
Memorias de un cortesano de 1815
Juan Bragas empieza de oficinista sin más mérito que el olfato y acaba firmando don Juan de Pipaón, apellido a la medida de su ambición. Cuenta su carrera en primera persona y sin rubor, desde la noche de mayo de 1814 en que ayudó a prender a los diputados de Cádiz hasta el marzo de 1815 en que a Madrid llega la noticia de que Napoleón ha huido de Elba. Galdós lo deja hablar, y ahí está el hallazgo: se elogia, se justifica, presume de sus delaciones, y cada elogio acaba sonando a confesión. Alrededor se mueve la camarilla del rey, Ugarte, el maestro de baile que acabó manejando el tesoro, el clérigo Ostolaza, el mercadeo de favores. Es el duodécimo de los Episodios nacionales, escrito como una autobiografía picaresca, y no exige haber leído los once anteriores.






