Elysian

Sara C · Capítulo 3 de 10 · parte 1/3

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Elysian

Nox

Este capítulo es largo, así que está dividido en 3 partes.

Not another stupid band20

Madness1

Red flags109

Vegan lions12

Elysian526

¡Eso es, señores, bajan los Noisy Snarls y sube Elysian! 85

—¿Qué? —gritamos todos al unísono, con la adrenalina recorriendo nuestras venas.

¿Nos habíamos clasificado? 3

Oh, joder.

¡Nos habíamos clasificado!

—¡Estamos dentro! —chillé, ahora con lágrimas de alegría. 53

¿Cómo podía haber cambiado tanto nuestra vida en solo un par de horas? 20

Llegué a sentirme la mierda más insignificante del universo y ahora rebosaba optimismo y seguridad.

Menuda montaña rusa de emociones. 2

—¡Joder! Ven, ¡que te como la boca! —Una Moxy excitada se lanzaba a mi boca y me besaba con efusividad, aunque de forma muy fugaz. 386

Yo reía a carcajadas por la espontaneidad de la rojinegra, y mi risa se multiplicaba al ver la mirada lujuriosa de los chicos. Ni en sus mejores sueños habrían imaginado vernos dándonos un beso. 175

—¿Falta de sangre en la cabeza? —inquirí, y Moxy se desternilló. 23

—Declaro que esta sea la forma en la que celebremos nuestros logros —

ordenó ella, y sin previo aviso besó los labios de Drew, con la misma intensidad con la que lo había hecho conmigo. 120

Sumándome a aquella alocada idea, aproveché que tenía a Zac a mi lado y le di un fugaz beso, no tan potente como el de Moxy, pero por algo se empezaba. 40

—Venga, Jax, no seas aburrido —se quejaba la rojinegra al ver que el rompeovarios la rechazaba—. Sé que estoy buena así que empezaré a pensar que no me besas porque temes enamorarte. 76

Claramente, Moxy solo buscaba irritarlo y salirse con la suya.

Él alzó las cejas, sin dar crédito a lo que acababa de oír, y solo por no darle la razón, la besó. 128

Yo continué la ronda de besos con Drew, quien aprovechó para tocarme el culo con disimulo, y por supuesto que se lo permití. Un magreo al día da alegría. 98

En cuanto nos separamos di por sentado que allí finalizaba la celebración y eché mano a mi teléfono. Tenía intención de agradecerle a Rex el aviso, pero entonces noté una sombra junto a mí. 183

Al girarme vi a Jax, quieto, mirándome con el rostro sereno. 243

Yo le devolvía la mirada con el interrogante marcado en mi frente, sin saber lo que quería. 11

Entonces, lo supe. 2

Demasiado tarde, tal vez. 2

Sus labios se estamparon contra los míos, y mis ojos se abrieron hasta el límite, presa de la sorpresa. Jax cerraba los suyos y entreabría sus labios, recibiendo la más nula actividad por mi parte. Era incapaz de moverme. 762

Aquel momento me parecía tan surrealista que no sabía si escandalizarme o verlo como lo que era, una mera celebración. 27

Fue solo cuando el pelinegro volvió a abrir los ojos, con intención de separarse, que reaccioné. Lo atraje hacia mí, de vuelta a mis labios, y le devolví el que era un beso lento y húmedo, provocando que fuese él quien ahora abría los ojos de forma exagerada. 299

En mi cabeza resonaba la voz de Moxy. 1

«Precisamente porque he visto cómo se llevan es que sé que van a follar.»122

De inmediato, y tras lo que parecieron ser años, me separé de él. En ese instante nos quedamos mirándonos el uno al otro sin decir nada. 34

«Es un beso sin importancia, como los de Zac y Drew. O como el de Moxy.

Es un juego», me repetía en mi cabeza. 140

Pero, ¿realmente lo era?

CAPÍTULO 16: ECHAR EL CIERRE

Si esto es un sueño, que alguien me abofetee. 98

Tras toda una vida creyéndome insuficiente, y con el constante recordatorio de mi madre de estar desperdiciando mi vida en algo en lo que no conseguiría destacar, al fin la vida me demostraba lo contrario. La clasificación en el Hellmouth era mucho más que el pase a una final; para mí significaba el primer indicio de que no era una fracasada. Era el soplo de aire fresco que necesitaba para empezar a creer en mí. 15

Por supuesto, toda victoria trae consigo una obligación, y en nuestro caso eran largas jornadas de ensayos y constantes revisionados de la actuación en el concurso. Fue todo un proceso de autocrítica en el que empecé amando nuestro número y, con el paso de los días, cuantas más veces la veíamos, más fallos le sacábamos.

¿Cómo habíamos conseguido clasificarnos con semejante mierda? 71

Moxy habría dado respuesta a aquella pregunta, de una forma tan sincera que nos haría sentir como unos desgraciados, si no estuviese tan ocupada babeando por las Bubblegum. La muy degenerada —nótese el sarcasmo—

había hecho un trío con dos de sus integrantes. Poco tenía yo que decir al respecto dado el historial de revolcones musicales con Drew y Zac. Pero X, somos chavos. 228

Sin despegar los ojos de la pantalla, Moxy se había quedado chateando con sus nuevos ligues a la espera de que los chicos regresaran de no se sabía dónde. Yo había decidido darme una ducha rápida con la que refrescarme y terminar de despertarme. Últimamente funcionábamos como vampiros, dormíamos de día y trasnochábamos hasta el alba. 34

Me sentía física y mentalmente exhausta y con el cuerpo contracturado por el estrés. Eran pocos los momentos que tenía de descanso, y mucho menos los que podía dedicarme a mí misma. Darme placer era uno de esos hábitos que podía mantener: era gratis, podía ser rápido si escaseaba el tiempo libre y me ayudaba a relajarme. 51

Alcé el grifo de la ducha para terminar de enjuagarme y al acabar lo acerqué a mi boca, como si fuese un micrófono. 11

—Solo a ti te puedo odiar de una forma tan intensa como te quiero follar —

canturreé con dificultad, luchando contra el torrente de agua que golpeaba mi boca. 118

Con la misma potencia del chorro, bajé el grifo, humedeciendo todo mi cuerpo hasta dirigir el caudal a aquella zona entre mis piernas. El agua golpeaba mi cuerpo con una intensidad constante, provocando lo que en un primer momento fue un leve cosquilleo. A prueba de ensayo y error, después de muchos giros de muñeca y regular la fuerza del agua, logré encontrar el punto exacto que me provocaba placer. 101

Cerré los ojos, apoyando mi espalda contra los azulejos del baño y jadeé superficialmente. La misma corriente que se generaba en aquel punto recorría mi cuerpo, por toda mi espina dorsal, y mi respiración se agitaba. 1

Masturbarme con el agua era de las cosas más placenteras que había experimentado, y algo que había descubierto en esta casa. En mi antiguo hogar era imposible, la fuerza del agua era nula. 92

Con el último chorro mi cuerpo se contrajo por completo y dejé escapar un sonoro gemido. Aquel sonido de satisfacción retumbó entre las paredes del baño, terminando como un eco que quedaba opacado por un ruido cercano.

Era, innegablemente, un jadeo. 149

Mierda. 25

Oculta detrás de la cortina, asomé la cabeza por un lateral y confirmé mis sospechas, aunque con la última persona que imaginaba. Jax me observaba ligeramente de espaldas, casi tan sorprendido como yo lo estaba. 258

—¿Qué coño haces? —inquirí, aferrada al trozo de tela que colgaba del tubo metálico.

—¿Y tú qué crees? —respondió él, enzarzado en lo que parecía ser una pelea contra su propio miembro. Le estaba costando volver a meterlo dentro del pantalón—. Al parecer, lo mismo que tú. 297

Tras el reconocible sonido de una cremallera subiéndose, el pelinegro se giró hacia mí y yo me mordí la cara interna de las mejillas. 3

—¿Se puede saber por qué te hacías una paja mientras me duchaba? 83

Él, que nunca se había caracterizado por ser una persona paciente, se llevó los dedos al puente de la nariz y lo frotó en un intento por mantener la calma. 26

—Joder, porque creí que eras Drew. La puerta estaba abierta y tú siempre le echas el cierre. 126

—¿Alguna excusa mejor? Drew y tú salieron juntos de casa. 77

—Me separé del grupo y fui el último en llegar, ¿te vale eso? —Lo miré con escepticismo, sin terminar de creerme sus palabras, y él lo notó—.

Penny, ya te he dicho que no eres mi tipo. No te tocaría aunque me lo pidieras. 235

—Claro que no —repetí con sarcasmo y solté una risotada—. Por eso me besaste hace unos días. 115

Su cara se transformó en una mezcla de emociones, entre enfado e incredulidad. 3

—Eso no fue un beso, Penny —repitió, esta vez haciendo énfasis en el nombre—. Si te hubiese besado de verdad aún te temblarían las piernas.

257

—Está bien —acepté, como si con aquella respuesta le diese la razón y finalizara la discusión.

Aquello era lo que decía su boca, veamos qué tiene que decir su cuerpo. 71

Eché la cortina hacia un lado, exhibiendo mi cuerpo desnudo sin ningún tipo de pudor. Sus ojos, aún fijos sobre los míos, se agrandaban por lo inesperado del momento. No se lo había esperado. 210

Me mantuve impasible frente a él, con la piel erizada por el repentino frío, pero la esperanza de verlo flaquear. De momento se mantenía en sus trece.

Su mandíbula se contraía y las aletas de su nariz se movían, como si estuviese haciendo una fuerza sobrehumana para no bajar la mirada. Mis ojos también luchaban en contra de mis instintos, que me invitaban a mirar a su pantalón. 73

En un juego de miradas esquivas, los dos seguíamos con la vista clavada sobre el otro, ansiando con alzarnos como vencedores. Él incluso había dejado de pestañear, y parecía sumido en un trance. Yo, que siempre fui la

más débil de espíritu, acabé sucumbiendo a mis ganas por echar una miradita fugaz, y mis ojos descendieron por su cuerpo hasta su bragueta.

La cremallera estaba subida, no así el cinturón, que estaba aún sin abrochar.

Un bulto prominente resaltaba por debajo de la tela, hasta parecer que se rompería en cualquier momento. El meme de la rotura de su pantalón ahora cobraba sentido. 119

Volví a buscarlo con la mirada y ahí estaba él, aún observándome directo a los ojos, ahora enrojecidos. 76

—Deberías comprar colirio. Tus ojos no se ven muy bien. 106

Esbocé una sonrisa ladeada y él volvía a contraer la mandíbula.

Aunque no lo confesaría en alto, el hecho de que no mostrase el más mínimo interés en mirar mi cuerpo me parecía insultante. 22

Aceptando mi derrota me giré en busca de mi toalla y le di la espalda.

Estrujé la suave tela entre mis manos, cubriendo mi pecho con ella, y dirigí la mirada hacia el espejo. El reflejo de Jax no le quitaba el ojo de encima a mi culo. 121

—¿Se te ha perdido algo? —pregunté, utilizando las mismas palabras que él había empleado en este preciso escenario. Me molestó tanto que se me quedaron grabadas en la memoria. 18

—Es solo un culo, no te emociones —gruñó, y avanzó a zancadas hacia el lavamanos. 116

Allí se frotó las manos con rudeza, en silencio, y al acabar, se marchó. 5

Con un sentimiento de victoria indescriptible y una sonrisa triunfal en el rostro terminé de prepararme y fui al encuentro de la banda en el salón.

Como siempre, habían respetado los asientos, y el único libre era el que estaba entre Jax y Moxy. Sin mediar palabra ocupé mi plaza, descalza y con

el pelo húmedo, y me senté al estilo indio.

A mi lado, la rojinegra movía sus dedos a la velocidad de la luz, tecleando sobre la pantalla de su teléfono, probablemente con una de las Bubblegum.

Primero soltaba una carcajada que me hacía dar un bote en el sitio y después, con un rostro serio, apretaba sus piernas y se mordía el labio. Me moría de curiosidad por saber qué acababa de ver. 164

—¿A dónde fueron? —pregunté, ahora que Moxy dejaba el teléfono a un lado.

—Al médico. —Zac devoraba una salchicha más grande que su boca, logrando hacer de aquello todo un espectáculo sensual. No había nada en el mundo que no se viese caliente si se trataba de él. 37

—¿Todos juntos?

—Ya sabes, chequeo de rutina. Nos ha costado un riñón y estaremos unos meses sin comer, pero ha merecido la pena. No tenemos ETS así que ¡a follar, a follar, que el mundo se va a acabar! 153

—¿Se puede saber con quién follas tú? —La forma en la que Jax lo preguntaba me hacía dudar entre si sonaba a curiosidad o sospecha. 96

Esta vez, me mordí la lengua y no solté el primer disparate que pensé. Ya bastante la había cagado en el lago al culpar a Moxy. 4

—Con estas dos bellezas —contestó el pelilargo, alzando sus manos. 81

—Me alegro de que no se les vayan a caer los huevos a trozos y que se pajeen a dos manos, pero, ¿podemos centrarnos? —la rojinegra se ponía en pie y se colocaba frente al televisor—. Tengo varias cosas que decir. 8

Se avecinaba un sermón. O al menos, algo importante.

—Señora, sí, señora.

—Punto número uno, redes sociales. Ahora que empezamos a ganar popularidad hay que cuidar la imagen que damos del grupo. Quiero que eliminen todas las imágenes ridículas y personales que hayan subido y que se cambien el nombre de usuario. Especialmente tú, Drew. Tenemos que dar una imagen profesional. 7

—¿Qué tiene de malo @PamelaChu? 429

Zac acompañaba al rubio en risas, y yo fruncía el ceño sin entender la gracia.

—¿Por qué te llamas Pamela Chu? 63

—Repítelo en voz alta —sugirió Zac, aguantándose la risa. 36

—Pamela Chu, Pamela Chu, Pame... vale, ya lo he pillado. Muy gracioso

—

ironicé, y le lancé un cojín a la cabeza. 192

—Cabrones, esto es importante. Al siguiente que vea que no se lo tome en serio le patearé los huevos. 18

Los dos aludidos alzaban las manos en señal de rendición y la rojinegra volvía a tomar el turno de palabra.

—Punto número dos, el dueño del Skull & Bones está muy contento con nosotros. Las ganancias en el local han aumentado desde que Elysian toca cada viernes, así que a partir de ahora nos va a pagar diez dólares extra por cabeza. 23

—¿Solo diez dólares? Maldito bastardo. 13

Lo que el rubio no tenía en cuenta es que trabajábamos sin contrato, con dinero por debajo de la mesa, y que él era empresario. Aunque se limpiase el culo con billetes de los grandes, no nos regalaría sino limosna.

Yo, en cambio, prefería quedarme con lo simbólico. Habíamos conseguido nuestros primeros, aunque pocos, fans leales. Un grupo de adolescentes iba a vernos tocar cada semana y nos aseguraban que si sacábamos un disco serían los primeros en comprarlo. Casi lloré cuando lo escuché. 130

—Punto número tres, ya me han llegado las invitaciones para la fiesta del Hellmouth. Irán todos los participantes y, como era de esperar, los Black Nails. 5

A mi lado, Jax maldecía con insultos que no llegaba a escuchar. Ahora que sabía el efecto que tenía la bajista en él, comprendía el por qué de su rechazo a la otra banda. 4

En silencio, los cuatro miramos al pelinegro, esperando que se pronunciara.

Él, al percatarse, chasqueó la lengua contra los dientes y volvió a maldecir.

1

—Iremos, pero solo porque soy consecuente con lo que le exijo a los demás.

El éxito de la banda va antes que mis problemas personales. 8

Moxy asintió, satisfecha con su respuesta. Parecía sencillo decirlo, pero debía de haberle resultado fácil a Jax. 3

—Bien. Entonces tendremos que comprar disfraces, y por favor, nada de pollas, ¿entendido? 66

Las muestras de descontento dejaban en claro que más de uno habría llevado aquel disfraz de no ser por la prohibición expresa de la rojinegra. 19

—¿Cuándo es la fiesta?

—Dentro de dos semanas, una antes que la final del concurso.

Con aquella sola mención el estómago se me cerró. Si así me sentía ahora,

¿cómo estaría ese día? Sería un flan andante, eso seguro.

Aquellos pensamientos me llevaron a preguntarme cómo afrontaría Jax nuestra victoria, en caso de que sucediese. Tendríamos que ser los teloneros de los Black Nails, y seguramente nos veríamos las caras más veces de las que él podría soportar. ¿Y si no lo aguantaba? ¿Y si se echaba atrás por la presión y la ansiedad? 6

No, eso no podía pasar. Elysian sin Jax no era lo mismo. 31

Con la voz de Moxy en segundo plano y mi cabeza imaginando varios futuros hipotéticos, me di cuenta muy tarde de que me había quedado mirando a Jax. Ojalá fuese un suceso aislado, pero últimamente era algo bastante recurrente. 36

Lo prohibido siempre fue atractivo, y desde que el pelinegro y yo nos besamos no podía sacármelo de la cabeza. Intentaba repetirme que no era más que un beso y que él seguía siendo el mismo rompeovarios de siempre, pero ahí estaba, atrayéndome con su magnetismo sin tan solo pretenderlo.

60

Cada uno de los chicos despertaba en mí un abanico de sentimientos. Con Drew todo era carnal, una atracción sexual insostenible. En lo que a Zac respecta, lo que existía entre nosotros era una conexión especial, un vínculo que me hacía sentir como en casa cada vez que estaba con él. Jax en cambio era un puto virus. Me había protegido frente a él con todas las vacunas existentes, y aún así, había conseguido colarse en mi interior, asentándose en cada célula de mi cuerpo. A veces lo odiaba, pero más odiaba no odiarlo.

185

A mi lado Jax giraba la cabeza, probablemente tras el reclamo de mi mirada, y me devolvía la suya. Dura, directa y penetrante. Sus ojos grises se clavaban en los míos, y yo no me inmutaba. No me importó saberme descubierta, esta vez no fingí no estar mirándolo. 5

Entreabrió los labios, tal vez para decir algo, pero aquello que fuese, se lo calló. Sus ojos bajaban ahora por mis labios, muy lentamente. Descendían por mi cuello, siguiendo un camino desde mi pecho hasta mi cintura. Ni el propio fuego era tan abrasador como su mirada en estos momentos. Mi piel

ardía al saberse examinada, y mi corazón se aceleraba en lo que me parecía algo de lo más excitante. 108

De vuelta hacia arriba, su mirada deshizo todo el recorrido hasta volver a clavarse en mis labios, y los humedecí por inercia. En aquel momento de desconexión con la realidad, mi teléfono vibró bajo mi cuerpo, y durante unos segundos sentí un cosquilleo placentero. Me había sentado sin querer encima de él. 70

Con la lucidez necesaria como para volver a pensar en Jax como el amargado que era, desbloqueé la pantalla del teléfono y vi una notificación emergente.

«Kiah te está invitando a una videollamada». 45

Extrañada, acepté su invitación, y su cara apareció en un primer plano. Con su piel oscura y sus cabellos azabaches, la que una vez fuese mi mejor amiga lucía más pálida que nunca.

—¡Peach! Necesito tu ayuda.

Con mi mentalidad de pobre, lo primero que pensé fue «»lo siento, no tengo dinero, pero después recordé que ella tendría más de lo que yo jamás podría llegar a contar. 33

—Kiah, ¿qué pasa?

—Los músicos a los que había contratado para mi boda han cancelado el contrato, ¡y me caso este fin de semana! 78

Con una mano en el teléfono, la morena se rascaba el cuello con insistencia, probablemente como reacción al estrés.

—Joder, qué putada.

—Te he visto en la tele, sé que tienes un grupo de música. Por favor, dime que puedes actuar en mi boda. Por favor, por favor, por favor.

—No lo sé, estamos bastante ocupados con...

—Les pagaré dos mil dólares. 256

Ajenos a la conversación, el resto de la banda se giró hacia mí al escuchar aquella gran suma de dinero. Eso haría un total de cuatrocientos dólares por cabeza. 42

No hizo falta consensuar nada, los cuatro asentían como locos, y yo fui la que puso voz a sus movimientos. 54

—Por dos mil dólares te toco el bajo, te llevo el catering y le hago un stripteasse al novio. 175

—Peach, te quiero. Volveré a llamarte para que te pases por casa a buscar el vestuario. Bye! 58

Y colgó.

¿Vestuario? 1

El miedo era real. ¿Y si el anterior grupo canceló el contrato porque la ropa era una horterada? 19

Sea como fuere, no es algo que nos pudiéramos permitir, así que tocaríamos incluso si teníamos que disfrazarnos de mierda. 21

—Es oficial, ¡nos van a pagar dos mil pavos! 1

Todos gritaron de felicidad, pero yo fui la única que se puso en pie. Parecía haberles bastado con aquella demostración de alegría. 1

—¿Lo celebramos con un beso? —Ellos me miraban alzando las cejas—.

¿No? Vale. 262

Y volví a sentarme. Al parecer, aún no había terminado la reunión.

—Nos falta lo más importante, la canción que van a tocar en la final.

¿Cómo vas con eso, Jax?

—Tengo un bloqueo artístico, la presión me puede. 9

—No es por meterte prisa, pero te estoy metiendo prisa. 117

Aquello era lo más gentil que se podía esperar de Moxy. Estábamos a tres semanas de la final, y ya no solo era tener la canción lista, aún debíamos aprendérnosla, ensayarla, preparar una pequeña coreografía y pulir los fallos. Nos estábamos quedando sin tiempo. 1

A no ser...

—Yo he compuesto una —escupí sin más, volviéndome el centro de todas las miradas—. ¿Quieren verla? 73

Todos, a excepción de Jax, asintieron con efusividad. Ante su apoyo, envié al televisor el archivo que tenía subido en la nube para que pudiesen leer la letra. 2

Tras lo que pareció ser una eternidad en la que los chicos hacían ruiditos a medida que la iban leyendo, por fin se giraron hacia mí y yo quedé expectante.

—Me gusta, aunque creo que le hace falta unos arreglos.

Drew asentía, apoyando las palabras de Zac, y alzaba los pulgares. 2

—Si trabajamos en ella podría ser la canción que toquemos en la final —

añadía el rubio.

—No. —Jax volvía a interpretar su papel de rompeovarios. Era increíble cómo con dos simples letras me provocaba ganas de gritarle al oído—. Yo soy quien compone las letras, siempre lo he sido y hasta ahora nos ha ido bien así. 95

—Dame una oportunidad. Podemos ensayarla y si te gusta...

—No voy a arriesgar nuestra victoria en la final. 9

Vale, ahora sí que me resultaba fácil odiarlo. 2

Eliminé el archivo del televisor y me crucé de brazos, fingiendo que no había nadie a mi derecha. Ahora misto hasta el sonido de su respiración me irritaba. 34

Moxy, que a veces actuaba como mi ángel de la guarda, no estaba por la labor de dejarse amedrentar. 1

—Jax, deja de dar por culo y dale la oportunidad de ensayar la canción al menos un día. —El pelinegro abría la boca para hablar, pero ella lo silenciaba, añadiendo—: Si es una mierda podrás decirle «te lo dije, Penny». 18

Motivado por aquella última idea, Jax gruñía para sus adentros y aceptaba, a regañadientes. No fue la poca emoción que puso en ello, ni los vítores de los otros tres lo que me hizo dar un grito de euforia. 4

Al fin Jax daba su brazo a torcer y me otorgaba, al menos, el beneficio de la duda.

Le iba a demostrar en su puta cara que yo era mejor que él.

CAPÍTULO 17: LA BODA

Por la plata baila el mono.

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151

Cuando eres un pobre diablo como nosotros tienes que aprovechar las oportunidades que te da la vida sin pensarlo dos veces. Por eso, y aunque debíamos centrar toda nuestra atención en el Hellmouth, habíamos decidido sacrificar un día de ensayo para acudir a la boda de Kiah. 14

Éramos los primeros en llegar, así lo habíamos acordado con la novia.

Debíamos estar listos para tocar para cuando llegase el primer invitado, y eran en torno a seiscientas personas las que asistirían. «Será una boda íntima, solo con familiares y amigos cercanos», aseguró ella, y mi vida social se sintió ofendida con aquella afirmación. 97

—Ya he terminado contigo —informó la asistente de Kiah, indicándome con un movimiento de cabeza que podía mirarme al espejo.

No estaba lista para ver el resultado.

No cuando pasé más de media vida bajo la sombra del apodo de «orejas de elefante». Y es que tal era el trauma que nunca había sido capaz de recogerme el pelo y dejar mis orejas a la vista de los demás. Ni siquiera yo me atrevía a mirarlas. 123

Me coloqué frente a mi reflejo y mis ojos fueron directos al vestido. Era precioso. De color celeste, empezaba en un escote corazón que se sujetaba en los hombros a la altura del pecho. La cintura se ceñía y se estrechaba aún más al caer sobre los pies. Era más incómodo de lo que aparentaba, pero estaba dispuesta a aguantar toda una noche si el precio era estar así de radiante. 57

Ni tan siquiera el semirecogido que dejaba a la vista una de las orejas consiguió hacer mella en mi seguridad. 11

Al salir de la habitación, la primera a la que vi fue a Moxy. Lucía un vestido ceñido, tanto que me preguntaba cómo no se rompía cuando ella respiraba.

Le llegaba muy por encima de la rodilla, y aunque llevaba un escote modesto tenía toda la espalda descubierta. El mismo tono rojizo de la tela era el que llevaba en los labios. 40

Me mordí la cara interna de mis mejillas cuando se percató de mi presencia, y aguardé, a la espera de escuchar un comentario acerca de mis orejas. 76

—Joder, Peach, estás buenísima. ¿Follamos? 604

Rompí a reír con sus ocurrencias, consiguiendo así que me sintiese más relajada. 13

Desde el otro extremo del pasillo la puerta se abría y dejaba paso al resto de la banda. Tuve que morderme el labio para no reírme al verlos aparecer, demasiado elegantes, tal vez algo estirados, aunque estaban guapísimos.

Todos llevaban un esmoquin negro sobre una camisa blanca, una corbata negra con punteado azul, y una pequeña flor celeste que sobresalía del bolsillo delantero de la chaqueta. Ni un Zac con minifalda y tacones altos me habría sorprendido tanto como ellos lo hacían ahora. 113

Una vez más, me sentí empequeñecer al ver cómo sus ojos recorrían mi cara, esperando ver aparecer en ellos alguna mueca de sorpresa. Sin embargo, si tuvieron algún pensamiento al respecto, no lo externalizaron.

25

Drew me echaba una mirada lujuriosa y silbaba, recorriendo mi cuerpo con sus ojos, sin pudor. Zac era más comedido con sus gestos, pero la curvatura en su boca aprobaba mi vestuario. Jax, por el contrario, me miraba de reojo con indiferencia, y cuando se daba cuenta de que lo había pillado mirándome, fingía examinar a Moxy. 139

—Qué guapos están, chicos. Ahora no sé a quién escoger como acompañante —confesé, alegrándome la vista con el trío masculino, a sabiendas de que era posible que no los volviese a ver de aquella guisa. 25

—¿Y desde cuándo escoges tú a uno solo? —atacó Moxy entre fingidos golpes de tos, en un tono de voz que solo yo pudiese oír. 306

La miré con ojos desorbitados y le asesté un codazo en las costillas.

—Moxy, deberías cuidarte esa tos. No suena muy bien —respondí, con una falsa preocupación, y mi minúsculo bolso empezó a vibrar. 19

Prácticamente solo cabía en él mi teléfono, así que no podía ser otra cosa.

Lo abrí y desbloqueé la pantalla, viendo la notificación emergente mientras sonaba la melodía que le tenía asignada a mi padre. 18

Sin pensarlo dos veces colgué y volví a cerrar el bolso. Últimamente tenía a mi familia muy olvidada, pero mi prioridad actual era Elysian. 48

Con serias dificultades para caminar debido al vestido tan estrecho que llevaba, avancé hasta colocarme en medio de Zac y de Drew y me enganché a sus brazos, entrelazando los míos con los suyos. 93

—Es hora de brillar. —Los portones rojizos se abrieron de par en par y, escoltada por ambos, nos adentramos en el gran salón a paso lento. 6

Moxy, al grito de «agárrame o te mato» corrió hacia Jax y saltó sobre su espalda. La espalda del pelinegro se arqueó hacia adelante, facilitando la sujeción del culo de la rojinegra. Como un padre y su hija en una mañana de paseo, los dos avanzaron a nuestro lado, poniendo de manifiesto una complicidad máxima entre ellos. No era ese tipo de amistad en la que los dos bromeaban y pasaban largas horas juntos, tampoco creo que lo necesitaran. Parecían cortados por el mismo patrón, y eso les hacía afines.

54

Con todo el revuelo que montamos, no había trabajador que no nos hubiese puesto el ojo encima. Nos miraban como si un elefante acabase de entrar en una tienda de porcelana, temiendo que pudiésemos romper algo que costase más que nuestra propia vida. Y no los culpaba. 5

Nos indicaron amablemente el lugar que debíamos ocupar, allá donde ya descansaban nuestros instrumentos. Muy cerca de nosotros había un trono rojo adornado con piedras preciosas donde Moxy podría sentarse. 3

—¡Soy la jodida reina de Inglaterra! —exclamó, y se lanzó sobre el trono como quien se tira sobre su cama—. ¿Crees que pueda llevarme uno de estos? —preguntó, intentando rascar una de las piedras brillantes con la uña.

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52

—Moxy, no hagas eso —espetó Drew, como si la regañase, y una sonrisa ladeada apareció en su rostro—. Espera a que nos vayamos.

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164

Los dos se lanzaron miradas cómplices y se carcajearon por todo lo alto. 7

El ambiente relajado que se había instaurado entre nosotros no duró demasiado. En cuanto la puerta volvió a abrirse, una hilera de asistentes comenzó a entrar al gran salón, motivándonos a ponernos en posición y empezar a tocar. Por supuesto que no íbamos a interpretar ninguna de nuestras canciones; por petición expresa de la novia debíamos ceñirnos a su extenso catálogo que haría vomitar a cualquier alérgico al amor.

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51

Letras inundadas de «te quiero» y coreografías lentas era todo lo que nos depararía el resto de la noche. Algo más que obvio en una boda, pero no parecía ser algo con lo que contase Jax. Su cara de pocos amigos y la hostilidad de sus movimientos saltaban a la vista.

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28

— «Oh, mi amor, querida, llevo mucho tiempo muriendo por que me toques» —cantaba el pelinegro, acariciando el pie del micrófono con tanta sensualidad que parecía estar haciéndoselo a otra persona. 197

Sus movimientos eran tan hipnóticos que no podía quitarle ojo de encima, opacando por completo la presencia de invitados que iban llegando y tomando asiento. Al menos, hasta que el novio apareció y con él comenzaron los suspiros y las lágrimas de felicidad por parte de familiares y amigos. 4

Era guapo, no, guapísimo. Con el pelo negro y unos ojos melifluos, bien podría haber sido la estrella de un centenar de revistas y pasarelas de moda.

En otro momento podría haber destacado por su porte elegante y, tal vez, una seguridad envidiable, pero en este instante su rasgo más característico era la forma en la que sus cuerpo se agitaba por los nervios. 30

—¡Ya viene la novia! —gritó alguien desde un extremo de la estancia, y medio millar de cabezas giraron en aquella dirección.

—La marcha nupcial —indicó Jax, al comprobar que el aviso era cierto.

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Tras los primeros acordes, Kiah avanzaba por la alfombra de la mano de su acompañante, haciendo un esfuerzo sobrehumano por no romper a llorar de la emoción. Mis ojos recorrieron su tez morena, que contrastaba con su vestido blanco como la noche y el día. Examiné la escena como una espectadora más, admirando lo radiante que se veía la novia, hasta que, de pronto, el panorama cambió. 1

Esperaba ver a su padre llevándola al altar y no a lá última persona que imaginé ver allí.

Rex sonreía de oreja a oreja, avanzando a paso lento junto a mi antigua mejor amiga. Me pregunté qué tan posible sería que su presencia pasara

desapercibida para Jax, y quizás pequé de ingenua. Tan pronto como aquella idea inundó mis pensamientos noté cómo Jax se tensaba y retrocedía a paso lento. 170

—¿Qué hace él aquí, Penny? ¿Es otro de tus jueguitos?

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—No seas estúpido, yo también me acabo de enterar.

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La forma en la que escupí mi respuesta pareció bastarle para creer en mi palabra, lo cual solo provocó que su rabia fuese en aumento. Tal vez, saber que Rex también me la había jugado a mí le molestaba más que la idea de que yo estuviese al tanto. 15

No necesité la capacidad de poder colarme en sus pensamientos para adivinar cuáles eran sus intenciones. La forma en la que había reanudado la marcha, tan decidido hacia la pareja, dejaba en claro que quería armar un espectáculo.

—No —susurré, empleando un tono autoritario que nunca había usado con él—. Es un día importante para ellos, respetemos eso. —Él intentó deshacerse de mi agarre, a lo que respondí forcejeando para impedir que se moviese—. Somos mejor que eso. 21

Sus ojos grises buscaban los míos, indagando en ellos la solución a su lucha interna. La frialdad de su mirada me congelaba por dentro, haciéndome dudar de mi poder de convencimiento, hasta que lo vi dudar. Sus orbes se movieron de forma casi imperceptible hacia ellos, y supe que había cambiado de parecer. 4

Aún zambullida en su bruma gris solté el agarre, dándole el beneficio de la duda, y él gruñó. 1

—Siento ser yo el que interrumpa este momento de telenovela, pero Peach, sigue tocando o no veremos ni un centavo. 1

La voz de Zac me arrastraba de las profundidades gélidas de la mirada grisácea. Dos parpadeos después, mis dedos volvían a moverse sobre las cuerdas y Jax deambulaba de un lado a otro, apelmazándose el cabello de forma neurótica.

Al otro lado de la sala la novia llegaba al altar y murmuraba palabras cómplices con su prometido, quien estaba al borde de las lágrimas.

—Estamos hoy reunidos para ser partícipes de la unión entre Kiah Beller y Benjamin Mayer... —Así comenzaba el monólogo. 73

Dejamos los instrumentos a un lado y nos sentamos para ver, desde un segundo plano, la ceremonia que acababa de dar inicio. El hombre presentó a los novios y dedicó unos minutos a hablar del amor en pareja y la prosperidad. Era la parte más aburrida de la ceremonia. Justo después llegó el turno de la palabra, donde familiares y amigos rememoraron momentos juntos, como el día en el que se conocieron. Al parecer, el novio era el dueño de la discográfica que había catapultado a los Black Nails a la fama, aunque aún no comprendía el papel que desempeñaba Rex en todo esto. 48

Lágrimas de alegría, risas en los momentos más dolorosos; el contraste de emociones era palpable en el ambiente, incluso para nosotros. Todo aquel enredo de emociones se multiplicó en el momento más esperado, cuando los novios intercambiaron los anillos y se dieron el sí quiero. 1

Era común que en aquel momento los más emotivos rompiesen a llorar. De hecho, en mitad de aquel silencio sepulcral, un gimoteo cercano me hizo girar la cabeza.

Habría esperado ver a cualquiera menos a Drew. 179

—¿Qué? Soy una persona sensible —argumentó mientras se sonaba con el pañuelo que Moxy le había dado.

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Con las trompetas del rubio como sonido ambiente, los novios se besaron y la gente se puso en pie para gritar el ya mítico «vivan los novios». 34

El hambre no entiende de clases sociales, o al menos, la forma en la que los invitados corrían hacia la zona del banquete así lo hacía ver. El lugar era aún más amplio que el salón ceremonial; predominaban los colores azul y negro, tanto en los manteles de la mesa como en las telas que adornaban las sillas. El techo era una cúpula transparente desde la que se podía ver el cielo estrellado, y en el fondo, la zona de baile quedaba expuesta en la única parte al aire libre. 4

El exquisito olor a comida recién hecha nos abría el apetito, y Zac, el más glotón de todos, empezó a salivar y a frotarse la barriga. 5

—Estoy deseando probar a qué sabe la comida de los ricos —confesó, buscando con la mirada la mesa que hubiesen reservado para nosotros.

Eché un rápido vistazo a nuestro alrededor, tratando de hallar lugares vacíos en medio de la marea humana, pero no había ni uno. No estábamos invitados a la cena. Los cuatro nos miramos con un halo de decepción en el rostro, mientras Zac aún hacía ruiditos con la boca, ajeno a la realidad. Dos segundos después sus cejas se hundieron y su boca adoptó una curvatura de tristeza. 109

—Estoy segura de que sabe a discriminación y falta de humanidad —

espeté, cruzándome de hombros.

Entendía que no éramos invitados, sino que acudíamos en calidad de trabajadores, pero no podían tenernos aquí tantas horas sin darnos ni siquiera un aperitivo rancio. 42

Pronto descubrí que quien se apresura a juzgar se arriesga a tragarse sus palabras. 7

—Señores, síganme, por favor —indicó un camarero, que por la forma en la que estaba vestido parecía un pingüino.

Nos hizo recorrer toda la estancia, llevándonos al extremo más alejado de los novios, allá donde las sombras ocultaban nuestra posición. No era exactamente una mesa donde sentarnos a comer, más bien se trataba de una tarima con nuestros instrumentos, y una repisa? donde había algunos aperitivos y bebidas variadas. 12

—¿Tenemos que tocar mientras ellos comen?

—Creo que esa es la idea.

Moxy era la que más estaba disfrutando de aquel tentempié. Siendo la única que no tocaba, empinaba el codo y bebía una botella tras otra como quien tragaba agua. El resto nos llevábamos algunos aperitivos a la boca entre canción y canción, salvo Zac, que no dejaba de engullir comida incluso cuando tocaba la batería. Era un saco sin fondo. 54

Entrantes, primer plato, segundo plato, postre y tarta nupcial. Los camareros iban y venían, repartiendo la comida a los asistentes como si de un ejército de hormigas se tratase. Había incluso quien se atrevía a repetir, acomodando el botón del pantalón para hacer hueco a una ración extra del menú. 29

Cuando hasta el más rezagado terminó de engullir el último trozo de comida, los camareros volvieron a demostrar agilidad, retirando platos y cubiertos. Solo dejaron las botellas y los vasos, dando comienzo a la barra libre.

Los novios, quienes eran el reclamo de interés de la noche, se pasearon por las mesas agradeciendo a los invitados su asistencia. En aquel paseíllo entre asistentes fueron recolectando sobres, presumiblemente cargados de dinero y cheques firmados.

Y llegó nuestro turno. 2

—Chicos, gracias por venir. No sé qué habría sido de mí si no hubiesen aceptado.

—Todo en Kiah eran muestras de agradecimiento. Sus ojos se humedecían mientras se llevaba las manos al pecho, y su marido le besaba en la cabeza, estrechándola contra su pecho.

—Gracias a ti por pensar en nosotros. Ese dinero nos va a venir muy bien

—

confesé, aireando nuestro poco poder adquisitivo y los problemas que teníamos para llegar a fin de mes.

—En realidad, el mérito no es mío. —Giró sobre sus talones, y agitando el brazo, añadió—. Rex, ¡ven aquí!

Seguir: parte 2 de 3