Inmersión

Christophe Ono-dit-Biot · Capítulo 2 de 46

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Inmersión

I. Una Historia de Amor

Lo mejor que puedo

Para ti, todo empezó con tu nacimiento.

Para nosotros, todo terminó con tu nacimiento.

Yo, tu padre. Ella, tu madre. Tu vida fue nuestra muerte. La muerte de ese nosotros, esa entidad de carne y alma que había velado sobre tu nacimiento: un hombre y una mujer que se amaban.

La verdad no existe, como todos los absolutos que nunca alcanzamos.

Tan sólo puedo ofrecerte mi verdad. Imperfecta, parcial, pero ¿qué otra cosa, si no, podría hacer?

Siempre faltará su verdad, su versión de los hechos, su vivencia, su timbre de voz si aún pudiera hablarte, sus gestos, su estilo, si hubiese decidido escribirte. Pero, hasta donde sé, no dejó ninguna cinta, ninguna grabación, ni carta ni cuaderno en relación con el último periodo de su vida. Nada, únicamente, pero acaso ya es bastante, esos cuadros tejidos con hilo azul, en cuyas profundidades algún día habrás de leer.

A tu madre la quise y la odié, más vale que sea franco contigo, aunque la pareja que formamos no sea cosa tuya. La pareja es la guerra. Ya lo verás cuando estés enamorado.

Se me hace raro escribirlo, porque, cuando levanto la cabeza del escritorio, voy a tu habitación y me inclino hacia la cama en que te respiro, tibio en tu pijama con estampado de cebra, me parece bastante cómico imaginarte enamorado. Por el momento sólo lo estás verdaderamente de tu muñequito de trapo con dos cabezas y del farolillo mágico que ella compró antes de que nacieras y que proyecta en las paredes peces dorados ondeando entre los corales. Desde tus primeros días de vida hasta hoy, han dibujado en tu rostro sonrisas que harían feliz a cualquiera.

A cualquiera excepto a ella, tu madre.

¿Acaso soy cruel por arrojar semejantes piedras al estanque de felicidad que se asocia con un nacimiento? Quizá. No llorar. Sobre todo, no debo llorar. O nunca terminaré. Y si hay algo que te debo es eso, terminar.

Pero empecemos, mi minúsculo hijo. Por el acontecimiento más importante de la historia, aquel del que todo dimana: tu nacimiento.