Operacion Masacre
29. Un Muerto Pide Asilo
¿Había muerto Benavídez? Sus amigos, basados en el relato de Troxler, tenían esperanzas de encontrarlo con vida. En la mañana del 12 de junio tales esperanzas se derrumbaron.
Todos los diarios publicaban un comunicado del gobierno con la lista oficial de “fusilados en la zona de San Martín”. Y en ella aparecía Reinaldo Benavídez.
El más asombrado debió ser él mismo, puesto que se había salvado…*
Y sin embargo, la explicación era muy simple. Hay que buscarla en la ciega irresponsabilidad con que se procedió desde el principio hasta el fin en esa operación clandestina calificada de fusilamiento.
Basta la simple lectura de la lista de ejecutados en San Martín para comprender que el gobierno no tenía la menor idea de quiénes eran sus víctimas.
A Benavídez, que gozaba de perfecta salud tras huir del basural de José León Suárez, lo daban por muerto. A Brión, en cambio, que había caído, no lo mencionaban en absoluto. A Lizaso lo llamaban “Crizaso”; a Garibotti,
“Garibotto”.
Parece mentira que se puedan cometer tantos errores en una lista de apenas cinco nombres, que además correspondían a cinco personas oficialmente ajusticiadas por el gobierno.
Lo curioso es que ninguno de estos macabros errores ha sido rectificado, aun después de que yo los denunciara. Oficialmente, pues, Benavídez sigue estando muerto. Oficialmente, el gobierno nunca ha tenido nada que ver con Mario Brión.
Pero el 4 de noviembre de 1956, los diarios informaban que el día anterior se había exiliado en Bolivia Reinaldo Benavídez.
Sí, el mismo.
El “muerto”.
*
A los familiares de las víctimas no se les ahorró molestia, vejación ni incertidumbre alguna.
Un hermano de Lizaso, que por versiones sospechaba su trágico fin, estuvo ambulando de comisaría en comisaría en busca de noticias concretas. A las siete de la mañana del 12 de junio, cuando ya había salido en los diarios la noticia -adelantada el 11 a la noche por Radio Mitre- fue a la Unidad Regional San Martín. Allí tuvieron el sangriento cinismo de decirle que no conocían a Carlitos y mandarlo, en una búsqueda que de antemano sabían
*…del lugar de los hechos, se dirigió hacia el noroeste y luego de recorrer unos 500 metros, se apersonó a un colectivero que tiene su parada en esa zona, solicitándole dinero, ascendiendo al vehículo del mismo…”
Declaración de Troxler y Benavídez, fechada en La Paz, Bolivia, el 9 de mayo de 1957, dirigida al autor de este libro.
estéril, a la Brigada de Investigaciones. De ahí lo remitieron al Distrito Militar. De ahí a Campo de Mayo, donde lo atendió el Jefe del Acantonamiento: