La casa que construyo Jack
Ed McBain según Javier Coma
ED McBAIN SEGÚN
JAVIER COMA
La jungla de seudónimos que se alza en el variopinto territorio de la novela policial adquirió intrincadas espesuras durante los años cincuenta, cuando emergió a la luz pública un hijo de inmigrantes italianos a quien preocupaba muchísimo el problema de la firma literaria. Su carrera de escritor se vena escindida definitivamente en dos líneas de producción, aparentemente a cargo de dos diferentes autores, Evan Hunter y Ed McBain, pero la realidad inicial fue mucho más compleja.
Había nacido como Salvatore A. Lombino en Manhattan el 15 de octubre de 1926. Sus padres se llamaban Charles Lombino y Marie Coppola. Cuando Salvatore había cumplido doce años, la familia se trasladó a un barrio italiano del Bronx, con lo que el futuro novelista vivió una adolescencia marcada por el gueto étnico. Poco antes de celebrar su decimoctavo aniversario se alistó en la Marina y permaneció en ella desde 1944 hasta 1946, con prolongado destino en el Pacífico. Casado en 1949
con Anita Melnick, de la que luego se divorciaría, fue profesor de inglés en Nueva York durante un par de meses, trabajó para la agencia literaria Scott Meredith y empezó a colaborar en los pulps, revistas de narrativa popular. Decidiría entonces adoptar un nombre y un apellido que le hiciera más fácil la escalada profesional: Evan Hunter. Así, en 1952, firmó sus novelas The Evil Sleep! y The Big Fix , ambas de temática criminal, y así pasó a denominarse legalmente poco después.
En aquel mismo año inició una breve serie de novelas de ciencia-ficción, destinadas al público juvenil, mediante Find the Feathered Serpent ; y, al siguiente, se acreditó como Richard Marsten (cronológicamente su primer seudónimo) en las dos obras que continuaron tal trayectoria, Rocket to Luna y Danger: Dinosaurs! Acto seguido firmó de igual modo
una novela criminal, Runaway Black , mientras que recurría a un segundo seudónimo, Hunt Collins, para otra obra de este género, Cut Me In , editada como la anterior en 1954; simultáneamente se publicaba, a nombre de Evan Hunter, el primer best-seller del autor, The Blackboard Jungle (La jungla de pizarra) , que usufructuaba los recuerdos de su época de profesorado; adquirida por la Metro-Goldwyn-Mayer para su versión cinematográfica, se convirtió en el célebre film de 1955, escrito y dirigido por Richard Brooks, con el mismo título (aquí, Semilla de maldad ). La contribución de Bill Haley y sus Comets, especialmente a través de su hit musical Rock Around the Clock , mitificó esta crónica de rebeldía generacional a la par que multiplicó las ventas del libro.
En adelante, la firma de Evan Hunter quedaría adjudicada a obras de muy variado signo, entre las que surgieron algunas de temática criminal, pero nuevos éxitos masivos, como Strangers When We Meet (1958) y A Matter of Conviction (1959), le otorgaron un aura de marca de best-sellers .
La citada en primer lugar, melodramáticamente bautizada en la edición española Fue dicho: no desearás la mujer de tu prójimo , conservó el título original en la versión cinematográfica de Richard Quine en 1960 (Un extraño en mi vida) , y el propio Evan Hunter escribió el guión. La segunda motivó en 1961 el film de John Frankenheimer The Young Savages (Los jóvenes salvajes) , y se rebautizó así al editarse en formato de bolsillo cinco años después; la traducción española recibiría, en consecuencia, la misma denominación que el film en su estreno en nuestros lares.
El seudónimo de Hunt Collins tuvo mínima continuidad. El de Richard Marsten se prolongó algo más. Pero antes de que Evan Hunter renunciara prácticamente a él ya había instaurado uno nuevo, el más famoso: Ed McBain, destinado en principio a una serie protagonizada por los miembros de una brigada policial. Se dio el caso, más tarde, de que libros firmados por Hunt Collins y por Richard Marsten se reeditaron a nombre de Ed McBain. Y sucedió también que el autor empleó otro seudónimo, el de Curt Cannon, para una novela (I’m Cannon-For Hire) y una colección de relatos (I Like’em Tough) publicadas en 1958 con un mismo protagonista. De cualquier forma, a principios de los años sesenta, la producción del originariamente llamado Salvatore Lombino quedó dividida
en dos ramas: la correspondiente a Evan Hunter y a trabajos «de prestigio», y la referida a Ed McBain y compuesta principalmente por novelas de serie y de tema criminal.
Dos instituciones de enseñanza habían servido para la acuñación del nombre de Evan Hunter: la Evander Childs High School y el Hunter College, a las que Lombino asistió en diferentes períodos, antes y después de su servicio en las fuerzas navales respectivamente. Aquella denominación fue la utilizada para sucesivos guiones cinematográficos, lo que propició algún que otro chiste privado del escritor: en los créditos del film Fuzz (1972, El turbulento Distrito 87 ) se especificaba que el guión era de Evan Hunter sobre la novela de Ed McBain; y veintidós años después del estreno del film de Hitchcock The Birds (1963, Los pájaros ), con guión de Evan Hunter, un personaje, The Deaf Man (el Sordo), de la novela de McBain Eight Black Horses , resultaba descrito como admirador de la obra hitchcockiana «con excepción de The Birds , aquel tonto ejercicio de ciencia-ficción».
Un, por ahora, último seudónimo fue utilizado por Hunter en 1973 para la novela Doors : Ezra Hannon. Cabe suponer que, en determinados momentos, el recurso al seudónimo respondió a necesidades de contratación con diversas editoriales, además de a la voluntad de clasificar la propia obra en distintas categorías. Pero es un hecho que el empleo de la firma Ed McBain se extendió más allá de la identificación de la autoría para la serie del Distrito 87: aparte de novelas sin protagonismo fijo, también se ha acreditado a McBain la serie de obras con el abogado Matthew Hope como personaje principal, y en 1986 aparece con dicho seudónimo Another Part of the City , donde debuta el detective policial Reardon, de Manhattan, con visos de inaugurar una nueva serie.
Hay, en consecuencia, un Doctor Hunter, identidad oficial del escritor, y un Míster McBain, cuya creciente trascendencia le ha situado como una personalidad también de primera línea. Por ello se puede y se debe hablar, en lo sucesivo, de Ed McBain como autor en toda la dimensión del término, con olvido definitivo de la cuestión del seudónimo.
McBain publicó en 1956 las tres primeras novelas de la serie protagonizada por los hombres de la Brigada 87. Ésta se denomina, en los
originales, 87th Precinct , y en castellano ha obtenido toda clase de traducciones: Precinto 87, Demarcación 87, Distrito 87, Comisaría 87, hasta llegar a la anteriormente mencionada. Desde el principio, McBain instauró un protagonismo colectivo y de ahí que no tuviera el más mínimo reparo en matar a Steve Carella al final de la tercera novela (y no, como se ha supuesto alguna vez, por limitar su iniciativa a una simple trilogía).
Sólo a regañadientes el autor obedeció las indicaciones del editor, quien erróneamente consideraba al detective Carella como «el héroe» de la serie, y rehízo el texto para mantener vivo al personaje, lo que de hecho únicamente equivalió a cambiar las últimas líneas de la novela, The Pusher (El traficante en drogas) .
Ésta había sido precedida por Cop Hater (Odio) y The Mugger (El atracador) . Siguió, al año siguiente, The Con Man (El estafador) , y vino después un miniciclo de obras con la palabra killer , «asesino», en cada título: Killer’s Choice (Decisión criminal), Killer’s Payoff (Extorsión mortal), Lady Killer (La dama debe morir) , las tres publicadas en 1958, y Killer’s Wedge (Cuña de muerte) , de 1959[1] .
La Brigada 87 se hallaba radicada en un punto de una gran ciudad rodeada por sectores de diferentes clases sociales e incluso de distintas etnias, con lo que el radio de acción de sus detectives se extendía a todo tipo de grupos e individuos; los propios componentes de la brigada se hallaban diferenciados entre sí por circunstancias que integraban también la diversificación racial, con lo que los análisis sociales comenzaban a menudo entre las paredes de la comisaría.
Por supuesto, la gran ciudad correspondía a Nueva York. Pero McBain había ideado una urbe imaginaria, Isola, nombre que en italiano significa isla; era la traducción de Manhattan. Otras denominaciones encubrían, sólo relativamente, los enclaves reales: así, Calm’s Point por Brooklyn, Riverhead por el Bronx, Majesta por Queens, Bethtown por Staten Island.
El colaborador de las revistas especializadas, Clues y The Armchair Detective , y experto en narrativa del subgénero de procedimiento policial, George N. Dove, hizo ver que McBain había imaginado que la ciudad de Nueva York diera un giro de 90 grados en el mapa para situar las referencias geográficas de Isola: de este modo los ríos Harb (el Hudson) y
Dix (el East River) tomaban dirección oeste y no hacia el sur; el oeste de Isola es el norte de Nueva York, el norte es el este, el este es el sur, y el sur es el oeste.
Puede sorprender la complicada maniobra geográfica de McBain, así como su iniciativa de crear una ciudad ficticia sobre el modelo de otra real, lo que ya quedaba avisado antes del comienzo de la primera novela: The city in these pages is imaginary. The people, the places are all fictitious.
Only the police routine is based on established investigatory technique .
Pero McBain, según declaró en más de una ocasión, estaba preocupado desde el principio por la dinámica constante de la organización y de las prácticas policiales, y pensó que con tal estrategia eludiría el, en otro caso, constante problema de tener que actualizar sus informaciones para ceñirse a la realidad del momento.
En este aspecto, la tratada serie de McBain escapa un tanto al documentalismo que tipifica (por lo menos en teoría) el subgénero de procedimiento policial, police procedural en su denominación de origen.
Sin embargo, la vitalidad del subgénero conduciría a toda clase de plasmaciones, hasta el punto de que finalmente su identidad quedaría referida tan sólo a que los protagonistas pertenecieran a las fuerzas de la ley del orden, y basta con citar autores como Jerome Charyn, E. V. Cunningham (Howard Past), Chester Himes, William McGivern, Joseph Wambaugh e Hillary Waugh para que se advierta la plétora de rumbos tomados por aquella corriente. Y está claro que la serie de la Brigada 87 ha llegado a ser, con mucha diferencia, la más dilatada del subgénero en el territorio de la novela negra.
Por otra parte, a McBain nunca le ha preocupado en demasía dedicarse a exponer las tácticas y técnicas policiales, y sí le ha gustado contemplar a los personajes de la comisaría desde un punto de vista psicológico, lo que incide notoriamente en la manera en que son presentadas sus actuaciones profesionales. Hay en ello una influencia permanente de otro subgénero, el de psicología criminal, si bien tal influjo se manifiesta aún más en el retrato de los delincuentes y en el análisis de sus móviles. Aparte de figurantes que intervienen en la vida privada de los detectives (como Teddy, la esposa sordomuda de Carella), destaca en la serie la presencia, de vez en
cuando, de un criminal ya citado, The Deaf Man, El Sordo, que apareció por primera vez en The Heckler (1960, El torturador ). Resulta curioso que este singular delincuente, encarnado por Yul Brynner en el film Fuzz , sea repetidamente olvidado cuando se habla de los personajes míticos del género criminal.
Inmediatamente antes que The Heckler habían aparecido las novelas
’Till Death (Hasta que la muerte…), King’s Ransom (El rescate) , ambas de 1959, y Give the Boys a Great Big Hand (1960, Las manos cortadas), y a continuación se publicó una de las obras maestras de la serie, See Them Die! (1960, Con el verano llegó la muerte ), que atañía a la comunidad puertorriqueña. En 1961 Lady, Lady, I Did It! (Ritual de la sangre) destacaría en los escaparates de las librerías mientras los personajes de la Brigada 21 captaban la atención de los espectadores de la pequeña pantalla.
Hasta aquel entonces, el cine sólo había acudido en tres ocasiones a la serie y, siempre con medios muy modestos, a más de un constante cambio de actores (pese a que los dos primeros films fueron producidos y dirigidos por un mismo hombre, William Berke). En 1958 Berke adaptó, para United Artists, las dos novelas iniciales y conservó sus títulos, Cop Hater y The Mugger . La tercera novela también era objetivo de Berke, pero produjo y dirigió el film, igualmente con destino a la United Artists, Gene Milford, y aquél se estrenó en 1960 con la misma denominación, The Pusher ; de ahí, seguramente, que algún especialista haya dudado de su existencia. Hay que destacar que un popular novelista del género criminal, Henry Kane, se encargó de los guiones de los dos primeros films, y que se atribuye a Harold Robbins el guión del tercero.
Hubbell Robinson produjo, para su difusión por la cadena de televisión NBC, treinta episodios de cincuenta minutos, en blanco y negro, de 87th Precinct. Algunos telefilms conservaban los títulos de las novelas (por ejemplo, ’Till Death, King’s Ransom, Killer’s Wedge, Killer’s Payoff, Killer’s Choice, Lady Killer ), otros los cambiaban, y unos últimos partían de distintos relatos. Se emitieron en lunes, de 9 a 10 de la noche, desde el 25 de septiembre de 1961 hasta el 10 de septiembre de 1962. Los roles estelares estaban interpretados por Robert Lansing (Steve Carella), Gena
Rowlands (Teddy Carella), Ron Harper (detective Bert Kling) y Norman Bell (detective Meyer Meyer). Y la acción quedaba centrada en Manhattan.
Dos films franceses y uno japonés adaptaron luego tres novelas de la serie llevando la acción a los países de las productoras y cambiando los nombres de los personajes. En 1963 Philippe Agostini realizaba Soupe aux poulets a partir de Killer’s Wedge , y Akira Kurosawa dirigía Tengoku to Jigoku (El infierno del odio) con base en King’s Ransom . Philippe Labro fue el director, en 1971, de Sans mobile apparent (Sin móvil aparente) , sobre la novela de 1963 Ten Plus One (Diez más uno) que había seguido en la serie a Like Love (1962, El último encuentro ).
Estas dos novelas y Ax (1964, Hacha ) cerraron el largo ciclo de las editadas por Simon and Schuster. Se sucedieron luego los sellos editoriales hasta el de Arbor House que ha presidido la serie en los años ochenta.
Simon and Schuster publicó también, en 1962, el libro que agrupaba tres novelas cortas de la Brigada 21 The Empty Hours (Las horas vacías) .
Delacorte Press se encargó de difundir las narraciones extensas de la serie en 1965, He Who Hesitates (La duda) y Doll , y en 1966, Eight Million Eyes . La editorial que la reemplazó, Doubleday, inició y terminó sus publicaciones de novelas de McBain con sendas reapariciones de The Deaf Man, El Sordo. Fuzz (1968, Pasma) fue dedicada por el autor a su suegro Harry Melnick, con la especificación de que le había inspirado la idea de The Heckler (donde debutó aquel personaje) y de que por lo tanto debía de
«asumir parte de culpa» en este nuevo libro (donde dicho delincuente ponía de nuevo en vilo a la Brigada 21). Es difícil saber el auténtico y profundo sentido de tal dedicatoria; el caso es que el escritor, que había tenido tres hijos con Anita Melnick, se casó por segunda vez en 1973, ahora con Mary Vann Hughes Finley, poco después del estreno de la versión cinematográfica de Fuzz .
En este film, dirigido por Richard A. Colla y distribuido por United Artists, se superaba de lejos la humildad presupuestaria de las iniciales versiones cinematográficas de la serie en Estados Unidos. Se requirió al creador literario para el guión, se contó con los relativos lujos del sistema Panavision y del color, y se obtuvo la concurrencia de los actores Burt Reynolds (Carella), Jack Weston (Meyer Meyer), Tom Sherritt (Bert Kling)
y de la despampanante Raquel Welch, en un rol de detective femenino a su medida, sin olvidar la antes citada caracterización de Yul Brynner como El Sordo. Las ironías de la novela resultaron agudizadas en el film, que mostraba a los detectives de la Comisaría 87 como una pandilla de incompetentes.
Tras la edición de la novela se habían escalonado Shotgun (1969), Jigsaw (1970), Hail, Hail, The Gang’s All Here (1971, Llegó la banda ), y Sadie When She Died (1972, Cuando Sadie murió ). La ultima obra publicada por Double day fue Let’s Hear It for the Deaf Man (1973, Ojo con El Sordo ), tercera aparición del personaje del título, quien ahora comunicaba a la Brigada 87 su intención de llevar a cabo el robo de medio millón de dólares para, seguidamente, proponer a los detectives una pista tras otra.
Poco después, en edición Random House, vio la luz Hail to the Chief (1973, Saludos al jefe ), construida a modo de sátira nixoniana. La siguieron Bread (1974) y Blood Relatives (1975) que fue llevada al cine por Claude Chabrol en Francia bajo el título Les liens de sang (1977, Laberinto mortal ) y con la actuación de Donald Sutherland como Steve Carella. So Long as You Both Shall Live (1976) y Long Time No See (1977) finalizaron la colaboración de Random House con McBain y su serie policial.
Fue entonces cuando McBain inició una nueva serie, que se desarrollaría paralelamente a la de los detectives de Isola. Ya con cincuenta años a sus espaldas el novelista repartía su existencia entre Connecticut, durante los meses cálidos, y Florida, en invierno, y eligió este último escenario para las investigaciones y aventuras del abogado Matthew Hope. La editorial Arbor House difundiría su estreno con Goldilocks en 1978. La segunda novela de la serie se llamó Rumpelstiltskin (1981), y después Holt Rinehart ha editado las siguientes: Beauty and the Beast (1982, La bella y la bestia ), Jack and the Beanstalk (1984), Snow White and Rose Red (1983), Cinderella (1986), Puss in the Boots (1987, Gatita con botas ). Obsérvese que la serie queda unificada, además de por el protagonista y el escenario, por las referencias míticas de los títulos.
Entretanto, los detectives de la Brigada 21 han continuado sus andanzas por la semificticia ciudad que McBain comparó a una mujer: Viking Press publicó Calypso (1979), Ghosts (1980, Fantasmas ) y Heat (1981, Calor ), y Arbor House ha editado Ice (1983, Hielo ), Lightning (1984), Eight Black Horses (1983, con reaparición de El Sordo), Poison (1987, Veneno ), Tricks (1987, Trampas )… Cuatro decenas de libros en el espacio de tres décadas sitúan la serie de la Brigada 87 como un acontecimiento monumental en el marco de la novela negra y dan a entender que no sólo presentan una apasionante evolución de personajes fijos, sino también, al mismo tiempo, una gradual mutación del autor, quien, por ejemplo, ha progresado considerablemente en la contemplación de las figuras femeninas; de su interés por este tema ha sido fruto la obra publicada recientemente por Mysterious Press y construida por el propio novelista: McBain’s Ladies-The Women of the 87th Precinct .
Cuatro decenas de libros comportan asimismo un desarrollo notorio de la escritura y de la visión del mundo. El primero, Cop Hater (Odio), comenzaba de este modo: From the river bounding the city on the north, you saw only the magnificent skyline («Desde el río que bordeaba la ciudad por el norte, sólo se podía ver el magnífico perfil del horizonte»). El último citado, Tricks , empieza, por el contrario, de forma mucho menos lírica: The pair of the them came down the street streaming blood. No one paid any attention to them. This was the city . («La pareja bajaba por la calle chorreando sangre. Nadie les prestaba atención. Así era la ciudad»).
A lo largo de sus tres décadas de vida, la serie de la Brigada 87 ha recorrido una dilatada etapa de la historia de la novela policial americana, alimentándola y, simultáneamente, nutriéndose de ella.
En cierto modo, McBain no se ha limitado a reflejar trayectorias modernas del género (como la tendencia a la ironía y a la desesperanza, la temática del caos urbano y de la inseguridad individual, la maximalización del argot, el acceso a la racionalidad para sostén del escepticismo), sino que ha edificado algo parecido a una síntesis del mismo mediante la acumulación de aportaciones pretéritas: el propio concepto de serie y la prolongada sujeción a él remiten notoriamente al pasado. Quizá se inscriba, desde otra perspectiva, en una similar mirada hacia tiempos
remotos la estrategia de dar a las novelas de Matthew Hope denominaciones referidas a los relatos fantásticos que Salvatore Lombino leyera en su niñez. Si el doctor Hunter, con The Chisholms (1976), ha llegado a los lejanos tiempos del western , míster McBain se ha remitido a ensoñaciones infantiles cuyos terroríficos matices ofrecen vínculos profundos con la sociedad contemporánea.
JAVIER COMA
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Ésta es para Nancy y Bo Hagan
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