Elysian

Sara C · Capítulo 2 de 10 · parte 1/4

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Elysian

Suspiré, algo más tranquila, y alcé la voz.

Este capítulo es largo, así que está dividido en 4 partes.

—Puré de melocotón, un pacto de sangre, ¿qué será lo próximo? 2

—Desnudarte. 354

—¿Perdón? 39

Lo primero que pensé fue en una orgía, sorry not sorry. 475

—Nadar desnudos en el lago, esa es la última parte. 78

—Y eso es necesario por...

—¿No es obvio? —Jax estaba a un pestañeo de perder la paciencia y golpearse la frente con la palma de su mano—. Necesitas deshacerte de ese exceso de vergüenza que tienes, Penny, y mostrarte tal cuál eres te ayudará.

—Quise objetar, pero él se adelantó—. Y no, no vamos a mirarte, no nos interesa. Es un proceso de ti, para ti. 378

Busqué a Drew con la mirada, quien me devolvía la suya con un rostro sereno y una sonrisa. Al girar hacia la derecha, queriendo descubrir la expresión de Zac, lo vi correr hacia la orilla del lago y empezar a

desnudarse. Era tal la rapidez con la que se deshacía de la ropa que, para cuando me quise dar cuenta, tenía su bonito culo saltando delante de mis ojos. 194

—¡Heterosexual el último! —bromeó, y echó a correr directo al agua. 467

A mi lado, Drew se partía de risa al ver la cara que se me había quedado.

Me recompuse, fijando mi vista sobre los ojos del rubio, que también empezaba a desvestirse.

—Te veo en un rato —susurró, desabrochándose el pantalón frente a mí, y recordé la maravillosa vista que tenía estando de rodillas frente a él. 129

Miré en todas direcciones, esperando que Moxy apareciera en algún momento, pero allí solo estábamos nosotros cuatro. 24

Drew terminaba de desnudarse de espaldas al lago, mostrándome a voluntad todos sus atributos masculinos mientras retrocedía de espaldas.

Su sonrisa ladeada y su mirada intensa no necesitaban traducción, estaba provocándome. Quería que examinara su cuerpo con mis ojos hasta por debajo de su vientre, y no me cohibí. Lo recorrí sin pudor, disfrutando de la vista, hasta que una voz grave me sobresaltó. 42

—No hace falta que finjas, ya sabemos tu secreto —gruñó Jax a mi lado.

422

Me tensé como una cuerda en un momento en el que olvidé cómo se respiraba, y tartamudeé. ¿Era posible que supiera lo mío con Drew? ¡Pero si habíamos sido precavidos! 29

—No sé de qué me hablas. 21

—Lo sabes muy bien —me contradijo, poniéndose en movimiento—.

Cuando te quites el vestido no tendrás nada debajo. 404

Pasó a mi lado, tan pegado a mí que creí que me golpearía con el hombro en su camino, y se alejó.

El soplido que solté cuando lo vi distanciarse fue monumental, y la brisa que corría entre mis piernas apoyaba la teoría de que hoy no llevaba bragas.

Nunca lo hacía si sabía que iba a ser un día ajetreado y me pondría nerviosa. 38

Con los dos primeros chicos en el lago, chapoteando y escupiéndose agua el uno al otro, Jax doblaba con pulcritud su ropa y la dejaba a un lado sobre la hierba. Reconocí en él todos aquellos tatuajes que había visto cuando lo vi salir de la ducha, y mis ojos se clavaron en ellos, como si quisieran memorizarlos. Los de su espalda eran nuevos para mí; su piel se agrietaba de forma ficticia en la parte trasera de su hombro y dejaba a la vista unas escamas, como de dragón. Descendiendo por todo el lateral, y buena parte del centro de la espalda, un tigre adquiría una posición de ataque, con las fauces abiertas. Ambos tatuajes conseguían fusionarse a la perfección, en completa armonía. 41

Nunca fui fanática de aquel tipo de decoraciones en la piel, de hecho, jamás me planteé hacerme uno, pero en Jax quedaban tan bien que parecía haber nacido con ellos. 20

En cuanto los tres estuvieron ocultos por el agua llegó mi turno. No tenía muchas oportunidades para retrasarlo, con solo un vestido y un par de zapatos encima, pero fui todo lo lenta que pude. Primero un zapato, después el otro, y deslicé la tela sobre mi piel de una forma tan pausada como si me pagasen por cada segundo invertido en ello. 40

Eché una última mirada al lago antes de hacerlo, y me reconfortó saber que cumplían su palabra de no mirar hacia mí. Hablaban dándome la espalda, sin intenciones de girarse, y fue el impulso que necesité para arrancarme la ropa de un movimiento. 44

—Joder, qué frío hace. 7

Cubrí mis hombros y mis pechos con uno de mis brazos, y con el otro me tapé la entrepierna. Me veía ridícula, haciendo malabares para correr sin tropezar, y en cuanto mi pulgar tocó el agua me zambullí por completo en ella.

Al salir a la superficie me encontré con tres pares de ojos que me observaban con interés, mientras yo intentaba no enseñar nada por debajo de mis axilas. 4

—¿A que no ha sido tan difícil?

—Desde luego que para ti, no, Zac. 28

Él reía de forma genuina y se dejaba flotar, bocarriba. No sé si lo había hecho a propósito, pero una curvatura de carne asomaba por encima del agua, entre sus piernas, llamando mi atención. 177

—Es una pene... ¡pena! quiero decir, pena —me corregí con rapidez, dejando de mirar a Zac— que Moxy no esté aquí. La última vez que hablamos no salió bien, y me gustaría arreglarlo. 440

Drew se erguía por completo fuera del agua y pasaba un brazo por encima de mis hombros para achucharme. 9

—No te preocupes, que Moxy es una gruñona pero no es rencorosa.

La calidez de su piel sobre la mía me relajaba, y la humedad entre ambos me provocaba taquicardia.

A su espalda podía ver a Jax estirando su cuello y mirando al rubio con el ceño fruncido. 5

—¿Qué te ha pasado ahí atrás? 141

—¿Dónde? —Drew se despegaba de mí y giraba sobre sí mismo, buscando aquello de lo que el pelinegro hablaba. 14

Sobre su espalda desnuda resaltaban, de una forma escandalosa, varios arañazos que aún no habían llegado a cicatrizar. El corazón se me detuvo de golpe al atar cabos y saber que yo lo había provocado. 138

Joder. Jax no tenía ni un pelo de tonto, y por la forma en la que lo miraba a él, y después a mí, estaba claro que nos había descubierto. 16

—Ahh, esto. —Drew se veía nervioso, lo notaba en la forma en la que se apelmazaba los cabellos—. Me lo hice...

—¡Follando con Moxy! —solté sin pensar. 337

Drew me miraba con cara de «¿qué cojones haces?» y yo me sentía empequeñecer por la estupidez que acababa de gritar. 39

La cara de incredulidad de Jax fue a más, y sus cejas, antes fruncidas, ahora se alzaban hasta crear una montaña de arrugas en su frente. A Zac le estaba costando un mundo contener la risa. Daba media vuelta para ocultar el rostro, pero por la forma en la que su espalda se movía supe que se estaba desternillando. 92

—Así que Drew y Moxy —repitió Jax, con tono irónico, y yo asentí—.

Follando. —Volví a asentir—. Moxy, lesbiana, con Drew, que es como un hermano. 457

Mierda.

No contaba con aquello.

Zac recobraba la compostura y volvía a encararnos, con un rostro sereno.

—Jax, no hay por qué ponerle etiquetas a todo, además, sabes bien que no todo es o blanco o negro. 65

No entendí a dónde quería llegar, pero aproveché su complicidad para intentar aportar credibilidad a mi testimonio.

—Y el sexo entre amigos no es tan raro. 1

—Bien —aceptó Jax con tranquilidad, y yo suspiré aliviada—, se lo preguntaremos a Moxy, que acaba de llegar. 187

Doble mierda. 6

Sentí la necesidad de sumergirme por completo bajo el agua, ahora que la cara me ardía de vergüenza y nerviosismo. Mi coartada estaba por desmoronarse.

—¿Qué pasa, cabrones? 17

La rojinegra no había terminado de aparcar y ya se estaba quitando la ropa.

Ella parecía tan emocionada como los chicos en formar parte de aquello, y en su camino hacia el agua iba lanzando ropa a diestro y siniestro. 25

El resto de la banda la aclamaba a su llegada, saltando y agitando el agua como un grupo de mandriles en celo. 2

Ella no tenía prisa por ocultar su cuerpo, y ellos no mostraban interés en examinarla de cuello hacia abajo. Me sorprendió comprobar cómo los chicos la miraban directo a los ojos, de la misma forma con la que se miraban entre sí, sin sexualizarla. 184

Como siempre, Moxy daba una ronda en la que besaba en los labios a todos los integrantes, a modo de saludo, y conmigo no hacía una excepción.

Seguía pareciéndome desagradable la cadena de besos, aunque ya no huía de ella cuando venía hacia mí. 74

—Enhorabuena, Peach, si estás aquí, ya eres una de nosotros.

Parpadeé, incrédula, viendo cómo se dirigía a mí con total despreocupación.

Era como si le hubiesen borrado de la memoria nuestra discusión.

Mi intención era agradecerle el gesto, pero Jax estaba empeñado en tirar abajo mi revelación.

—Eh, Moxy, creo que nos debes una explicación. 4

—Muchas, en realidad, pero, ¿de cuál estamos hablando?

—De que Penny te descubrió follando con Drew. ¿Verdad, Penny? 128

Me esforcé en sonreír, pero aquella mueca se congeló y más bien parecía que me estaban dando una patada en el estómago.

—Y que le dejaste esas marcas en la espalda —añadió Jax, regodeándose en mi sufrimiento. 30

Ella miraba al rubio y después me miraba a mí, iniciando un baile de miradas entre nosotros, y la sonrisa maliciosa en su rostro se ensanchaba.

196

En aquella mirada supe que lo sabía. 51

La jodida Moxy acababa de descubrir que habíamos roto el contrato. 19

Me preparé para que me enviase al frente y todo saliera a la luz. Imaginé los gritos de Jax y cómo me expulsaría del grupo. Imaginé tantas posibilidades, y ninguna ocurrió.

—¡Pillada! —admitía la rojinegra, abriendo los brazos en derrota—. Y

menuda follada, ¿eh, Drew? Porque para que te dejase esas marcas en la espalda tuviste que taladrarme como nadie. 418

Por su tono de voz supe que estaba disfrutando de aquello, tanto como lo hacía Zac en un segundo plano. 18

El aludido rompía el silencio, ahora que nos sabíamos a salvo, y le daba la razón.

—Vale, joder, sí, follamos. Pero solo fue una vez.

—Drew, acordamos que no podíamos romper el puto contrato —bramaba Jax. 35

En un intento por calmar las aguas, Moxy se acercaba al rubio y le daba un lametón en la mejilla.

—Esto no supone ningún cambio. Sabes tanto como yo que estoy aquí por trabajo, y que Drew no es para mí más que un vibrador sin pilas. 107

—¡Eh! 2

—Cariño, te quiero y no te objetivizo, pero jamás tendría una relación con un hombre. Dan demasiado por culo, y no en el buen sentido de la palabra.

56

En mitad de aquel circo que habíamos montado, Jax se resignaba y aceptaba los folloencuentros de los otros dos.

—Lo que tú digas, pero como vea que hay problemas en el grupo, me enfadaré y mucho.

—Tranquilo, todo seguirá igual. —Moxy se giraba hacia mí, y aunque hablaba sobre sí misma, estaba claro que yo era la destinataria del mensaje

—. Me aseguraré de que no me vuelvan a pillar. 51

Tragué fuerte.

Nuestro secreto era gritado a voces, lo que aumentaba las probabilidades de que Jax nos descubriese. De solo pensarlo, mi cuerpo al completo se zarandeaba, presa del terror. Empecé a sentirme mal, como si se me hubiese bajado la tensión, y necesité un poco de espacio para digerirlo. 1

—Voy a dar una vuelta, a ver qué me encuentro.

Empecé a nadar sin esperar una respuesta, moviendo los brazos y los pies como si fuese un perrito. Aquella era la única forma que sabía de nadar. 157

Sin pretenderlo, inicié una cadena en la que todos daban brazadas en el agua, con relativa distancia entre sí, y se perdían de vista tomando caminos diferentes. Yo seguí nadando hasta que me faltó el aliento, y me detuve a

contemplar el cielo estrellado que había sobre mi cabeza. En la ciudad era imposible ver con tanta nitidez las estrellas, pero en esta parte del país, alejados de la vida urbana, refulgían con intensidad.

En los extremos del lago la tierra y el barro se amontonaban formando un bordillo natural sobre el que me podía apoyar para descansar. Me dejé caer sobre él, dejando mis piernas flotar, y cerré los ojos disfrutando del absoluto silencio. 16

Esto debía de ser lo más cercano a sentirse en paz.

El silencio abrumador se rompió de golpe con el sonido de unos chapoteos y un leve gruñido. Me apresuré a sumergir mi culo expuesto y giré con rapidez hacia el origen del sonido. 27

Jax daba media vuelta y se preparaba para alejarse de nuevo, deshaciendo el camino que le había traído hasta mí.

—No tengo ninguna enfermedad contagiosa, no hace falta que huyas de mí.

31

Él se detuvo, murmurando alguna maldición que no pude oír, y tras pensarlo en profundidad volvió a girar y a nadar en mi dirección. Verlo así, con media cara en superficie y avanzando en silencio me hizo sentir como si fuese la presa de un tiburón hambriento. 57

Ilusa de mí, llegué a pensar que se detendría a mi lado, sin embargo, continuó nadando hasta situarse en el otro extremo, a varios metros de distancia.

—¿Otra vez? Voy a pensar que me tienes miedo. —Él me ignoraba y continuaba alejándose. La única forma de hacerlo reaccionar sería tocando su orgullo—. O que me tienes ganas. 279

Volvió a detenerse, pero esta vez giró el cuello en mi dirección con suma rapidez y clavó sus ojos en mí. Su mandíbula se contraía como tantas veces lo había visto hacer, y entonces, supe que había ganado. 41

Su ego le cegaba, y acababa de bajar el escudo con el que tanto se esmeraba en alejarse de mí. Ahora que lo había conseguido, me aseguraría de colarme en su interior antes de que volviese a reactivar las defensas.

Mi sonrisa victoriosa crecía cuanto más cerca lo tenía, hasta que vi cómo las reglas del juego cambiaban y era yo la que perdía. Esperé que se detuviera, pero no lo hizo. Continuó nadando hasta que lo tuve frente a mí y se irguió, acercando su cuerpo al mío, acariciando mi rostro con su respiración. La separación entre nosotros era la mínima como para que no me tocase, pero aquella sensación fue más intensa que si hubiese sentido su piel sobre la mía. 46

—Si no dejas de insistir seré yo el que piense que quieres algo conmigo —

susurró, a escasos centímetros de mi boca, y me tensé. 117

El corazón acelerado golpeaba frenéticamente contra mi pecho, y mi respiración agitada delataba el estado de nerviosismo en el que me encontraba. No mejoró cuando su mirada gris conectó con la mía y me envolvió por completo. 15

—No seas ridículo, nunca me interesaría en alguien que me odia sin motivo aparente. 11

Él chasqueaba la lengua contra los dientes. 4

—No te odio. 86

—Vaya, a lo mejor he malinterpretado mal las señales. ¡Ah! No, espera. Ser un jodido borde y tratarme como una mierda sí que suena a que me odies.

28

—Yo no te he tratado como la mierda —se quejó, ofendido—. Solo soy indiferente a ti. 26

—Repítelo hasta que te lo creas para que puedas irte a la cama con la conciencia tranquila —respondí malhumorada, girando mi cuerpo con intención de ser yo la que me alejase en esta ocasión.

Él volvía a detenerme, aferrándose a mi cintura, y me hacía girar hacia él.

Esta vez podía sentir su pierna pegada a la mía. 216

—No me caes mal. Ni ahora, ni antes de que entrases en el grupo. 329

Me quedé congelada, procesando lo que acababa de decirme, con su cara muy próxima a la mía. Sin añadir nada más, él soltaba el agarre y volvía a nadar en la dirección por la que vino. 22

Mis neuronas hicieron conexión y al fin pude comprender la magnitud de sus palabras. 2

—¿Me conocías antes de la audición? 290

Silencio.

El pelinegro siguió nadando sin detenerse.

—¡Jax! ¡¿Me conocías de antes?! 235

De nuevo, silencio, y continuó nadando hasta desaparecer de mi campo de visión.

CAPÍTULO 11: SKULL AND BONES

Cuanto más sé, menos entiendo. 225

Aquella era la conclusión a la que había llegado después de la revelación de Jax. 19

A día de hoy seguía pensando que las pruebas de la iniciación habían sido muy estúpidas, pero eso no le quitaba lo útil. Ya fuese el simbolismo o las palabras del pelinegro, lo cierto es que ese día algo había hecho click en mi cabeza. Por supuesto que seguía hecha un mar de dudas y temores, pero estaba dispuesta a cambiar, y ese era el primer paso. 23

Ser Penny ya no me asqueaba tanto, de hecho, me servía para salir de mi zona de confort. Si había algo de lo que Peach no fuese capaz, ahí estaría Penny para conseguirlo. 31

—Peach, ¿estás lista? —Moxy aporreaba la puerta del cubículo en el que me encontraba. 1

El local en el que hoy íbamos a actuar contaba con un cuarto de baño reservado para los músicos, lo cual elevaba bastante el caché con respecto al Royal Swamp. 23

—Dame dos segundos. 2

—¿Por qué tardas tanto? Ni siquiera tienes que subirte las bragas. 125

La escuché ahogar una risa al otro lado de la puerta, encontrando divertido el señalar que en mis actuaciones siempre iba sin ropa interior. Solía ser un secreto que me avergonzaba, pero con la banda lo hacía ver como algo natural. Me hacían sentir cómoda. 37

Tiré de la cadena y abrí la puerta de un manotazo, encontrándomela con los brazos cruzados y las medias de rejilla a la altura de los tobillos. 19

—¿Qué? —preguntó, al ver mi cara de sorpresa—. Me estoy meando. 22

Y echó a correr al interior del cubículo, con medio trabajo hecho. 4

Vejiga vacía y manos limpias, nos reencontramos con los chicos en el pasillo. 4

Jax llevaba un pantalón negro con la tela rasgada y una camiseta del mismo tono, con un agujero para las mangas tan grande que se le veía el costado y los tatuajes sobre las costillas. Drew vestía un pantalón de cuero negro tan ceñido que creí que reventaría frente a mis ojos, y un chaleco negro con destellos morados que dejaba a la vista prácticamente la totalidad de su torso y abdomen. Zac, por su parte, llevaba únicamente un pantalón holgado. Aún no tenía claro si aquel había sido su idea desde el principio o se le había quedado la camiseta en casa. 120

—Muy bien, Peach, vas mejorando con tu vestuario.

Zac alzaba los pulgares, para mayor énfasis, y yo respondía echándome una mirada rápida. No era mi adorado estampado de melocotones, pero no estaba mal. Era un vestido negro que se ceñía a mi cuerpo, con un excote prominente. 74

—Ustedes deben de ser Delicia. 87

Uh, empezamos mal si ni tan siquiera te has dignado a aprenderte nuestro nombre. 4

—Elysian —rugió Jax por lo bajo, tan descontento como el resto de la banda. 9

El hombre de mediana edad hacía oídos sordos y nos pedía que lo siguiéramos hasta quedar entre bastidores. Desde aquella posición

podíamos ver parte del escenario y del público sin que ellos se diesen cuenta. 8

Un hormigueo repentino comenzó a serpentear desde los dedos de mis pies hasta mi estómago. 26

—Salen en cinco minutos —anunció el desconocido, dándole una fuerte palmada en el hombro a Jax, y desapareció. 9

Aquel cosquilleo se intensificó, convirtiéndose en una presión constante en la boca del estómago, y unas ganas repentinas de vomitar. Era curiosa la forma en la que una mala crítica podía cambiar la forma en la que te enfrentabas a los retos. En el Royal Swamp estaba nerviosa, pero también ilusionada; ahora me invadía el miedo y la preocupación por volver a ser el hazmerreír del público. Así debía de ser como se creaban los traumas. 34

«Vas a hacer el ridículo.»11

«Se van a reír de ti y tu cara volverá a estar por todo internet bajo un titular humillante.»5

«No sirves para esto, es mejor que te vayas ahora y te ahorres el mal trago.»37

Mi cabeza me hostigaba, y una pequeña voz en mi interior me susurraba todas aquellas cosas horribles que me hacían sentir pequeña y me anclaban al suelo sin poder moverme. 7

—Peach. —Una voz, que se me antojaba lejana, invadía mis pensamientos y detenía aquella oleada de ideas negativas—. Peach —insistía, ahora algo más nítida. 3

La calidez de unos dedos entrelazándose con los míos acompañó aquella voz, que al girar mi cabeza descubrí que era de Zac. Parpadeé, recobrando poco a poco la calma, y su mano se apretaba sobre la mía, propiciando un mayor contacto. 170

—Vas a hacerlo bien —añadió, como si hubiese olido el miedo en mí—.

Demuéstrale a esos cabrones que eres una puta estrella del rock. 165

Tragué fuerte, hundiéndome por completo en su mirada. Asentí sin mediar palabra, temerosa de echar el almuerzo si abría la boca, y respiré hondo recuperando la calma. 2

—¡Buenas noches y bienvenidos sean a Skull & Bones! —El público emocionado empezaba a gritar y a mover las manos—. Hoy tenemos carne fresca en el asador. Jóvenes, con talento y ganas de comerse el mundo.

Ellos son ¡Elysian! 138

La piel se me erizó al escuchar nuestro nombre resonar por toda la sala y ver cómo nos daban la señal para que apareciéramos en escena. Caminaba de la mano de Zac, situándome a unos metros del micrófono y tomando posición para empezar a tocar. El castaño me daba un apretón fuerte en los dedos antes de dirigirse a su lugar, tan nervioso como yo lo estaba. Los palillos le temblaban en las manos, casi como a Drew, que parecía estar a punto de tocar una pandereta y no una guitarra. 51

—Muchacho —vociferó el dueño del local, dirigiéndose a Jax—. ¿Te gustaría hablarnos de la banda antes de empezar? 87

El pelinegro, rígido como una tabla, se giró hacia nosotros buscando apoyo.

Tenía el terror marcado en la cara. A falta de una respuesta por nuestra parte, volvió a encarar al hombre y negó con la cabeza. 79

En primera fila del público podía ver a Moxy hacer aspavientos y mandar a Jax a tomar por culo con las manos. Se veía realmente enfadada. Aún podía recordar sus duras palabras, amenazando con abandonarnos si no poníamos de nuestra parte. 9

Jax, que acaparaba todas las miradas, se había quedado blanco como el papel, y la gente empezaba a murmurar algo. Estábamos enterrándonos antes incluso de cavar nuestra propia tumba, 5

Contuve el aire y, sin pensarlo, corrí junto a Jax y me posicioné a su lado.

Me aseguré de pegarme tanto a él que el público no pudiese ver cómo entrelazaba mis dedos con los suyos, imitando así a Zac. 191

Él me miró, confundido, y el temor de sus ojos se esfumó. Tener pánico escénico no parecía congeniar con ser el vocalista y líder de una banda de

rock, pero éramos una familia y él no estaba solo. 101

—Vaya, vaya, pero, ¿a quién tenemos aquí? —El hombre acercaba su micrófono a mi cara, a la espera de una respuesta. 1

Mierda, esto no estaba en mis planes. Yo solo vine para dar apoyo moral a Jax, no para hablar. 94

El gerente agitaba el micrófono frente a mí, casi estampándomelo en la cara. Titubeé y tartamudeé, emitiendo sonidos incoherentes, convirtiéndome ahora en la protagonista de la escena. Jax apretaba mi mano en silencio, devolviéndome el gesto, pero el muy cabrón no se decidía a hablar por mí.

109

Por suerte, yo tampoco estaba sola. 1

Una presión sobre mis hombros me hizo girar hacia mi izquierda y ver a Drew, que había avanzado hasta nosotros y ahora pasaba uno de sus brazos sobre los míos. Él me estrujaba contra su cuerpo en señal de afecto y apoyo.

118

Al otro lado de Jax, Zac se nos unía, completando así el grupo frente a aquel centenar de personas que nos juzgaba en silencio. 57

Jax inspiró una larga bocanada de aire, y sabiéndose a salvo, habló.

—Hola. Soy Jax. —Su tono de voz tembloroso pedía permiso para hablar

—.

Soy el líder de Elysian. 141

Moxy se palmeaba la cara, irritada por la forma en la que el pelinegro se dirigía al público. No lucía nada profesional, pero había que estar en sus zapatos para sentir la presión del momento. 20

—No te hemos oído, muchacho. 1

Jax soltaba un «puta mierda» por lo bajo, y se llevaba el micrófono a los labios. Moxy hacía el gesto de cortar el cuello con un cuchillo imaginario, amenazándolo con que si la volvía a joder, estábamos solos. 57

Tragué fuerte.

—Somos Zac, Jax, Penny y Drew, y esto es Elysian. 157

El público empezaba a animarse, y algunas chicas cuchicheaban por lo bajo, seguramente compartiendo cuál era el miembro que más les gustaba. 65

—Bien, Jax, cuéntanos, ¿qué tema van a interpretar? 13

Esta vez, el pelinegro no se lo pensó dos veces antes de hablar.

—Hoy les traemos en primicia nuestro nuevo tema «Heartless». 22

Drew le quitaba el micrófono a Jax, y en actitud coqueta, añadía:

—En cuanto nos escuchen, se van a mojar. 278

Miré a Drew con los ojos desorbitados, sin dar crédito a lo que acababa de decir. Lejos de horrorizarse, el público gritaba y se volvía como loco, repitiendo el nombre del grupo al unísono. 44

Creo que acabábamos de encontrar al que se encargaría de responder las entrevistas. 43

—Wow, eso ha puesto el listón muy alto. —El gerente daba un paso al frente, y alzando el brazo libre de forma sobreactuada, añadía—: Ya lo han

oído, espero que esta noche hayan traído ropa interior de repuesto. Ellos son

¡Elysian! 155

El público estalló en aplausos, silenciando el sonido de las pisadas de regreso a nuestra posición.

Ya no había ni rastro de nerviosismo en mí. El recibimiento tan cálido del público me tranquilizaba, y más al saber que contaba con el apoyo de la banda. 5

—Y un, dos, un, dos, tres. —Tras el conteo, Zac empezaba a tocar la batería con todos los ánimos del mundo, con aires tan desenfadados como si lo estuviese haciendo en su habitación y nadie lo mirase. Era la primera vez que se atrevía a pronunciar una palabra en el escenario, en vez de limitarse a quedar en un segundo plano. 69

Los altavoces vibraban con el sonido de la música, y el público agitaba sus cuerpos al mismo ritmo de los acordes. Su entusiasmo era contagioso y se adueñaba de mí. Mis piernas bailaban solas, la sonrisa no desaparecía de mi rostro, y mi cuerpo se zarandeaba como si tuviese vida propia. ¡Lo estaba pasando de puta maravilla! Y lo mejor es que me iban a pagar por ello. 20

Era un poco contradictorio el choque entre el ritmo frenético de la música y su letra.

Heartless era una canción muy profunda, escrita desde el corazón de alguien que debió de sufrir en el pasado. Me costaba relacionarlo con Jax, la persona más gélida que jamás he conocido, pero supongo que todo cobraba sentido con el título. «Sin corazón». 56

Pensando en ello, eché un rápido vistazo al resto de la banda.

Si creía que yo me lo estaba pasando en grande es porque no había mirado a Drew. Él recorría el escenario, saludando al público y guiñando el ojo

como el más ligón del grupo. Las chicas se derretían de inmediato, y juraría que... 40

¿Qué cojones?

Alguien acababa de lanzarle el sujetador a Drew, con tan buena puntería que se le había quedado en la cabeza a modo de gorro. Él me miró durante

un segundo y estalló en una carcajada silenciosa, sin mostrar interés en quitarse aquel trofeo. 271

Jax iba de un lado para otro, deteniéndose solo cuando le tocaba hacer algún agudo o sonidos guturales que requerían una mayor concentración.

Tenía un foco que lo seguía allá donde fuera, señalándolo como la estrella del grupo. 4

Quería llorar. ¡Quería gritar! Lo estábamos logrando. 10

Joder, sí, las cosas empezaban a salirnos bien. 3

La canción comenzó a aumentar su intensidad hasta llegar al estribillo, aquella parte de la canción que haría enloquecer a la gente con un poco de actuación. Recordé a Jax. Rememoré las palabras de Moxy y la historia detrás de ellas, y me lancé sin pensarlo, yendo en busca del pelinegro.. 197

Me sentí como si jugara al gato y al ratón, pues yo caminaba detrás de Jax y él seguía moviéndose sin ser consciente de que intentaba acercarme.

Estaba siendo un momento vergonzoso, pero por suerte la práctica totalidad del público estaba demasiado ocupado babeando por él como para darse cuenta de mi existencia. 46

Joder, Jax, quédate quieto de una puta vez. 101

Eché una carrerilla, sin dejar de tocar, y justo cuando se detuvo para cantar en un susurro ronco llegué hasta él. 4

Estaba encorvado hacia delante, sacando la fuerza de aquel sonido gutural desde sus entrañas, pero al sentirme tan cerca suyo se tensó como una tabla y durante un segundo dejó de cantar. 85

Le di un codazo disimulado y él retomó la letra de la canción. 9

« Shhh, no digas nada, 11

solo métete en mi cama, 88

no hablemos de sentimientos, 6

ni pensemos en el mañana. 1

Juguete roto, sin corazón, 6

una bestia desalmada, 4

solo quédate conmigo, 6

mientras dure la madrugada.»163

Apoyé mi espalda contra su costado, y desde aquel lugar nos miramos a los ojos, de cerca. Su mirada carecía de emoción, pero era tan intensa que me provocaba esquivarla y, sin embargo, ahí estaba, manteniéndola. Deslicé mi cuerpo en sentido descendente hasta su pierna en un intento por parecer sensual, pero con Jax clavado como un palo, rígido y sin moverse, la escena dejaba bastante que desear. 171

Desde fuera, en cambio, debía de verse como todo un espectáculo, pues la gente volvía a gritar y a corear nuestros nombres. Era la primera vez en mi vida que alguien me llamaba a gritos sin que fuese mi madre para lanzarme la chancla. 239

De regreso a mi sitio, la canción se mantuvo con la misma expectación hasta el final.

El último acorde dio pie a una oleada de gritos y aplausos por parte del público que se prolongaron por varios segundos. ¡La gente estaba como loca! Y lo mejor es que parecían sobrios. No era el alcohol o las drogas lo que les tenía así, éramos nosotros. 65

—Wow, wow, y más wow. —El gerente reaparecía desde detrás del escenario, aplaudiendo con el micrófono entre las manos—. No sé ustedes, pero yo sí me he mojado. 321

Ante aquella inesperada broma, rompimos a reír al unísono. 5

Drew, que era el más hiperactivo de todos, le arrancó el micrófono y lo sostuvo como todo un presentador experimentado. El gerente aprobaba su espontaneidad con una amplia sonrisa que le daba pie a empezar a hablar.

—Cuando Drew promete algo, lo cumple —afirmó, y me guiñó un ojo.

Entendí la referencia a Enemies y que me mojase al escucharla—. Y esto es solo un aperitivo. Tenemos más y mejores canciones que les volverán locos.

¿Quieren escucharlas? 87

El centenar de personas se unió para gritar un sí que no daba lugar a dudas.

Me habría ilusionado si no fuese porque no teníamos más canciones. Al menos, ninguna que No fuese buena. Drew estaba vendiendo algo que no existía, y temía que aquello nos fuese a estallar en la cara. 4

—¡El público ha hablado! —decía el hombre después de recuperar el micrófono, y se dirigía a nosotros—. A mí también me han fascinado, muchachos. ¿Les gustaría venir a actuar todos los viernes? 240

¿Qué acababa de decir?

El corazón me martilleó contra el pecho, sin dar crédito a lo que escuchaba.

En aquel momento no pensaba en el dinero que podría ganar, solo tenía en mente que, por fin, alguien nos creía lo suficientemente buenos como para apostar por nosotros. Y se sentía bien. 2

Jodidamente bien. 4

Por supuesto que accedimos. Sellamos la oferta con un apretón de manos, y con los gritos de júbilo del público abandonamos el escenario. 1

—Apuesto a que Moxy se corrió con solo vernos. —Zac ponía voz a nuestros pensamientos en el preciso instante en el que la aludida se acercaba a nosotros. 8

—¡Ha sido una puta locura! Jax, hoy parecía que tenías un palo metido en el culo pero, dejando ese momento a un lado, ¡ha sido brutal! 165

—¿Estás contenta con nuestro trabajo? —pregunté, buscando su aprobación. 1

—¿Que si estoy contenta? —Bufó—. Casi me corrí del gusto. 19

—¿Qué les dije? —Zac inflaba el pecho, orgulloso—. La conozco como a la punta de mi polla. 192

—¿No es «como a la palma de mi mano»? 32

Él se encogió de hombros, y yo me carcajeé por sus ocurrencias.

El gerente volvió a aparecer para invitarnos a la sala VIP y seguir con la fiesta. Cerveza ilimitada y minihamburguesas gratis, ¿podría ser mejor? 46

Desde luego que sí. 1

El hombre abría su chaqueta, y de uno de sus bolsillos interiores extraía un sobre negro.

—Aquí tienen el dinero. 38

A sabiendas de lo mal que quedaría lanzarnos en conjunto a por los billetes, todos dejamos a un lado el protocolo y nos peleamos por contar el dinero y repartirlo entre los cinco. Cien magníficos dólares que se palpaban como la mejor recompensa del mundo. Claro que entre los cinco tocaba a

veinte por cabeza. Qué dura era la vida del pobre, que aquello me hacía sentir como la tía rica de la familia. 81

—Les contrataré por un mes, con cuatro actuaciones en total de cien dólares cada una. Si todo sale bien y al público le gusta, tendrán contrato indefinido y cobrarán el doble. ¿Están conformes? 63

Por un momento dejamos de acariciar nuestros billetes y nos buscamos con la mirada. No hizo falta comentar nada, pues todos parecíamos estar más que conformes. Si juntaba ese dinero con lo que ganaba en el sex shop llegaría justo para pagar el alquiler. No tendría nada de beneficios para mí, pero ya era un avance. 3

—Aceptamos.

El hombre asintió, y con la satisfacción plasmada en su rostro dio media vuelta y se marchó. 2

En sentido contrario avanzó Zac, directo hacia la sala reservada para el grupo. El olor a hamburguesa recién hecha llegaba hasta nosotros. 1

Uno a uno fueron siguiéndolo, celebrando por el camino nuestro innegable triunfo. En último lugar empecé a caminar, deteniéndome en medio del camino al escuchar a alguien chistar. 1

Más curiosa que un gato, giré sobre mis talones y encaré a un chico de piel morena con el cabello rapado, muy muy corto, y una mirada de color miel llamativa. 106

—Enhorabuena —dijo, con una voz muy profunda que no esperaría escuchar en alguien tan joven.

Giré la cabeza con disimulo, asegurándome de que era a mí a quien hablaba.

—Sí, es a ti, Penny.

—Perdona... ¿nos conocemos?

Joder, su cara me sonaba de algo pero no lograba ubicarlo. 4

—No —Rio, tendiéndome la mano—. Soy Rex. 230

Acepté, ofreciéndole la mía, y apreté la suya en un saludo amistoso. Él, sin embargo, tiraba de mí y besaba el dorso de mi mano sin dejar de mirarme.

¿Es que en Europa saludan así, o qué? Al menos, su acento no parecía ser de por aquí. 16

—¿Hemos follado? 176

Él volvía a reír, negando con la cabeza.

—No tienes ni idea de quién soy. 2

—Ni de lejos.

Se desternilló hasta quedarse a gusto y dio dos pasos a la derecha, señalando a su espalda.

Detrás estaba el salón de la fama del Skull & Bones, una pared plagada de pósters firmados de grupos famosos, y en el centro había uno que destacaba por encima de los demás. Más grande, a color, y acaparando el centro de las miradas estaba el póster de los Black Nails, el grupo de rock más famoso del momento. Miré a Rex, miré al póster, y lo volví a mirar a él. 7

No. Me. Jodas. 3

Estaba hablando con una estrella de rock. 142

—Sí, soy yo.

Tuve que hacer una fuerza sobrehumana para mantener a raya mi lado fangirl y luchar contra mis ganas locas de pedirle que me firmase un autógrafo en una de mis tetas. 96

—¿Qué haces aquí?

—He venido a ver a los famosos Elysian. 4

Mierda. Estaba segura de que nos conocía por el meme viral de Jax. 40

—¿Qué tal lo hemos hecho?

—Bastante bien, creo que van por muy buen camino. 2

Asentí en agradecimiento y le sonreí. El chico era muy agradable. Me extrañaba que siendo tan famoso no se le hubiese subido la popularidad a la cabeza y me mirase por encima del hombro. Esperaba que si algún día yo me convertía en toda una celebridad pudiese conservar la humildad que hoy me caracterizaba. 29

—¿Quieres venir con nosotros a la sala VIP? —escupí sin más. Apostaba a que los chicos alucinarían al verme llegar con él. 211

Por un momento creí que aceptaría, pero no llegó a pronunciarse. A mi espalda, una voz conocida me hacía girar hacia atrás.

—Penny, vámonos. 31

Jax mantenía las distancias y solo me miraba a mí. 50

—Jax, mira con quién estoy. Él es... 22

—Penny, vamos —repitió, ahora más tajante—. Por favor. 182

Debía de estar soñando, porque el pelinegro nunca me había pedido nada con tanta educación. Lo vi contraer la mandíbula, sin dejar de mirarme, y asentí. 1

—Tal vez en otro momento. Ha sido un placer, Rex. 1

—Ya nos veremos, Pen. 453

Aquel diminutivo pareció enfurecerlo, pues volvía a contraer la mandíbula, tanto, que temí que se le partiera algún diente. 28

Ignorando el caos que había desatado, Rex se esfumó en sentido contrario y yo seguí de cerca los pasos del pelinegro.

—¿Qué mosca te ha picado?

Silencio. 1

—¿Me puedes responder?

Más silencio. 9

Bufé, perdiendo la paciencia, y me aferré a su brazo, obligándole a dar media vuelta. 1

—Llevas esquivándome desde el lago, no me hablas, y ahora apareces y te comportas como un cretino. 7

—¿Y qué quieres que te diga? 2

—Para empezar, que me des una explicación. 6

Él negaba con la cabeza.

—No es nada importante. 11

—Joder, Jax, contesta de una puta vez. Me estoy volviendo loca, porque no recuerdo haberte visto nunca. 6

—En ningún momento he mencionado que me conocieras —sentenció, y volvió a dejarme fuera de juego—. Y ahora, entremos. Hay alguien que quiere hablar con nosotros. 44

Mientras mi cabeza intentaba recuperar la señal, Jax abría la puerta a mi derecha y me invitaba a entrar. Moxy, Drew y Zac nos esperaban sentados sobre la mesa, frente a un hombre con smoking y un maletín. 4

¿Era un abogado? 2

¿Me habían denunciado por romper el contrato? 59

A la espera de una respuesta caminé junto a Jax, ambos con el desconcierto en la cara, y nos sentamos junto al resto de la banda.

—Me presento, soy Jeff Barrach, cazatalentos y director ejecutivo del Hellmouth rock star contest. ¿Han oído hablar de él? 73

Asentimos, recordando el vídeo que Moxy nos había enseñado semanas atrás. 2

—Estoy recorriendo el país a la caza de nuevos talentos, y creo que Elysian tiene lo que buscamos.

No te ilusiones, Peach. 31

No.

He dicho que no te ilusiones.

Demasiado tarde. Ya me imaginaba ganando el concurso, grabando cinco discos, haciendo una gira mundial y nadando en billetes. 156

—Eso es lo que le dice a todas las bandas, ¿no es así? —Jax se mostraba reacio a creer en nosotros—. Después de todo, hay que pagar por inscribirse y a ustedes les conviene que se apunte todo el que pueda. 38

Jeff hacía un mohín, ofendido.

—No muerda la mano que le da de comer —espetó, tendiéndonos un sobre dorado—. Menos aún si desconoce cómo funciona nuestro concurso. 7

En la cara externa del sobre se podía leer «Invitación especial». 11

—¡No me jodas! —Moxy daba un salto desde la mesa y gritaba como loca

—.

Veo que lleva un anillo. Por respeto a su mujer no le comeré la boca aquí mismo. 154

La rojinegra mostraba agradecimiento de una forma cuestionable, y de un modo atropellado nos explicaba en qué consistía aquel sobre. Con su

invitación nos saltábamos el coste de la inscripción, que en estos momentos era más de lo que nos podíamos permitir. Solo otorgaban diez en total, y por algún motivo ese señor creía que nosotros éramos merecedores de ello. 25

—Tengo buen ojo para esto, yo fui quien descubrió a los Black Nails. —

Jeff cerraba su maletín y sacaba el teléfono móvil de uno de sus bolsillos.

Dos segundos después, empezó a sonar—. No dejen pasar la oportunidad.

Hasta ahora son mi mejor apuesta. 1

Con aquel chute de adrenalina, el hombre abandonó la sala y volvió a dejarnos a solas.

Creía en nosotros. 1

¡Los peces gordos del concurso creían en nosotros! 4

Insonorizada o no, empezamos a gritar y a saltar sin ser capaces de contener la euforia. 2

Drew agarraba a Moxy de los pies mientras Zac lo hacía de las axilas; entre los dos la alzaban por los aires y la recogían al caer. 58

Eché a correr hacia la única persona libre que encontré y me lancé de lleno a sus brazos, gritando como loca. Jax me recibía con la misma emoción, abrazándome con ímpetu y riendo a carcajadas contra mi oreja. Aquel sonido desconocido me maravillaba y me ponía la piel de gallina. 421

Jamás pensé que llegaría a escuchar reír al rompeovarios, y ahí estaba, retumbando en mi oído como el sonido más hermoso que había escuchado en mucho tiempo. 82

Supe que fue consciente de lo que estaba haciendo cuando interrumpió la carcajada de forma abrupta y se separó de mí, recobrando el semblante serio que lo caracterizaba. 61

Lo miré directo a sus ojos grises, aún con los gritos de Drew de fondo, y lo vi. 21

Fue fugaz. 2

Breve.

Casi imperceptible, pero lo vi. 4

Me había sonreído.

CAPÍTULO 12: CUATRO MINUTOS

En ocaciones encontramos la belleza en los gestos más insignificantes. 115

Era incapaz de olvidar el sonido de la risa de Jax, o tal vez no quería hacerlo. Se me había quedado grabado en el subconsciente de tal forma que acabé soñando con él. O con una versión mejorada de él en la que sonreía todo el tiempo. 69

Después de descubrir que el rompeovarios tenía emociones y no era un témpano de hielo había una pregunta que me martilleaba la cabeza constantemente. 6

«Jax, ¿qué te hicieron?»161

Porque debía de haber una razón oculta. El tiempo diría si alguna vez llegaría a descubrirlo. 6

Con aquella pregunta rondando por mi mente abandoné el cuarto de baño después de una reconfortante ducha. Encerrarme desde dentro era parte del ritual, para asegurarme de que no se repitiese el incidente con Jax. 21

Avancé descalza por el pasillo hasta llegar a la cocina, encontrándome con el pelinegro de espaldas, sin camiseta. Tenía el cabello alborotado, signo inequívoco de que se había despertado hacía muy poco. Con la cabeza agachada llenaba un bol de cereales y, por último, la leche. 205

Seguir: parte 2 de 4