Operacion Masacre

Rodolfo J_ Walsh · Capítulo 49 de 53

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Operacion Masacre

La Conferencia de Prensa que No Dio

mucho a tu papá?” “Oh, sí, usted no sabe…”); con hermanos en quienes el puño cerrado sobre una mesa es una prolongación de la mirada homicida.

Pero pocas cosas he visto como el dolor sordo, terrible, lacerante de este hombre ante el recuerdo de aquel muchacho. En vano procuraba recrear su figura con un ademán, resucitar su sonrisa con una mueca torpe, “regresarlo y desamordazarlo”; él, un hombre acabado y enfermo.

Lamento que “Marcelo” haya tomado el estéril camino del terror para disipar ese fantasma. Pero yo pregunto: ¿le han ofrecido otro los altos jueces y los gobernantes que protegen al asesino de su amigo? Sé que nada hay más difícil que justificar a un dinamitero, y yo ni siquiera voy a intentarlo. Sólo puedo decir que, esencialmente, “Marcelo” no era eso.

Esencialmente era un hombre que sufría de un modo atroz, permanente e insomne. Cuando recordaba que había salido de la casa de Florida diez minutos antes del allanamiento, repetía: “Si por lo menos me hubiera quedado… Si por lo menos…”. Un pudor varonil le impedía decir que deseaba, él también, estar muerto.

Ahora “Marcelo” está preso, y me alegro por él de que lo hayan capturado antes que sus bombas pudieran causar víctimas inocentes. Pero no seré yo quien acumule sobre la cabeza de este hombre destruido los calificativos de criminal, irresponsable y cobarde. Esa tarea la dejo a mis colegas, los periodistas serios, los amantes de la fácil verdad.

El terrorismo en abstracto es por cierto criminal, irresponsable y cobarde.

Pero, entre un desesperado como “Marcelo”, corroído por su fantasma y su pasión de venganza; y un frío, gratuito, consciente y metódico torturador y fusilador, no me pregunten con quién me quedo.

LA CONFERENCIA DE PRENSA QUE

NO DIO

EL DOCTOR VlGLIONE

El 11 de julio de 1957 el juez Viglione reunió a los periodistas en la Jefatura de Policía de la provincia para informarles sobre la organización terrorista recién descubierta en Boulogne, cuyo jefe sería “Marcelo”. Me parece bien que el señor juez haya intervenido en los procedimientos, velando por el trato de los detenidos, porque ésa es la principal función de un juez en la provincia de Buenos Aires. Me parece perfecto, asimismo, que haya informado rápidamente a la opinión pública, porque “en una democracia el diálogo es interesante”, como dijo cierta vez Fernández Suárez. Lo que me parece mal es que se haya aprovechado la coyuntura para desacreditar, con una estratagema pueril, los cargos ilevantables de homicidio múltiple que he formulado contra el Jefe de Policía. De no mediar esa circunstancia, yo nada tendría que decir y esta nota no aparecería publicada. Pero la malicia es un arma de doble filo, y aquí está el segundo filo. La respuesta a la torpeza que antes mencioné.

Sobre la conferencia de prensa del doctor Viglione debió flotar, no diré el espectro de Banquo pero sí el fantasma de aquella otra conferencia de prensa frustrada a fines de enero de este año, en que otro juez, el doctor Hueyo, iba a anunciar el procesamiento de Fernández Suárez. Por eso -y porque yo hubiera tenido interés en formular unas modestas y respetuosas preguntas al señor jefe de Policía allí presente; ya que entiendo que una conferencia de prensa es algo así como un torneo de preguntas y respuestas-, lamento no haber sido invitado. Otra vez será, Dios mediante.

Lo que más lamento es que el señor juez haya perdido una oportunidad casi única para ilustrar y educar a la gente, lo que también está dentro de sus funciones. El señor juez pudo entonces explicar que el terrorismo no es algo que nace por generación espontánea. Pudo explicar que la actitud del terrorista de abajo que coloca una bomba es la respuesta al terrorismo de arriba que aplica la picana. Pudo explicar que la bomba que mata a un inocente no se diferencia gran cosa de la descarga del pelotón que mata a otro inocente. Y que, si cabe establecer algún matiz diferencial, es a favor

del terrorista de abajo, que por lo menos no cuenta con la impunidad asegurada, no cree estar defendiendo la democracia, la libertad y la justicia, y no organiza conferencias de prensa.

Nadie estaba en mejores condiciones que el señor juez para dar a todo el país esta magistral lección de cordura, de sentido común y de entereza.

Porque en la provincia de Buenos Aires no hay nadie -salvo los propios torturadores- que conozca más a fondo el sistema de torturas policiales que el doctor Viglione.

Para demostrarlo, me limitaré a transcribir una parte del informe que el 27

de diciembre de 1956 presentó, ante la Junta Consultiva provincial, el consejero socialista, doctor Eduardo Schaposnik. Espero que “La Nación”

diga que esto es “antojadizo”. Espero que “La Razón” diga que esto es

“fraguado”. Espero que “El Día” de La Plata hable de “supuestas” torturas.

Espero que todo esto sirva de tema a la próxima conferencia de prensa del doctor Viglione. Dijo el doctor Schaposnik:

He estado con el señor consejero Bronzini en el despacho de dos jueces, para tener una impresión que nos permitiera saber si nuestra información (sobre las torturas) era veraz o no. Lo que hemos sabido, especialmente de la palabra del doctor Viglione, a quien aprecio como hombre en su actividad ciudadana, y a quien respeto aun más por las dotes que ha demostrado poseer para la judicatura, en su breve pero brillante actuación en que ha puesto tanto celo y entusiasmo, es terminante. Y las comprobaciones a que ha llegado son desalentadoras para nuestra fe en algunos hombres. Se señala un auge de las torturas que comienzan su evolución creciente desde el principio de este año y tiene su período culminante en los días del levantamiento del 9 y 10 de junio…

Luego vienen algunos párrafos que ya he citado en el texto de Operación Masacre. Dijo a continuación el doctor Schaposnik: He encontrado en los juzgados del crimen numerosos expedientes por torturas de las que no queda ninguna duda, porque en uno de ellos sus autores materiales han sido condenados a cuatro años de prisión en

primera instancia por el juez doctor Viglione, y se encuentra actualmente en apelación en la cámara respectiva. Otro que se encuentra aún en primera instancia en el mismo juzgado merece la pena de ser destacado para ver si las acusaciones, realmente abrumadoras y penosas para un hombre que tenga dos centavos de sensibilidad, no afectan el prestigio de la institución.

Resumiré seguidamente parte de las actuaciones del expediente criminal por denuncia de torturas que se tramita por ante el juzgado del doctor Viglione.

Fojas uno, acta del Juzgado: con fecha abril 9 de 1956, el doctor Viglione, habiendo tenido conocimiento de que en la brigada de investigaciones de Lanús se cometen reiteradamente apremios ilegales contra los detenidos, decide constituir el Juzgado en esa repartición policial.

Fojas uno vuelta: constituido el doctor Viglione en la seccional policial citada, en compañía de los secretarios del Juzgado, recorre los calabozos y es informado por los detenidos Héctor, Agustín Daniel y Julio Jorge Silva, Agapito Rearte, Rómulo Fernández, Héctor A. Milito, Mariano Enrique Gareca, Carlos Neme, Miguel Artemio Longhi, Alfredo Richler, Alfonso Dande, Ernesto Arturo Suárez, Domingo Cuervo y Domingo Prieto, que se encontraban lastimados por haber sido sometidos a torturas en las mismas dependencias en que se encontraban, por lo que se dispone requerir la presencia del médico de policía, doctor Ricardo Alberto Díaz, quien informa por separado. Los detenidos denuncian entonces a sus torturadores: Rearte al empleado Fariña; a Milito lo sometieron a picana los empleados Zapiola y Fernández; Cuervo denuncia que le pegó el empleado Gatti y otros más que reconocería; Prieto dice que le pegó y aplicó la picana el empleado Fumagalli y otros; Richler vio cuando llevaban a sus compañeros a la celda completamente desnudos y en mal estado, a raíz de las torturas sufridas. El acta es firmada por todos los detenidos mencionados, el juez y los secretarios.

El informe del médico de policía dice: Que los detenidos Héctor, Agustín Daniel y Julio Jorge Silva tienen las siguientes lesiones: escoriaciones

lineales en la cara lateral derecha y en la cara lateral izquierda del hemiabdomen superior. Múltiples equimosis puntiformes en casi todo el abdomen, con una evolución de siete días; producidas con un instrumento duro y puntiforme pasado por la zona con discreta presión; las segundas han sido producidas por un pequeño instrumento de pequeña superficie sin punta, que ha actuado con violencia suficiente para producir esos pequeños derrames sanguíneos superficiales.

Agapito Néstor Rearte: dos cicatrices de medio centímetro aproximadamente de diámetro en la región dorsal del pene; corresponden por su tamaño a quemaduras y tienen una data de no menos de siete días y no más de quince días.

Rómulo Fernández: hematomas de ocho días aproximadamente de evolución en el párpado inferior derecho, provocado por elemento contuso, que pudo ser golpe de puño.

Milito: equimosis en la región inguino-escrotal, provocadas por elemento contuso.

Carlos Neme: cicatrices puntiformes en el pene y en el escroto, del mismo tipo que las de Rearte.

Domingo Prieto: herida contusa en la rodilla derecha y una herida superficial en el brazo derecho; estas lesiones están en plena cicatrización y tienen tres o cuatro días.

Dijo luego el doctor Schaposnik:

No voy a seguir leyendo constancias del sumario que demuestran fehacientemente los malos tratos inferidos por el personal de la Brigada de Investigaciones de Lanús a los detenidos. El comisario Mucci, que dirigía las investigaciones en Lanús, todavía sigue en funciones… Éstos son ejemplos que pongo. Mi exposición sería interminable si me hubiera dedicado a sacar las notas necesarias de los expedientes judiciales…