6

No había huella digital de ningún tipo. 5

¿Es que ni siquiera habían dado un concierto gratis en, no sé, un salón de jubilados? 98

—Eh, chicos. —Me ignoraban—. Chicos. —Seguían haciéndolo—. ¿Me pueden hacer caso de una jodida vez? 51

Los tres se giraron al unísono, mirándome con ojos desorbitados, como si estuviese loca. 26

—¿Qué quieres? 14

—¿Por qué no hay ni rastro del grupo en internet? —Esta vez eran ellos quienes guardaban silencio—. ¿Es que no nos conoce nadie? 46

—Aún no, pero lo harán pronto. —La inocencia del rubio volvía a emerger, y me dolía que fuese él quien respondiese, porque no podía tomarme en serio nada de lo que él dijera. 277

Sentí la rabia apoderarse de mi ser, las lágrimas agolparse en mis ojos, y unas ganas de patearles los huevos por jugar así con mis ilusiones. Había gastado todo el dinero que tenía en el taxi y la propina, ¿y si todo iba mal?

¿Cómo iba a regresar a casa después de un fracaso estrepitoso? 170

—Me mintieron. En el maldito anuncio decía que era un grupo reconocido.

101

—Nuestras madres nos conocen. —Al ver que no sonreía, continuó—: Anunciarnos como los putos amos era la única forma de encontrar a la mejor de las bajistas. 339

Aquella broma podría haber sido graciosa en cualquier otro momento, pero en ese entonces solo potenció mi malestar. Me sentía hundida, engañada, y el payaso mayor del circo. 40

¿Qué se supone que debía hacer ahora? 7

—Este grupo mediocre va a hundir mi carrera. 202

—Este grupo mediocre —repitió Jax, señalándome con su uña negra— es la única oportunidad que has tenido en tu puta vida. Y eso debería hacer que te replanteases las cosas. 251

Tragué fuerte. 4

Aquello había sido como una bofetada invisible, silenciosa, pero igual de dolorosa. 44

Tenía ganas de llorar, ahora por rabia, por vergüenza y por orgullo herido.

19

Pero, sobre todo, porque tenía razón. 11

Había insultado a los únicos que me habían dado una oportunidad, después de cientos de audiciones fracasadas y de miles de lágrimas derramadas.

Elysian era mi hogar ahora, y debía tratarlos como se trata a la familia. 128

—Lo siento. 19

—Si la princesa cree que nuestra humilde mierda está a su altura —

pronunció, utilizando un falso tono alegre—, será bienvenida, ¡pero si cree que su culo real es demasiado para nosotros...! —vociferó, cambiando el tono a uno mucho más hostil—, ¡se puede ir a la grandísima mierda! 222

Y al acabar, hizo una reverencia. 49

Mordí el interior de mis mejillas, tratando de controlar mis emociones. Si me dejaba llevar por la situación terminaría abofeteándole y gritándole lo gilipollas que era. 36

—Déjalo ya, Jax. —Zac intervenía, masajeándole los hombros. Aquello parecía ser lo único que lo calmaba. 139

El pelinegro tomaba una larga bocanada de aire y me daba la espalda, retomando aquello que lo había mantenido tan entretenido antes de que le

interrumpiera. Zac, en cambio, avanzaba hacia mí de una forma muy sigilosa y se situaba a mi espalda. 24

Sentir sus manos sobre mis hombros hizo que me tensara por un segundo, pero la presión placentera que ejercía con sus dedos y los movimientos circulares que dibujaba sobre mi espalda consiguieron relajarme de inmediato. 159

Y también, que soltara un sonoro gemido. 427

Qué dedos tan prodigiosos tenía Zac, y vaya forma de moverlos. Ahora entendía por qué Jax se amansaba bajo su tacto. 218

—No vuelvas a hacer eso —gruñó el batería, más como una súplica que como una orden, haciendo crujir los huesos de su cuello a la par que se alejaba de mí como si quemase. 307

Seguí con la mirada la trayectoria que hizo hasta regresar a su posición, y me mordí el labio al ver cómo los otros tres compartían la misma expresión contenida que Zac. 208

Nota mental: no ir por la vida soltando gemidos a la ligera. 393

La tensión en el ambiente, aunque notable, quedó en un segundo plano cuando una vocecilla aguda anunció su aparición. 1

Una figura femenina irrumpía en la habitación, con pisadas fuertes y movimientos toscos que nada tenían que ver con la imagen de chica frágil que daba. Era delgada y muy bajita; su cintura era minúscula y su piel de porcelana. Sus botas, en cambio, eran robustas, con plataformas y tachuelas.

55

—¿Qué pasa, cabrones? —La desconocida, con el cabello de franjas rojas y negras, le plantaba un beso en los labios a los chicos a modo de saludo.

Qué asco. Al terminar la ronda, se giraba y me examinaba con la misma

mirada crítica con la que me había observado Jax al conocerme—. ¿Y a ti qué te pasa? ¿Es que te ha vomit...? 161

—¿Vomitado un hada? Ya se te han adelantado con la broma, lo siento. —

Sonreí, intentando ocultar la rabia que me provocaba que se metiesen con mi forma de vestir. 154

—Deberías haberla visto en la audición —bufó Jax. 7

—Eh, deja de tocarme las narices. La norma era nada de rosa, y eso he hecho. 3

—¿Un bolso en forma de melocotón y un vestido verde con melocotones estampados te parece muy rockero? 215

—Esta es mi ropa de diario —mentí—, la de las actuaciones musicales es otra. 37

Durante un instante, todos se miraron entre sí y sonrieron con burla. 1

—¿Y cómo es la ropa que tienes para los conciertos? —Drew no iba a dejarlo pasar. 46

—Pues... me suelo pintar el pelo de rosa y... y llevo unos pantalones de cuero con... ah, sí, un sujetador negro con pinchos. —Por supuesto que jamás había vestido así, ni siquiera sabría dónde comprar todo aquello, pero

no iba a permitir que se burlasen de mí. Con suerte se olvidarían para la primera función que diéramos. 128

—Mola —aprobó la de cabellos rojinegros, y yo respiré tranquila—. Me llamo Moxy. 83

—Yo, Peach. 24

—Hmmmm. —Oh, no. Otra vez esa cara de asco—. Ahora entiendo tu obsesión con los melocotones. Vamos a tener que darte un nombre artístico, ese es una mierda. 90

—¡Eh! 2

—Es verdad —corearon los demás—, es una mierda. 44

—¿Hola? ¡Que sigo aquí! Puedo oírles. 3

—Veamos. Castaña, aproximadamente metro setenta, apariencia inocente pero con una mirada devorahombres... —Moxy me observaba con los ojos entrecerrados en una mirada ausente—. Tu nuevo nombre será Penny. 254

—Ni hablar, no pienso cambiarlo. 2

—Diste tu consentimiento firmado. —Jax no sonaba tan amistoso—. Es tu problema si no leíste todo antes de hacerlo. 85

Boqueé como un pez, con la incredulidad marcada en el rostro. 2

—Chicos, chicos, démosle un respiro a Penny. —Drew salía en mi defensa y volvía a estrujarme contra su cuerpo, con uno de sus brazos por encima de mis hombros. Empezaba a acostumbrarme a ese gesto—. Hoy es su primer día en la banda, no la presionemos. 87

—Además, tenemos cosas más importantes que hacer, como escuchar las novedades de Moxy. —Zac jugueteaba con el piercing de su labio, humedeciéndolo con la lengua en un movimiento hipnótico—. ¿Algo interesante que debamos saber? 170

Ella asentía, con un brillo particular en sus ojos, y buscaba algo en concreto en la pantalla de su teléfono. 1

—A ver... ensayo, ensayo, ensayo, cita con el tatuador, ensayo... ¡Ajá! Aquí está. Actuación en el Royal Swamp. 10

El trío masculino empezó a saltar y a chocarse los unos contra los otros con el pecho. O era una forma que tenían de celebrar sus logros, o era un rito de apareamiento del National Geographic. 463

—¡Vamos a debutar en el jodido Royal Swamp! ¿Sabes lo que eso significa?

—Zac zarandeaba a Drew con excitación, mientras yo los observaba impasible. 11

—¿Qué es el Royal Swamp? —Podía ser el mismísimo salón de festejos de la reina de Inglaterra, pero con aquel nombre dudaba de su reputación.

«Pantano real» no sonaba precisamente a algo de calidad. 4

La euforia descendió y fue sustituida por caras largas y ceños fruncidos.

Increíble, ni ellos sabían lo que era. 85

—Es el pub del que todos hablan. No ha sido nada fácil conseguirlo, pero nos han hecho un hueco la semana que viene. 3

—¿Estás loca? —Jax miraba a Moxy con ojos saltones—. En una semana la princesita no se aprenderá las canciones. 16

—«La princesita» tiene nombre —me quejé. 1

—Es verdad —asintió—, quise decir Penny —concluyó, enfatizando aquel nombre horrible. 79

Agh. Ahora prefería que me llamase «la princesita». 5

—Sí que lo conseguiré, y haré que te tragues tus malditas palabras.

CAPÍTULO 4: ¿SE TE HA PERDIDO ALGO?

Esta era una casa de locos, y yo parecía ser la única cuerda. 51

Sin horarios para dormir, ni restricción en cuanto a las personas que entraban o salían, a veces tenía la sensación de estar en un albergue y no en mi hogar. Los chicos aún me parecían unos completos desconocidos tras solo una semana conviviendo con ellos, aunque había desarrollado cierta confianza con Drew. Si no fuese por él, me habría largado de este tugurio hacía mucho tiempo, y aunque suene extraño, también le debía mucho a Moxy. Contar con su apoyo me hacía sentir menos sola en mitad de un campo de nabos, aún cuando ella era algo así como la versión femenina de Jax. 66

De hecho, hoy habíamos quedado para ir de compras y comer algo juntas.

41

Aún reinaba una absoluta oscuridad en el exterior cuando el despertador comenzó a sonar. El pitido intermitente me sacaba del sueño a martillazos, justo en el momento en el que mi yo imaginaria firmaba un contrato con una discográfica. 1

¿Por qué siempre tenía que despertarme en la mejor parte? Eso también aplicaba para los sueños eróticos. 258

Con los párpados pesados y solo un ojo abierto, miré la pantalla parpadeante, balbuceando maldiciones al ver que tan solo eran las seis de la mañana. Joder, debería considerarse delito madrugar tanto un sábado.

Golpeé el botón de apagado con el puño cerrado, desechando rápidamente la idea de una cabezadita rápida, pues no había tiempo. Moxy pasaría a buscarme a las siete y me acompañaría a renovar mi armario. Hoy teníamos el último ensayo de la banda y nuestra primera actuación en público. 26

¿Que si tenía nervios? Demasiados. Me había pasado la noche levantándome para ir al lavabo. 1

Algo más desperezada, y frotándome los ojos con las manos, me dirigí a tientas al cuarto de baño. Dentro hacía un calor inusual, como si alguien hubiese encendido la calefacción. 53

Solté un sonoro bostezo sentada sobre el retrete, y al volver a abrir los ojos vi a Jax saliendo de la ducha, completamente desnudo. 336

—¿No podías aguantar cinco minutos? —preguntó con naturalidad, sin intención de taparse con las manos. 77

Puse todo mi empeño por mantener la mirada en alto y actuar con calma, sin montar un escándalo. 11

—No sabía que estaba ocupado. —Hice malabarismos para ponerme en pie sin que se me viese nada, y tras tirar de la cadena me situé frente al lavamanos—. ¿Por qué no echas el cierre? 31

—Nunca lo hacemos —confesó. Chapoteando con cada paso que daba, se posicionó detrás de mí, apoyando su pecho contra mi espalda para llegar a la toalla colgada—. Así que vete acostumbrando. 269

En cuanto acabé de frotarme las manos cerré el grifo y alcé la vista, encontrando su mirada gris en el espejo. Lo sentía pegado a mi cuerpo, humedeciendo la parte trasera de mi pijama, y su anatomía mojada reflejada frente a mis ojos. De su pelo negro caían un montón de gotitas de agua, algunas se deslizaban por su cuerpo, alentándome a seguir el recorrido con los ojos. Bajo la ropa no se apreciaba, pero tenía una figura atlética, con tatuajes aquí y allá, en sus brazos, pecho y abdomen. De entre todo aquel entramado de tinta destacaba la silueta de una chica pinup con un culo prominente. 146

Entreabrió los labios para decir algo, y la piel se me erizó al sentir su respiración caliente en mi cuello. 27

—¿Se te ha perdido algo? —inquirió, a sabiendas de que me lo comía con la mirada. Con una larga zancada hacia atrás se separaba de mí y se enrollaba la toalla en la cintura. 85

—No seas absurdo, ni siquiera te estaba mirando —espeté, y lo empujé con el hombro de camino hacia mi habitación. 123

El reloj sobre la mesa de noche anunciaba que el tiempo se me había echado encima. Lo que no debería haber supuesto más de dos minutos acabó alargándose por culpa del rompeovarios. 27

Por supuesto que tuve que acelerar para llegar a tiempo. Engullí lo primero que vi en la cocina, me puse uno de los vestidos que seguían tirados sobre la silla y salí a la calle en el preciso instante en el que Moxy estacionaba el vehículo frente a la puerta. Era una destartalada furgoneta negra, con unas ruedas monstruosas y decorada con pegatinas de conocidas bandas de rock.

46

Al adentrarme en el coche no hubo saludos de ningún tipo, ni indicios de empezar una conversación. Moxy arrancaba casi sin darme tiempo a cerrar la puerta y permanecía en silencio los cuarenta minutos que duró el trayecto. Sin música en la radio, y con el único sonido del traqueteo del coche sobre el asfalto, volví a quedar dormida antes de lo que hubiese imaginado. 8

La rojinegra era algo así como nuestra representante, y la sustituta en caso de que alguno de nosotros enfermase. No se le daba especialmente bien tocar ningún instrumento, pero su formación, aunque básica, sería suficiente para sacarnos de un aprieto. 2

Con sus gafas de sol puestas aún cuando todo estaba a oscuras, debía de haberse montado una gran fiesta la noche anterior. La resaca del día siguiente la tenía con un humor de perros. 2

—¿No ves que estoy aparcando? ¿Eh? ¡Gilipollas! —Con medio cuerpo por fuera de la ventanilla, increpaba al conductor que segundos atrás había

tocado el claxon. El hombre respondía saludándola con el dedo central y llamándola perra. 38

Me fue muy difícil luchar contra los instintos homicidas de Moxy al escuchar al desconocido insultarla, pero con paciencia e implorándoselo por los reyes del rock, conseguí que lo dejara por la paz. 25

Una vez dentro de la tienda de ropa, su comportamiento no fue mucho mejor. La luz cegadora que emitían las potentes lámparas le estaban provocando una jaqueca de caballo. 1

—Puedes volver al coche, si quieres. 3

—No, esperaré hasta que acabes. No me fío de tu capacidad para escoger ropa. 54

Rodé los ojos, aceptando que por mucho que me gustase mi ropa, no encajaba en este mundo en el que me adentraba. Y es que lo más rockero que había visto en mi vida era a mi padre colocarse el cepillo de barrer en la cabeza, como si fuera la cresta de un punky. 87

—¿Qué tal este conjunto? —Su cara de haber tocado un vómito hablaba por sí sola—. ¿Y ese top de ahí? —Negó—. Vale... ¿Qué tal esos pantalones? 2

—Mira, ve a fumarte un cigarrillo mientras yo te busco la ropa.

Acabaremos antes. 1

—No fumo. 8

Sus ojos se abrieron con exageración. 1

—¿Bebes, al menos? ¿Follas? No sé, ¡¿haces algo más que consumir oxígeno?! 247

—Eh, relaja la raja —bufé— . Claro que hago todo eso. 180

—No eres tan muermo después de todo. 19

Con una sonrisa ladeada, Moxy recorría la tienda, removiendo perchas y montañas de ropa. Se la veía muy enfrascada en su objetivo de renovar mi armario. 1

—¿Hace mucho que conoces al grupo?

Tras mi pregunta, se detuvo y elevó la vista al cielo, moviendo los labios en lo que parecía ser un recuento.

—Cinco años. Podría parecer mucho, pero esos tres tienen la habilidad de hacer que el tiempo vuele cuando estás con ellos. 54

Hice un mohín ante su apreciación. Dudaba que soportar un grano en el culo durante cinco años fuese algo agradable, y Jax lo era. 1

La risotada que soltó Moxy me dio a entender que había visto mi mueca de incredulidad. Aunque estaba de espaldas a mí, me observaba a través del espejo que tenía a su lado. 1

—Jax, ¿no? —Volvió a reír—. Es un auténtico dolor de ovarios, pero ya te acostumbrarás a él. 23

—O acabaremos matándonos el uno al otro. 13

—O follando como monos en celo. 552

—¿Qué? ¿Con ese cretino? —Solté una carcajada forzada—. Tú tienes más posibilidades que él. 114

La rojinegra se humedecía los labios en actitud coqueta y jugueteaba con un mechón rebelde. 83

—Ah, ¿sí? No me esperaba que te gustasen las tías. 199

—Y no me gustan, así que ya te haces una idea de las pocas probabilidades que hay de que acabe enredada en sus sábanas. 103

Rodó los ojos. 18

—Penny, ¿te digo un secreto? 3

—Llámame Peach, por favor. Solo seré Penny de cara al público.

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2

—Como sea... ¿Quieres oírlo? —Asentí—. Estoy segura de que le caes bien.

A su modo, pero lo haces. Si no, simplemente te haría el vacío. 150

—Pues a lo mejor preferiría que lo hiciera. 1

Ella negó en silencio y volvió a meter la cabeza entre el montón de perchas y prendas de ropa. 7

En poco tiempo había ya acumulado varias faldas, pantalones y tops de varios colores, lisos o a cuadros. Vaya, y yo que pensaba que los rockeros solo vestían de negro. 26

Para ser sincera, me rehusaba a probarme la mayoría de prendas que había seleccionado, eran horribles. No quería ni mirarme al espejo después de que me obligase a entrar al probador con aquel montículo extravagante, pero me equivocaba. Moxy tenía buen ojo para escoger ropa, y para descifrar los gustos de las personas. A pesar de que no era a lo que estaba acostumbrada, aquella ropa me sentaba bien. No era exactamente el tipo de conjuntos que ella llevaba, pero era menos inocente que mi ropa amelocotonada. 10

—¿Entonces? ¿Te llevas alguno? —Moxy aún dudaba de su poder de convicción.

—Sí —asentí, con el montón de ropa bajo el brazo—. Me lo llevo todo. 1

—¿Todo? Pero, ¿no estás falta de pasta? 2

—Ya me las arreglaré. 86

Estaba siendo muy optimista. Le planté a la cajera toda la ropa sin detenerme a mirar el precio, y cuando vi la suma a la que ascendía casi caí muerta ahí mismo. Iba a necesitar tres vidas para pagarlo. 2

—¿Se encuentra bien, señorita? 6

La mujer detrás del mostrador me miraba con preocupación. 1

—Sí, es solo que acabo de recordar algo muy triste. —Que soy pobre. 509

Al ver mi tarjeta de crédito pasar por el lector sentí como si me arrancasen todos los órganos. Uno a uno. Y muy despacio. 69

Esperaba poder recuperar pronto la inversión. 23

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Para cuando dieron las tres de la tarde, Moxy y yo ya estábamos de regreso en el Adrenaline. Aún nos quedaban por delante cuatro horas de ensayo y los nervios empezaban a hacerse notar. Las riñas eran frecuentes, las palabrotas ocupaban la mayor parte del vocabulario, y las caras largas llegaban al suelo.

Seguir: parte 2 de 4