Elysian
Los tres se acercaron a mí y…
Este capítulo es largo, así que está dividido en 3 partes.
Los tres se acercaron a mí y me preguntaron si me veía con ganas de terminar el concierto. No especialmente, pero se lo debía a mis fans. 11
Asentí, esbozando una sonrisa fingida, y se pusieron en movimiento.
—Y ahora... ¡que siga el espectáculo!
Jax regresó al centro del escenario, agitando los brazos y sacudiendo la cabeza para deshacerse de la energía negativa del momento. El resto del grupo regresamos también a nuestras posiciones.
Volvimos a tocar desde el inicio Heartless, que había sido interrumpida por el desafortunado comentario, y Drew empezó a saltar como había hecho anteriormente. Yo no pude. Por más que quise seguir con la función, mi cabeza me impedía actuar con naturalidad. Era tanta la inseguridad que sentía que busqué cualquier oportunidad para quedar de espaldas al público, ocultar la cara detrás de mi pelo, o, incluso, tapar mi escote con la mano.
Solo quería llegar a casa y ponerme un jersey de cuello alto. 128
Por suerte, ya solo quedaba una canción para terminar. 1
La lenta melodía que daba inicio a Painful Loneliness arrancó con Drew y su guitarra. Con aquellos primeros acordes, el pelinegro se acercó al borde del escenario y se sentó con las piernas colgando. Las luces se volvieron más tenues, y el público encendió las linternas de sus teléfonos móviles, que agitaron de un lado a otro al ritmo de la canción. 29
«Me lo prometiste, ¿recuerdas? 4
No más dolor
No más corazones rotos
Me lo prometiste, ¿recuerdas?
Y aquí estoy, desangrándome1
Rompiéndome del todo» . 34
Aquellas letras atravesaban mi pecho y se clavaban directo en mi corazón.
Era imposible no darme por aludida al escuchar sus estrofas, sabiendo todo por lo que habíamos pasado él y yo. ¿Estaría pensando en mí mientras cantaba? ¿Tendría el corazón tan acelerado como yo lo sentía ahora? 23
Todas aquellos interrogantes obtuvieron respuesta cuando, con mi mirada puesta sobre él, lo vi girarse y ponerse de pie. Su voz enérgica contrastaba con su mirada apesadumbrada. Cuando sus ojos encontraron los míos comenzó a caminar en mi dirección, con la mano extendida hacia mí. 72
«Estoy tratando de ser
lo suficientemente bueno para ti, 5
así como solo tú supiste ver
luz en la oscuridad que habita en mí». 78
Siguió caminando con la mano en alto hasta plantarse frente a mí.
¿Qué se supone que debía hacer? ¿Darle la mano? Esto no era lo que habíamos ensayado, ni siquiera esa última estrofa aparecía en la canción. 72
Con el último acorde apoyó su frente sobre la mía, y se hizo el silencio. El público enmudeció con aquella puesta en escena que, lejos de estar llena de acción, consiguió acelerarle el pulso a todos. Como a mí. Como a él. Su pecho subía y bajaba a toda velocidad, y mi respiración entrecortada me obligaba a cerrar los ojos. 12
No era capaz de soportar la intensidad de su mirada gris, no sin romper la petición que le hice. A estas alturas ya no estaba segura de quererlo lejos de mí. 2
Con mi corazón golpeándome en los oídos, el público estalló en gritos y ovaciones.
—¡Elysian! ¡Elysian! ¡Elysian!
La gente nos aclamaba, pero el ruido ambiente se sentía como un bullicio lejano. El sonido de mi respiración silenciaba cualquier otro, y mi cabeza no podía concentrarse teniendo a Jax tan cerca. 11
Solo bastaba estirar el cuello y podría besarlo. 3
Un ligero movimiento y mi corazón colapsaría.
Tragué fuerte, intentando mantenerme firme a mi decisión, y en cuanto sentí a Zac y a Drew rodearme a cada lado, suspiré, tranquila. 12
—¿Ha quedado alguien sin que se le cayesen las bragas? —El rubio era todo un maestro de ceremonias. 5
El público gritó en afirmación, y Jax se colocó al lado suyo.
—Muchas gracias Emerville por esta noche que recordaremos siempre.
¡Gracias por apoyarnos!
—Gracias —repetí— los queremos.
Con sus gritos a nuestra espalda nos dimos la mano los unos a los otros y regresamos al backstage, donde el silencio nos consumió.
El cambio de ambiente fue tan abrupto como si el sonido saliese de una botella y acabase de ser taponada.
Con aquel silencio mis pensamientos cobraron vida, y el incidente con el degenerado volvió a atormentarme. La inseguridad me devoró, y sentí la urgencia de abrazarme a mí misma, ocultando mi pecho con las manos. No quería seguir llevando aquel escote. 31
—Toma —dijo Zac mientras daba toquecitos en mi espalda. 9
No sé qué me esperaba al girarme, pero desde luego no era la imagen que vi. Frente a mis ojos, su torso desnudo me hacía abrir los ojos y recorrer su cuerpo en sentido ascendente hasta su cara. Benditas vistas. 35
Con su mano derecha agitó su camiseta, ofreciéndomela. 51
Mis ojos fueron desde el trozo de tela hasta él, y de nuevo a la prenda. Las palabras sobraban; tanto él como yo sabíamos que lo necesitaba. 1
Con más urgencia de la que me habría gustado mostrar, la pesqué entre mis dedos y me la puse. Me quedaba exageradamente grande, pero olía a él. 14
—Gracias. 1
—Te queda mejor que a mí —aseguró, deshaciéndose del moño alto, y el cabello se le quedó de punta como un trol. Con aquel peinado improvisado terminó de acortar distancias y me besó en los labios con suavidad. El inesperado contacto aportó calidez a mi corazón, que ahora latía a toda prisa
—. Será mejor que vayamos a casa. 66
Con su brazo rodeando mi cintura me escoltó en dirección a su coche. Aún no lograba acostumbrarme a no tener que cargar con todo el equipo de sonido. Era lo menos que echaba de menos del anonimato. Lo que sí echaba en falta era la furgoneta de Moxy, el tener que agarrarme al asiento cada vez que giraba de forma brusca, o cuando temía por mi vida cada vez que la bota se le enganchaba y pisaba a fondo el acelerador. 9
—Ya va siendo hora de que cambies de coche. —Jax examinó el interior del vehículo con el ceño fruncido—. O al menos, de que le pongas las malditas asas. 62
Al arrancar, Zac giró bruscamente hacia la izquierda, y el pelinegro hizo el intento de agarrarse a una de las asas, sin éxito. No había nada. Como resultado terminó chocando de lleno contra la ventana. 55
No hubo risas, pero al menos yo necesité hacer fuerzas para no reírme.
Cualquier situación cómica que tuviese que ver con el rompeovarios me causaba gracia, precisamente por lo malhumorado que era. 1
—¿Estás de coña? No voy a deshacerme del coche. Esta preciosidad tiene muchas historias que contar. —Alzó la mirada, y a través del espejo retrovisor lo vi mirarme y guiñar un ojo.
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Y tanto que las tenía. El nuestro había sido un polvazo con todas sus letras.
¿Sería el único que había tenido aquí adentro?
Lo dudaba. 5
Mi reflejo sobre el cristal oscurecido me hacía pensar que las ventanas tintadas no eran fruto del azar. Lo cual me llevaba a pensar en cuántas personas habrían compartido un momento íntimo con él en estos sillones, o peor aún, en quiénes lo harían en un futuro. La sola idea de imaginarlo con otra persona me provocaba una punzada dolorosa en el pecho, y los celos me motivaban a pedirle que solo estuviese conmigo. Pero, ¿con qué cara?
No podía pedirle exclusividad cuando yo no se la daba, y menos aún, cuando no había una relación de por medio. Solo sexo, aunque con sentimientos. 27
Lo mismo que con los otros dos. 1
Eché una mirada rápida a mis tres acompañantes, y sentí el impulso de abrir la puerta y tirarme a la carretera con el coche en movimiento. ¿En qué momento pensé que meterme con los tres sería buena idea? Mi vida cada día se complicaba más, y ya era demasiado tarde como para hacerme a un lado. 11
No podía pararlo.
No quería pararlo.
¿Lo harían ellos? 9
—¿Soy yo, o ese coche lleva rato siguiéndonos? —señaló Drew, con el brazo apoyado en el reposacabezas y el tronco girado hacia atrás. 29
A su voz, Jax y yo lo imitamos, y Zac miró a través del espejo retrovisor.
Era un coche negro, enorme, con unas ruedas más grandes que Coky. Nos pisaba los talones y, efectivamente, tomaba la misma dirección que nosotros en cada cruce al que llegaba. 7
Volví a mirar al frente, con la mirada perdida y la cabeza trabajando a toda velocidad, y una idea me sobrevino. Me apresuré en revisar las redes sociales, y allí encontré lo que buscaba.
«NoviaDeJax, hace seis minutos:1
Oh Dios mío, estoy a solo unos metros de Jax. Estoy segura de que es su coche». 49
Justo debajo había una foto de nuestro coche, desde su perspectiva.
«NoviaDeJax, hace tres minutos:1
AHHHH! Vamos a seguirlos, quiero un beso suyooo». 79
Pero, ¿qué cojones? ¿Ha perdido la puta cabeza?
—Son fans, ya lo han subido a internet.
Jax bufó, incluso sin saber que él era el principal motivo por el que nos seguían.
—¿Crees que puedas darles esquinazo? —preguntó, echando un vistazo rápido por el espejo retrovisor exterior. 1
—Estás hablando con Toretto —contestó el castaño, y pisó a fondo el acelerador. 112
El vehículo avanzó tan rápido en cuestión de milisegundos que sentí como si el sillón me engullese por completo. Aquel cambio de velocidad nos dio cierta ventaja, pero no duró mucho tiempo. Las fans locas imitaron nuestro movimiento y dieron un acelerón con el que se acercaron como un tiburón a su presa. Daban miedo. 4
En lo que fue una persecusión peligrosa, Zac siguió moviéndose a toda prisa sobre el asfalto, sorteando vehículos y peatones.
—¡No vayas a casa! —grité al ver que tomaba la dirección correcta—. Si ven en dónde vivimos ya no tendremos paz. 17
En el último momento cambió de dirección, alejándose en sentido contrario hacia las afueras de la ciudad. Emerville no era especialmente grande, pero la densidad poblacional convertía transitar por sus calles en toda una odisea.
Acelerones, ruedas derrapando y gruñidos de Jax cada vez que chocaba contra le ventana. Los minutos siguientes parecían sacados de una película de acción. Y cuando Zac terminó de pisar del todo el acelerador, un camión gigantesco se cruzó en nuestro camino. Como si fuese una película, toda mi vida pasó frente a mis ojos en aquel momento que creí que nos íbamos a estampar. Cerré los ojos con fuerza, y la intensidad del frenazo nos sacudió hacia adelante. Con poco tiempo de reacción y a la velocidad vertiginosa a la que iba, el coche que nos seguía no tuvo tiempo de frenar y dio un volantazo para esquivarnos, aunque no por completo. En su paso por el carril contiguo arrancó nuestro espejo retrovisor exterior y arañó la carrocería de detrás hacia adelante. 38
—¿Están todos bien? —En su evaluación de daños, Zac se giró hacia atrás y nos examinó hasta que asentimos con la cabeza—. Pues salgamos cagando leches. 3
No tan veloz como antes, dimos marcha atrás y cruzamos un callejón estrecho que conectaba con la autovía. Ninguno se atrevió a decir nada, solo mirábamos por la ventana para asegurarnos de que no volvían a seguirnos.
Lo único que nos importaba era volver a casa de una pieza.
Para cuando llegamos ya era más de medianoche. La oscuridad nos facilitó entrar a hurtadillas en casa, aún con la preocupación de que alguien nos acechase. Para nuestra tranquilidad, la única que nos esperaba era Coky, la enorme criatura que cada día que pasaba era aún más grande.
—Han perdido la puta cabeza, casi nos matan —espetó Jax, caminando de un lado a otro del vestíbulo.
—¿Esto es denunciable? —El rubio nos miró a los tres—. Porque si lo es, pienso hacerlo. 16
—Deberíamos dejarlo en manos de la discográfica, ellos sabrán qué hacer.
Jax tenía una fe ciega en Diamond Records, y eso hacía que los demás también la tuviésemos. Al menos, nuestra carrera se había propulsado desde que ellos estaban al mando. 2
—¿Han puesto algo más en las redes sociales?
Zac se alborotó el cabello, terminando de deshacerse del peinado trol. 1
—No lo sé. No he querido mirar.
Él asintió, haciendo sonar los huesos del cuello, y se acercó a mí con movimientos lentos. Se le veía verdaderamente cansado.
En realidad, todos lo estábamos.
—Voy a darme una ducha y a dormir. Estoy tan muerto que ni siquiera tengo hambre. 1
—Descansa, hoy ha sido un día duro.
Sonrió con desgana, como si incluso un gesto como aquel le supusiera un gran esfuerzo, y me besó en los labios de una forma muy dulce. Casto y suave, aquel beso salía directamente de su corazón. 58
Sonreí, viéndolo ascender al piso superior con pisadas fuertes y la espalda encorvada, y sentí unos dedos sinuosos reptar por mi brazo. La repentina calidez que sentí sobre mi oído puso de manifiesto la cercanía de Drew, quien estaba a punto de susurrarme. 1
—Yo también estoy cansado, pero por ti puedo hacer un esfuerzo si te apetece follar. 46
—Eres insaciable, ¿lo sabías? 1
Definitivamente, el rubio era un horno con piernas. No importaba el cansancio, los días sin dormir o el susto que nos habíamos llevado en la carretera; sus hormonas seguían trabajando con normalidad. 28
Entre risas y más susurros avanzamos en dirección a la escalera, yo con mi mano apoyada en su espalda, él con la suya descansando sobre mis hombros. Éramos como una pareja que se daba arrumacos, solo que sin serlo. 4
Porque no lo éramos. 10
Porque en esta ecuación había más de dos variables, aunque el resultado fuese siempre el mismo. 1
Y así, en aquella estampa digna de una película romántica, apoyé mi cabeza sobre su hombro y él suspiró. Complacido. Feliz. Como si aquel pequeño gesto fuese un paso más hacia la meta. Y tal vez lo era. 12
No volvimos a decir nada, tampoco hizo falta. Continuamos en nuestro avance por todo el vestíbulo, y antes de poner un pie en la escalera, una voz me detuvo en seco.
—Penny. —Su voz sonó casi como una exclamación. Como si llevase tiempo rumiando la idea de hablar, y al final lo hubiese soltado sin pensar
—.
Necesito hablar contigo. 47
¿En serio? ¿Ahora? 4
Miré a Drew, quien me devolvía la mirada, expectante, y después a Jax.
Este último contrajo su rostro a la espera de una respuesta. 15
Mis ojos bailaron de uno al otro, sin saber qué decir. Al final, fue el rubio el que habló por mí.
—Ve —dijo, liberando mis hombros, sin sonar demasiado seguro de ello—.
Si no cambias de opinión, estaré arriba esperándote. 41
Asentí en silencio, y terminó de despedirse de mí besándome en la frente.
Lo seguí con la mirada en su ascenso hacia la segunda planta, donde se detuvo unos segundos. Nos miró a Jax y a mí, dudoso, y terminó desapareciendo hacia la zona de los dormitorios. 34
Ahora tocaba hacerle frente al rompeovarios. 4
Inspiré una larga bocanada de aire, y tratando de parecer lo más impasible posible, lo encaré. Directo a esos ojos grises que siempre conseguían ponerme nerviosa. Como ahora.
Mente fría, melocotoncita. Mente fría. 2
—¿De qué quieres hablar?
Avanzó dos pasos hacia mí.
—¿Cómo estás?
—Cansada.
—No. Cómo estás de verdad. 18
Seguí la dirección de su mirada hasta la camiseta que me había dejado Zac.
—Bien, no ha sido para tanto —mentí—. Mañana ya lo habré olvidado. 2
—¿Como lo de la fiesta? 28
—¿Qué quieres decir? 41
—Da igual. 5
Me encogí de hombros, dejándolo pasar, y él volvió a clavar su mirada gris sobre mis ojos. La intensidad con la que lo hacía me obligó a bajar la vista, esquivando aquella profundidad que me arrastraba hacia él. Maldita sea,
¿por qué era tan débil? 2
Dado el silencio reinante, mi intención era dar por terminada la conversación, pero dos nuevos pasos en mi dirección me hicieron levantar la cabeza.
Ahí estaba. Su nariz a un palmo de distancia.
—Jax, ya lo hemos hablado.
—Lo sé, y estoy trabajando en ello. Intento ser mejor persona. ¿No es lo que querías?
—No quiero que lo hagas por mí, sino por ti. 36
Él chasqueó la lengua.
—Mierda, Penny, sabes de lo que hablo. —Con cautela, dio un paso al frente, sin moverse del sitio, tanteando el terreno. Como si temiese que saliera corriendo—. Sé que tú quieres lo mismo.
Finge demencia. 25
—No sé de qué me hablas. 19
—¿No? Y ¿qué fue lo del escenario?
—Solo estaba actuando. —Me encogí de hombros—. ¿No es lo que decías tú? 6
Dio un paso con la pierna contraria, y avanzó otro par de centímetros.
Podía sentir su aliento en mi piel. 1
Esta vez, ni siquiera hablé. Cualquier cosa que dijese me dejaría en evidencia, porque mi lenguaje corporal era receptivo. Si no me había
lanzado a su boca era porque me estaba conteniendo, y mucho. Me lo estaba poniendo difícil. 12
Fue entonces cuando lo vi acercar su rostro al mío, y como una estúpida abrí la boca, esperando recibirlo, pero jamás ocurrió. Su frente se apoyó en la mía, y con los ojos cerrados me tomó de la cintura con sus dos manos. 10
—Déjame besarte, no aguanto más —susurró, y toda la piel de mi cuerpo se erizó—. No soporto que sean ellos quienes lo hagan y yo no. 270
—No quiero que nos volvamos a hacer daño. 1
—Un beso no cambia nada, ¿recuerdas? 45
Ambos sabíamos que aquella frase jamás tuvo sentido para los dos. Con nuestro primer beso todo cambió, y desde día no fui capaz de sacármelo de la cabeza. Con él, un beso lo cambia todo. 19
Volvió a abrir los ojos, separando su frente de la mía, y me miró. Esta vez lo hizo de una forma íntima, una con la que su corazón habló, y volví a derretirme. En cuanto lo vi mirar mis labios tragué fuerte, y él humedeció los suyos, y en ese momento supe que había sobrepasado mi límite. Era fuerte, pero no de piedra. 19
Mi corazón se aceleró por lo que estaba a punto de hacer, y con el pecho agitado me lancé a sus labios, con tanto ímpetu que lo hice tambalearse.
Sus ojos se abrieron de par en par, sorprendido por mi respuesta, y aferrándose con fuerza a mi cintura me correspondió. Su lengua al encuentro de la mía, sus labios acariciando los míos, y mi corazón galopando de felicidad. 154
Los dos jadeamos sobre la boca del otro. Llevábamos demasiado tiempo retrasando este momento, intentando que la razón gobernase por encima del corazón, y de las ganas, pero era inevitable. Tan inevitable como que
las llamas se reavivasen y volviese a caer por Jax, él, capaz de poner mi mundo patas arriba. 24
Varios besos y caricias después volvimos a separarnos, frente contra frente, y se hizo el silencio. Las palabras sobraban, nada podría superar aquello que nos dijimos con besos. 2
Aún así, hablé.
—Un beso no cambia nada —repetí, a sabiendas de que no había mayor mentira que aquella. 11
Y solo entonces me reafirmé.
Estaba enamorada de él. 151
Del maldito rompeovarios.
CAPÍTULO 36: SEGUNDAS OPORTUNIDADES
En el juego del gato y el ratón, el depredador acaba ganando. 63
Sobre todo, si la presa quiere ser cazada. 5
Eso éramos Jax y yo. Dos individuos que corrían uno detrás del otro, hasta que un simple beso lo cambió todo. Porque lo hizo. 20
Desde aquella noche no volvimos a ser los mismos. Pese a la distancia autoimpuesta podía sentirlo mirándome desde el otro extremo de la habitación, atento, y yo era débil, mucho. Por más que lo intentase, siempre terminaba sucumbiendo a la atracción de su mirada gris, sintiendo vibrar cada fibra de mi cuerpo cuando le correspondía. 10
No éramos los únicos envueltos en nuestra vorágine de sentimientos y negación. Zac y Drew parecían percibir ese cambio en el ambiente; a veces nos pillaban mirándonos, aunque no decían nada. Apostaba a que si Moxy estuviese presente nos gritaría que follásemos de una puta vez. 50
No voy a mentir, yo también llegué a pensarlo.
En un intento por airear mi cabeza calenturienta abandoné mi habitación, y con la vista fija en el teléfono recorrí el pasillo. En mi camino sigiloso hacia la escalera escuché unas voces cercanas y me detuve. Pese a no haber hablado nunca con ella era capaz de reconocerla. En las últimas semanas aquella mujer de pelo negro había quedado con Jax más veces de las que podía contar, y siempre en su habitación. Una vocecilla interior me susurraba que debía tener celos de ella, pero siempre intentaba acallarla.
Había aprendido la lección después de Cherry. 36
—Volvamos al momento del abandono. ¿Qué le dirías ahora que no le dijiste en ese entonces? 74
Estiré el cuello hacia adelante en un intento por ver lo que ocurría en la habitación. La puerta entreabierta dejaba a la vista tan solo una fracción de la espalda de la mujer, quien tenía un cuaderno garabateado con un montón de cosas ilegibles. 37
—Le habría dicho que...
La voz de Jax suscitó un mayor interés en mí. Avancé a paso lento, poniendo todo mi esfuerzo en no hacer ruido, y cuando se suponía que lo vería a él, me fijé en que no había nadie. Entrecerré los ojos, buscándolo en el resto de la habitación, y al estirar el cuello un poco más vi una sombra a mi izquierda.
Imponente como siempre y con un rostro indescifrable, Jax me observó con la mandíbula contraída, junto a la puerta. Y sin darme tiempo a inventarme una excusa se aferró a ella y dio un portazo. 84
Había metido mis narices donde no me llamaban.
Sintiéndome culpable por mi exceso de curiosidad, eché a correr escaleras abajo, porque las personas normales van andando y yo no lo era. Ni siquiera cuando sabía a ciencia cierta que tropezaría en el décimo escalón y tendría que hacer malabarismos para no caerme. Como siempre. 17
—Mierda, mierda, mierda.
Me tambaleé con el pie en el aire, dando manotazos a diestro y siniestro en un vano intento por aferrarme a algo firme. Y cuando estuve próxima a caer de bruces y recorrer los últimos escalones rodando, sentí una mano hacer presión en mi vientre y echarme hacia atrás. Por supuesto, mi salvador no iba a desaprovechar la oportunidad de manosearme, y deslizando su mano hacia atrás acabó palpando mi culo antes de abandonar mi cuerpo. 49
Ni siquiera necesité girarme para saber quién era. Pasaba tantas horas con ellos que ya los podía distinguir por sus pisadas, su olor e incluso por la intensidad de sus movimientos. 3
—Cuidado con esas manos —susurré con una media sonrisa. Y sin que lo viese venir, golpeé mi trasero contra su pantalón e hice presión en él, para después separarme. 35
Tras exhalar todo el aire de sus pulmones en un golpe de excitación, Drew se aferró a mis caderas y repitió mi último movimiento, esta vez con mayor intensidad, y fui yo la que jadeé. 28
—Ten cuidado tú con ese culo —murmuró, y yo me mordí el labio inferior.
41
Con las manos sobre aquella parte de mi cuerpo me hizo girar como un trompo sobre mi posición, y lo encaré. A diferencia de la mayor parte del tiempo, no llevaba el pelo de punta, por lo que un par de mechones caían sobre su frente. El color platinado lucía más brillante que nunca. 20
Me acerqué a su boca, y en el último momento antes de besarlo, me separé.
Él fue a la búsqueda de la mía, enseñando sus dientes y mordiendo el aire hasta chocar labio contra labio, y me besó. 24
Lo hizo como siempre, con un hambre voraz; como si fuese humanamente posible fusionarse conmigo en uno solo. Y en aquel momento de derroche hormonal que contrastaba tanto con la calidez de mi corazón, caí en la cuenta de que lo nuestro había sido, hasta ese momento, algo puramente físico. 5
Cuando creí que acabaríamos follando en la misma escalera, Drew se separó de mis labios y me sonrió, acomodando unos mechones detrás de mi oreja. Mis manos fueron a parar a sus hombros, descansando sobre ellos en una postura romántica. 10
—Hace tiempo que la discográfica no nos da un respiro, pero, ¿alguna vez te gustaría hacer algo diferente? Salir a comer, ir al cine o dar un paseo. 48
—Sí, ¿por qué no? Pero si dejas que Zac escoja acabaremos en un buffet.
Puto saco sin fondo. 21
—Me refería a nosotros dos —puntualicé—. Solo nosotros dos. 65
Abrió tanto la boca que pensé que mi cabeza cabría en ella.
—¿Es una cita?
—Puede. —Me esforcé en ocultar una sonrisa—. Pero que sepas que no pienso follar en la primera cita. 27
Él se carcajeó, encorvando la espalda hacia atrás, y yo reí con él. Para cuando tuviésemos nuestra primera cita ya se habría aprendido de memoria cada centímetro de mi cuerpo. Cuando nuestros pechos dejaron de sacudirse y recuperamos la calma, el silencio se instauró y solo hubo cruce de miradas. 5
Podríamos habernos quedado así, mirándonos durante horas sin decir nada.
7
Ese hubiese sido el plan si en el piso superior no hubiésemos escuchado la puerta abrirse, seguido de unas pisadas que se dirigían hacia nuestra posición. La escalera era amplia, pero no queríamos entorpecer su paso, por lo que Drew me tomó de la mano y terminamos de descender el último tramo. Él se sentó en el sofá, y yo me quedé de pie frente a él, continuando la conversación.
—Conozco un hotel con jacuzzi en la terraza para follarte con unas vistas de escándalo. 63
Mi mirada estaba puesta sobre Jax y su acompañante, que descendían por la escalera, pero en cuanto escuché a Drew lo encaré con rapidez.
—Podemos follar aquí en cualquier momento. Yo pensaba en algo más romántico. 8
—Ah —balbuceó, llevándose la mano a la nuca—. ¿Y eso cómo se hace?
61
—Venga ya, no puedo creerme que nunca hayas tenido un detalle bonito con una chica. Y antes de que hables, no, no me refiero a hacer que se corra tres veces seguidas. 41
—Es verdad, a ti una vez te dije que eras una pieza de arte. Aunque ahí también estaba cachondo. 30
Negué con la cabeza y le di en el hombro con el puño cerrado.
A mi espalda, la puerta se abrió. De un rápido vistazo pude ver a su acompañante cruzar el umbral hacia el exterior.
—Has hecho muchos avances, Jackson. Puedes estar orgulloso. 117
Él asintió, despacio, como intentando convencerse de que era cierto, y la mujer desapareció.
Sus pasos se acercaron y yo me encogí a medida que lo sentí aproximarse.
Temía que fuese a recriminarme por haber estado espiando, pero entonces, siguió de largo y se sentó junto a Drew, tranquilo. Apoyó el cuerpo sobre el espaldar, y en una postura cómoda que nunca le había visto utilizar, apoyó el tobillo sobre la rodilla contraria y extendió el brazo por detrás de Drew, sobre el sofá. Estaba tan acostumbrada a verlo rígido que fue como si estuviese mirando a otra persona. 33
Me había quedado embobada con la vista clavada en él, recordando los besos que nos dimos solo unos días atrás, y deseé repetirlo. Pero en el preciso instante en el que aquella idea me sobrevino, me sentí culpable.
Tenía a Drew frente a mí, mirándome con toda su atención, y yo estaba pensando en el rompeovarios. Le había propuesto tener una cita al rubio, y ahí estaba, anhelando los besos del pelinegro. 41
Una voz interior gritó, incluso me insultó por estar jugando con los sentimientos de los tres. Otra, un poco más amigable, me recordaba que eran ellos quienes me pidieron que no me alejase, aún a sabiendas de que mi corazón no les pertenecía. 16
Claro que eso era antes de que mi corazón se dividiese en tres. 18
—¿En qué piensas? —Drew agitó su mano delante de mi cara—. Te ha llegado un mensaje.
Parpadeé de vuelta a la realidad y sentí el teléfono vibrar en mi trasero. No, no justo en mi trasero, sino en el bolsillo posterior del pantalón. 13
Con las notificaciones de las redes sociales desactivadas, casi con toda probabilidad era mi padre el que me había escrito.
[15:13:27] Papá: faltas tú
Bajo el texto, una fotografía familiar ocupaba todo el chat. Podría destacar todo lo llamativo en ella, pero lo que más me conmocionó fue ver a mi padre con una mascarilla y un tanque de oxígeno. De la impresión sentí mi pecho comprimirse, ante lo que me obligué a mantener la calma y repetirme que él estaba bien. Que lo necesitaba para poder respirar mejor fuera de casa. 31
Mi familia sonreía mirando a la cámara, sentados sobre un mantel extendido sobre la hierba. Patito tenía la boca manchada de chocolate, por lo que debían de haber terminado de comer recientemente. Era tradición familiar hacer un picnic cada viernes después de clases, y aunque a mi padre le encantaba mantener aquella costumbre, en los últimos meses lo había interrumpido por su enfermedad. 19
Volver a verlos en aquel prado verde era la confirmación de que su salud estaba mejorando, y no pude sentirme más feliz. Mis ojos se humedecieron,
y sollocé al ver su cara sonriente. Por muy mal que estuviesen las cosas, siempre sonreía. 12
Patito había heredado de mi padre esa sonrisa bonachona, aunque desde hacía un tiempo no se reflejaba en su mirada. Tener un padre enfermo era una de las cosas más duras que te podrían pasar, pero si además eras un niño de ocho años, aquello te destruía. Y por fin, en aquella imagen, los ojos de mi hermano brillaban tanto como su sonrisa. 2
Recorrí lo que restaba de fotografía con un torrente de lágrimas a punto de desmoronarse, y cuando creí romper a llorar me fijé en que mi hermano me sacaba el dedo central. 75
—Serás cabrón —gimoteé, y en un contraste de emociones acabé carcajeándome. 3
[15:14:19] Peach🍑: qué envidia
[15:14:25] Peach🍑: la próxima vez me apunto
[15:15:06] Papá: y te traes a tu novio29
[15:15:22] Papá: berenjena
OceanofPDF.com
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[15:15:39] Papá: lágrimas de risa
OceanofPDF.com
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«¿A cuál de los tres?», pensé, y alcé la mirada. 86
Jax escuchaba a Drew con atención, con su característico rostro serio, pero de facciones relajadas. Había paz en él. El rubio explicaba, con movimientos de manos exagerados, por qué teníamos que componer nuevas canciones a pesar de que teníamos el cupo cubierto para nuestra gira. En segundo plano Zac se sentaba sobre el pasamanos de la escalera y bajaba deslizándose sobre él a una velocidad preocupante. Creí que saldría despedido al llegar al final, pero con sus robustos brazos se aferró al
saliente y clavó los pies en el suelo. Su mirada, de por sí alegre, se iluminó cuando se dio cuenta de que lo observaba. 60
Nuestro cruce de miradas continuó hasta que él se sentó al lado de Drew y se sumó a la conversación.
Nunca había conocido a tres personas que fuesen tan diferentes entre sí pero se entendiesen tan bien como ellos lo hacían. Pese a sus diferencias, a sus usuales bromas, a veces pesadas, al exceso de estrés y a un mal día que pudiesen tener, nunca los había visto pelearse. El vínculo que los unía era fuerte. 20
Y entonces, mientras los miraba con una sonrisa bobalicona, me asaltó una duda. Una terrible idea que me dejó sin aliento.
¿Acabaría siendo yo la culpable de que se separasen? 108
Quise tranquilizarme rechazando aquella posibilidad, pero no pude. Cada maldito segundo sentía que jugaba con fuego, y que en algún punto no solo yo me acabaría quemando, sino que todos quedaríamos reducidos a cenizas.
11
Suspiré, sin querer desatar una guerra de sentimientos, y regresé mi atención a mi teléfono. Lo hice como mera distracción para alejar aquellos pensamientos, deslizando el dedo por el carrusel de fotografías que tenía en mi galería, hasta que me detuve en una.
La forma tan explícita en la que enseñaba mi cuerpo desnudo hizo que me ruborizara. Me había envalentonado la noche anterior, tomándome fotografías cada vez más sugerentes, hasta que terminé haciendo una enciclopedia de anatomía femenina. 66
Las borré de inmediato. Todas, salvo una en la que había colocado las sábanas estratégicamente para mostrar sin enseñar. 25
Aquella imagen me hacía sentir bien conmigo misma, y ayudaba a restaurar, un poquito, la autoestima que habían dañado los estilistas. Tal fue el subidón que sentí al verla que me envalentoné, y mordiéndome la lengua en actitud juguetona la envié al chat que tenía en común con Zac y Drew. 88
Me senté frente a ellos a esperar sus reacciones, pacientemente, aunque ansiosa. Un leve pitido o una vibración serían suficientes para hacerlos bajar la vista a sus teléfonos, pero ninguno lo hizo. Aún así esperé y esperé, dándoles tiempo para que mirasen la pantalla cuando les apeteciera, y entonces, sucedió. 2
Drew desbloqueó su teléfono, con la vista clavada en el aparato, pero su expresión no cambió. Con la misma indiferencia volvió a bloquear la pantalla y seguir hablando. 94
Imposible.
Drew, el horno con piernas, el que «cachondo» era su segundo nombre, no podía reaccionar así. 36
Me apresuré en revisar mi teléfono y buscar el chat llamado «El dúo pervertido». Tal vez se había quedado a medio enviar, o quizás el mensaje aún no había sido entregado. Tantas fueron las posibilidades y ninguna era la que sucedió. 8
No había ninguna imagen allí.
Mierda. ¿A quién cojones se la había enviado? 61
Regresé al listado de chats recientes, con el corazón acelerado ante la idea de haberla enviado al chat familiar, pero lo que me encontré fue peor. 3
«El rompeovarios». 216
No.
No, no, no, no.
Abrí rápidamente la conversación, dispuesta a eliminarla antes de que fuese demasiado tarde, pero ya lo era. Junto al mensaje, los dos tics azules confirmaron su lectura. 70
Alcé la vista como acto reflejo y pude presenciar cómo Jax abrió los ojos de forma brusca, sorprendido, y su cuerpo se tensó. Aunque no tanto como el mío. 83
Tras aquella expresión de asombro, el pelinegro tragó fuerte, y deslizó la mano libre por sus facciones, hacia abajo, intentando mantener la calma. 53
Si no quería tirarme a la piscina acababa de hacerlo en un salto de bomba.
Solo esperaba no crear un tsunami que me arrastrase de nuevo al fondo. 1
Con la seguridad de que después de aquello vendría una conversación seria, me adelanté a sus movimientos y eché a correr hacia Coky, que descansaba plácidamente sobre su camita mordisqueada. A veces tenía que recordarme que era una fiera capaz de arrancarme un brazo, porque verla así, con aquel lazo violeta le daba un toque inocente. Inocente, mis ovarios. 22
—Coky, preciosa. —Ella gruñó en respuesta. Yo también lo habría hecho si alguien me hablase con ese tono de voz agudo que había utilizado—. Joder, cuánto has crecido. Mira, aún no pierdo la esperanza contigo. ¿Por qué no podemos llevarnos bien? 37
Le sonreí, poniendo todo mi empeño en reforzar nuestra aún inexistente amistad, y me senté a su lado. No llegué a tocarla, ni siquiera hice el intento. Mi sola cercanía la puso nerviosa, y tras unos ruidos extraños que hizo con la boca abrió las fauces y me mordió la mano. 34
No grité. Ni siquiera emití sonido alguno. El dolor que sentí fue indescriptible, como si un montón de cuchillos atravesaran mi piel y mis
músculos, desgarrándome por dentro. Por suerte para mí, aquello era solo una advertencia. No fue a matar, tampoco a arrancarme la mano. Era algo así como un «esto es de lo que soy capaz, no me toques los ovarios». 28
Pensé que lo peor ya había pasado, pero cuando abrió la boca y extrajo los dientes volví a sentir aquel dolor desgarrador, y mi mano se tiñó de rojo. 8
Podría haber pedido ayuda de muchas formas, entre gritos tal vez, o vaticinando mi muerte, pero escogí la vía del humor. El ser humano actúa de formas extrañas en momentos de estrés. 9
—Vamos a tener que cambiar de alfombra. 92
Supe que se habían girado hacia mí cuando los escuché venir a auxiliarme, más preocupados de lo que yo estaba. El shock no me dejaba reaccionar.
—¡Peach! —El primero en llegar fue Drew. Con más rapidez de la que pude procesar, se quitó la camiseta y presionó con ella en la herida para que dejase de sangrar. 35
El segundo en acercarse fue Zac, aunque viendo que Drew ya se estaba encargando de mí, él se centró en el cocodrilo. 2
—¡Coky mala! ¡Coky mala! 208
Agitó el dedo delante de su cara, sin llegar a tocarla, y después se llevó las manos a la cabeza. Con una cara de agobio inusual en él, empezó a dar vueltas de un lado a otro. 1
—Hay que llevarla al hospital, vamos. Zac. Zac. ¡Joder Zac, reacciona! —A Jax le faltó poco para zarandearlo—. Vamos de una puta vez. 48
Cuando la conmoción se hizo a un lado, el dolor regresó, tan fuerte como la primera vez. Solté un quejido lastimero al tiempo que me encorvé hacia adelante y dejé que Drew me arrastrase con él hacia el coche. 1
Creíamos que sería algo sencillo como poner una pomada, pero acabé necesitando puntos y la mano vendada. Por supuesto que aquello llevó tiempo, y acabamos llegando a casa más tarde de lo que nos podíamos permitir. Intentamos por todos los medios poder librarnos de la gala de esa noche, pero tener medio brazo disfuncional no era motivo suficiente para que nuestra manager nos permitiese ausentarnos. 32
Al final, aunque quince minutos tarde, nos reunimos con ella en el interior del coche de la discográfica. Desde el incidente con las fans contábamos con chófer y un vehículo 4x4 a nuestra disposición para cualquier evento de la banda.
—Esto es inadmisible. Elysian no puede llegar tarde a la primera gala de premios a la que asiste. 3
Pusimos los ojos en blanco, escuchando cómo ella seguía refunfuñando.
—Tampoco puede llegar con un miembro manco —repliqué, enseñándole la mano vendada. 36
Hizo oídos sordos y abrió la agenda en la que tenía apuntada nuestros compromisos, y aún medio dormida por el calmante abrí mis ojos hasta el límite al ver el enorme listado de pendientes.
No teníamos ni un día de respiro. Reuniones, entrevistas, apariciones en programas de televisión, conciertos, más reuniones. Cada vez que sacábamos el tema de unas pequeñas vacaciones ella negaba en redondo.
Nos asfixiaba. No, era peor que eso. Nos echaba la mano al cuello y apretaba, pero no llegaba a asfixiarnos, nos dejaba en una lenta y dolorosa
agonía. 4
El traqueteo del coche y el zumbido del viento potenciaban el efecto sedante de la medicación, y poco a poco el sueño se iba apoderando de mí.
Con los párpados pesados vi a Zac, con los hombros caídos y la espalda encorvada en una postura de derrota. Llevaba así desde que Coky me mordió, y era incapaz de mirarme. 46
—No ha sido culpa tuya. 6
Él me miró por unos segundos y negó con la cabeza en silencio. 1
—Antes de que se me olvide... —La manager tecleó algo en su pantalla y mi teléfono vibró—. Hazte un favor y sigue esa dieta. 137
Sin darme tiempo a replicar, la mujer regresó a su teléfono y empezó a hablar con alguien a través del auricular que llevaba. Parecía una loca hablando sola.
Eché una mirada rápida al documento que me había enviado, y la primera imagen que vi fue la de una veintena de chicas delgadas sonriendo a la cámara.
«Un segundo en tu boca y toda una vida en tus caderas», rezaba en el encabezado. 48
Puse los ojos en blanco, y sin intención de seguir leyendo aquello, cerré el archivo y lo eliminé. 68
El resto del trayecto hacia nuestro destino se resumía en la manager haciendo llamadas cada dos por tres y la banda en silencio.
Aquel ambiente de luto no varió al poner un pie en la calle y ver a la horda de periodistas correr hacia nosotros. Al menos, hasta que la mujer nos echó una reprimenda y nos recordó que en casa podíamos estar todo lo tristes que quisiéramos, pero en la calle debíamos sonreír.
Tocaba ponernos la careta, otra vez.
—¡Drew! ¡Drew! ¿Unas palabras para Music Entertainment? 3
En un abrir y cerrar de ojos el rostro serio del rubio cambió a una sonrisa de oreja a oreja. Su expresión corporal, ahora más relajada, ocultaba el cansancio acumulado, aunque su mirada reflejaba todo aquello que no decía con la boca. Si cualquiera de esos periodistas hubiese dedicado dos segundos en preguntarse cómo estaba realmente habrían sabido leer entre líneas y ver que no estaba bien. No como solía estarlo.
Desafortunadamente para nosotros, ellos solo nos veían como un producto.
Habíamos dejado de ser personas mucho tiempo atrás. 8
Como líder de la banda, Jax también tuvo que acudir a su público y responder todas aquellas preguntas sobre nuestra gira. Su voz sonó firme, segura, y sus ojos recorrieron la hilera de cámaras que lo apuntaban. Ya no había inseguridad en él, es más, parecía disfrutar hablando en público. 9
Los medios de comunicación especializados en música centraron toda su atención en ellos dos. Zac y yo quedamos a un lado, a la espera de que alguien se interesara en saber nuestra opinión, pero parecíamos ser invisibles. 60
Un vistazo rápido al castaño fue suficiente para saber que aquello le dolía.
Sus cejas hundidas y sus labios curvados hacia abajo lo confirmaban. 48
—Menos mal que hoy no tenemos que responder nosotros. —Intenté sonar aliviada, casi agradecida. Ante su atenta mirada, me enganché a su brazo derecho y lo acaricié con la mano contraria—. Hemos tenido mucha suerte.
Él asintió con amargura, y supe que mis intentos por levantarle los ánimos no habían servido de nada.
—¡Zac! ¡Penny! ¡Aquí! —gritó una voz a nuestra derecha, y a continuación escuchamos una lluvia de flashes.
Zac se giró hacia ellos con una sonrisa genuina y un brillo en los ojos que me enterneció el corazón. 69
—El deber nos llama —dijo él, sonriente—. Tendremos que atender a nuestros fans. 26
Los dos avanzamos hacia la multitud de periodistas, aún con mi brazo unido al suyo, y nos detuvimos frente al montón de micrófonos que agitaban delante de nosotros. No podía mentir, estaba ilusionada. Llevaba semanas ensayando un discurso para cuando me entrevistasen y al fin podría recitarlo. Esperaba preguntas sobre mi carrera, los logros que había conseguido, o los planes de futuro para la banda. El abanico era tan grande que podrían preguntarme absolutamente cualquier cosa. 9
Sin embargo, el único sonido que escuchamos fue el de los flashes. Nadie estaba interesado en hacernos preguntas, solo en fotografiarnos como pareja. 24
Volví a mirar a Zac, quien volvió a ese rostro afligido que había esbozado segundos atrás.
—¿Por qué no entramos ya? A lo mejor tienen comida gratis —sugerí, intentando animarlo, pero no respondió.
Si mencionabas «comida gratis» y Zac no se emocionaba significaba que algo iba realmente mal. 32
Con decisión tiré del brazo de Zac y avanzamos a toda velocidad por la alfombra roja, ignorando a todo aquel que nos llamaba. No hicimos ningún alto en el camino hasta que llegamos a la sala donde tendría lugar la ceremonia de premios y allí ocupamos nuestras butacas reservadas. 1
Él no estaba por la labor de entablar una conversación y yo no insistí. Al menos, el silencio incómodo no duró más de unos quince minutos, tiempo que Drew y Jax tardaron en llegar.