Piensa, es gratis
Principio 68
Avanzar es la mejor forma
de no retroceder
La vida es apacible hasta que intervienen los humanos. Cuando esto ocurre, junto a las alegrías empiezan los desacuerdos, desajustes y desconciertos.
Es comprensible, porque el cerebro es tan complejo y potente que es difícil lograr una simetría perfecta de pensamiento y actitud con otro u otros cerebros. Cuando estos acuerdos se dan, y dependiendo de con quien o quienes se logra la conexión, surge el amor inquebrantable, el equipo imparable o el país imbatible.
Si no hubiera retrocesos, siempre alcanzaríamos todos nuestros propósitos. Pero a pesar de que los zapatos siempre tengan la punta hacia adelante, hasta la biografía más exitosa conoce lo que en determinados momentos es retroceder. Estar atentos a la equivocación y al despiste propio y ajeno, a la trampa y el codazo, a la envidia y la desidia, al exceso de ingenuidad y de maldad, a la textura y la coyuntura, son signos de inteligencia que evitan o minimizan el error, ese traspiés omnipresente siempre presto a zancadillear cuanto nos propongamos.
Para avanzar con solvencia, junto a la voluntad para alcanzar, es imprescindible la vigilancia sobre los problemas y las circunstancias que hacen retroceder. Es la doble energía de los triunfadores, aquella que les hace otear y olfatear constantemente el futuro camino mientras controlan los despeñaderos de la ruta, esos descalabros potenciales que más peligrosos son cuando mayor es la velocidad y altura con que se discurre.
De no producirse ese binomio intelectual, la historia nos muestra, en cualquier sector y actividad, páginas rebosantes de éxitos transitorios finiquitados en el foso de los grandes fracasos, porque los coches más rápidos son los que necesitan los mejores frenos.
Para avanzar hay que estructurarse para avanzar. Hay que ser conscientes de que se debe dedicar talento, recursos y tiempo a defenderse, pero tratando de que el grueso de nuestra inversión intelectual e instrumental se vuelque en el desarrollo y el progreso.
El error, primero siempre nos tiene que preocupar, inmediatamente después nos tiene que ocupar, pero jamás nos debe deprimir.
El acierto, primero siempre nos debe excitar, inmediatamente después nos tiene que ocupar, pero jamás nos debe relajar.