
Los enemigos de la mujer
A la vista de Montecarlo, mientras Europa se desangra, un príncipe ruso al que la revolución ha dejado sin rentas se encierra en su villa con unos cuantos amigos y les pone una sola condición: la mujer queda fuera de la vida en común. Se llaman entre ellos «los enemigos de la mujer» y viven como monjes ociosos, entre almuerzos largos, martingalas de ruleta y el acuerdo de no hablar de la guerra. El pacto dura poco. Aparece la duquesa de Delille, jugadora incurable y vieja cuenta pendiente del príncipe, cargada de deudas y de un secreto. Blasco Ibáñez vivía en el Principado cuando lo escribió, en 1919, y no perdona a esos ricos empeñados en no enterarse de la matanza que tenían al lado. Se demora mucho en el pasado de cada personaje y acaba bastante más negro de lo que empieza.






