
Memorias de un vagón de ferrocarril
de Eduardo Zamacois

Treinta y siete relatos que Pardo Bazán reunió en 1902 en tres bloques distintos. El primero va de Nochebuena a Semana Santa: una monja a la que vestir al Niño del belén le despierta un instinto maternal que la deja al borde de renegar de los votos, y un burro molido a palos que muere en la charca soñando con prados mientras su amo bebe. Al amanecer sale de la taberna y le sigue dando patadas después de que le digan que está difunto. Los diez cuentos de la patria salen del desastre del 98, y ella avisa que ahí desahoga el corazón y el lector puede saltarlos. De ahí el libro se va a la Persia de Cambises y a la Roma de los mártires. La llamaron soñadora por «Vengadora», y el fin de McKinley prestó algo de realidad al sueño.