Elysian

Sara C · Capítulo 7 de 10 · parte 1/3

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Elysian

—Bien. La idea es que sea la…

Este capítulo es largo, así que está dividido en 3 partes.

—Bien. La idea es que sea la misma escena, los mismos movimientos, con los tres. En el vídeo se reproducirá un único beso, pero irán cambiando las imágenes de unos a otros. ¿Se entiende? Será como si los besaras a los tres a la vez. 152

Asentimos. La idea era una puta pasada. Ya me moría de ganas por verlo todo terminado. 30

—Tú. —Señaló a Jax—. Sí, tú. Eres el primero. —Los otros dos salieron del agua, y él se acercó a mí, dubitativo. Le costaba acortar distancias. —

Vamos, chico, no tenemos todo el día. 81

El pelinegro terminó de acercarse a mí, con el rostro sereno, y cuando la punta de nuestros pies chocaron, se detuvo.

—Es un beso estrictamente profesional, no salgas huyendo —solté en un tono burlón.

—No salgas huyendo tú, o les dejarás a ellos sin su beso. 62

Eché una rápida mirada por encima de mi hombro, y vi a Zac y a Drew fuera del agua, bromeando entre ellos.

—¿Celoso? 41

Puso los ojos en blanco.

—Acabemos con esto de una vez. 41

Sus ojos grises se clavaron en los míos, directos y sin pestañear. Su mano revoloteó hacia mi cintura, aferrada a ella con fuerza, y la atrajo hasta él con brusquedad. Las mías se anclaron a su cuello, firmes, hundiendo mis dedos en su pelo, con la proximidad de nuestras bocas latiendo en nuestros pechos. Inspiré, tratando de mantener la calma, y su mirada descendió hasta mis labios. 43

No supe en qué momento dejé de escuchar la música, o el murmullo de los árboles meciéndose. Incluso el ruido de mis pensamientos parecía haberse silenciado. No había nada, tan solo un silencio abrumador interrumpido por el potente latido de mi corazón. 1

Mis ojos viajaron hasta sus labios, apetecibles, y de vuelta a sus ojos.

« No dejes» .

Sus labios rozaron los míos.

« Que vuelva» .

La calidez de su aliento azotó mi boca.

« A adentrarse en tu corazón» . 52

Su lengua se lanzó a la desesperada en busca de la mía, y nos devoramos el uno al otro con los ojos cerrados. Primero despacio, conteniéndonos, pero después, lo hicimos con ganas. Con esas mismas ganas que llevaba tiempo reprimiendo. 127

—¡Perfecto! —gritó una voz masculina, sacándome de aquel trance placentero. 4

Me separé con rapidez de Jax, y por instinto acaricié mis labios con la yema de mis dedos. Él, con la mandíbula contraída, fijaba la vista en mí, inamovible. Ni se alejaba ni se acercaba. Permaneció anclado en el mismo lugar sin dejar de mirarme. 40

—¡Me toca!—Drew echó a correr en mi dirección, empujando a Jax con el hombro en su avance. Conociendo al rubio, lo habría hecho sin maldad, pero la cara de mala hostia que se le había quedado al pelinegro daba miedo. 282

Solo entonces desvió su mirada gris, agitando las aletas de la nariz, y comenzó a andar fuera del agua.

—Te veo demasiado entusiasmado. —dije, y miré de soslayo a Jax.

—Me van a pagar por besarte, no se me ocurre un mejor trabajo en esta puta vida. 97

Solté una carcajada sincera, escuchando el grito con el que nos indicaban que debíamos besarnos.

Volví a mirar a Jax una vez más. Él nos observaba desde fuera del agua, serio, inmóvil. Drew me atrajo hacia él con su mano, y lo último que vi antes de fundirme con el rubio en un beso pasional fue al pelinegro marcharse en dirección al coche. 120

Con Drew todo era fuego, era intensidad. Me besaba como si fuese a follarme allí mismo delante de todos. 26

—Paren, paren —dijo el hombre—. Eres un horno con piernas, chico. Sé menos intenso, bésala como el anterior. 220

Volvimos a mirarnos y rompimos a reír. 12

El segundo intento fue bastante mejor que el anterior. Para desgracia para Drew, no fue necesario repetirlo más. La misma suerte corrió Zac, que con movimientos dulces recibió la negativa del hombre a cargo. «No tan romántico», le había pedido, y en el segundo intento lo clavó a la perfección. 83

—¿No podemos ver cómo ha quedado?

—Cuando esté todo montado —respondió uno de ellos, desmontando todo el aparataje que había traído al lago.

—¿Y si alguna escena quedó mal? ¿O si queremos repetir alguna toma? 9

—Tu manager solo acordó un día de grabación. Las quejas, a ella. —Sin más, cerró su maletín y se esfumó.

Definitivamente, debíamos hablar con Moxy, pero hoy no era el momento.

Y menos ahora, que se le veía agobiada por las manecillas del reloj. 66

Echó a correr a su furgoneta, casi lanzándose al sillón del conductor después de despedirse brevemente de nosotros. En diez minutos debía estar en casa para cuidar de su hermana, y el trayecto en coche duraba algo más de media hora. No era la única que abandonaría el lago. Jax también tenía un compromiso que atender, una carrera importante de su hermano.

El vehículo arrancó, retrocediendo hasta abandonar el terreno en el que se encontraba estacionado segundos atrás. En su interior, y con un leve movimiento de mano, Moxy se despedía de nosotros. Junto a ella, Jax se alejaba con el rostro serio y la mirada clavada en nosotros tres, tan rígido que parecía una figura. 74

Seguimos el trayecto del coche hasta que en mitad de la oscuridad se perdió de vista en la carretera.

—Deberíamos hablar con Moxy.

Zac asintió a las palabras del rubio, y yo suspiré. No iba a ser nada fácil abordar aquel tema con la rojinegra.

—A lo mejor no hace falta. Yo creo que ya debe de haberse dado cuenta de que no está manejando bien la situación. —Con la mirada perdida, Zac comenzó a quitarse la camiseta y la tiró a un lado, sobre la hierba. 8

—¿Qué haces? —pregunté, examinando la prenda, y el continuó desabrochándose el pantalón. Ante mi mirada de desconcierto, él señaló con la cabeza en dirección al agua—. ¿Te vas a bañar? ¿Ahora?

—No hay mucho más que hacer en un lago. Es eso o sentarnos alrededor de una hoguera a cantar el yupi yey. 50

A esas horas de la noche, la brisa movía la hierba y nos ponía la piel de gallina. El aire estaba más fresco de lo normal, y el agua debía de estar congelada. Ya lo estaba cuando terminamos de rodar, no quería imaginarme cómo estaría ahora. 1

—Me apunto.

Drew se sumó al desnudo integral, arrancándose la ropa con rapidez, y se quedó observando al pelilargo sin vergüenza. 1

—No la recordaba tan pequeña —dijo, señalando entre las piernas del castaño. 157

—Hace demasiado frío, gilipollas —rebatió él, y tras darle un puñetazo en las costillas al rubio, echó a correr en dirección al agua. 62

—¿Qué tal está? —preguntó su amigo.

—Está buenísima. 39

Alentado por la respuesta de Zac, el rubio echó a correr hacia él, y se zambulló por completo en cuanto tocó el agua. Dos segundos después regresó a superficie, con los ojos bien abiertos, tanto como su boca.

—Cabrón, está fría de cojones. 76

Entre chapoteos e insultos, ninguno advirtió que muy cerca de la orilla había empezado a quitarme la ropa. Esta vez no había urgencia, no me preocupaba exhibir mi cuerpo ni que ellos lo viesen. Dejé caer la tela sobre el resto de piezas, y con una sonrisa divertida fingí toser, una vez, y otra, hasta que dejaron de pelearse y me miraron. 17

—¿Estoy invitada a la fiesta? 11

De inmediato, los dos se separaron, dejando entre ellos un hueco para que yo entrase. Se habían movido con tanta urgencia que se veían muy cómicos.

55

Aún con aquea sonrisa traviesa empecé a caminar hacia ellos, moviendo las caderas de forma exagerada, como si estuviese desfilando en Milán. 47

Dos pares de ojos me observaban con expectación, escaneando mi cuerpo de arriba a abajo, algo con lo que me sentí cómoda. 17

En cuanto toqué el agua todo mi cuerpo se contrajo. Era como si me clavasen una docena de cuchillos, pero no me detuve. Aunque con cara de dolor, seguí adentrándome hasta quedar cubierta hasta los hombros.

—Drew, eres un quejica. El agua está caliente —mentí, tratando de ocultar el castañeteo de mis dientes. 42

—Eso es porque la hemos calentado nosotros —respondió, bajando la mirada hasta mi pecho, parcialmente oculto. 71

Sonreí, halagada por la forma en la que me miraba. En silencio me decía a mí misma que ya había superado las palabras hirientes de la estilista, pero a veces, cuando me miraba al espejo, aún las escuchaba. Que Drew expresara sin tapujos la gran atracción física que sentía hacia mí ayudaba a recomponer, en parte, mi autoestima. 37

—Tú siempre estás caliente. —Con la misma sonrisa divertida con la que solía meterme con él, empezé a nadar, adentrándome en el oscuro lago.

—¿A dónde vas?

—Me estoy congelando. Nadaré un poco a ver si entro en calor.

—No te alejes demasiado. De noche es fácil perderse.

—No lo haré. —Continué nadando al estilo rana, alejándome de ellos con velocidad constante. Cuando estuve tan lejos que ya me era imposible verles las caras, añadí—: El que me encuentre se lleva el premio. 97

A mi espalda, casi de inmediato, los escuché zambullirse en el agua y empezar a nadar como si fuese una competición. 60

Intentando reprimir una carcajada me sumergí bajo el agua y buceé todo lo que fui capaz sin salir a flote, hasta llegar a un lugar apartado donde no llegaba la luz de la luna.

Lo que minutos atrás había sido un escenario romántico, ahora se convertía en uno tenebroso, y la idea de permanecer oculta ya no se me antojaba tan atractiva. Por si fuera poco, la brisa nocturna era más intensa en este lado del lago, y mi piel erizada era el mejor reflejo del frío que estaba sintiendo.

Cuando empecé a plantearme la idea de volver, escuché unos chapoteos cercanos y me agaché, ocultándome detrás de unas hojas. Desde allí eché un vistazo, en silencio, y vi a Zac pasar nadando, mirando de un lado a otro en mi búsqueda. 3

La estampa era graciosísima, o tal vez el simple hecho de haberle dado esquinazo me provocaba risa. Queriendo permanecer oculta, llevé las manos a mi boca y acallé una incipiente carcajada.

La sonrisa me llegaba de oreja a oreja cuando, al girarme, choqué de frente con Drew, y mi sonrisa se esfumó. La suya, en cambio, creció como respuesta. 54

—Pensabas que podías escaparte de mí. —Con su mano sobre mi cadera, me atrajo hacia su cuerpo, y su aliento golpeó mi cara. 2

—¿Quién ha dicho que intentase ocultarme siquiera?

Él sonrió de nuevo. Primero como una mueca de diversión, pero después, aquel gesto se ensanchó al tiempo que sus pensamientos tomaban forma en su cabeza.

—Querías que te encontrase.

Asentí.

Su mano me atrajo aún más a su cuerpo, y me besó. Rápido y brusco, como si por cada día que había pasado desde la última vez, las ganas se hubiesen multiplicado. 10

Alcé las manos y me aferré a su pelo, sin llegar a hundir los dedos en él. No tenía el cabello tan largo para poder hacerlo. Con mi mano hacía presión

sobre su cabeza, y él comenzaba un descenso por mi cuello, despacio, lamiendo y besando cada centímetro de piel. La humedad de su lengua contrastaba con la calidez de su aliento, provocando que mi piel se erizara.

1

—Echaba de menos tu cuerpo. Tocarte...—Una de sus manos se aferró a mi trasero, amasándolo en círculos. La otra alzó el vuelo hasta uno de mis pechos, y lo estrujó con pasión, pero con cierta delicadeza—. Follarte... —

Movió la cadera, y sentí su miembro presionar mi vientre—. ¿Extrañabas tú el mío? 33

El simple gesto de morderme el labio le sirvió como respuesta, pero él quería escucharla de mi propia voz. Asentí, aún con mi labio aprisionado.

—Sí.

—¿Cuánto?

—Descúbrelo por ti mismo —sugerí, ondeando mi mano en el agua hasta llegar a su miembro. Aquel pequeño gesto le tomó por sorpresa, y sus pupilas se dilataron de forma expresiva.

Juguetona, comencé a mover la mano, con la facilidad que me proporcionaba el agua sobre su piel, y él jadeó.

Y entonces, se desató la bestia.

Con las manos en mis caderas me alzó, sacándome del agua, y me sentó a horcajadas sobre él. Su cuerpo se apoyaba en la orilla, sentado en una pequeña lengua de tierra. 43

—¿Tienes frío? —preguntó, observando mi cuerpo al descubierto y erizado.

Asentí—. Puedo ayudarte a entrar en calor. 36

Su mano derecha descendió por mi pecho, zigzagueando sobre mi vientre hasta llegar a la zona oculta entre mis piernas. Suspiré, agradecida por aquel

contacto, y separé las piernas para él.

Aquel gesto debió de parecerle excitante, pues relamiéndose los labios lo sentí endurecerse aún más.

Su mano comenzó a moverse sobre aquella parte de mi anatomía, variando en ritmo e intensidad. Con cada jadeo que escapaba de entre mis labios, él soltaba una risa silenciosa, nasal, complacido de verme retorcerme con sus caricias.

—Ni se te ocurra cantar —dije, con verdadera dificultad—. Ya tengo suficiente con no poder escuchar Enemies sin ponerme cachonda. 34

El rubio se carcajeó, esta vez de buena gana, echando la cabeza hacia atrás.

Su cuerpo se sacudía con cada risotada, al menos, hasta que llevé mi mano

a su miembro y empecé a masturbarlo. Su risa se cortó de forma abrupta, interrumpida por un jadeo de sorpresa. 10

—No imaginas cuántas veces soñé con follarte en el lago. 2

—¿Solo en el lago? —inquirí, aumentando la velocidad con la que lo tocaba. 1

Negó en silencio, devorándome en una mirada cargada de lujuria.

—En cada maldito rincón de la ciudad. 20

Una sonrisa sincera, a medio esbozar, quedó congelada al sentir sus dedos de nuevo presionar mi cuerpo, ahora con mayor ímpetu. Los dos movíamos nuestras manos al mismo compás, acompañados de la dulce melodía de nuestros jadeos.

Aquel sonido deleitaba mis oídos, no tanto como aquel otro, el de unos chapoteos cercanos. 51

Rígida como una tabla giré el cuello y me encontré de frente con los ojos del castaño. Su rostro inexpresivo iba en consonancia con su cuerpo petrificado, mirándonos como una estatua. 24

Puede que en cualquier otra situación fuese acertada la frase de «no es lo que parece», pero aquí era, literalmente, lo que parecía. Y de todas formas, los tres llevábamos algo así como una relación abierta consensuada.

—Para. —Frené los movimientos de Drew, y él me miró con el ceño fruncido—. Zac está aquí. 12

El rubio siguió mirándome con aquella expresión de desconcierto, haciendo bailar su mirada entre el castaño y yo. Seguía sin entender nada.

—No hace falta que pares —aseguró Zac, apoyándose sobre la orilla de en frente—. Me pone ver cómo te folla. 312

Con el rostro serio, lo vi llevar la mano a su miembro y agitarla sobre él, al tiempo que Drew recuperaba los movimientos de la suya entre mis piernas.

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Aquel nuevo contacto se tradujo en una pequeña descarga eléctrica a lo largo de mi espalda que consiguió arrancarme un gemido. Si ya me resultaba placentero ser la guitarra de Drew, que Zac se sumase como espectador me encendía aún más si cabe. 2

—Fóllame —pedí, acallando un gemido contra sus labios—. Fóllame con los dedos. 24

Como si hubiese estado esperando esa petición durante todo este tiempo, Drew tardó menos que un pestañeo en tomarme por la cintura y acostarme sobre la tierra fuera del agua. Se suponía que debía de sentir frío, la brisa nocturna era gélida, pero estaba demasiado caliente como para ser consciente de ello. 4

Ya fuera del agua, con las piernas abiertas y el corazón palpitándome más allá del vientre, sentí sus dedos colarse en mi interior, con una rapidez tan

placentera que mi espalda se arqueó de inmediato. Con el pulgar aportaba una satisfacción extra, moviéndose en círculos en el exterior, e, irónicamente, me sentía más mojada que cuando estaba bajo el agua. 4

Mi mirada iba desde el rostro ardiente de Drew, al desencajado por el placer de Zac, quien también se masturbaba a unos metros de distancia. Él se veía feliz siendo un simple espectador, pero yo no.

—Zac —gemí, y el aludido bufó de placer al escucharme pronunciar su nombre—. ¿Quieres unirte? 349

Aún en la distancia y en la más absoluta oscuridad pude apreciar cómo elevaba sus cejas y la forma en la que su boca se entreabría por la sorpresa.

Una expresión que sin lugar a dudas era replicada por Drew, tan

sorprendido como el primero por la invitación que acababa de escapar de mi boca. 18

Sin necesidad de que lo repitiese dos veces, Zac comenzó a nadar en mi dirección, deteniéndose únicamente al chocar contra mi cuerpo. Aún con la mano del rubio entre mis piernas me erguí y volví a zambullirme en las gélidas aguas. El contraste de temperatura fue notable cuando los dos cuerpos masculinos me rodearon, piel contra piel, en un sándwich de hormonas en el que nuestros pechos se agitaban con cada respiración. 24

Drew volvió a sentarse sobre la orilla, conmigo a horcajadas sobre él, y sentí el peso de Zac dejarse caer sobre mi espalda.

—¡Eh! —Drew se movió rápido—. Eso de ahí es mi culo, cabrón. 252

—Joder, lo siento —se disculpó Zac, abochornado—. Es la primera vez que hago esto. 72

—¿Un trío? —preguntó el rubio.

—Sí.

Por primera vez desde que lo conozco, Zac se veía cohibido, sin saber cómo proceder. Ambos éramos inexpertos en lo que a tríos se refería, pero para el castaño debía de ser extraño hacer algo así con un amigo.

—Yo tampoco lo he hecho antes —confesé, y me pareció escucharlo soltar un suspiro de alivio—. Solo déjate llevar. 20

Estiré mi mano hacia atrás, aferrándome al trasero de Zac, y presioné en él para acercarlo a mi cuerpo. Su pecho golpeó mi espalda, y con aquel sonido húmedo sus manos rodaron mis pechos. 24

Con la necesidad de besar sus labios, giré mi cuello hacia él, y nuestras bocas fueron al encuentro. Su lengua bailaba con la mía, casi tan rápido como lo hacían los dedos de Drew entre mis piernas. Era el castaño quien

acallaba mis gemidos con su labio, y me llevaba al límite masajeando y pellizcando mis pechos. 10

Todos mis sentidos estaban puestos en ellos dos. Solo en ellos dos. Al menos, hasta que algo golpeó mi frente.

Parpadeé, recuperando la capacidad de racionar, y volví a sentirlo. Primero una vez, después otra, y otra, hasta que fui consciente.

—¿Está lloviendo? —pregunté, alzando una mano con la palma mirando al cielo. 40

—No lo creo. —Los dos levantaron la vista, atentos a cualquier cambio, y fruncieron el ceño.

Como si acabasen de abrir una compuerta, un torrente de agua comenzó a caer sobre nosotros, y empezamos a gritar y a intentar huir del agua. Era estúpido, teniendo en cuenta que ya estábamos mojados, pero Drew había dicho que con la lluvia el lago se llenaría de lodo. 34

Aún sentada sobre Drew, el rubio me alzó al ponerse en pie y empezó a correr en la otra dirección. Con mis piernas me aferraba a su cintura, y con

mis manos a sus hombros, luchando por no escurrirme cuerpo abajo. 24

Unos pasos por detrás de nosotros Zac echaba a correr, en una estampa graciosísima en la que corría con el miembro totalmente erecto, sacudiénsose con cada zancada que daba. Si se hubiese caído de cara habría hecho un agujero en la tierra sin ninguna dificultad. 245

La lluvia torrencial no parecía detenerse, y los pasos de Drew nos llevaron hasta la pequeña cabaña. Hecha de madera, y con una gran chimenea en la única habitación existente, parecía una casita de juguetes.

Zac fue el último en entrar, y el encargado de cerrar desde dentro, puertas y ventanas. La lluvia golpeaba el techo de la cabaña, con tanta fuerza que parecía que se vendría abajo en cualquier momento. 2

—¿Por dónde íbamos? —Drew, sin intención de retrasarlo más, atacó mi cuello, succionándolo al tiempo que hundía sus dedos en mi trasero. 29

—Eh, no seas animal. —Zac puso los ojos en blanco y caminó hacia la chimenea. Con aquella erección me sorprendía que le llegase la suficiente sangre a la cabeza como para pensar—. Peach se merece algo romántico.

204

En realidad, no me importaba. Lo único que quería ahora mismo era follar con los dos, me daba igual si era con unos mariachis tocando para nosotros, como si lo hacíamos a ras del suelo. Pero al castaño parecía importarle el ambiente, así que no me opuse. 21

Lo vi encender la chimenea, aportando un toque de luz anaranjada a la estancia. Con el mismo ímpetu extendió una colcha sobre la madera, y un par de cojines a modo de almohada. Solo le faltaba pétalos de rosa para que luciera de película. 55

—Zac —pronuncié, descolgándome de Drew y volviendo al suelo. El castaño se giró hacia mí, y yo avancé hacia él, como el depredador que camina hacia su presa, con el hambre marcado en la mirada—. Así está perfecto.

Él sonrió tras mi cumplido, y aquella sonrisa se ensanchó al ver cómo me dejaba caer de rodillas sobre el suelo. Si verlo lucir aquel piercing metalizado en su miembro se me antojaba una de las cosas más sexis que había visto en toda mi vida, que además jugase con el de su labio, enroscando su lengua en él, completaba aquella estampa perfecta de chico caído del cielo. 17

Lo miré directo a los ojos, con una sonrisa divertida, y lo engullí por completo. El frío del metal era todo lo opuesto al calor que desprendía su cuerpo. Una sensación contraria que me volvía loca, aunque no tanto como la forma en la que Zac dejaba caer la cabeza hacia atrás y enredaba sus dedos en mi pelo. 11

Pero aquello no era cosa de dos, y Drew no se iba a quedar al margen. Con pasos firmes avanzó hacia mí, y presionando sobre mi espalda me hizo caer hacia adelante, quedando a cuatro patas. Pese a que toda mi atención recaía en las expresiones faciales de Zac, pude ver cómo caía al suelo el envoltorio roto de un preservativo, y con el pecho de Drew golpeando mi espalda lo sentí hundirse en mi interior. Primero despacio, permitiendo que mi cuerpo se acomodase a él, y con cada embestida aumentaba el ritmo y la profundidad. 88

Con mi boca imitaba sobre Zac los movimientos que el rubio hacía en mi interior, moviéndonos los tres al mismo compás. Era una danza de tres, donde el respeto y el consentimiento mutuo marcaban el compás de nuestros gemidos. 52

A medida que las estocadas de Drew se iban volviendo más salvajes, mis piernas temblaban y perdían fuerza. De la misma forma, mi cabeza disminuía la velocidad de sus sacudidas, incapaz de mantenerme por mí misma a causa del temblor y los espasmos. 2

Con una mirada que pedía permiso, ante la cual yo asentí, Zac empezó a moverse, follándome la boca con rudeza. La mano de Drew, soportando el peso de mi cuerpo desde mi pecho, era lo único que me mantenía erguida.

Mi cuerpo se agitaba y mis piernas fallaban, agradecido por la rudeza del rubio, hasta que no pude más. Todo mi cuerpo se contrajo en un espasmo delicioso, y gemí por lo alto el nombre de Drac. En aquel momento de desconexión en el que mi cerebro dejaba de funcionar, había fusionado sus nombres en uno solo, y me pareció el gesto inconsciente más hermoso que podría haber tenido. Los dos ocupaban mis pensamientos por igual; el uno era tan importante para mí como el otro, y mi subconsciente lo sabía. 229

Me dejé caer de espalda sobre la colcha, con el pecho tremendamente agitado, y los vi mirarse el uno al otro con una sonrisa de oreja a oreja. 1

—Me va a dar un infarto —exageré, con la mano en el pecho y la lengua afuera—. Pero no se me ocurre una mejor forma de morir que esta. 6

—No puedes morir, no todavía.

Los dos se dejaron caer sobre la colcha, de rodillas, y gatearon hasta quedar junto a mí. Parecían estar en la misma sintonía, como si fuesen dos entes con una misma cabeza pensante. Bastó un par de miradas entre ellos para comunicarse, sin palabras, sin gestos. No fueron necesarios.

Drew se acostó de espaldas, y con ayuda de Zac me arrastraron sobre su cuerpo. El pelilargo se dejó caer sobre el mío, aprisionándome entre los dos.

63

—Si es demasiado para ti, dilo y paramos —señaló Zac, con la profundidad de su mirada sobre mis ojos. 16

Asentí, mordiéndome la cara interna de las mejillas, y él sonrió. 1

Con su mano derecha fue al encuentro de mi izquierda y entrelazó los dedos, en un gesto de lo más íntimo. Mucho más que cualquier roce sexual.

Un gesto que replicó Drew, también con su derecha, entrelazando los dedos con mi mano libre. En ese momento supe que estaban abriendo su corazón para mí. No era un encuentro sexual sin más, no para ellos. Y

desconocía hasta qué punto lo era para mí. 53

Comencé a darle vueltas al asunto, y mi cara debía de ser un fiel reflejo de la lucha interna en la que me había visto envuelta, pues Zac me llamó.

—Eh. —Acarició mi nariz con la suya—. No pienses en nada, solo disfruta.

9

Y antes de que pudiera responder, lo sentí llenarme por completo. Exhalé un jadeo sonoro que me dejó sin aliento, y él salió del todo. Volví a sentirlo en mi interior, pero esta vez, fue Drew el que gruñó, acompañando mi jadeo. Así, haciendo alarde de nuestra compenetración y de lo buenos que eran siguiendo un compás, los dos se hundían en mi interior, por turnos,

rápidos y profundos. Nuestros cuerpos se agitaban, unos sobre los otros, otros bajo los unos. 100

Zac atacaba mi cuello con su boca, lamiendo aquella zona en toda su amplitud. Humedecía mi piel y exhalaba su cálido aliento, en una sensación realmente placentera.

Desde el otro lado, Drew devoraba mi oreja, deteniéndose cada poco para gruñir y jadear contra ella, provocando que me humedeciese aún más con aquel sonido tan agradable. 15

La cabaña parecía que se iba a venir abajo en cualquier momento, pero ya no era por la lluvia. No sabía en qué momento había dejado de llover.

Ahora, eran nuestros movimientos rápidos y profundos lo que hacían peligrar su cimientos. 9

Cuando mi cuerpo comenzó a agitarse y mis piernas volvían a temblar, me deshice de sus manos. Llevé la derecha a uno de mis pechos, estrujándolos de esa forma en la que me gustaba, y la otra la deslicé hacia mi centro del placer, haciéndolo vibrar con mis dedos.

—Más rápido —exigí, con la boca seca.

—Es todo lo rápido que puedo ir así —respondió Zac, quien compartía la misma opinión que Drew. 30

No era yo quien hablaba, sino mi cuerpo y mis hormonas. Con la cabeza nublada por el placer, coloqué mis manos en el pecho de Zac y lo empujé, haciendo que cayese de espaldas sobre el suelo. Antes de que fuese incluso consciente de lo que había hecho, me aferré a su miembro y lo guié hacia mi entrada, sentándome en él. Mis caderas se movían con toda la rapidez que podía, y mis pechos se bamboleaban al mismo ritmo. Con sus manos se aferró a mi cintura, ayudándome a ir más rápido, y él también empezó a moverse, embistiéndome con furia. 36

Los gruñidos de Zac fueron en aumento, casi tanto como las contracciones que sentía en mi interior.

—No puedo más con este ritmo —anunció él, con la boca entreabierta —.

Si sigues así me voy a correr. 17

—No pienso parar, yo también estoy cerca. 3

Sus embestidas se mantuvieron un par de segundos más hasta que su rostro se contrajo y gimió, dejándose caer hacia atrás.

Rodé sobre su cuerpo, cayendo de espaldas al suelo, y con un movimiento enérgico de manos le pedí a Drew que viniese.

Echó a correr hacia mí, y tumbándose sobre mi cuerpo volvió a colarse en mi interior, imitando la velocidad con la que Zac me había embestido. O

incluso, algo más rápido. El sonido de nuestros cuerpos chocando retumbaba por toda la cabaña. 15

—¿Estás lista?

Asentí, moviendo mis dedos aún más deprisa, y con una nueva estocada profunda mi espalda se arqueó una vez más, gimiendo por todo lo alto.

Su cuerpo siguió moviéndose un par de segundos más hasta caer fulminado a un lado. 5

En el suelo, los tres mirábamos al techo, con nuestros pechos agitados, y los cuerpos acalambrados tras una sesión de ejercicio extenuante. 18

Volví a mirarlos, primero a uno, después al otro, y ahora fui yo la que entrelacé mis manos con las suyas.

Puede que fuese cosa de las hormonas, o de que mi cabeza aún estuviese nublada por el placer, pero mi corazón había empezado a bombear más rápido.

Por ellos. 82

Por los dos. 2

No sé si tenía sentido, o si un corazón era capaz de albergar amor para más de una persona, pero es lo que sentía. 1

Estaba enamorada de los dos.

CAPÍTULO 32: SIETE DE SEPTIEMBRE

"La fecha". 70

O lo que es lo mismo, «olvídate de agendar cualquier otra cita para ese día».

Durante dos semanas tuve que soportar a Jax recordándome la importancia del siete de septiembre y mi obligatoriedad a asistir por contrato, aunque no soltaba prenda sobre la naturaleza de la reunión. Yo tampoco pregunté, a decir verdad. Todos hablaban de este día como algo obvio y a mí me avergonzaba quedar como idiota si preguntaba. Pero mi paciencia tiene un límite, y amenazaba con explotar en el interior del coche de Zac.

De vez en cuando me obligaba a bajar la mirada y taparme la boca para evitar una carcajada repentina. Ver a Jax intentar agarrarse del asa fantasma me parecía gracioso, sobre todo sabiendo cómo desaparecieron. 60

—¿No piensan decirme qué estamos haciendo? —escupí al fin.

Al oírme hablar, los tres me miraron con interés. Zac a través del espejo retrovisor.

—Joder, no es tan difícil. —A mi lado, Drew alzó las cejas, a la espera de una reacción por mi parte. 1

No la hubo.

Conociéndolos, podrían estar llevándome a un club de intercambio de parejas, o a casarnos los cuatro en Las Vegas. 114

Regodeándose en mi ignorancia, el rubio me dedicó una sonrisa ladeada y volvió la vista al frente, sin interés en darme ninguna explicación.

Puse los ojos en blanco, ahora algo nerviosa, y volví a desbloquear mi teléfono por quinta vez en lo que iba de trayecto. Desde la cuenta oficial de la discográfica, la cuenta atrás del lanzamiento de nuestro videoclip estaba próxima a llegar a cero. En algo más de una hora al fin vería la luz, y no sabía qué me tenía más nerviosa, si la respuesta del público o la de mi padre al ver cómo me besaba con los tres. 58

De cualquier forma, lo hecho, hecho estaba. 3

Tratando de convencerme a mí misma de que todo estaba bien, llegamos al que parecía ser nuestro destino. El vehículo se detuvo junto a una casita familiar de dos plantas, con una puerta de madera, y una más amplia y oxidada, la entrada del garaje.

Aunque en aquel momento fueron cientos las preguntas que me sobrevivinieron, esta vez no hice ninguna.

Los cuatro nos bajamos del coche y entramos por el garaje, que chirrió al abrirse para nosotros. Era como si llevase milenios sin utilizarse.

Los tres se detuvieron en la entrada, echando una mirada alrededor, sin atreverse a dar un paso más. En conjunto crearon una barrera que me impedía el paso, pero también el poder ver cualquier otra cosa que no fuese sus cabezas. Por más que me pusiera de puntillas o diese pequeños saltitos, no llegué a ver nada. Hasta que me abrí paso, atravesando el único punto débil de aquella muralla humana, y fui la primera en entrar. Pronto me arrepentí de haberlo hecho, y estropear, tal vez, un momento íntimo. 7

La sala parecía un pequeño museo en el que el tiempo se había detenido desde hacía una década. Los muebles antiguos, las cortinas desteñidas por la luz del sol, y las fotografías de tres adolescentes que sonreían a la cámara. Estaban irreconocibles. 49

Zac, con aspecto aniñado, aún no se había perforado el labio. Tampoco había rastro de su larga cabellera. 65

Drew conservaba su sonrisa de ligón, con la cara cubierta de granos y el pelo negro. Su color natural le endurecía las facciones y potenciaba más una imagen de chico malo. 70

En medio de los dos, Jax sonreía con la boca entreabierta, tan radiante que sus ojos casi no se veían. Con sus manos estrechaba los brazos de sus amigos, y en conjunto probablemente se reían de alguna broma hecha antes de que al otro lado alguien presionara el botón. 53

Sentí una punzada amarga en el pecho al caer en los estragos del paso del tiempo. Aunque era en Jax en quien era más notable, todos habían perdido ese brillo en sus miradas, y sus sonrisas se habían apagado. Ser adolescente nunca fue fácil, pero presentía que todos ellos habían pasado por una época dolorosa. 52

Bueno, ¿y quién no?

Al girarme de nuevo hacia ellos vi la sombra de la melancolía en sus miradas. Poco a poco se animaron a acercarse al que parecía ser su santuario.

Drew echó a andar hacia una vieja guitarra a la que ya solo le quedaban cuatro cuerdas. Zac, con algo más de energía, se dirigió hacia una vieja y destartalada batería, agujereada y empolvada. La banqueta no se veía en las mejores condiciones, y el pelilargo debió de pensar lo mismo, pues decidió no tentar a la suerte sentándose encima.

—¿Es aquí donde ensayaban? —La pregunta, ridículamente obvia, sonaba mejor en mi cabeza.

—Es más que eso. —Jax caminó hasta el centro de la sala y se detuvo en seco, girando sobre sus talones. —Aquí fue donde nació Elysian. 97

Tal vez fue la forma en la que las palabras brotaron de su boca, o el escenario tan emotivo, pero sentí mi piel erizarse con aquella revelación.

Este era el pequeño garaje del que tantas veces hablaron, aquel en el que se reunían cuando los sueños eran más grandes que las probabilidades. Y, sobre todo, que la confianza que los demás tenían en ellos.

—¿Y el siete de septiembre? 5

—Fue el día que creamos la banda. Esa foto de ahí es del primer «siete ese». 65

Terminé de acercarme a la fotografía y la tomé entre mis manos. La fina capa de polvo que la cubría me hizo estornudar al acercarla a mi cara. Era como si estuviese prohibido el acceso al garaje y el polvo se acumulase.

En la parte posterior de la fotografía, un texto escrito en tinta de bolígrafo se había emborronado hasta el punto de ser ilegible. Solo fui capaz de leer la firma.

Jackson Emmerich182

Zachary Remington165

Andrew Relish190

Entre sus nombres y apellidos, algunas letras estaban resaltadas en rojo. 65

Mis ojos se movieron de unas letras a otras hasta que encontré un patrón familiar.

Elysian. Entre todas las letras remarcadas se formaba el nombre de la banda. 59

—No podías saber nuestros nombres. Recuerda el contrato. 15

La voz masculina golpeó mi oreja y me tensó. No esperé sentir a Jax tan cerca de mi cuerpo, rozándome la espalda. 11

—No podía preguntar los nombres, y no lo he hecho —respondí, devolviendo la fotografía a su sitio. Con actitud calmada me giré hacia él, y el corazón se me aceleró al ver su cara tan cerca de la mía. —Si no recuerdo mal, fuiste tú quien me reveló el suyo. 109

Jax contrajo la mandíbula, noqueado por el golpe que acababa de asestarle, y retrocedió dos pasos. Suficientes para dejar espacio entre los dos. 2

—Revelarlo tampoco va en contra del contrato —gruñó, alborotándose el cabello con una mano. 32

Durante un segundo desvió la mirada, pero cuando volvió a encontrarse con la mía, se relajó. Si yo estaba rememorando nuestro encuentro en el camerino de Rex, él parecía estar haciéndolo también. 13

En ese momento escuché un gemido, y di un bote en el sitio. 2

Por un momento llegué a pensar que mis pensamientos se escucharon por toda la estancia, pero cuando volvió a escucharse otro, aún más fuerte, comprendí que era algo ajeno a mí. 1

Como si de una carrera de caballos se tratase, un golpeteo rítmico sonaba por encima de nuestras cabezas, y del techo caía tierra y unas piedrecitas minúsculas. Temiendo que de un momento a otro fuese a ceder, me hice a un lado, y el techo volvió a temblar.

—Alguien se lo está pasando mejor que nosotros —señalé, y me dejé caer sobre el sillón roído. 1

—Las viejas costumbres nunca cambian —añadió Drew, alzando la vista al techo.

Al otro lado del garaje, Zac se hizo con el palo de un cepillo y golpeó tres veces en el techo, provocando que volviese a reinar el silencio. 42

—Ahora sí, como en los viejos tiempos —dijo, y los tres se echaron a reír.

Volví a revisar la cuenta atrás, ya solo faltaban quince minutos.

—¿Qué se supone que hacemos aquí?

Jax se dejó caer sobre el sillón, a mi derecha. Él también revisaba el perfil de la discográfica.

—Nos obligamos a volver a nuestras raíces, a recordar cómo nació la banda y mantenernos fieles a nosotros mismos. Muchos quisieron cambiarnos, nos prometieron el éxito si lo hacíamos, pero nunca quisimos. 12

—Además —añadió Drew, sentándose a mi izquierda y pasándome un brazo por encima—, este año es diferente. Ya no somos unos don nadie, hemos crecido.

—Y me tienen a mí.

—Eso es lo mejor de todo —aseguró, estrechándome contra su cuerpo. 43

La nostalgia se palpaba en el ambiente. La emoción de los primeros ensayos, la ilusión por llegar a ser alguien. Ojalá hubiese estado desde el principio para poder verlo.

Volvimos a escuchar ruidos en el piso superior, pero esta vez se oía más como una carrera. Después de unos pasos rápidos, oímos a alguien bajar las escaleras e irrumpir en el garaje a toda prisa.

Algo más despeinado de lo que lo recordaba, el hermano de Jax nos saludaba con su actitud chulesca característica. Sus ojos azules recorrieron todas las caras hasta llegar a la mía y detenerse. 32

—Siento que hayas tenido que venir a esta pocilga —se disculpó entre bromas, para después abrazar a Jax y darle unas cuantas palmadas fuertes en la espalda. Al separarse de él, volvió a dirigirse hacia mí—. Soy Hunter, por cierto. 39

Asentí, en señal de saludo, y le devolví la misma sonrisa ladeada que él esbozaba. Era increíble lo mucho que se parecía a Jax, y lo muy diferente que eran a la vez. Las similitudes en sus rostros no dejaban duda de su parentesco, pero uno era chulería y bondad, el otro era frialdad y rencor.

—A menos que te estuvieses haciendo una paja monstruosa... —Drew alzó la vista hacia el techo—. ¿No nos la vas a presentar? 49

—En otro momento. No hemos terminado ahí arriba. —Su sonrisa se ensanchó, y Drew le golpeó en el hombro, con una réplica en su cara. 82

Poniendo la nota seria, Jax se puso en pie y arrastró a su hermano hasta una esquina del garaje. Aunque intentó hablar en voz baja, la estancia era lo suficientemente pequeña como para escucharlo casi sin prestar atención. 1

—¿Está todo bien? ¿Necesitas pasta? 5

Sin esperar respuesta de su hermano, Jax sacó un fajo de billetes del interior de su chaqueta y empezó a contar. 1

Hunter negó con tranquilidad, colocando sus manos sobre las de Jax.

—Aún tengo de la última vez. No me trates como a un niño rico.

Jax bufó, y a regañadientes volvió a meter el dinero en su chaqueta.

Tras despedirse, Hunter echó a correr escaleras arriba y desapareció de nuestro campo de visión.

—¡Un minuto!

El grito que Zac dio nos puso a todos tensos, y nos lanzamos sobre nuestros teléfonos móviles en el preciso instante en el que la cuenta regresiva entraba en el minuto cero.

El tiempo pareció ralentizarse, y todo a mi alrededor avanzó a cámara lenta.

Tres.

Dos.

Uno.

Y el videoclip vio la luz. 111

Accedí al link en cuanto este apareció en pantalla, y el resto de la banda se acercó más a mí para poder verlo en primicia. Por ser la primera en acceder, había podido entrar sin problemas, pero a ellos les daba error de servidor. 2

No me di cuenta de lo mucho que me temblaban las manos hasta que Jax colocó las suyas sobre las mías y las inmovilizó, sosteniendo entre los dos el teléfono. 87

—Ay, joder, ¡soy la primera en aparecer! 40

La emoción era tal que ni siquiera me importó mis nulas habilidades de actuación, más que visibles en el vídeo. Me veía guapa y sexi, estaba tan feliz de verme en pantalla hasta que llegó la parte del agua.

Con la ropa húmeda y pegada a mi cuerpo evidencié lo que otros podrían pasar por alto.

—Me han retocado la puta cintura —escupí—. Ahí, mira. Yo no tengo esa cintura de muñeca. 95

Aunque muy probablemente habría tenido el apoyo del grupo, cada uno estaba concentrando mirándose a sí mismos, y no los podía culpar. Yo mismo había dejado a un segundo plano sus apariciones y me había centrado solo en mí.

Ni siquiera pude disfrutar como era debido la parte en la que los besaba a los tres, y eso que era mi parte favorita. 18

—No ha estado nada mal para haber grabado un solo día.

—Claro, Zac, no ha estado mal porque a ti no te han puesto, no sé, una polla de metro y medio. 1

—Eh, eh. —Zac levantó los brazos en señal de rendición—. A mí también me parece una puta basura que te hayan retocado, y quemaré la discográfica si eso es lo que quieres, pero el videoclip ya está grabado y subido. Ya lo habrán visto... yo que sé, ¿cien personas? Ya es tarde para quitarlo, pero podemos exigir que no lo vuelvan a hacer. 29

Seguir: parte 2 de 3