Piensa, es gratis
Principio 45
La inspiración sin trabajo es
la excusa divina de los vagos
Si exceptuamos la naturaleza en su estado virgen, todo lo que usamos y todo lo que nos rodea es consecuencia de ideas que el trabajo ha transformado en realidades. Si nos hubiésemos quedado sólo con excelsas ideas que nadie hubiera trabajado, hoy seguiríamos viviendo en cuevas (por supuesto, naturales y sin aire acondicionado).
No en vano nacemos abriéndonos paso y haciendo fuerza desde las entrañas de nuestra madre utilizando nuestro mayor potencial de futuro: nuestra cabeza. Allí, protegido por un cofre blindado llamado cráneo, late un diamante en bruto que oculta una infinita gama de caras, brillos y colores por descubrir y pulir.
Con los años, a veces muy pronto, cada cerebro mostrará aficiones, intereses, pasiones… Son nuestros mínimos «yo» que germinan y brotan tratando de abrirse camino.
Es la época de la educación, ese bien imprescindible que clama por una necesaria puesta al día entendida como el arte de transmitir conocimientos junto a una atención y formación personalizada para quienes apuntan destellos luminosos concretos. Y cuando lo propongo lo hago con total conciencia de no estar sugiriendo ninguna entelequia, porque esto es exactamente lo que hacen algunos clubes de fútbol con la cantera: poner a trabajar desde la tierna adolescencia a posibles grandes futbolistas del futuro.
Sin embargo, lo que se hace en este y otros deportes, se ignora en lo que es el eje determinante de la vida profesional: el conocimiento. Se deja que muchos niños y jóvenes vayan quedando alisados por informaciones que les van a ser completamente inútiles mientras no se les abren rendijas para que crezcan trabajando sus vocaciones. A veces la escuela también malogra.
Insisto en la infancia y la adolescencia porque es en este momento de la vida cuando debe empezar a crearse la cultura del esfuerzo para hacer posible lo que se desea. Y ésta es cultura que debe ser impregnada tanto por padres como por educadores.
Las grandes ideas, mientras no se materializan con el esfuerzo que las convierte en realidad, son puro humo.
Para hacer posible lo que se desea, sólo existen el trabajo y la habilidad para desarrollarlo.
El ocio es necesario, pero el trabajo es imprescindible.