Elysian

Sara C · Capítulo 4 de 10 · parte 1/3

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Elysian

Su lengua buscaba la mía con insistencia,…

Este capítulo es largo, así que está dividido en 3 partes.

Su lengua buscaba la mía con insistencia, y mis manos se aferraban a su espalda, presionándolo contra mí. Ese cúmulo de rabia contenida y tensión acumulada acababa de prender y transformarse en un deseo primitivo. 43

Todo en él eran movimientos bruscos, de esos que consiguen hacerte suspirar y elevar la temperatura de cero a cien en tan solo unos segundos.

Yo no era una princesa, ni quería que me tratase como tal, ansiaba verlo en su faceta más ruda y se lo dejaba claro con cada jadeo inconsciente que soltaba. 42

Con su cuerpo presionando el mío ambos retrocedimos con rapidez, casi trastabillando, hasta que me estampó contra la pared. El camerino tembló con aquel golpe, pero no nos detuvimos. Con la misma rudeza con la que me devoraba la boca, sus labios descendieron por mi cuello, trazando un camino de lametones y mordiscos mientras yo me deshacía en jadeos entre

sus brazos. Esos brazos fuertes que impedían que mis piernas temblorosas me llevasen al suelo. 58

Abandonando la pasividad del encuentro alcé la pierna, aferrándome con ella a su cadera, de forma que pudiese sentirlo aún más cerca de mí. No.

Era insuficiente. Llevé mis manos a su trasero y las hundí en él, presionándolo con fuerza contra la mía. 121

La manera en la que Jax disfrutó de aquel simple gesto fue música para mis oídos. Ahora era él quien jadeaba contra mi cuello, y la calidez de su aliento junto con aquel sonido placentero me volvieron loca. 31

Él también pareció perder la cordura.

Sin previo aviso me hizo girar sobre mis talones y volvió a estrellarme contra la pared, esta vez, de frente. Con la mejilla sobre aquella superficie fría, alcé las manos y las apoyé también en la pared. El contraste de temperatura con la de mi cuerpo era agradable. Jadeé una vez más, sorprendida, y sentí su cuerpo aprisionarme contra la estructura vertical. 10

En aquella posición acercó su boca a mi oreja y susurró, de la forma más sensual que podría haberlo hecho:

—No sabes las ganas que te tengo, Penny. 515

Y mi cuerpo reaccionó contrayéndose por completo.

Le habría dicho que yo también. Que no pensaba en otra cosa desde nuestro beso, pero fui incapaz de articular palabra. Una nebulosa en mi cerebro me impedía pensar con claridad.

No fue necesario, sin embargo, que respondiese. Al menos no verbalmente.

Los jadeos que brotaban de entre mis labios le dieron vía libre para ir más allá, y él tomó el ticket directo, sin paradas, ni retrasos. Se embarcó en un viaje sin retorno en el que yo era su destino final. 25

En mitad de algo que sonó como una risa ronca, Jax enterró su cintura en la mía y pude sentir cómo empezaba a reaccionar aquella parte tan deseada de su anatomía. En una perfecta coordinación, sus manos descendieron por mi cuerpo, reptando en dirección descendente hasta mi ombligo y desde ahí atacar entre mis piernas. 45

De solo imaginarlo jugando con sus dedos me humedecí, y tuve que morderme el labio inferior para retener un ruidito de placer. 1

Al sentir su roce, por instinto, abrí mis piernas para darle espacio, y volvió a reír contra mi oreja. Estaba disfrutando teniéndome en bandeja para él, y yo cada vez me enamoraba más del sonido de su risa. 105

No aguantaba más tenerlo tan cerca y sentirlo tan lejos. Ansiaba que su piel recorriese la mía y que nos fundiésemos en uno solo. Así, con un movimiento de cadera que se hundía sobre su incipiente erección, le pedí que lo hiciera. Que atacase con sus dedos de una maldita vez. 6

Supo leer entre líneas, y sin tener que pedírselo verbalmente, sus dedos acariciaron mi piel por encima de la tela, presionando aquella zona que ya ardía. Con un solo toque me dejaba sin aliento, pero yo quería más. Lo quería todo de él. Lo quería todo con él. 41

En aquel momento en el que mi cabeza se dividía entre lo sexual y lo romántico, su mano empezó a moverse en círculos, y yo volví a morderme el labio inferior. Me agitaba sobre la rigidez de la pared y la de su miembro, cerrando los ojos para disfrutar al máximo de aquella experiencia. 20

Mi cuerpo se contrajo. Primero una vez, después otra y luego otra más, desencadenando así una oleada de contracciones en las que mis piernas

amenazaban con derribarme. Y habría perdido el equilibrio de no ser porque lo tenía a él, aprisionándome contra la pared. 2

—¿Por qué seguimos teniendo ropa? —jadeé al borde de un ataque cardiaco, y él se separó de mí. 37

Lo escuché retroceder unos pasos y detenerse en seco para observarme. Yo también lo habría hecho si fuese él quien estuviese en mi situación. Y hasta le haría una foto para disfrute personal en mis noches de soledad.

Al girarme lo vi, plantado en mitad de la pequeña estancia.

—Porque quiero que seas tú la que me lo pida. 71

—Jax, arráncame la ropa. 198

Sus ojos brillaron bajo el único foco de luz de la habitación, y asintió. Lo hizo despacio, al contrario que la velocidad de sus zancadas, con las que rápidamente volvió a posicionarse frente a mí. 21

Soltó todo el aire en un solo movimiento, emitiendo un sonido similar al de una risa muy breve. Con un aluvión de imágenes de mi cuerpo desnudo que debían de estar saturándole la cabeza, tragó fuerte, y llevó sus manos a mi escote. No para tocar mis pechos, tampoco para hundir los dedos en él.

Ciñéndose de forma literal a mi petición, se aferró con fuerza a la tela de mi vestido y la rasgó, hasta mi cintura. El sonido de la tela al romperse fue un reclamo para mi atención, y bajé la mirada con rapidez, encontrándome tan solo el sujetador. 132

Ya no podía devolver aquel disfraz. No recuperaría el dinero que había pagado como fianza, así que, puesta a endeudarme, mejor que terminara lo que había empezado. 18

Volví a alzar la mirada, encontrándome con la suya, y asentí. Sus manos volvieron a tirar de la tela, haciéndola jirones hasta partirla en dos y dejarla caer sobre mis pies. 21

Y no, no llevaba bragas. 77

Consumido por la lujuria, se llevó una de sus manos a la boca y deslizó sus facciones hacia abajo. Su otra mano se abría y cerraba en lo que parecía un intento por mantener la sangre fría. 5

Yo también quería jugar. Quería ser esa Peach mala que le arranca la ropa a los chicos, y no me iba a quedar con las ganas. Sin previo aviso, llevé mis manos a su camisa y con toda la fuerza que pude reunir tiré de la tela en direcciones opuestas, no una, ni dos, sino tres veces. 57

No pasó exactamente nada. 148

Volví a intentarlo de nuevo, variando la forma en la que colocaba las manos, la fuerza de los tirones y hasta los puntos que tocaba, pero el resultado era el mismo. O aquella tela era de primera calidad, que lo dudaba, o estaba en peor forma de lo que pensaba. 47

—¿Sabes qué? Mejor quítatela tú. 173

Jax se llevó una mano al abdomen y soltó una sonora carcajada, rompiendo así la tensión del momento. Yo entrelacé los dedos de mis pies entre sí, cohibida por mi ineptitud, aunque aquel estado embarazoso duró más bien poco. Mis ojos se centraron rápidamente en él y en la forma en la que se quitaba la camisa. Si no lo hacía a cámara lenta era mi cabeza la que hacía pasar las imágenes a una velocidad enlentecida, permitiéndome así disfrutar de aquel maravilloso momento. 2

Con aquella prenda sobre el suelo, su torso desnudo se volvía lo más interesante en la habitación. Esculpido y trabajado, no de forma exagerada, sino lo suficiente para contornear su musculatura, su pecho subía y bajaba con rapidez. Sus manos, mientras tanto, se despojaban del pantalón y dejaban a la vista una erección prominente bajo una fina tela de color negro.

67

Tragué fuerte.

Estaba ansiosa por verlo completamente desnudo, y él lo sabía. Se valía de mi impaciencia para hacerme sufrir, hundiendo los pulgares en su piel, por debajo de la ropa interior, sin animarse a quitársela.

Humedecí mis labios sin perder detalle de lo que ocurría frente a mis ojos, y él aprovechó mi interés para arrancarme el aliento con un rápido

movimiento en el que liberó la erección y su miembro quedó a la vista. 2

Con un tatuaje en él. 152

Uno que decía «suck me». 428

La simple repetición mental de aquella frase creó en mí la necesidad de tenerlo en mi boca. Era una invitación en toda regla a chuparlo, y mis rodillas cayeron contra el suelo casi sin pensarlo. Aquellas debían de ser las palabras mágicas más efectivas después del mítico «ábrete, sésamo». 60

Desde arriba, Jax me observaba con expresión contenida, aunque las pupilas en sus ojos se dilataban. No me quería perder la primera mueca que hiciera al metérmela en la boca, y seguramente él quisiera mantener la mirada cuando se la chupase. 7

Me aferré a la base, humedeciéndola antes de tocarla, y aproximé mis labios al extremo. Exhalé todo mi aliento sobre ella, y lo sentí estremecerse.

Lo repetí una vez más, y la respuesta fue la misma. 2

Sonreí, enorgullecida por la forma en la que el rompeovarios reaccionaba a mis caricias, y abrí la boca.

Carraspeé, recobrando la compostura, y antes de que pudiese decir nada engullí su miembro con un movimiento, y él gruñó. Mis labios rodeaban su grosor, y mi lengua jugaba con su longitud, deslizándose por encima del tatuaje. Él se llevó el puño a la boca, jadeando, y con la mano contraria me alzaba el mentón para poder verme bien. Mi cabeza se movía de delante

hacia atrás, ganando en velocidad, mientras sentía su miembro endurecerse aún más. 80

Quise llevarlo al éxtasis, pero me detuvo, y tomándome de las muñecas me puso de pie. 1

Con nuestras bocas como punto de unión, él avanzó dando traspiés y yo retrocedí a trompicones en dirección a la mesa. Con los ojos cerrados, centrados en saborear al otro, nos chocábamos con todo lo que encontrábamos a nuestro paso. Cuando sentí el borde de la mesa en mis piernas, él me empujó y caí sobre la superficie dura, aferrada a su cuello para que no se separase de mí. 26

Tenía hambre de él. 1

Quería devorarlo por completo y que no se separase de mí hasta haberlo hecho.

Con la respiración agitada, se separó de mi boca. Sus labios estaban hinchados y su pecho se movía con rapidez.

—Espera, voy a cerrar con llave. 147

Eché una mirada a la puerta, y la excitación se abrió paso en mi interior.

Con una avalancha de imágenes de situaciones ficticias en las que nos pillaban con las manos en la masa, volví a mirar a Jax y me mordí el labio inferior.

—No lo hagas. Así es más excitante. 275

Él pareció meditarlo. Tal vez porque si la organización del concurso o los propios periodistas nos encontraban, podía ser nuestro final. Sin embargo, en aquel momento en el que la sangre se le concentraba en un único punto, no parecía estar pensando con la cabeza. 21

Volví a tragar fuerte, esta vez, sabiendo lo que venía.

Sin tiempo que perder eché mano a mi espalda y desabroché el sujetador, lanzándolo por los aires. Mis pechos quedaron a la vista y él clavó su mirada en ellos, con admiración. 3

—¿Estás segura de esto? —preguntó, aún sin animarse a poner un dedo sobre mi piel. 50

Después de esquivarle por un simple beso era normal que quisiera estar seguro antes de dar el paso. Lo que él ignoraba es que no había querido algo en toda mi vida con tanta fuerza como era sentirlo dentro de mí.

—Hazlo —ordené, sin un ápice de duda en mi voz.

Él se acercó, y arqueando mi espalda me estampó contra la mesa. Esta chirrió, dejando en claro que no estaba en sus mejores momentos. 9

—No voy a ser delicado, Penny. 113

—No quiero que lo seas —declaré—. Quiero que me folles como si fuese la última vez que lo hicieras. 40

Él asintió, complacido, y abrió mis piernas con un movimiento rápido de manos. Jadeé al sentirme expuesta, pero más por la velocidad de aquel gesto. Me mordí la cara interna de las mejillas, deseando sentirlo, pero se detuvo. 6

—Mierda, no traje condones. 176

Joder.

Menuda putada.

—¿Qué hacemos?

Jax se apelmazó el cabello con las dos manos, ligeramente nervioso, retrocediendo hasta quedar a varios metros de distancia de mí. Hacerlo sin protección no era una opción, no quería jugármela de esa forma. 35

Empezó a dar vueltas como loco, tendiéndole un pulso a la irritación que empezaba a apoderarse de él, hasta que se le iluminó el rostro. Con menos delicadeza que un hipopótamo empezó a revolver entre las pertenencias de Rex, levantando, tirando y mezclando todo lo que veía a su paso.

Papeles, kits de higiene, ropa... y un paquete de condones. 30

Solo quedaba uno. 3

—Jódete, gilipollas —espetó, y se apresuró a colocárselo. 136

Era muy probable que les jodiésemos un polvo si al acabar la noche la cosa se caldeaba y no tenían con qué protegerse. Mejor ellos que nosotros. 89

Había llegado el momento. 7

Jax apoyó las palmas de las manos en la mesa y empezó a gatear por ella, como un felino que acecha a su presa, dispuesto a devorarla. Yo iba a ser su cena, y esperaba que el menú le dejase satisfecho. 49

Sentí el peso de su cuerpo caer sobre el mío, y su mirada lujuriosa buscó la mía con necesidad. Contuve el aliento, embriagándome con aquellos ojos grises tan expresivos, y lo sentí colarse en mi interior de una estocada que me dejó sin aliento. Él jadeó al llenarme por completo y yo reprimí un gemido, buscando con las manos unas sábanas de las que agarrarme. No había. A falta de una tela en la que hundir mis uñas me aferré a su espalda, y con una nueva embestida que me empotraba contra la mesa las clavé en su piel. En lugar de quejarse, él sonrió, disfrutando verme retorcerme de placer. Volví a gemir. Sus movimientos profundos y rápidos me sacudían de la cabeza a los pies, entrecortándome la respiración cada vez que lo sentía hundirse en mí. 139

Mi interior se contraía a su alrededor, sintiendo una calidez que nacía en aquella parte de mi cuerpo y se extendía por el resto de mi sistema.

La mesa chirriaba bajo nuestros cuerpos, aunque aquel sonido quedaba silenciado por los gemidos y el golpeteo rítmico. 5

Aquello estaba bien. Jodidamente bien, pero quería más, y sabía que Jax podía dármelo.

—Quiero más—articulé entre gemidos—. Más brusco. 106

Él gruñó, y la expresión en su rostro cambió por completo. Era como si un Jax embravecido se hubiese adueñado de él. Sus ojos adquirieron un tono oscuro, y su mandíbula se contrajo una vez más. 18

La musculatura de sus brazos se tensó por la fuerza que ejercía para mantenerse erguido.

Sus embestidas se volvieron más fuertes. Sin llegar a hacerme daño, me arrancaba sonoros gemidos cada vez que entraba y salía, más rápido, más fuerte, más salvaje. Joder, el apodo de «rompeovarios» le venía muy bien.

103

Sin llegar a detenerse, alzó mis piernas hasta que las rodillas chocaron contra mi pecho agitado, y desde aquella posición continuó penetrándome.

Su miembro conseguía así abarcar la totalidad de mi anatomía, y yo convulsionaba de un placer exquisito. Sin pronunciar nada coherente, ponía los ojos en blanco y gemía, arañando su espalda de un extremo al otro. 36

Demostrando que era capaz de mantener el equilibrio, llevó una de sus manos a mi cuello, rodeándolo con sus dedos, y me miró. Yo asentí, con el rostro contraído mientras gemía, dándole vía libre para hacer presión en él.

134

—Aquí —dijo, llevando mi mano a su hombro—. Clava las uñas en esta zona si quieres que pare. 112

Yo asentí, comprendiendo las reglas del juego. Después de aquello, cerró la mano alrededor de mi cuello, y mis ojos se abrieron como respuesta automática. Era la primera vez que me hacían algo así, y a decir verdad, la primera reacción era la de intentar pedir ayuda. Pero pronto me acostumbré, y no solo eso, sino que lo disfruté. Puede que fuese así, o tal vez no, pero sentía que aquello potenciaba mis sentidos, o bien el placer que me proporcionaba sus embestidas. Por supuesto, había que hacerlo con cuidado o la cosa podría salir muy mal, pero confiaba en Jax y en la señal que habíamos acordado para que se detuviese. 77

Una corriente eléctrica recorrió mi espina dorsal, provocando que mi cuerpo se arquease y soltase un nuevo gemido. Mi cuerpo vibraba con cada sacudida que Jax le daba, y estaba listo para colapsar.

—Mas rápido —balbuceé, haciendo presión en mi centro del placer. 4

—Quiero que gimas mi nombre. 36

—Jax —gemí, alargando la palabra hasta que necesité tomar una larga bocanada de aire.

—No. Quiero que gimas mi nombre real. 275

—¿Cuál es? 10

—Jackson. 618

Aquel dato podía parecer insignificante, pero para mí era una muestra de confianza y complicidad. Acababa de romper el contrato por segunda vez en la noche, y me hacía inmensamente feliz. Jackson y Peach. Jax y Penny.

Sonaba bien de cualquier forma. 63

Él gruñó, y empezó a moverse todo lo rápido humanamente posible. La mesa chirriaba con más fuerza, sacudiéndose de forma peligrosa, hasta que no aguantó más y cedió. Las patas se rompieron, y el tablón sobre el que estábamos cayó al suelo en un golpe seco. El pelinegro retiró la mano

de mi cuello y salió de mi interior, haciendo una evaluación de daños personales. 181

Si aquella mesa era cara, no me importaba una mierda. Lo único que maldecía era que hubiese interrumpido el que habría sido el orgasmo del siglo. 31

Volví a bajar las piernas, apoyándolas sobre la madera, y en su lugar me erguí levemente y me abracé a su cuerpo, aún con las piernas separadas.

—¿Estás bien? —preguntó, con aspecto preocupado. 64

—Mejor que nunca. 9

Aquella respuesta consiguió arrancarle una sonrisa honesta.

Volvió a tumbarse sobre mí, y yo me quedé mirándole por un instante, directo a los ojos. Ahora que las hormonas quedaban a un lado, mi corazón volvía a tomar las riendas y se imponía a mi cabeza.

—¿Qué? —preguntó, extrañado por la forma en la que lo miraba.

Una parte de mí luchaba por confesarle mis sentimientos, pero incluso aturdida por el placer, sabía que no era buena idea. En el mejor de los casos me rechazaría. En el peor, saldría corriendo y volveríamos a ser los mismos desconocidos del primer día.

Me mordí la lengua para no soltarlo todo, pero mis ojos hablaban por sí solos. Era la mirada de una enamorada, de alguien que está delante de esa persona que hace temblar su mundo.

Él tragó fuerte, aún examinando mi expresión, y asintió. 16

En silencio, sin mediar palabra. Movió la cabeza en afirmación, y yo me pregunté qué había querido decir con aquello. 170

Tal vez me hubiese animado a preguntárselo, o tal vez no. No llegué a decidirme, porque junto a mi cabeza había empezado a sonar mi teléfono

móvil. Lo ignoré deliberadamente, y con un toquecito en el pecho de Jax le pedí que se levantase. Él, que creía que así daba por finalizado nuestro encuentro, hizo el amago de alejarse de ponerse en pie, pero lo detuve. 2

Me aferré a sus hombros con determinación y lo tumbé sobre la mesa, con toda la fuerza que pude. Antes de que pudiese procesarlo, tomé su miembro con mi mano y lo guié a mi entrada, sentándome así sobre él. 30

Él volvió a gruñir, y yo gemí de nuevo. 2

—¿Cómo voy a poder quitarme esta imagen de la cabeza, Penny? 189

Aquella pregunta me motivó a empezar a mover encima de su cuerpo, saltando sobre él, con mis pechos bamboleándose por la rudeza con la que lo hacía. No con tanta vehemencia como la suya, porque había visto demasiados programas de televisión como para saber que podría fracturarle el pene si hacía un mal movimiento. 132

—Nadie ha dicho que tengas que hacerlo —respondí con serias dificultades sin dejar de moverme. 8

El maldito teléfono seguía sonando con insistencia. Eché una rápida mirada a la pantalla y vi que se trataba de mi padre. Mal momento para llamarme, papá. Deslicé el dedo hacia arriba y con un simple movimiento colgué sin ni siquiera haber respondido. Ya lo llamaría más tarde. 179

Ahora que era yo la que me movía, él aprovechaba para recorrer mi cuerpo con sus manos. Comenzaba haciendo círculos alrededor de mi ombligo, ascendiendo levemente hasta llegar a mis pechos. Una vez allí, los manoseó a su antojo, amasándolos al mismo ritmo con el que yo movía mis caderas.

8

Por primera vez lo escuché gemir sin pudor. Sus cejas se hundieron al tiempo que su boca se abría, y motivado por el ardiente deseo, se irguió

hasta donde mi cuerpo se lo permitió y me abrazó, estrechándome contra él.

Ahora éramos los dos quienes nos movíamos al mismo compás. 69

Su mano derecha alzó el vuelo, depositando el dedo pulgar sobre mi labio inferior. Tiró de él en sentido descendente, presionando ligeramente, y yo aproveché aquel recorrido para lamerlo.

Con la humedad de mi boca en su yema, continuó un camino sinuoso en descenso, primero por mi torso, después por mi vientre, y acabó de nuevo entre mis piernas. Aquella zona hinchada y palpitante me provocó un espasmo al recibir la presión de su piel, una reacción que consiguió nublar mi cabeza y me vi obligada a disminuir la velocidad de mis movimientos.

Mis gemidos eran cada vez más altos, más seguidos e intensos, y las contracciones en mi cuerpo se iban sucediendo con mayor asiduidad. Con un último toque por su parte, y casi a la vez que él, mi espalda se arqueó y gemí su nombre, dejándome caer sobre su pecho. 42

Necesitamos algunos minutos hasta poder respirar con normalidad.

—No me vuelvas a fallar, Penny. 303

—No lo haré. 40

Aceptando mi promesa, me besó en la cabeza y rodeó mi cuerpo con sus brazos. El estado de relajación fue tal que en algún punto de la noche nos quedamos dormidos.

CAPÍTULO 20: HELADO DE FRESA

A veces, aquello que tanto anhelas está justo delante de tu nariz. 80

Invisible e intangible, el amor es un sentimiento silencioso que va creciendo día a día sin que te des cuenta, hasta que se convierte en un torbellino imparable que te arrasa y te sacude de pies a cabeza. Y es, en ese momento de no retorno, que comprendes que es demasiado tarde como para ponerle fin. 35

Pero, ¿cómo era posible?

De todos los que había, ¿Jax? ¿En serio? 48

Tantas veces que lo repudié, tanto que lo maldije en silencio, y ahora era incapaz de dejar de pensar en él. No sé en qué momento esa aversión se convirtió en atracción, o tal vez siempre la hubo pero no fui consciente de ella hasta ahora. 19

No podía luchar contra lo que sentía, pero sí podía guardármelo para mí hasta que la tormenta amainase. ¿De qué servía confesarlo si no era recíproco? 21

Ah, mierda, el amor nunca había dado tanto miedo como ahora. 24

Aterrada o no, lo cierto era que la noche anterior había sido una de las más divertidas —e intensas— que había vivido en toda mi vida. Era inevitable carcajearme a solas al recordar la forma en la que Jax y yo abandonamos la fiesta. Por la puerta trasera, con una gabardina que «tomé prestada» de la otra bajista, él con una chaqueta de cuero de Rex, y los dos con gorras y gafas de sol. Habríamos suspendido si se tratase de un examen de «cómo pasar desapersivido» pero, por suerte, nuestra huída coincidió con el momento de máxima expectación de la noche. No había nadie en los

pasillos, todo el mundo se agolpaba en la sala, con sus ojos puestos en una misma dirección. Mientras se sorteaba el orden de las actuaciones en la final, aprovechamos para escabullirnos y salir a hurtadillas sin ser vistos. 25

Todo fueron risas y bromas, hasta que eché mano al teléfono y accedí al registro de llamadas.

«Papá, 02:37 horas. Duración de la llamada: 5 minutos, 37 segundos». 525

Mierda.

Había aceptado la puta llamada. 166

Me paralicé con la mirada clavada en la pantalla, sintiendo las mejillas enrojecer y mi sangre entrar en ebullición. Mi padre debía de haberme escuchado durante cinco jodidos minutos follando de la forma más salvaje posible en el que fue el polvo más memorable de toda mi vida. ¿Cómo iba a ser capaz de mirarlo a la cara? 76

Aquel sentimiento bochornoso no hizo más que potenciarse cuando sentí el móvil vibrar en mis manos y recibir una notificación emergente.

[Papá]: Tenemos que hablar. 87

[Papá]: Mañana pasaremos a buscarte. 53

Ahí estaba. Había llegado la hora de mi muerte. 62

Ya veía venir la charlita de «Pero, hija, ¿quién es ese joven?», «¿cómo se llama?, «¿es un buen chico?, «preséntanoslo». 35

Definitivamente, no.

Dejando a un lado mis sentimientos, aquello solo había sido un polvo, y no veía a Jax como el típico chico que quisiera «conocer» a mis padres. A pesar de todo, aquella idea inundó mis sueños, tanto así que al despertarme a la mañana siguiente me llevé una decepción al darme cuenta de que no había sido real. 222

Al abrir los ojos me encontré en mi cama, con las sábanas en el suelo y Moxy a mi lado. Ella aún estaba dormida, abrazada a mí, con sus braguitas negras de encajes y su camiseta muy por encima del ombligo como pijama.

Con sus ojos cerrados su rostro se veía en completa paz. Debía de ser el único momento del día en el que se viese tan inocente. 93

Temía despertarla ante el más mínimo movimiento por lo que, babeando sobre mi hombro, la aparté suavemente hasta liberarme de su agarre. Ella se quejó, emitiendo ruiditos de disconformidad y hablando en sueños, y yo respondí enrrollando sus brazos alrededor de mi almohada. Pareció funcionar. Sus quejidos se convirtieron en balbuceos en mi camino hacia la puerta, y en el último instante antes de abandonar la estancia la escuché susurrar mi nombre. 157

La casa estaba desierta, todos debían de estar durmiendo, así que me libraba de las típicas peleas por ver quién se duchaba primero.

Aprovechando ser la única en pie me di una ducha rápida y veinte minutos después regresé al pasillo, aún con el cabello húmedo. El golpeteo de mis pies desnudos sobre el suelo quedaba ahora silenciado por el bullicio procedente del salón. Las tres voces masculinas se solapaban las unas a las otras, poniendo de manifiesto que ya todos estaban despiertos. Salvo Moxy, ella debía de seguir durmiendo.

—Si me robas los cereales te corto la mano —amenazó una voz que se iba escuchando más cercana con cada palabra. 44

Un segundo después Jax apareció frente a mí, con sus cabellos despeinados, el pecho al descubierto y llevando únicamente sus boxers negros. De por sí ya se veía muy sexy, pero mi cabeza fue más allá, y recordé la imagen del pelinegro completamente desnudo tumbándose sobre mí. Él pareció leer mis pensamientos, y en su camino que cruzaba el pasillo continuó avanzando hasta arrinconarme contra la pared. No le importaba ser descubierto o, al menos, no hizo alarde de preocupación ni

intento de mirar hacia atrás. Con expresión decidida, alzó sus manos y las apoyó una a cada lado de mi cabeza. 98

—Quise entrar a ducharme contigo, pero habías cerrado con llave. 280

La sola idea de Jax colándose en la ducha y follándome bajo el agua me exaltó. Necesité morderme el labio inferior para reprimir un jadeo. 18

Joder, ahora me apetecía hacerlo. 1

—La próxima vez que lo intentes, nada te detendrá. 42

Él sonrió, a escasos centímetros de mi cara, y mi corazón se derritió. 30

—¿Eso significa que no te arrepientes de lo de anoche? 73

—De lo que me arrepiento es de no haberlo hecho antes. 119

Volvió a sonreír, esta vez emitiendo un sonido nasal en el que exhaló todo el aire, y llevó sus manos directo a mi trasero. Allí, y con un movimiento brusco, hizo presión, estampándome contra su cuerpo, y yo jadeé. Sus labios se aproximaron a los míos a gran velocidad, chocando contra mi boca antes de que pudiese verlo venir. Los dos jadeamos en aquella danza hormonal, y continuamos besándonos hasta que nos acercamos al punto de no retorno. Aquel límite de excitación que, si lo cruzabas, no había vuelta atrás. 29

Los besos de Jax sabían a adrenalina, a prohibido y a intensidad, pero también a delicadeza, complicidad y felicidad. Con ese entramado de sentimientos dando vuelta en mi cabeza nos despegamos, con nuestros pechos agitados y los labios hinchados. El magnetismo de sus labios era tal que tuve que obligarme a mirar al suelo, porque si volvía a mirar a su boca no tendría fuerzas para evitar caer una vez más. No ayudaba, tampoco, sentir mi corazón bombeando a un ritmo frenético, más agitado por la cercanía de Jax y lo que sentía por él que por el beso pasional en sí mismo.

2

—Penny —llamó, y yo alcé la vista. Sus ojos fueron al encuentro de los míos y con aquel simple gesto creí desfallecer. En silencio, su mano derecha viajó a mi mentón y lo acarició con dulzura—. Lo sé. 176

—¿Qué sabes? 2

—Lo sé —repitió—. Y yo también. 586

Mis ojos bailaron entre los suyos, correspondiendo a una mirada intensa y cargada de significado. Mi corazón se aceleró aún más si aquello era posible, emocionado, mucho antes de que mi cerebro lo asimilase. 3

Él también. 71

Boqueando sin ser capaz de responder, Jax volvió a sonreír, disfrutando verme fuera de juego. Retiró su mano de mi mentón y volvió a besarme, lento e intenso. Si por mí fuese, me habría quedado allí todo el día, clavada en el pasillo saboreando su boca, pero no estábamos solos. El pelinegro se apartó, y con la mayor de las sonrisas continuó su camino en dirección al cuarto de baño. 16

Incrédula y agitada, lo seguí con la mirada hasta que se perdió de vista, volviendo a sentir esa calma que solo era capaz de experimentar cuando él no estaba cerca. Suspiré, ebria de amor, y volví a dirigir la mirada al frente.

Al hacerlo me encontré con Moxy, con los brazos cruzados y una sonrisa burlona. 93

—Te lo dije. Follando como monos en celo. 172

—Es más que eso. 2

—¿Follando como orangutanes en celo? —Con las cejas alzadas y una mirada perversa, la rojinegra debía de estar imaginándonos follar como salvajes, algo que no iba muy desencaminado de la realidad. Pero no era a lo que me refería. Cuando supo descifrar mi cara, su rostro cambió a uno de

sorpresa y se llevó la mano al pecho—. No me digas que nuestro Jaxito se ha enamorado. 151

— Shhhhh. No he dicho eso —respondí, encogiéndome de hombros.

Al ver la pasividad en mi respuesta, la expresión en su rostro se endureció.

—Peach, ni se te ocurra hacerle daño, ¿estamos? 187

Me sorprendió la dureza con la que me habló. Saltaba a la vista lo importante que era Jax para ella.

Por más que aquel aviso pudiese sonar ofensivo no me sentó mal. Yo era una recién llegada y Jax llevaba años en su vida, él estaba muy por encima de mí en las prioridades de Moxy.

—No eres a la única a la que le importa. 5

Con aquella respuesta su rostro recuperó la jovialidad usual, justo en el instante en el que se escucharon unos pasos acercándose. Temiendo que nos oyesen cuchichear nos separamos con rapidez, como si acabásemos de coincidir en el pasillo y no hubiésemos mantenido una conversación seria.

De poco sirvió, claro, Jax se acercaba con las manos en los bolsillos de su recientemente puesto pantalón negro y al ver cómo enmudecíamos nos dedicó una mirada interrogante.

—Estaban hablando de mí. 100

—Sí. Nos reíamos del meme de tu pantalón roto —respondió Moxy. 123

Al pelinegro le tocaba bastante las pelotas que sacásemos ese tema, así que poniendo los ojos en blanco siguió caminando hacia el salón. Casi pisándole los pies lo seguimos, y nos sentamos a desayunar frente al televisor. 9

Las noticias se hacían eco de la fiesta de disfraces que había tenido lugar la noche anterior. Con imágenes del photocall de fondo, una voz en off

evaluaba el vestuario de los asistentes y, para nuestra sorpresa, éramos los segundos mejor evaluados. Sí, los primeros eran los Black Nails. 14

—Lo sabía. Yo era el guitarrista que estaba más bueno. 53

Como acto reflejo, Zac hizo una mueca que dejaba en claro lo poco conforme que estaba con aquella afirmación. Dado que su nuevo amigo, el de la melena azul, también era guitarrista, debía de creer que él era el más atractivo de todos. 43

—La gente enloqueció con nuestro disfraz. Creo que deberían tocar en la final con esa ropa, sería la polla —propuso Moxy, masticando con la boca abierta. 54

—¡Joder, sí! —Zac era el que más emocionado se veía con la idea—.

Podríamos convertir el disfraz de vampiros en nuestra marca personal.

Jax, tan consciente como yo de que aquello no iba a ser posible, se llevó una mano a la boca para ocultar su incipiente sonrisa. 100

— Nah, no creo que sea buena idea —me apresuré a decir—. Si vamos disfrazados no nos tomarán en serio. 8

—Qué va, al contrario, conseguiremos diferenciarnos de los demás. Hazme caso, creo que mi idea es... —Moxy estaba decidida a salirse con la suya, así que me vi obligada a actuar. En un intento por hacerle entrar en razón

moví los ojos como si estuviese loca, señalando con ellos a Jax, y después a ella, a la vez que alzaba las cejas y negaba con la cabeza. Por suerte, pareció entenderlo a la primera—... una puta mierda. Sí, eso es. Mi dea es una puta mierda. 271

Los otros dos ni siquiera se sorprendieron por el cambio de parecer de Moxy. Seguían con los ojos clavados en el televisor, alimentándose de los cotilleos que aireaban los periodistas. No es que estuviese muy interesada en ello, pero menos lo estuve cuando sentí los dedos de Jax reptar por el

sofá y tocar mi muslo desnudo bajo el vestido. Con aquel simple toque exhalé todo el aire de mis pulmones, dudando entre ponerme sentimental o cachonda. 75

Lo miré de reojo, tratando de no llamar la atención de los demás, y lo vi tragar fuerte. No parecía ser la única nerviosa con aquel contacto. Sus dedos continuaron deslizándose sobre mi piel hasta llegar a la costura de mi ropa interior, y ahora fui yo la que necesitó tragar fuerte. 40

En la tele, el tema de la fiesta seguía dando de qué hablar, sobre todo ahora que iban a soltar la noticia estrella. 2

—[...] el mayor cotilleo de toda la noche. Una pareja aún por identificar fue vista a través de las cámaras de seguridad abandonando el camerino de la estrella de los Black Nails. Por lo que se sabe, irrumpieron a la fuerza, destrozaron el cuarto del cantante y robaron algunas de sus pertenencias.

Ahora queda en manos del vocalista, quien cuenta con las grabaciones del camerino, si decide denunciar. 534

En la pantalla nos veíamos saliendo de la habitación, con las manos entrelazadas y la cara oculta. Era imposible reconocernos, a menos que hubieses viajado en el mismo coche que nosotros y nos hubieses visto llevar aquella ropa robada. 46

Moxy y el resto de la banda giraron la cabeza con brusquedad, dedicándonos una mirada de sorpresa. No supe descifrar si aquella

expresión era por la noticia, o porque acababan de pillar a Jax con las manos debajo de mi vestido. 258

Sin un ápice de disimulo, él la extrajo con rapidez y la llevó a la cabeza, donde agitó sus cabellos sin saber qué decir. 28

—Fuimos a mear y nos perdimos —solté sin más. 294

Aquella respuesta tenía menos credibilidad que un mentiroso compulsivo, pero, ¿qué pretendían que dijera? «Follamos en el camerino de Rex, las cosas se nos fueron de las manos y terminamos rompiendo la mesa y mi ropa». 6

Y, ¿qué cojones?

¡Nos habían retratado como unos criminales! Sí, habíamos tomado prestada la ropa, pero si me iban a llevar presa por algo, que fuese por escándalo público. Semejante follada no se merecía menos. 53

Con la presión de sus ojos sobre mí, agaché la cabeza y eché mano al teléfono. Aún podía detener esto, podía impedir que Rex husmease en las grabaciones. 9

[Peach]: Rex, tenemos que hablar. 1

[Rex]: Pen, qué agradable sorpresa, yo también tengo algo que hablar contigo. 8

[Rex]: Por cierto, me debes una mesa. 409

Mierda. 23

Rex había visto las imágenes. 5

***

El resto de la mañana fue bastante incómoda. Ninguno se atrevió a preguntarnos lo que había pasado anoche, pero la forma en la que nos

miraban cuando creían que no nos dábamos cuenta demostraba lo mucho que querían saberlo. Por suerte, mis padres no tardaron mucho en pasar a buscarme, aunque ahí comenzaría el auténtico infierno. 23

Mis padres no mencionaron palabra alguna desde que me subí al coche. El ambiente era tenso, y yo me rebanaba la cabeza pensando en qué podía

decir para sacar conversación, pero todo me parecía que podía desembocar en mi encuentro con Jax. 9

Algo así como «estoy cansada», podría hacerles pensar «normal, con el ejercicio que hiciste anoche». 38

O un inocente «me muero de hambre» podría derivar en un «claro, y por eso anoche te comiste una gran polla». 129

Así que preferí seguir callada y esperar a que la conversación fluyese sola.

El trayecto desde casa fue bastante aparatoso, mi padre iba dando volantazos y haciendo eses sobre el carril. Debía de estar demasiado nervioso y distraído como para no ser capaz de concentrarse en la carretera.

Nos detuvimos frente a una cadena de comida rápida, la misma que solíamos frecuentar cuando era niña. Con solo cruzar la puerta de entrada me vino un aluvión de recuerdos familiares en los que entraba de manos de ellos dos, una práctica que duró hasta que empecé a sentirme demasiado adulta como para que aquello me diese vergüenza. Supongo que por eso se decidieron a buscar otro hijo, para poder darle todo el amor que necesitaban exteriorizar a alguien a quien no le incomodase. 7

—¿Por qué no ha venido patito? 27

—Está jugando a los videojuegos con los vecinos. 1

Con aquella respuesta escueta mi padre se acercó a la caja e hizo el pedido familiar, compuesto por tres hamburguesas medianas, refrescos y papas

fritas, un bol de alitas y tres vasitos de helado. De fresa, por supuesto, siempre eran de fresa. 28

Con los brazos cargados de comida, y dejando atrás el helado para cuando hubiésemos terminado con la comida caliente, nos dirigimos a la mesa más alejada. Llegué a contar hasta tres las veces que mi padre estuvo a punto

de tirar la comida por torpeza. Si mi madre no hubiese estado tan pendiente de él nos habríamos quedado sin menú. 1

—Bueno, hija... —Se le veía nervioso, incluso incómodo, y las manos le temblaban. Fingía estar atento al movimiento de sus manos al limpiarse con la toallita perfumada, pero en realdiad solo hacía tiempo—. ¿Qué tal te va en esa banda? 66

—Me va genial, papá, nos hemos clasificado para la final del concurso más importante del país. Mis compañeros son los mejores y tienen un gran talento. 89

Él asintió, sin mirarme, mientras mi madre le daba un sorbo al refresco. El ruido que emitía potenciaba la incomodidad del momento.

—Y esos compañeros tuyos... ¿alguno de ellos es tu novio? 165

Me mordí la lengua para evitar decirle que no tenía novio y, peor aún, que si lo que quería saber era a quién me había follado, la respuesta era a todos.

Al final opté por ceñirme extrictamente a su pregunta, él quería saber a quién había escuchado anoche gemir conmigo. 3

—Sí —respondí entre dientes, y le di rápidamente un gran bocado a la hamburguesa. 33

—¿Cuál de todos? ¿El de pelo negro, el rubio o el de pelo largo? 217

Casi me atraganté al escucharle describirlos con precisión. ¿Cómo era posible que los hubiese visto? 6

Con la ayuda del refresco y un golpe de tos, logré recomponerme del atragantamiento.

—El de pelo negro. 77

—¡Mi favorito! —gritó mi madre con verdadera emoción en el rostro. Aún recordaba la noche en la que me aseguró que el rompeovarios era el más simpático de todos—. Siempre fui Team Jax. 619

Que a mi madre le gustase tanto el pelinegro me llevaba a preguntarme,

¿fue mi padre un rompeovarios en sus años de juventud? 40

—Deberías llevarlo a casa a cenar —sugirió mi padre. 23

Oh, no. 1

Definitivamente, no.

—Sí, claro, yo se lo digo —mentí, y él asintió, complacido. 25

Seguimos engullendo el resto del menú, hablando sobre mis logros en la música y mis aspiraciones, aunque cada vez que mi padre podía sacaba a Jax a relucir. El pobre no se iba a quitar el trauma en años. 55

Con la última papa frita bañada en ketchup en mi boca, me chupé los dedos y esperé, expectante, algún giro en la conversación. 2

—¿Para esto hemos quedado? ¿Para hablar de Jax?

Era imposible ocultar mi impaciencia. Debería estar en casa ensayando para la final, íbamos justos de tiempo y, por muy cruel que sonase, no podía perderlo aquí sentada. Ahora mismo, Elysian lo era todo para mí.

Eché un rápido vistazo al reloj del teléfono y mi padre suspiró, abatido.

—Hija, llevo semanas intentando hablar contigo...

—Lo sé, lo sé —interrumpí—. Es que estos últimos meses han sido una locura, hemos conseguido trabajo en un local medianamente conocido, y ahora con esto del Hellmouth... —Volví a mirar la hora. Empezaba a impacientarme. 1

—De eso quería hablarte, creo que pasas demasiado tiempo con tus amigos y te olvidas de que tu familia... 10

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