Negrín

Enrique Moradiellos · Capítulo 4 de 25

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Negrín

En Alemania

 

Cumplidos los 14 años de edad, a comienzos del otoño de 1906 el joven Negrín

embarcó rumbo al puerto de Hamburgo en un largo viaje que hizo escala en Santa

Cruz de Tenerife y Cádiz[32]. Una pequeña anécdota contada poco después por él

mismo revela nuevamente el perfil de sus juveniles convicciones político-ideológicas.

Antes de embarcar en el buque que habría de llevarle a Hamburgo, Negrín fue a

despedirse de un antiguo profesor muy apreciado, don Pablo Rodríguez. En casa de

este le comunicaron que había ido a la catedral y allí se dirigió el muchacho para

cumplir su propósito. Encontró al profesor en el patio de la Catedral charlando con un

canónigo, el padre Feo, profesor de Ética. Y notó que, a su saludo, el padre Feo

«hacía una mala mueca y continuaba hablando con don Pablo». Su profesor le

explicó poco después que el canónigo «tenía muy malos antecedentes míos, pues,

según le habían dicho yo tenía lo que ellos llaman [33] malas ideas ».

Negrín desembarcó en el gran puerto de Hamburgo y se dirigió por ferrocarril

hacia la ciudad de Hildesheim, situada a 25 kilómetros al sur de Hannover.

Probablemente los amigos y socios comerciales alemanes de su padre le habían

recomendado ese lugar por ser un centro urbano pequeño (de unos 60 000 habitantes)

y de mayoría católica. Pero no fue posible encontrar allí plaza para el muchacho en

ningún internado, razón por la cual «un señor a quien vengo recomendado» consiguió

que lo admitieran en una pensión-colegio de Kiel, donde pensaba matricularse en la

Facultad de Medicina. Permanecería en esa estratégica ciudad del Báltico apenas dos

cursos académicos, mientras perfeccionaba su dominio del alemán (que llegaría a ser

muy pronto su segunda lengua materna), convalidaba sus estudios de bachillerato y

reforzaba sus previos conocimientos de francés e inglés (iniciando el camino de su

posterior y asombrosa poliglotía).

En la correspondencia con su amigo Simón Benítez Padilla, Negrín le informó

puntualmente de que Kiel era una población de unos 160 000 habitantes y «el puerto

de guerra alemán más importante». También en esa correspondencia dejaba entrever

su escasa simpatía por el cerrado sistema social y la autocracia imperial que definían

a la Alemania guillermina del Segundo Imperio: «Aquí en todo predomina el

elemento militar» y «el poder imperial aquí es exagerado y llega al despotismo»[34].

Añadiendo al respecto y críticamente: «aquí no pueden estudiar para oficiales sino

aquellos cuyos padres son muy ricos y ocupan una posición elevada. Esta es una de

las disposiciones estúpidas del gobierno del Káiser».

Al margen de esas observaciones generales de indudable madurez para un joven

de tan solo 15 años (y de su confesión de que había dejado de ir a misa y no guardaba

el precepto de abstinencia de carne en Semana Santa), Negrín también informaba a su

compañero de que su dedicación a los estudios (clases de alemán, inglés y francés

durante cinco horas por la mañana) no le impedía disfrutar de los placeres de la vida estudiantil. Había hecho varios amigos en la pensión (casi ninguno alemán, dos

brasileños, un portugués, tres mulatos haitianos, un chileno y un panameño) con los

que se divertía regularmente: «vamos a algún cinematógrafo», «a ver danzar» (los

martes y viernes), «al teatro» (los jueves y sábados), a excursiones a pueblos

cercanos, e incluso ocasionalmente al «baile de máscaras» en los que «se permite

Kiss» (subrayado en el original esta expresión inglesa para «beso»). El único reparo

insistente y notable presente en sus cartas se refería a la austera dieta seguida en la

pensión-colegio:

 

La manutención, según me han informado, era antes buena, pero ahora han entrado una infinidad de

alemanes que no pagan sino 800 M. (marcos) anuales y reciben el mismo servicio que nosotros, por lo que

ahora nos ponen unas porquerías enormes: un plato de sopa variada pero que no es buena, carne con salsa,

patatas y legumbres, y compota; este es el almuerzo a la 1 y media. La carne siempre guisada o con unas

composiciones que yo no puedo ni oler, y la compota no es como debía ser. Antes del almuerzo recibimos

a las ocho café que no se podía ni ver, con unos panes y manteca, pero fuimos a quejarnos al viejo y hemos

conseguido que a los extranjeros nos pongan chocolate, si no bien hecho al menos que se puede tomar. A

las diez viene leche que los alemanes beben con gusto (en su mayoría son brutos del campo que todo les

gusta) y que nosotros no tomamos. A las tres viene chocolate y a las 7 unos 6 o 7 sándwiches y té o

cerveza. Nosotros por esta razón (sin razón, porque ellos no tienen la culpa) hemos pedido comedor aparte

y así lo tenemos, y además disfrutamos de más libertades que ellos, pues salimos y entramos cuando

queremos. Pero así con malas comidas y todo lo pasamos bien[35].

 

La madurez del joven Negrín se aprecia en casi todos sus comentarios, incluyendo

sus juicios sobre los compañeros. De los brasileños comenta: «Estos chicos eran muy

poco estudiosos, marchando para su país con muy pocos conocimientos después de

haberse divertido no poco y de haber gastado no poco dinero. En mi concepto estos

chicos estaban bastante pervertidos». Y de los venezolanos escribe: «El mayor de 17

años es formal pero muy sensual y con visos de parentesco con el Homo Satirus de

Linneo. El más pequeño es simpático como su hermano pero muy majadero y muy

amigo de molestar».

Aprobados los dos primeros cursos de medicina en Kiel, Negrín optó por trasladar

su matrícula en el verano de 1908 a la Universidad de Leipzig, antigua capital del

reino de Sajonia, donde estaba la facultad médica de mayor categoría de Alemania

después de la de Berlín (y donde tres años antes había estado Ortega y Gasset como

estudiante de filosofía). Su decisión fue resultado de una creciente inclinación por la

entonces emergente disciplina médico-biológica de la fisiología, centrada en el

estudio de la dinámica y funciones físico-químicas de los organismos vivos. En

Leipzig, una próspera ciudad de más de medio millón de habitantes, estaba radicado

el afamado Physiologisches Institut (Instituto de Fisiología), fundado en 1869 por el

médico fisiólogo Carl Ludwig, «verdadero maestro de todos los fisiólogos del mundo

de su generación». El nuevo centro devino muy pronto en «modelo de cuantos

posteriormente se hicieron y envidia de los fisiólogos más eminentes»:

 

El instituto estaba dividido en tres departamentos de investigación, consagrados respectivamente a

fisiología, química y anatomo-histología, con unos recursos técnicos y una infraestructura envidiables en

el contexto de su época[36].

 

El legado de Ludwig en Leipzig había sido recogido desde principios del siglo XX por

el profesor Theodor von Brücke, «uno de los principales fisiólogos europeos de su

tiempo». Y precisamente Brücke se convertiría en el principal maestro y valedor del

joven Negrín («el primer español que se formó en Leipzig») en el seno de la

comunidad científica alemana y continental[37].

Negrín residiría en Leipzig ocho de los diez años que permaneció en Alemania,

desde los 14 hasta bien cumplidos los 24 años. Y aparte de sus retornos a la casa

familiar en Canarias durante el verano y a veces en Navidades, junto con ocasionales

visitas a Francia, Bélgica y Gran Bretaña, la dinámica ciudad báltica fue escenario de

buena parte de su juventud y de sus estudios universitarios:

 

Se componía, cuando Negrín se matriculó en la Escuela de Medicina, de la ciudad antigua, situada en el

centro, rodeada de un paseo circular que había sustituido a la línea de fortificación levantada en la guerra

franco-prusiana. Esta parte, donde se encontraba el Teatro, el Museo y la Universidad […] la constituían

edificios viejos y calles estrechas. Más allá acababan de levantarse los arrabales modernos, que en junto

constituían la nueva ciudad de Leipzig y llevaban los nombres de Reudnitz, Neusdronefeld, Volkmardoff,

Stotteritz, Schonofoeld, Golilis, Entritzesch, Lundenan, Plagewitz, Konnenwitz, etc.

Los paseos, donde se daban cita las parejas amorosas y sentimentales, ocupaban el lugar de las

antiguas murallas, entre la ciudad propiamente dicha y sus arrabales; era la parte más hermosa de Leipzig.

Aquel fue el escenario de las horas más felices de Juan Negrín, pues fueron las de sus años de juventud[38].

 

Negrín completó en Leipzig en el verano de 1911 sus estudios de Medicina que, en

conjunto, abarcaron doce cursos semestrales y comprendieron, entre otras, las

siguientes asignaturas: Física experimental para médicos (dos cursos); Química

orgánica e inorgánica; Anatomía Comparada y Zoología; Anatomía y Fisiología de

las plantas; Fisiología (tres cursos); Química fisiológica; Debates de Fisiología;

Prácticas de Fisiología y de Química fisiológica; etc[39]. Además de esos estudios

medicofisiológicos, muy pronto Negrín decidió cursar en paralelo la carrera de

Química y empezar la de «ciencias económicas». Esta última no pudo finalizarla

debido al estallido de la Primera Guerra Mundial en el verano de 1914, que también

le impidió obtener la licenciatura oficial en Química debido a que le faltó «terminar

las dos terceras partes del curso dedicado a la obtención de preparados orgánicos»[40].

Dejando a un lado los incompletos estudios económicos, la propia simultaneidad

entre las dos carreras científicas señaladas (Medicina y Químicas) demuestra que

Negrín había abandonado la idea de convertirse en un médico ordinario dedicado a la

práctica de su oficio y se orientaba decididamente hacia la investigación médico-

fisiológica y bioquímica especializada. Su conversión fue completa y apasionada

puesto que llegó a hacer de los laboratorios del Instituto de Fisiología su segundo

hogar, trabajando en ellos con regularidad prusiana «desde las nueve de la mañana

hasta las siete de la tarde». Aunque ese intenso horario de estudio e investigación

tampoco le privó de seguir cultivando sus otras aficiones culturales y de ocio: asistir

al teatro, acudir a conciertos y visitar «una céntrica cervecería donde se reunían pandillas de estudiantes y lindas empleadas, costureras y futuras glorias del arte

escénico»[41].

Como resultado de ese tesón y capacidad de trabajo, el 3 de agosto de 1912,

cuando contaba con 20 años de edad, Negrín obtuvo el grado de doctor en medicina

por la Universidad de Leipzig con una tesis sobre un problema de fisiología del

sistema nervioso involuntario conocido como la «glucosuria experimental»: el

fenómeno de la elevación de la glucosa sanguínea tras la estimulación de un centro

nervioso situado en el ventrículo bulbar de la base del cráneo[42]. Su trabajo fue

publicado ese mismo año en la prestigiosa revista de fisiología alemana, Pflügers

Archiv, y aparecía firmado por «cand. Med. Juan Negrín y Lopez aus Las

Palmas»[43].

Había realizado su tesis bajo la dirección del profesor Theodor von Brücke

porque dos años antes se había convertido en su colaborador regular como «ayudante

sustituto», primero, y luego como «asistente numerario» en el Instituto de Fisiología.

Y en esa condición empezó a impartir clases teóricas y prácticas de investigación,

desarrollando en ellas su luego proverbial maestría como cirujano animal en ranas o

conejos («un verdadero artista del bisturí»). Así lo recordaría pocos años después el

propio Negrín al repasar sus méritos universitarios en Alemania:

 

… Tomando parte en las prácticas dos veces por semana (por ser dobles las clases prácticas en Leipzig),

preparando la parte experimental de las clases cuando el Catedrático estaba imposibilitado y el primero y

segundo asistentes ausentes (como sucedió algunas veces durante la guerra).

El haber tomado, como asistente, parte activa en la enseñanza teórica y práctica, y haber intervenido

más o menos directamente en cuantos trabajos de investigación salieron del Instituto durante su estancia en

él como asistente numerario, según era costumbre en el expresado Instituto[44].

 

Fue de la mano de Brücke como Negrín empezó a colaborar en distintas

publicaciones científicas europeas concentrándose en tres campos de estudio

principales: las variaciones del contenido cromafínico de las glándulas suprarrenales;

la función reguladora del sistema nervioso simpático; y los procedimientos técnicos

de microanálisis para la determinación cuantitativa de la glucosa en la sangre[45].

También ganó cierta fama en la profesión por su precisa traducción al alemán de la

obra del prestigioso fisiólogo francés Charles Richet titulada L’Anaphylaxie (la

anafilaxia: un proceso relacionado con la inmunidad).

De aquellos años de febril actividad datan los primeros contactos de Negrín con la

comunidad científica española, que hasta entonces le había ignorado por razones

evidentes. En febrero de 1911 se había dirigido por carta a Santiago Ramón y Cajal,

el laureado Premio Nobel de 1906 que presidía la Junta para Ampliación de Estudios

e Investigaciones Científicas (JAE), el principal organismo español de promoción

científica creado en 1907[46]. Su pretensión era conseguir una «pensión» (beca) de

«doscientas cincuenta a trescientas pesetas» para continuar sus estudios de medicina

en Leipzig. La solicitud no fue aceptada por la Comisión Ejecutiva de la JAE que, sin embargo, por carta de su secretario, José Castillejo, informó a Negrín de su decisión

de concederle la «consideración de pensionado»: una medida que equivalía al

reconocimiento oficial de sus estudios en el extranjero y le facultaba, en caso de

retorno, para presentarse a oposiciones a cátedras y puestos docentes oficiales en

universidades españolas[47].

De aquellas fechas data igualmente su fructífera relación con la escuela

fisiológica organizada en Barcelona en torno a Ramón Turró y Augusto Pi i Sunyer,

que publicaron en España algunos de sus primeros trabajos de investigación: «Sobre

el mecanismo de la diabetes experimental producida por la punción del IV ventrículo»

(en 1911 en el Boletín de la Sociedad Española de Biología) y «Métode Senzill per la

determinació del contigut de materia cromáfina en les cápsulas suprarenals» (en 1914

en Treballs de la Societat Catalana de Biología). También por entonces entabló

relación con los doctores Enrique Moles y José Casares Gil, catedráticos de Química

Orgánica y Análisis Químicos de la Universidad de Madrid, respectivamente, a los

que conoció durante sus cortas visitas al Instituto de Leipzig para actualizar su

formación por encargo de la Junta para Ampliación de Estudios[48]. Y precisamente

Moles y Casares Gil, ya iniciada la guerra mundial, aconsejarían a Negrín el regreso a

España para continuar sus investigaciones, impresionados por «su competencia en

cuestiones de Química fisiológica» y por su cortesía y buen hacer:

 

Casares y Moles estaban profundamente agradecidos a Juan Negrín, no solo por las facilidades que les

proporcionó para la labor que tenían que llevar a cabo, sino por su cordialidad afectiva. Negrín era un

hombre extremadamente simpático, ameno en su conversación, de profundo sentido crítico[49].

 

En una de esas visitas a Leipzig, Negrín conocería a Julián Besteiro, catedrático de

Lógica en la Universidad de Madrid, que empezaba a despuntar como uno de los

máximos dirigentes del PSOE y de su sindicato hermano, la Unión General de

Trabajadores (UGT), bajo la tutela de su carismático fundador, Pablo Iglesias. La

relación con Besteiro, si bien no cuajó en una profunda amistad, no pudo menos que

reavivar en Negrín sus tempranas inclinaciones ideológicas de tinte progresista. De

hecho, parece que fue durante sus años de estudiante y profesor en Leipzig cuando

maduraron sus simpatías políticas por el Partido Socialdemócrata alemán (SPD),

entonces en la cumbre de su apogeo electoral (en las elecciones generales de 1912

recibiría el apoyo del 34,7% del censo) y de su influencia cultural y social en el

Segundo Imperio[50]. Así lo reconocería en público muchos años después el propio

Negrín, en una de sus raras alusiones al tema:

 

Allí (en Alemania) adquirí el convencimiento de que los verdaderos ideales de la humanidad están en el

socialismo, que tiene dentro de su ancho campo soluciones para todos los problemas sociales, incluso para

aquellos más complicados y difíciles[51].

 

La novedosa faceta como traductor científico de Negrín denotaba el alto grado de

conocimiento de las dos lenguas que había desarrollado y su sorprendente capacidad políglota (una verdadera rareza en la España de aquel entonces). No en vano, él

mismo señalaría en 1916 en su correspondencia con Santiago Ramón y Cajal:

 

Además del Alemán conoce el que suscribe el Francés, que habla y escribe casi como su propia lengua; el

Inglés, que traduce con facilidad y habla y escribe regularmente, habiendo tenido ocasión de practicarlo

durante dos veces que ha estado en Inglaterra; el Italiano, que traduce correctamente y el cual puede

conversar; y el ruso en el que puede sostener una conversación y traducir cualquier tema con ayuda de un

diccionario[52].

 

La extraña referencia final al idioma ruso apuntaba a la nueva situación vital y

familiar en la que se encontraba ya entonces Negrín. El 9 de febrero de 1914, con 22

años recién cumplidos, había contraído matrimonio en el registro civil de Leipzig con

Marie Mijailova Fiedelmann Brodsky, una agraciada estudiante de música de su

misma edad que había nacido el 15 de noviembre de 1892 en el seno de una familia

judía de Yekaterinoslav (actual Dnepropetrovsk, a orillas del río Dniéper, en el centro

de Ucrania). Probablemente la pareja se había conocido en algún concierto de los

muchos a los que ambos asistían, puesto que Negrín era «muy aficionado a la música

clásica» y Leipzig era la ciudad musical por excelencia (donde Bach había compuesto

sus obras más emblemáticas, donde Wagner había nacido y donde Mendelssohn

fundó el primer conservatorio de música de Alemania)[53]. Según confirma el acta del

registro, a la ceremonia civil asistieron los padres de la joven, ambos judíos

rusoparlantes de muy holgada posición económica y bastante secularizados: «el

comerciante Chaim Schlemow Fiedelmann y su esposa Chai Sara, nacida Brodsky,

residentes en Jekaterinoslaw», el primero de 47 años y la segunda de 43[54].

La ciudad natal de la esposa de Negrín recibía el nombre de su fundadora en

1787, la emperatriz Catalina II (Yekaterinoslav: «A la gloria de Catalina»), y era uno

de los centros comerciales y manufactureros más importantes del sur del Imperio

ruso, con una población de 125 000 habitantes en el tránsito del siglo XIX al siglo XX.

Casi un tercio de esa población la componía la laboriosa comunidad judía (unas

40 000 personas), que había sido invitada por los zares desde finales del siglo XVIII

para colonizar la zona, explotar sus recursos agrarios y aprovechar sus excelentes

comunicaciones fluviales[55]. Los padres de María habían heredado en Yekaterinoslav

una sólida posición económica y social gracias a la riqueza generada por la propiedad

familiar de una gran fábrica textil. Esa posición les había abierto las puertas de la alta

burguesía rusa (disfrutaban de una casa en San Petersburgo, además de la casa de

campo en Ucrania) a pesar del antisemitismo rampante desencadenado a finales del

siglo XIX en el imperio zarista. Por eso mismo, sus hijos (María, otras dos chicas y un

muchacho) habían tenido la fortuna de ir a cursar estudios a Alemania y disfrutaban

así de una educación selecta y muy poco común entre los jóvenes judíos de su país de

origen (tenían como idioma materno el francés y el alemán)[56].

Como recordaría posteriormente Negrín, su boda con María Mijailov (como sería

conocida posteriormente con mayor frecuencia[57]) fue producto del más sincero enamoramiento juvenil: «movido por motivos puramente sentimentales y con la

esperanza de constituir un hogar feliz». El joven matrimonio pasaría a residir en la

casa de Negrín en Leipzig, situada en el número 7 de la Reitzenhainer Strasse, en el

barrio de Reudnitz, al este de la ciudad antigua. Habida cuenta de la tradición familiar

canaria, aquella ceremonia civil fue muy pronto completada con un matrimonio

religioso en Leipzig, según el rito católico (previa conversión de María), el 21 de

julio del mismo año 1914[58].

La felicidad del momento de la joven pareja probablemente fue breve porque

apenas unos días después de esa boda religiosa estallaría la Primera Guerra Mundial,

que habría de enfrentar al Imperio alemán, con el apoyo de Austria-Hungría y el

Imperio otomano, con las potencias aliadas: Gran Bretaña, Francia y el Imperio ruso.

El brutal conflicto desatado en aquel verano de 1914, prolongado hasta la victoria del

bloque aliado por agotamiento en noviembre de 1918 (previo refuerzo vital de

Estados Unidos), puso fin inesperadamente al largo siglo XIX donde había reinado el

optimismo liberal y la confianza en el progreso. En palabras recientes de Gabriel

Kolko:

 

La Primera Guerra Mundial sacudió las estructuras sociales, económicas y demográficas de Europa más

profundamente que cualquier otro acontecimiento desde la Revolución Francesa y desencadenó procesos

que tuvieron como consecuencia un cambio radical en la forma de hacer y de entender la política. Hemos

de considerar los múltiples efectos de la guerra en todos sus aspectos, desde la consumación de la

catástrofe en el caso de Rusia hasta las pequeñas transformaciones que tuvieron lugar en la isla británica.

Ningún país de Europa se libró de sus efectos, pues la guerra agudizó viejas tensiones y conflictos,

convirtiéndolos en fatídicas crisis que antes de 1914 habrían sido difíciles de imaginar[59].

 

El matrimonio Negrín Mijailov (que se relacionaba en alemán como norma y a veces

en francés) muy pronto pudo apreciar en carne propia las crecientes dificultades

originadas por la guerra en Alemania. Ante todo por «las dificultades económicas y

espirituales» que Negrín confesó abrumado a sus colegas los doctores Moles y

Casares Gil durante una breve estancia de estos en Leipzig[60]. Las primeras tenían su

origen en la inflación galopante y la correlativa escasez de víveres y mercan cías

generadas por la guerra (proceso acentuado con el transcurrir de los meses por el

éxito del bloqueo naval implantado por Gran Bretaña). Las segundas probablemente

tuvieran su origen en la incomodidad causada por la doble condición de la pareja: en

el caso de María, como nativa rusa, su calidad de inmigrante procedente de un país

enemigo y profundamente demonizado; en el caso de Negrín, su calidad de nativo de

un país que había adoptado una posición de neutralidad estricta por virtual

impotencia y equitativa división interna (con las derechas manifestando su

germanofilia y las izquierdas haciendo gala de su aliadofilia). Además de esas

circunstancias, Negrín contempló con desmayo cómo sus investigaciones fisiológicas

se veían afectadas por las inevitables restricciones monetarias y materiales. Como

informaría a Ramón y Cajal al solicitar su ayuda poco después:

Sin publicar a causa de haber impedido su publicación los transtornos ocasionados por la guerra, tiene el

solicitante los siguientes trabajos.

Un estudio experimental sobre las variaciones del contenido cromófilo de las cápsulas suprarrenales en

distintas condiciones experimentales. Esta investigación es fruto de dos años y medio de experimentos en

cargo de doscientos conejos y lo considera el solicitante como su obra de mayor importancia. Casi

ultimada la parte experimental, estalló la guerra y al pretender el autor finalizar sus experimentos y

sintetizar sus resultados en el invierno de 1914 a 1915 se encontró con que la falta de material y elementos,

así como la escasez de tiempo, por tener a su cargo las ocupaciones que antes desempeñaban tres

asistentes, dos de los cuales estaban en la guerra, le impedían completar su labor[61].

 

Para agravar la ya de por sí crítica situación, la familia aumentó de miembros en muy

poco tiempo: el 22 de noviembre de 1914 nacía en Leipzig el primero de sus hijos,

Juan Negrín Mijailov (llamado Juan Junior, o Junior a secas, en el seno de la familia).

Y apenas un año después habría de nacer (ya en el domicilio familiar de Canarias) la

primera de sus hijas, María, inscrita en el Registro Civil de Las Palmas el 8 de

diciembre de 1915 (llamada Marita por sus padres y familiares)[62].

En esas condiciones, a lo largo de 1915, Negrín fue madurando la decisión de

regresar a España, al menos temporalmente hasta el final de la guerra, para continuar

allí su carrera científica e investigadora. Y en previsión de esa contingencia, comenzó

a adquirir (es de suponer que con ayuda paterna) una amplísima biblioteca de libros y

revistas de Fisiología y Química Fisiológica (nombre entonces de la Bioquímica) que

llegaría a ser legendaria en España. Iniciaba así, en las circunstancias propicias de la

guerra mundial (que hundieron el precio de los libros científicos), la senda que habría

de convertirle, ya para toda la vida, en un consumado bibliófilo y un reputado

coleccionista. Una afición que, amén de gratificar su insaciable curiosidad intelectual,

habría de reportarle considerables garantías económicas (en caso de necesidad de

venta del material para disposición de dinero efectivo).

El retorno a la patria de Negrín y su crecida familia tuvo lugar a mediados del

mes de octubre de 1915, en plena fase de estabilización de la contienda mundial y

cuando ya era evidente que se trataba de una guerra larga, cruenta y virtualmente

universal: la entrada en liza en ese año de Italia, con los aliados, y Bulgaria, con las

potencias centrales, precedería a la entrada de Estados Unidos en el bando aliado en

1917, paso previo para el colapso final austro-alemán registrado el 11 de noviembre

de 1918.

Negrín preparó la operación de regreso con cierta precipitación, tras haber

asumido la carga docente de tres compañeros movilizados para la guerra, después de

haber rechazado la posibilidad de convertirse en «privat-dozent» (categoría previa a

la de catedrático) y una vez comprobada la imposibilidad de seguir sus

investigaciones debido a las restricciones económicas y de material impuestas por la

guerra. Esas circunstancias determinarían incluso que el retorno se hiciera sin la

biblioteca y el mobiliario familiar del domicilio en Leipzig y sin haber encontrado

todavía cobijo académico o profesional alternativo en España. Por esa razón, Negrín

se dirigió a Las Palmas para residir provisionalmente en la casa familiar canaria de la calle Buenos Aires, donde mes y medio después nacería su hija Marita. El diario de

Las Palmas, La Provincia, no dejó de anunciar (con parcial error) el día 19 de octubre

de 1915 la noticia del «regreso del joven médico don Juan Negrín, procedente de

Rusia donde contrajo matrimonio»[63].