Elysian

Sara C · Capítulo 10 de 10 · parte 1/3

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Elysian

Al final, la mierda siempre acaba apestando. 2

Este capítulo es largo, así que está dividido en 3 partes.

—¿Es esta mi noche de suerte? Dos buenas noticias seguidas. 6

Si conseguía una tercera ya haría pleno. 55

Mejor no pecar de avariciosa, no quería acabar con mis reservas de buena suerte para el resto del año. 1

Aún entretenida con el teléfono móvil recorrí los últimos metros que me quedaban hasta llegar a la cafetería. Desde el exterior no se podía ver nada, tenían los cristales tintados para conservar la privacidad de sus clientes.

Les permitían tumbarse en los sofás, descalzarse, y hacer casi cualquier cosa mientras leían, y eso necesitaba cierta intimidad. 10

No estaba abarrotado de gente, pero había más de la que cabría esperar a estas horas de la noche. De espaldas a mí, con su uniforme de color azul,

ceñido en su espalda y brazos, Jax preparaba un café. No había nadie esperando su pedido, por lo que intuí que era para él.

—Ponme uno de esos —dije a ciegas, confiando plenamente en su criterio.

Él se giró con rapidez hacia mí, y alzando las cejas y abriendo de forma exagerada los ojos expresó sorpresa.

—¿Qué haces aquí?

—Me apetecía tomarme un café y leer algo nuevo —dije, cruzándome de hombros. Él torció los labios—. Y quería ver dónde trabajabas. 3

—No es el Madison Square Garden, pero por el día esto se llena de gente.

—Un paso a la vez. Algún día llegaremos a tocar ahí. 5

Asintió, desganado, y volvió a darme la espalda. Sus manos se movían con rapidez, preparando una copia idéntica a su café. Entretanto, la puerta volvió a abrirse y entró un grupo de seis adolescentes ruidosas que echaron a correr hacia donde estábamos.

—¿Otra vez aquí? —preguntó él, serio.

Las chicas cuchichearon entre sí. Una de ellas soltó una risotada, otra se escondió detrás de sus amigas, y una última se colocó el pelo detrás de la oreja en actitud coqueta. 11

—Esta vez no vamos a pedir nada. Solo queríamos darte las buenas noches.

17

Una nueva risotada, y volvieron a cuchichear.

Algo me decía que toda esa gente que llenaba la cafetería durante el día eran fans que venían a ver a Jax. La mayoría, seguramente, chicas que babeaban por él.

—Buenas noches —respondió, y todas suspiraron de forma audible—. Y

ahora, a dormir. Las niñas se van pronto a la cama. 35

—No somos niñas —dijo una de ellas, la que parecía ser la cabecilla del grupo. Por su tono de voz diría que estaba ofendida—, ya tenemos catorce años. 220

—Mírate, Jax, ya tienes tu propio club de fans.

Las chicas se giraron hacia mí, en un movimiento de perfecta sincronía que les hizo verse como robots. Me miraron durante una fracción de segundo, y de inmediato abrieron la boca y empezaron a gritar.

—¡Es Penny! Tía, tía, ¡que es Penny!

—Penny, eres una diosa. 75

—De mayor quiero ser como tú —dijo una tercera, y temí escuchar el final de la frase. Las chicas siempre querían ser yo solo para poder follarse a la banda—. Mis padres no querían que aprendiese a tocar el bajo, pero gracias a ti fui valiente y les dije por qué era tan importante para mí. 85

Mierda, yo no quería volver a llorar.

Los ojos se me llenaron de lágrimas ante la inesperada confesión. Me enterneció saber que había sido la inspiración de alguien, y que le había dado fortaleza para abrirse con su familia.

—Espero que dentro de unos años seas mucho más famosa que yo. 11

La chica soltó un gritito, y en compañía de sus amigas abandonaron el local.

Jax y yo volvimos a quedarnos a solas.

Él salió de detrás de la barra, cargando con los cafés, y con un movimiento de cabeza me pidió que lo siguiera.

Caminamos hacia el otro extremo de la cafetería, en aquella parte que se convertía en biblioteca, y nos sentamos en un sofá del mismo tono que el de su uniforme.

—Me encanta este sitio —declaré, echando una mirada a mi alrededor.

Estábamos sentados frente al librero de los clásicos.

—Y a mí. En mis descansos vengo aquí. —Dio un sorbo al café y se puso de pie. Tenía la altura perfecta para llegar a la estantería superior sin tener que estirar la mano. De allí sacó un libro—. La gente me pregunta

recomendaciones, como si supiera de libros. Creo que piensan que soy un bibliotecario. 2

—O solo buscan la forma de hablar contigo. 1

Con el libro en la mano volvió a sentarse junto a mí. Allí me enseñó el ejemplar que había seleccionado.

Era nuestro libro. 38

Era Orgullo y Prejuicio. 15

—¿Lo has seguido leyendo?

—Quiero saber por qué te gusta tanto. 38

Desvié la mirada hacia mis manos y le di un sorbo a mi café. Estaba tan caliente que fue como haber acercado la lengua a un mechero. 1

—Me gustan los amores imposibles. 27

—¿El nuestro lo es? 61

Pensar en lo nuestro era jodidamente doloroso. Un simple pensamiento bastaba para que todo se desmoronase.

No. Otra vez, no. No quería seguir jugando al juego del gato y del ratón.

—No sé por qué he venido.

Convencida de que lo mejor era marcharme, dejé el vaso sobre la mesa e hice el amago de ponerme en pie. Jax me tomó del brazo, impidiendo que lo hiciera.

A medio camino de erguirme lo miré, con las rodillas a medio estirar, y sus ojos clavados sobre los míos.

—Porque, como yo, te niegas a dejarme ir. 83

Volví a dejarme caer sobre el sofá, con las rodillas ligeramente adoloridas por la postura mantenida. 3

Aún con su mano sobre mi brazo, Jax acortó distancias y acercó su cara a la mía.

Con la respiración entrecortada por su cercanía hice bailar la mirada desde sus ojos hasta sus apetecibles labios. Esos que me susurraban que los volviese a probar.

No, ni hablar.

Lo vi acercarse a mi boca, y un segundo antes de que me besara giré la cara.

43

—No. —Mi voz sonó tan brusca que ni siquiera me reconocí—. Amigos, Jax, eso es lo que somos. No intentes ir más allá, porque estamos en diferentes sintonías. 36

Lo escuché exhalar todo el aire en el momento en el que soltó el agarre.

Llegué a creer que se pondría en pie y regresaría a su trabajo, pero no se movió. No, hasta que decidió volver a girarse hacia mí y apoyar su frente sobre la mía.

—He visto cómo lo miras —comenzó a decir, y creí que iba a montarme una escena de celos—. A Zac. Vi cómo lo mirabas cuando pensábamos que

estaba muerto. Con ese miedo a perder a la persona a la que quieres. Lo sé porque es lo que sentí cuando te drogaste en la fiesta. 44

Tragué fuerte.

No sé a dónde quería ir a parar. 1

—Ya te dije que también estoy enamorada de él.

—Ahora lo sé.

Nuestras miradas volvieron a confluir, yo atónita por su afirmación, él con el rostro serio e indescifrable.

—Y de Drew —añadí.

—¿Lo estás de mí? 29

Su mirada gris me absorbió de lleno con aquella pregunta. Un imán invisible me arrastraba hacia él, y yo me resistía, aferrándome al sofá, haciendo todo el esfuerzo por no caer.

—Sí. 59

Asintió, lentamente, y en lugar de acercarse más a mí se dejó caer sobre el espaldar y se llevó las manos a la cabeza. Se apelmazó los cabellos con la mirada perdida y la cabeza a años luz de mí. Por último, deslizó los dedos por su cara, estirando sus facciones hacia abajo. Parecía estar teniendo una lucha interna.

—No voy a renunciar a ti. —Con más seguridad que la que demostró hacía unos instantes, volvió a mirarme—. Haré lo que sea por estar contigo. 135

—Es imposible, Jax, ya te lo he dejado claro.

—Joder, Peach, ¿me vas a hacer decirlo con todas las letras? 70

—¿De qué hablas?

—Que haré lo que sea. —Mi mirada confusa se mantuvo, y él rodó los ojos, impaciente—. Mierda. Que acepto compartirte —dijo entre dientes, en un hilo de voz. 371

Aquello me resultó tan inverosímil como pensar en Zac sin su pelo largo.

Pero no lo decía seguro de sí mismo. 14

—No quiero que hagas nada que no te apetezca. Esto no es un pulso, no te estoy pidiendo distancia para que des tu brazo a torcer.

—¿Y qué hago, Peach? ¿Qué cojones hago? ¿Me quedo a un lado y veo cómo estás con ellos y te olvidas de mí? Me voy a volver loco, joder. Pensé que aceptar que estuvieses con los tres me mataría de celos, pero, no.

Retirarme y dejar que seas solo suya es peor. 55

Tenía los puños cerrados con fuerza, tanto que le empezaron a temblar. 2

—Pensándolo fríamente, no sé si esto funcione. Eres demasiado celoso para algo así.

—Déjame que sea yo quien lo decida. —Colocó la mano izquierda sobre mi mejilla, y el pulgar encima de mi labio inferior. Hizo presión en él y lo arrastró hacia abajo—. ¿Me amas? —Jadeé, por su gesto y por la pregunta, y con el corazón acelerado asentí con la cabeza—. Es lo único que necesitaba saber. 66

Con esa misma mano alzó mi mentón y me acercó a su boca.

Escasos centímetros separaban nuestros labios, apunto de besarse.

Si volvía a girar la cara y rechazaba su beso significaba que declinaba su proposición, y que dábamos por terminado lo que una vez existió entre nosotros.

Si avanzaba unos centímetros hacia él y lo devoraba estaría aceptando empezar una relación con él, a la vez que mantenía la de Zac y la de Drew.

3

La primera decisión me generaba un vacío interior tan doloroso que me oprimía el pecho. La segunda, en cambio, me provocaba terror, y preocupación de que su amistad con ellos dos se jodiese, y que la banda se fuese a la mierda. 2

Muchas cosas que pensar y poco tiempo para reaccionar.

Volvió a hundir el pulgar en mi labio, arrastrándolo hacia abajo, y perdí el control. Me abalancé de lleno sobre los suyos, jadeando contra su boca, y su lengua fue al encuentro de la mía. 40

Ya no había vuelta atrás.

Ya había tomado una decisión.

Tendría una relación con los tres.

CAPÍTULO 44: INFINITO

No hay peor enemigo que nuestros propios pensamientos. 64

Por más que creas merecer ser feliz, por mucho que hayas deseado alcanzar un sueño, cuando lo consigues, te planteas «¿de verdad lo merezco? ». 15

O, en mi caso, «¿estaré siendo egoísta? ». 3

Pero nadie mejor que yo podía saber lo muy enamorada que estaba de ellos tres. Nadie podía sentir cómo, cuando cualquiera de ellos me besaba, se me aceleraba el corazón, o lo mucho que mejoraba mi día con solo mirarlos. 9

Durante meses me culpé por llegar a tener un vínculo emocional tan fuerte con todos ellos y ser incapaz de decidirme por uno. También en ese tiempo llegué a sentir un vacío inmenso al pensar en tener que decantarme por uno

solo y dejar a los otros dos. Sin embargo, ahora que era posible tener una relación con los tres era cuando la idea más me martirizaba.

Yo era feliz estando con Zac, Jax y Drew. ¿Lo serían ellos conmigo? 27

O, peor aún, ¿cuánto duraría esa felicidad? 10

Prefería no pensar demasiado en ello, sino disfrutar del presente, sin más.

Tal vez la Peach que fui un año atrás me habría tachado de loca, pero ya no era esa misma persona. De hecho, me miraba al espejo y no me reconocía, hasta el punto de sentir que mi imagen no correspondía con quién era. Me bastaron cinco minutos frente a mi reflejo para decidir que había llegado el momento del cambio. 3

De probar cosas nuevas, pero también, de volver a los orígenes. 2

Lo primero que tuve claro era la ropa que iba a utilizar en mi día a día.

Removí todo mi armario hasta llegar a el montón de ropa que llevaba meses sin utilizar y lo coloqué en la parte más visible del estante. Las telas de colores con estampados frutales me saludaban a la espera de ser usadas. 19

Con una sonrisa amplia, rebusqué entre ellas mi vestido de melocotones y me lo puse. No pude olvidar, tampoco, mi bolso en forma de piña. Era extraño volver a llevar aquella ropa después de todo lo que había vivido.

Era como colocarme en la casilla de salida, con la diferencia de saber de antemano cuál sería el recorrido y el resultado de la carrera. 21

Aquel pequeño gesto de reconectar con esa parte de mí, obligada a quedar oculta, me hizo feliz. Pero seguía sin ser suficiente. Necesitaba algo más, y ese algo era experimento con mi pelo.

Si bien pedí que me cortasen las puntas, el mayor cambio que tuve fue de color. Aún castaña, ahora resaltaban varias mechas rosas por todo mi

cabello. Llegué a pensar que me arrepentiría en cuanto viese el resultado, pero no podía estar más enamorada de cómo había quedado. 43

Me veía diferente, sí, pero también auténtica. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan yo como ahora. 3

Con aquel buen humor recorrí las tiendas de ropa más baratas de la ciudad para renovar el vestuario que llevaba a los conciertos. No pretendía encontrar un Gucci o un Prada, solo algo con lo que me sintiera cómoda y me viese guapa, algo que solía ser sencillo en el pasado. No tanto desde que empezaron a meterse con mi físico.

Después de varias vueltas, de probarme un sinfín de prendas y de descartarlas por enseñar más de la cuenta, acabé retrocediendo en mis pasos y entrando a la primera tienda de todas. Allí, me planté delante del primer conjunto que había visto, ese que había sido amor a primera

mirada. Me gustaba el diseño, los colores y la tela. No había nada en él que odiase, salvo el escote y la altura de la falda. No era nada pronunciado, solía ser lo que llevaba en el pasado, pero aún seguía sintiendo que había algo roto dentro de mí. Algo que se quebró cuando aquel cerdo me gritó en pleno concierto. 12

Volví a alzar la prenda en el aire y me pregunté, por décima vez en el día, qué persona quería ser, si la verdadera Penny, o la que ellos quisieran que yo fuese.

—A la mierda —dije, y antes de poder arrepentirme eché a correr hacia la zona de pago. 29

Al final del día ya había comprado todo lo que necesitaba. Vestidos, faldas y tops negros, pero también muchos otros de color rosa. Cuellos altos, escotes tímidos, y alguno más atrevidos; tendría para escoger según el estado de ánimo en el que me sintiera. 25

Regresé a casa cargada de bolsas y prendas, pero sobre todo, asombrada de que todo aquello me hubiese costado menos de cien dólares. Comprar en

tiendas de saldo, ropa vintage y de segunda mano era la mejor decisión que podría haber tomado. Sobre todo ahora que ya no tenía estilistas que se encargasen de ello. 17

—¿Alguien puede ayudarme? —pregunté detrás del montón de bolsas en cuanto llegué a casa. Llevaba tantas que ellos debían de verme como un puñado de sacos de plástico con piernas.

Poco tiempo después escuché unos pasos que se acercaban, y un par de manos masculinas aligeraron mi peso, retirando parte de las bolsas de mi campo de visión. 20

Lo primero que vi frente a mí fue sus ojos grises, acompañados de una sonrisa torcida. A mi derecha, sentí otro par de manos hacerse con las bolsas que quedaban sobre ese brazo, y terminar la bienvenida dándome

un beso en la cabeza. Era Drew, podía asegurarlo con los ojos cerrados solo por la diferencia de altura. Cuando me besaba de esa forma, mi cabeza quedaba perfectamente encajada bajo su mandíbula. 60

En último lugar llegó Zac, quien se encargó de las últimas bolsas que quedaban en mi mano izquierda. Él también me besó, aunque en los labios.

Fue un beso fugaz, pero muy dulce. 39

Cuando se alejaron de mí y vieron el vestido que llevaba puesto desencadené en ellos todo tipo de reacciones. Jax alzó las cejas, y sus ojos amenazaron con salírsele; Drew me escaneó de arriba a abajo y sonrió de forma idéntica a la primera vez que me vio; Zac me guiñó un ojo y con los dedos hizo el gesto de ok, dándome su visto bueno. 59

Libre de toda carga, me dejé caer sobre el sillón, y ellos hicieron lo mismo.

—Ha regresado nuestra chica melocotón —señaló Drew. 39

—Algo así —dije—. Soy una versión mejorada. 2

—Y esta vez, no vas a dejar de usar el vestido.

—Exacto. Esta vez no renunciaré a nada de lo que me guste. 4

Miré de reojo a Jax, quien alzó las manos en señal de inocencia y negó con la cabeza. Habíamos recorrido mucho camino juntos desde entonces como para que él descartase impedirme vestir como quisiera, y yo me negase a aceptar cualquier otra imposición ridícula.

—Así es como debería haber sido siempre. —Zac, sentado entre Drew y Jax, estiró los brazos sobre sus hombros y los estrechó contra su cuerpo—.

Somos una familia que se quiere y se respeta. 24

—Míralos, qué monos. —Antes de que se separasen saqué mi teléfono y les tomé una fotografía. Estaba como imprimirla y pegarla en mi pared—.

Siempre hemos sido una familia, incluso en los peores momentos. Así me sentí desde el primer día en el que llegué a aquel cuchitril. 21

—Eh —se quejó Drew—, se suponía que te encantaba. 16

El pobre, aún debía de creerse el cuento de que cuando me la enseñó me había parecido perfecta. 2

—¿Aquella cueva? —el alzó una ceja— claro que sí, pero por ustedes.

Nadie más habría logrado convertir en hogar un sitio como ese.

El rubio se veía contrariado, no sabía si ofenderse o sentirse halagado.

Jax tomó la palabra.

—Lo mejor de todo es que nos haya sorprendido más tu vestido que tu nuevo color de pelo. 1

—Al fin, joder, pensé que nadie se daría cuenta. 2

—Me gusta —añadió él, y los otros dos le dieron la razón. 32

Sonreí, orgullosa por sus halagos.

—Ahora sí parezco miembro de un grupo de rock. Ya solo me faltan los tatuajes —bromeé.

—Eh, sí, ¿nunca te has planteado hacerte uno? Te quedarían de la hostia.

—No sé... —musité, arrugando la nariz. En realidad, era una idea que me venía rondando por la cabeza desde hacía ya unos meses—. Vale, sí, pero me da miedo.

—No tienes por qué ir sola. —Zac caminó hacia mí, y sentándose en el apoyabrazos de mi sillón, colocó su mano sobre mi espalda—. Podemos acompañarte.

—Mejor aún, ¿por qué no nos tatuamos los cuatro juntos? 60

Todos miramos hacia Drew.

—¿Los cuatro?

Hubo un silencio que duró unos segundos en los que todos parecían pensárselo. No necesitaron demasiado tiempo, los tres tenían parte de su cuerpo cubierto de tinta y no era una experiencia que les desagradara.

—Podríamos hacernos un tatuaje en grupo —sugirió Jax. 12

Esto se había salido de control. Dos minutos atrás la idea de tatuarme era lejana, y ahora estaba ahí, al alcance de mi mano. Pensé en la enorme aguja taladrando mi piel, en el dolor que sentiría, y la cabeza me dio vueltas. 3

Tal vez no era tan valiente como creía. 4

Vi a los tres tan sonrientes, observándome en silencio a la espera de una respuesta, y necesité desviar la mirada hacia abajo para no sentir la presión de grupo. Sabía que aceptarían el no con naturalidad, pero eso no significaba que fuese difícil hacerlo.

Con la mirada puesta en mis manos, sentí el teléfono vibrar en mi pequeño bolso en forma de piña. Era un mensaje de Moxy.

[19:13:46] Moxy: Pon las putas noticias YA6

Mierda, otra vez no.

—Ha pasado algo.

Me lancé sobre Zac, con tanta fuerza que lo escuché quejarse adolorido, y me senté en su regazo, apuntando con rapidez al televisor. Me temblaban las manos, el pecho ardía, y el corazón parecía querer escapar por mi boca.

Ahora que todo empezaba a volver a la normalidad, un nuevo golpe por parte de la prensa nos desestabilizaría peligrosamente.

—[...] duro golpe a la industria musical y a sus fans —declaraba la presentadora con las cejas hundidas y la boca entreabierta—. Tenemos en primicia las primeras imágenes del cantante. 2

Miré a Jax de reojo y lo vi tensarse. Debía de haber cientos, si no miles, de cantantes en esta ciudad, pero el aviso de Moxy apuntaba hacia nosotros.

Tragué fuerte, esperando en silencio en los segundos más eternos de mi vida, y la imagen cambió. Zac y yo ahogamos un grito de sorpresa, mientras que el resto se mantuvo impasible.

—Ahí lo ven, señoras y señores —la voz en off de la presentadora disipaba nuestras dudas— Nick Strauss ha sido detenido hace tan solo unos minutos en su residencia habitual, acusado de abusar presuntamente de varias fans y compañeras de la industria. 150

En pantalla, la policía esposaba a Nick y se lo llevaba hacia el vehículo oficial, bajo una lluvia de flashes que emitían los teléfonos de los transeúntes que se habían detenido para presenciar la escena. 3

—Así es, Christal. Según fuentes cercanas, la celebridad no habría abandonado su casa desde que salieron a la luz unos mensajes afirmando haber sido víctimas de él.

—Así es. Una campaña que comenzó en las redes de forma anónima, y fue impulsada por Penny, la bajista de Elysian, con su hashtag

#JusticiaParaLasVictimas. 36

El programa terminó cuando el vehículo policial se alejó y los presentadores se despidieron hasta el próximo día.

Me quedé helada.

No sabía cómo sentirme al respecto. ¿Aliviada? ¿Feliz? ¿Orgullosa? ¿Con miedo a represalias? 9

—Peach, mira lo que has logrado. —Zac, que tenía su mano sobre mi espalda, me acarició—. Estás haciendo justicia. 10

A su lado, Drew asintió y me tomó de una mano.

—Decidiste hablar, aunque tuvieses miedo, y has impedido que otras mujeres caigan en sus redes. Las has salvado. 2

Jax tomó mi otra mano y entrelazó nuestros dedos.

—Estamos muy orgullosos de ti. 69

Gimoteé, tratando de contener las lágrimas, y cualquier duda que albergase se esfumó. Tenían razón, había hecho lo correcto. Solo podía sentirme feliz por haberle dado voz a esa chica anónima y conseguir, entre todas, que la verdad saliera a la luz. 1

Me deshice de sus agarres y los abracé a los tres a la vez, agradecida de poder contar con tres personas que me apoyasen tanto y me hicieran sentir tan querida.

—Gracias. —Sollocé, enjuagándome las lágrimas con las manos y mirándolos a los tres—. Los amo muchísimo. 51

Sostuve la cara de Zac entre mis manos y lo besé, humedeciendo sus labios con mis lágrimas. Al separarme, fui al encuentro de Drew, que me recibió con los brazos abiertos, y por último, aunque insegura, me giré hacia Jax.

No sabía cómo se tomaría que lo besara después de haberlo hecho con los otros dos, pero si le importó, no lo exteriorizó. Sin esperar a que yo diese el paso, hundió sus dedos en mi pelo y me arrastró hasta él en un beso dulce, 85

Nos quedamos así, acurrucados los cuatro y en silencio, a sabiendas de que cualquier cosa que dijésemos rompería la magia del momento. Nos sentíamos en paz. Las cosas marchaban mejor que nunca entre nosotros, y aunque siempre dijimos ser una familia, era ahora cuando esa palabra comenzaba a tomar forma. 2

Solo cuando pasaron los minutos y logré recuperar la calma, retrocedí en nuestra conversación hasta el instante en el que Moxy me escribió.

¿A qué le tenía miedo? ¿A una aguja? 4

Había hecho frente a cosas mucho peores que eso.

Joder, le había plantado cara al gigante de la música Nick Strauss y había salido ganando. 1

Me había convertido en la mujer fuerte que siempre soñé con ser, en esa que, aún con sus miedos, decidía enfrentarse a ellos, porque esa era la única forma de vencerlos. 13

Acababa de tomar una decisión. Si tenía que arrepentirme de algo, que fuese por haberlo hecho y no por haberme quedado con las ganas. 5

—Hagámoslo—sentencié, separándome de sus pechos. Ellos se miraron, extrañados—. El tatuaje en grupo, quiero hacerlo. 20

Con tres grandes sonrisas en sus rostros, los tres aceptaron de buena gana mi decisión, y se chocaron las manos entre sí.

Ya estábamos unidos por nuestros corazones, ahora también lo estaríamos por nuestras pieles. 15

***

La sala de espera era pequeña y lúgubre, con las paredes pintadas de negro y el suelo de rojo. Más que un estudio de tatuajes parecía la polvorienta mansión de un vampiro. 5

El sonido de fondo, ese zumbido molesto y constante, solo conseguía ponerme más nerviosa de lo que ya estaba. Mi pierna se movía con impaciencia sobre el suelo, aireando así el estado en el que me encontraba.

1

En absoluto silencio, Jax deslizó su mano por mi pierna, y con dos toquecitos en ella, la detuvo. Con una media sonrisa, difícil de ver en la

oscuridad, volvió a mover la mano y entrelazó sus dedos con los míos, en un gesto que logró transmitirme calma. 52

Allí estábamos los cuatro, a la espera de que llegase nuestro turno. El tatuado era amigo de la banda, así que fue fácil pedir que nos tatuasen a los cuatro a la vez, en la misma sala. Sé que a ellos les daba igual y que solo lo hacían por mí, y yo lo agradecí. 2

Cuando empecé a sentir el sudor recorrer mi mano libre, un chico no mayor que nosotros salió de detrás de una cortina, con tantos tatuajes encima que parecía un libro de bocetos. Eso sí, se veía como una obra de arte andante.

—Elysian, cuánto tiempo. —Los chicos se pusieron en pie y lo saludaron con uno de esos abrazos en los que se golpeaban la espalda como si se odiasen.

Por último, me saludó a mí—. A ti no te conozco. 12

—Soy Penny, la bajista. 5

Él asintió.

—¿Qué va a ser esta vez? 2

Jax me señaló con un movimiento de cabeza, cediéndome la palabra. Pese a que los cuatro íbamos a hacernos un tatuaje en común, me habían dado vía libre para ser yo la que escogiese el diseño. Claro, previa aprobación de ellos. 4

—Quiero algo que lleve un corazón, pero que refleje el tipo de amor que hay entre nosotros. 8

—¿Qué te parece un corazón con tu inicial y la de...? —señaló hacia adelante y apuntó a los tres con el dedo, de uno a otro y vuelta a empezar.

Esperaba que uno de los tres levantase la mano. 38

—De los tres —respondí, y él se giró con rapidez hacia mí. 63

Vi un atisbo de sorpresa en su cara, pero fue lo suficientemente discreto como para apresurarse en borrarla y no hacer ningún comentario al respecto. 2

—¿Quieres un tatuaje que refleje tu... —Se quedó en silencio unos segundos en los que buscó las palabras adecuadas— relación amorosa con ellos tres? 47

—Eso es.

—Y solo estás con ellos tres. 69

— Ajá. 12

Se rascó la mandíbula, pensativo, y al cabo de unos segundos abrió los ojos, demasiado, y supe que había dado con la idea que buscaba. La

determinación con la que dio media vuelta y volvió a dejarnos a solas lo corroboró. Regresó al cabo de unos minutos con el diseño.

—¿Qué te parece?

—No. —Lo frené con la mano—. No me lo enseñes. Si los chicos confían en tu trabajo, prefiero que sea sorpresa. 4

Él arrugó el ceño, no muy seguro de mi muestra de confianza. Al ver que no daba su brazo a torcer, se cruzó de hombros y reanudó la marcha.

—Ya lo tengo. Síganme. 1

Tragué fuerte.

En el que parecía un camino directo hacia una muerte segura, con cada paso que daba me sentía cada vez más pequeña. Hasta llegar a la sala, donde miré horrorizada la máquina de tatuar. 2

Si Moxy estuviese aquí me sentiría más tranquila. No entendía la razón, pero a veces la presencia femenina me transmitía calma. Estaba segura de

que a ella le hubiese gustado acompañarme, pero estaba demasiado ocupada atendiendo a sus obligaciones de manager. No le habíamos visto el pelo desde hacía más de una semana, no desde que Jax le pagó la matrícula de un master en manager musical. 13

Quién lo diría, no la había visto tan entusiasmada en mi vida. Al parecer era un cerebrito que había tenido que dejar de estudiar para ocuparse de su madre y de su hermana. Aunque los estudios no eran lo único que la mantenían tan ocupada. Se había volcado de lleno en preparar nuestro concierto gratuito, y en lo que ella llamaba «una sorpresa de la que no podía hablar». 13

Me preguntaba qué estaba tramando. 1

El hombre me hizo volver en mí cuando me llamó por mi nombre y me pidió que le tendiese la mano. Abrí bien los ojos, examinando todo a mi alrededor con interés o, más bien, con pánico. Me aseguré de que el tatuado llevase guantes, de que todo a mi vista estuviese limpio, y que el material que fuese a utilizar estuviese esterilizado. No quería morir por una infección. 2

Dejé la zona de la muñeca a la vista, el lugar que habíamos escogido para el tatuaje. Estaba apunto de empezar. 3

Cerré los ojos con fuerza y empecé a hiperventilar. Escuché al hombre rebuscar entre sus cosas y preparar la zona de trabajo y mi piel, lo cual solo consiguió ponerme más nerviosa. 3

—¿Estás lista? —preguntó, y yo asentí.

A mi derecha sentí a Jax aferrarse a esa mano y yo apreté la suya con fuerza. Otras dos manos, las de Zac y Drew, se posaron sobre mis hombros, infundiéndome valor. 6

Cerré los ojos aún con más fuerza, esperando sentir un dolor tan profundo con el que me desmayase, y la aguja tocó mi piel. Abrí los ojos con rapidez, y ante el cosquilleo que sentía solté una carcajada de lo más ruidosa. No por el hormigueo en sí, sino por lo poco doloroso que era. 36

Ya fuese por el tamaño del tatuaje, o porque sentir a los chicos tan cerca de mí lo hacía todo más fácil, me pareció que el tiempo pasó volando. Habría jurado que no pasaron más que un puñado de minutos cuando la aguja dejó de zumbar.

—¿Qué te parece?

A su pregunta, abrí los ojos con rapidez, pero necesité pestañear unas cuantas veces para poder enfocar la visión. Había estado demasiado tiempo con los ojos cerrados y la luz me había cegado.

En mi muñeca izquierda, la que usaba para sostener el bajo, había un tatuaje lineal de un corazón cruzado por... ¿un ocho acostado? 19

—Es... ¿bonito? —No estaba del todo segura de que me gustase. ¿Qué mierdas era ese ocho ahí? —. ¿No debería ser un cuatro en lugar de un ocho? 14

Él rio mientras negaba con la cabeza.

—No es un ocho, es el símbolo de infinito. Significa que es una relación de más de dos personas. 22

—Pero el infinito no sería algo así como... ¿una relación abierta? No es nuestro caso.

Negó.

—Si te fijas, el símbolo toca el corazón en cuatro puntos, uno por cada integrante de la relación. 62

Con aquella explicación, volví a mirar el diseño, ahora con otros ojos, y mis labios se curvaron hacia arriba. Era algo sencillo, pero a su vez, sentía que definía muy bien nuestra compleja relación. Ahora que entendía su explicación creía que aquel era el tatuaje que venía buscando. Sobre todo dada la importancia que tenía para mí y lo personal que era. De esa forma, sería difícil de descifrar para cualquiera ajeno a nosotros cuatro. 3

—Me encanta. Es pequeño, pero su significado es inmenso. —Me giré hacia atrás y miré a los chicos—. No tienen por qué hacérselo si no les gusta, o si no están listos para llevar algo así.

Después de todo, sería como recordarse en cada segundo que tenían que compartirme con otros dos, y no creía que fuese algo sencillo.

Especialmente para Jax.

Zac negó, despreocupado.

—Yo lo quiero. 27

Antes de que pudiese preguntarle si estaba seguro, y viendo las intenciones de Drew, el castaño me levantó y se lanzó sobre la silla con una sonrisa de oreja a oreja. Había vuelto a ganarle.

—Yo también —añadió el rubio, ahora de brazos cruzados. Lo de ellos dos era una constante competición—. Lo bueno es que si algún día te arrepientes de él será fácil borrarlo con otro tatuaje encima. 11

Hice un mohín y miré a Drew, ofendida.

—Eh, no voy a arrepentirme —aseguré—. ¿Lo harás tú?

—Nunca —afirmó, y me besó en los labios. 19

Jax se rascó la cabeza, indeciso por aquel tatuaje. 6

Lo entendía. No era lo mismo tatuarte en grupo una guitarra, que te recordaba que eras músico, a llevar un símbolo como aquel.

—Jax, no importa. —Él me miró a los ojos—. Es solo un tatuaje.

Incapaz de mantenerme la mirada, contrajo la mandíbula y desvió la vista hacia sus zapatos.

Con aquel gesto acepté que al final sería solo un tatuaje de tres, y volví a centrar mi atención en el hombre, que había empezado con los cuidados posteriores al tatuaje. Terminó colocándome un film transparente sobre el diseño y me dio indicaciones de lo que debía y no debía hacer en los próximos días. 1

Me esmeré por retener toda aquella información, pero no me preocupé demasiado en si olvidaba algo, porque tenía conmigo a tres personas con experiencia para recordármelo.

Solo entonces, y después de haber acondicionado la piel, la aguja volvió a zumbar, esta vez sobre la piel de Zac. El resultado, que llegó solo unos

minutos después, era prácticamente idéntico al mío. Tan parecido al que Drew lució cuando terminó con él.

Los tres alzamos nuestros brazos, con el tatuaje medio oculto por el film transparente, y nos dimos uno de nuestros besos de tres. 33

Tal vez porque sintiera que estaba invadiendo nuestra privacidad, el tatuador se irguió y empezó a caminar hacia la puerta. 3

—Iré a fumarme un cigarro y, cuando acabe, vendré a por la pasta. 3

Ni siquiera lo miramos cuando lo escuchamos salir en dirección al pasillo.

Aprovechamos aquel momento de soledad para volver a besarnos, y sentí la mano juguetona de Drew sobre mi culo. Solté una risilla sobre sus labios, y él rio conmigo. 11

Al separarnos, me quedé embobada admirando el tatuaje, y pensé en lo muy identificada que me sentía con él llevándolo. Pensar en él, en su significado y en nuestra relación me hizo llegar a la conclusión de que

necesitábamos hablar los cuatro de ella, y poner límites y condiciones si hiciera falta. Al final, se trataba de que todos nos sintiésemos cómodos.

—¿Podemos hablar todos un segundo? 6

Jax levantó la vista de su teléfono móvil y lo guardó. Debió de haberlo sacado cuando nos dimos nuestro beso de tres. 15

Todos asintieron y se sentaron en el sillón de cuero que había contra la pared de en frente. Yo decidí permanecer de pie.

—¿Qué pasa?

—Saben que estoy enamorada de los tres, por igual, y que Zac y Drew habían aceptado tener una relación de a cuatro. —Ellos asintieron—. Jax también lo ha aceptado. —Los otros dos miraron, con cierta extrañeza, al aludido. Les resultó casi tan inverosímil como a mí escucharlo—. Pero

aceptarlo en la práctica no es tan sencillo como en la teoría, por lo que creo que deberíamos establecer unos límites y condiciones para que todos seamos felices. Así que, ¿algo que decir? 16

Los tres se quedaron en silencio, madurando una respuesta.

—Creo que lo más importante es la sinceridad. —Zac fue el primero en hablar—. Si sientes que has dejado de amar a uno de nosotros, dínoslo. No hay nada peor que las falsas esperanzas. Pero nosotros mismos también debemos serlo. Si no estamos cómodos con algo dentro de la relación, tenemos que ser honestos y hablarlo. Es la única forma de que esto funcione. 18

—Respeto —añadió Jax—. Entiendo que también los ames a ellos y que...

—

Contrajo la mandíbula antes de seguir hablando— folles con ellos, pero una cosa es saberlo y aceptarlo, y otra es tener que verlo. 91

—Confianza y nada de pensamientos posesivos —aportó Drew, casi sin dejar que Jax hubiese terminado. Claramente, aquello iba para él—. Peach

tiene derecho a estar cuando quiera y cuanto quiera con cada uno de nosotros. Si aceptamos esta relación, aceptamos no tenerla siempre que queramos. 44

Jax abrió la boca con intención de contestar, pero viendo su ceño fruncido, me adelanté.

—Prometo dedicar el mismo tiempo a cada uno para que todos se sientan integrados y los celos sean desaparezcan. 7

Y así, con pequeñas aportaciones, fuimos dando forma a un nuevo contrato que establecería las bases de nuestra relación. Puede que no fuese nada sencillo, pero pondríamos de nuestra parte en que así fuera.

Parecía que ya habíamos dicho todo lo que teníamos en el tintero, pero Saco levantó la mano. 95

—Si vamos a estar los cuatro juntos, ¿eso significa que puedo follar también con ellos dos? 125

Jax lo asesinó con la mirada, y Drew lo miró con las cejas alzadas. 20

—¿Qué coño dices? 7

Yo también creí que hablaba en serio, hasta que lo vi troncharse de risa.

—Joder, que es broma. 80

Puse los ojos en blanco, intentando ocultar una carcajada que amenazaba con escapar por mi boca, y me acerqué a ellos. Los tres, tan diferentes entre sí, y a la vez provocaban en mí un mismo sentimiento, profundo y puro.

Estaba perdidamente enamorada de ellos.

Siguiendo el orden en el que estaban sentados, besé primero a Zac, después a Drew, a su izquierda, y por último a Jax. Los otros dos empezaron una guerra entre sí, dándose collejas entre bromas que los alejaron de nosotros dos.

Aprovechando la privacidad, coloqué mis manos sobre sus mejillas y le susurré:

—Sé que esto será más difícil para ti que para nadie, pero te aseguro que haré todo lo que esté en mis manos para que, en los momentos en los que estemos juntos, sientas que lo eres todo para mí. 61

Él suspiró y giró levemente el cuello hasta que sus labios besaron la palma de mi mano. Con los ojos cerrados prolongó aquel beso durante unos segundos antes de volver a mirarme. 7

—Haría cualquier cosa por estar contigo. Solo espero que tú también lo hagas para estar conmigo. 26

—Jax, ya te lo he dicho. Estoy enamorada de los tres, pero eso no significa que vaya a repartir mi amor. Te daré lo que mereces, como si fueras el único, tal y como haré con ellos. —Deslicé una mano sobre su mejilla, acariciándola—. Hace mucho tiempo te entregué mi cuerpo y mi corazón.

29

Sus ojos bailaron entre los míos, con rapidez, y casi sin verlo venir se abalanzó sobre mis labios y me besó. Esta vez no fue con dulzura, sino con pasión. Mis manos descendieron por sus hombros hasta su pecho, y las suyas cayeron hasta mi espalda, presionándola para acercarme a él. 2

Por un momento me abstraje de todo y solo pensé en su boca y en sus manos, y en lo mucho que necesitaba sentirlas por todo mi cuerpo.

Pero entonces, en ese momento volvimos a escuchar al tatuador irrumpir en la sala, y nos separamos.

—Ya estoy aquí —dijo, frotándose las manos—, he venido a por el dinero.

Eché mano a mi bolso para pagar mi parte correspondiente, pero me detuve al volver a escuchar a Jax.

—Espera. Yo también quiero mi tatuaje. 145

Al oír su voz lo miré con rapidez, con el corazón acelerado, y él me devolvió la mirada.

Asintió muy levemente, y por último, me sonrió.

Quizás, después de todo, no fuese tan complicado.

CAPÍTULO 45: INSEGURIDADES

Tras la calma, ¿viene la tormenta? 61

Las pequeñas vacaciones que habíamos decidido tomar acabaron alargándose algo más de un mes. Durante ese tiempo, alejados del escenario y los medios de comunicación, el único contacto que habíamos tenido con los fans fue a través de las redes sociales. Un parón de aquella magnitud era lo que necesitábamos para recobrar el amor por la música, la salud física y mental que nos había sido arrebatada y la seguridad en nosotros mismos, pero también, habían creado un sinfín de inseguridades. 1

«¿Se habrán olvidado de nosotros? »20

«¿Se decepcionarán cuando vean que ya no somos la misma banda por la que hacían largas colas y pagaban por ver en conciertos? »16

«O, peor aún, ¿detestarán esta nueva versión del grupo? »2

Por suerte, cuando la inseguridad se apoderaba de nosotros teníamos al resto del grupo para calmarnos y hacernos sentir bien. Y cuando los cuatro entrábamos en pánico, Moxy se descalzaba una de sus pesadas botas y nos la lanzaba a la cabeza. Dolía a horrores, pero era la mejor forma de sacarnos de esa espiral de incertidumbre. 35

De alguna forma, pensar que para cuando llegase nuestro aclamado regreso en el Royal Swamp ya habríamos recobrado la seguridad en nosotros mismos, pero aquello fue una vil mentira. Aquí estábamos los cuatro, con las manos temblorosas a punto de subir al escenario.

—Tienes cara de estar a punto de vomitar —señaló Jax, mirándome de cerca. 30

—Es lo más romántico que me has dicho nunca. 20

Rio levemente en un ruido nasal.

—¿Estás nerviosa?

—¿Y quién no lo está?

—Si te sirve de algo, piensa que es imposible hacerlo peor que la primera vez. 30

—Es cierto, aunque también tenemos mucho más que perder que ese día.

—Ya lo hemos perdido todo. Las cosas solo pueden ir a mejor a partir de ahora. 21

Torcí la boca en un gesto de duda y finalmente, asentí. Tras darle la razón, empezó a caminar hacia el otro extremo, haciendo uno de esos ejercicios de voz para calentar antes de salir al escenario. Desde esa nueva perspectiva fue que volví a fijarme en su pantalón y vi cómo asomaba tela blanca entre sus piernas. ¿Qué cojones? 14

—Jax, se te ve la ropa interior. 1

—Espera y verás —dijo él, con una sonrisa ladeada, y siguió alejándose dejándome con la incógnita. 65

Al parecer, se había tomado demasiado en serio eso de volver a nuestros orígenes, ser humildes y recobrar nuestra esencia. 16

Con un revoltijo en el estómago provocado por los nervios, y algo de hambre, me acerqué a Zac, que devoraba uno de los cuencos de aperitivos salados que nos había dado el gerente del local. Me llevé un puñado a la boca y, con ayuda de un poco de agua, conseguí tragar aquella masa rancia que se me pegaba al paladar.

Nunca creí que lo diría, pero esos snacks de dudosa calidad se sentían como el mayor manjar del mundo. No más dietas estúpidas, no más camareros sirviendo platos minúsculos de alta cocina, no más estrés. Solo

aquellos aperitivos insípidos en un tugurio de mala muerte. Solo felicidad y libertad. 10

Vi a Zac llenarse la boca de comida, tanto, que parecía un hámster con las mejillas infladas y no pude aguantar la risa. 62

Drew se nos acercó, y desde atrás me abrazó, apoyando su mentón en mi hombro izquierdo. 17

—No ha venido mucha gente. He contado veinte personas. 281

—¿Solo veinte?

—La prensa nos hizo mucho daño. 3

Suspiré, visiblemente decepcionada, pero no añadí nada más.

El rubio vio mi cara de descontento, y para paliar ese sentimiento de tristeza trazó un camino de besos desde mi frente hasta mi boca. 21

Sí, definitivamente sus besos eran una buena medicina. 17

Cuando el reloj marcó las nueve, aguardamos impacientes hasta que el gerente nos presentara y pudiésemos subir al escenario, pero quince minutos después, aún seguía sin aparecer. Quizás apostaba tan poco por nosotros que ni siquiera tuvo interés en anunciarnos.

Seguir: parte 2 de 3