
Amor y pedagogía
Don Avito Carrascal ha sustituido la religión por la ciencia y cree que un genio se fabrica igual que se demuestra un teorema. Elige esposa con criterios teóricos, aunque acaba casándose con Marina por razones bastante menos sociológicas, y somete al niño, Apolodoro, a un plan educativo férreo con la ayuda del estrafalario don Fulgencio Entrambosmares. La madre, mientras tanto, le enseña a rezar a escondidas. El chico crece partido entre esas dos fuerzas y, cuando la vida le pide algo que ningún método le había enseñado (Clarita prefiere a otro), el experimento se viene abajo. Unamuno lo escribió en 1902 medio en broma y medio en serio: bajo la sátira del cientificismo pedagógico asoma una angustia que no tiene ninguna gracia. Cierra el volumen un apéndice de don Fulgencio sobre el arte de hacer pajaritas de papel.






